Entrevista


Momento único


Por Carmen Ochoa.


Momento único 
Rodrigo de la Serna se luce en el cine y en el teatro. El multifacético actor revela su mirada sobre la actualidad del cine argentino y su compromiso social con la cultura.

Con un leve bronceado, impecable camisa blanca que contrasta con una incipiente barba oscura y ojotas. Así nos recibe el multifacético actor Rodrigo de la Serna, después de haber disfrutado un descanso. “Todavía no pude despegarme de las ojotas”, se excusa simpáticamente ante el fotógrafo, afirmando que volver al ruedo y dar entrevistas le costó bastante. “Pero… acá vine a trabajar”, afirma enérgico y da comienzo a esta nota. 

Su actuación en Cien años de perdón, su nuevo film, es el principal motivo del encuentro. Sin embargo, su visión sobre el panorama del cine nacional, su relación con el teatro y su compromiso social a través de la cultura son temas presentes en la charla, imposibles de pasar por alto frente a este camaleónico actor que hoy se luce en el cine y en el teatro y que es uno de los mejores artistas de su generación. 

“No siempre me llegan muchas propuestas de trabajo... A pesar de eso, estoy constantemente activo. Por suerte; si no, no sé que haría con mi ansiedad”, confiesa el actor que interpretó al joven Alberto Granado, amigo del Che Guevara en Diarios de motocicleta; a José de San Martín en Revolución: el cruce de los Andes y al papa Francisco en Llámenme Francisco, film aún no estrenado acá. También encarnó a Mozart, en teatro, con Amadeus, y actualmente a Juan Manuel de Rosas, en el El farmer, entre algunos de sus grandes personajes. 

– ¿Elegís interpretar solo los personajes que te gustan?
–No siempre, e incluso a veces no puedo elegir porque no hay opción. Cuando no hay otro trabajo, tengo que salir a parar la olla. Sin embargo, debo reconocer que tuve y tengo suerte, y que me han ofrecido papeles que me gustó mucho hacer porque eran maravillosos. Con San Martín fue un sí rotundo, igual que con Alberto Granado en Diarios de motocicleta, y con Okupas en televisión. No tuve que pensar nada. Un placer.

– ¿Ponés la misma energía para interpretar todos tus personajes?
–Hay proyectos que necesitan menos energía que otros. En el rol de San Martín siento que me quedé corto, porque es un monumento al ser humano. Y a pesar de que estoy muy conforme con mi personaje, siento que me quedó grande esa camiseta. También tiene que ver con la mística que cada personalidad proyecta sobre mí. De todas formas, estoy absolutamente orgulloso de ese trabajo y, sin dudas, fue una de las cosas más maravillosas que me pasaron en mi vida profesional.

– ¿De qué manera elegís tus proyectos laborales?
–Lo que me llega primero es el guión, así que sopeso que tipo de película voy a filmar, con quién compartiré cartel, investigo al director, y después pongo todo eso en la balanza para elegir. Eso hice con Cien años de perdón.

Rodrigo de la Serna, Joaquín Furriel y Luciano Cáceres se lucen en Cien años de perdón, dirigida por Daniel Calparsoro. Un thriller atrapante, lleno de suspenso.

El cine de hoy
Cuando leyó el guión de Cien años de perdón, Rodrigo quedó cautivado por su precisión. “Estoy acostumbrado a leer guiones, pero me topé con este, que está maravillosamente bien escrito. Los diálogos son buenos, la precisión argumental está muy bien marcada, igual que todas las escenas de suspenso. Me entusiasmaba pensar “Este personaje voy a ser yo. ¡Que bueno!”. Así que acepté inmediatamente, sobre todo después de saber que actuaría junto a grandes compañeros y que el director también había escrito el guión. Eso me hizo pensar que había una cabeza que realmente sabía lo que quería filmar”, comenta el actor.

Esa cabeza es la del español Daniel Calparsoro, director de Cien años de perdón, la producción hispano-argentina protagonizada por Rodrigo, que suma a Joaquín Furriel, Luciano Cáceres y al actor ibérico Luis Tosar. Posicionada como una de las películas nacionales más vistas durante su primera semana de estreno, solo en nuestro país más de 123.000 espectadores disfrutaron del film, programado en 155 salas; en España la cifra ascendió a casi 335.000.

A pesar de suceder en Valencia, la película toma elementos de la crónica policial argentina, inspirándose en el robo del siglo, perpetrado en 2006 al Banco Río. “Es la primera vez que protagonizo un thriller policial en cine, con suspenso, aunque hay varios géneros entreverados. Digamos que una película sobre un atraco a un banco ya es un subgénero en sí mismo, pero en esta también se entremezclan los valores y la filosofía humana”, comenta el actor.

– ¿Pensás que el cine argentino está creciendo y que está más valorizado en el mundo?
–Este crecimiento es relativo. Está bueno que los films nacionales puedan verse cada vez más en otros países y que el trabajo de los actores sea reconocido en el exterior; sin embargo, también hay mucho que mejorar en la producción local. Hoy es muy difícil que una película argentina pueda triunfar sin grandes recursos, como el apoyo de una importante productora. Al cine independiente, por ejemplo, le cuesta muchísimo trabajo sobrevivir y perpetuarse durante las primeras semanas de proyección, como si el negocio estuviera pensado para que esas películas mueran durante la primera o segunda semana en cartel. Es un juego muy desigual que habría que observar e intentar corregir, ya sea desde el lado del Estado o del privado, porque hay mucho talento argentino que hoy podría estar filmando, y no lo hace.

– ¿Es una cuestión cultural no elegir los films independientes?
–Nuestro gusto seguro que está muy formateado, y es difícil retraerse del bombardeo mediático, como la promoción en la radio, la tele, la calle, los ringtones… ¡Nos bombardean de todos lados y con cualquier cosa! Nos tienen muy captados como observadores y es imposible abstraerse de esa violencia que actúa como una dictadura, porque es algo que te imponen sin que te des cuenta. Porque al cine vas igual y lo pasas bien porque las películas están buenas, pero es un juego muy desigual. 

– ¿Que sentís cuando una película que protagonizaste no funciona comercialmente? 
–Camino a la Paz, mi film anterior, tuvo la suerte de que se proyectó un poco más de tiempo de lo esperado, pero lograrlo fue muy difícil. Lo vieron 30.000 personas, la cantidad de hinchas que llena una cancha de Boca. Pero si hubieran sido 200 también habría estado buenísimo porque todas vieron mi trabajo. Ahora, si a alguno de los espectadores no le gustó mi trabajo, ya no me incumbe. Para mí, la película termina cuando llega el corte final, porque todo lo que uno aprende como actor y toda la entrega ya está hecho. Después, lo que viene es un regalo, y si no viene también estoy listo para aceptarlo. 

Mini Bio

Oriundo del barrio porteño de Belgrano, a los 12 años Rodrigo de la Serna se interesó en el taller de teatro escolar. Cuando terminó el secundario, ya trabajaba profesionalmente en Nosferatu, la obra de Griselda Gambaro, y la infantil llamada Bonicleta. A los 18 años llegó a la televisión, y su proyección actoral fue en ascenso: Cybersix, Naranja y media, Son o se hacen, Campeones, Vulnerables, Calientes, Okupas, Tiempo final, Sol negro, El puntero y Tiempos compulsivos son algunos de los tantos programas en los que participó. En teatro protagonizó Amadeus, Lluvia constante, junto a Joaquín Furriel, y en la actualidad recrea los últimos días de Juan Manuel de Rosas, en El farmer, junto a Pompeyo Audibert.
La cultura y sus formas
Por destino o casualidad, mientras Rodrigo de la Serna se conmovía con la lectura de El farmer, la novela de Andrés Rivera, el actor Pompeyo Audivert pensaba llevarla al teatro. “Tuve la suerte de encontrarme con Pompeyo, me contó el proyecto y me convocó para trabajar con él. El año pasado la estrenamos y en el 2016 seguimos en el Centro Cultural San Martín, con cinco funciones por semana”, cuenta Rodrigo, quien además de ser uno de los protagonistas también la produce encargándose de todo el proceso creativo junto a Audivert y el director, Andrés Mangone.

–A pesar de que es muy distinto a grabar una tira de tele, hacer teatro también implica mucho desgaste físico y emocional…
–Mucho. Además sentís muchas cosas desde el escenario, como si una nueva atmósfera se creara entre los actores y el público. Cada día el texto es el mismo, con la misma puesta en escena; sin embargo, cada función es única y siempre suceden cosas distintas. Esa es la magia del teatro. Y a mí me gusta el buen teatro, el que se disfruta cuando te sentás a verlo, ya sea clásico o vanguardista. Si te conmueve está bien, pero si te molesta o te aburre significa que está mal hecho.

Más allá de la actuación, la cultura es parte de la vida cotidiana de Rodrigo de la Serna. Desde hace unos años forma parte de una ONG llamada Colectivo Cultural, en Ingeniero Maschwitz, el lugar donde vive. “Me contactaron los jóvenes del pueblo con inquietudes sociales y artísticas. Entre sus actividades realizaban un ciclo de cine todos los domingos y me invitaron a proyectar Diarios de motocicleta. Los conocí, me encantó la onda de los chicos y comenzamos a trabajar juntos con desarrollos puntuales”, comenta De la Serna. Así surgió la posibilidad de recuperar un abandonado cine-teatro, que años atrás había sido un edificio emblemático del pueblo, y pusieron el hombro hasta lograrlo. Hoy allí funciona un centro cultural donde se dicta una diversidad de talleres y también se realizan ciclos de música. La participación comunitaria de todos los vecinos, que van desde los 4 hasta los 75 años de edad, lo hizo posible. 

–Lograron generar cultura en un espacio que estaba abandonado…
–En este centro cultural vi una versión teatral de El amateur, tan deliciosa y bella que ni siquiera en Buenos Aires encontré obras de esa calidad. Entre los espectadores había niños y adolescentes del pueblo, conmovidos, disfrutando del teatro por primera vez en sus vidas. También había gente mayor, que había dejado de ir al teatro para no viajar tanto. Cuando vi eso, ya me sentí con la tarea cumplida, porque estos niños, jóvenes y adultos no se olvidarán jamás de esa experiencia. Incluso, vivir eso puede suscitar otro tipo de interés en cada uno de ellos, esperanzas y pensar que todo logro es posible. Ese es el tipo de integración social que me interesa generar a través de la cultura.
Lo que viene
Con gran expectativa se espera el film Llámenme Francisco, el papa de la gente, protagonizado por Rodrigo de la Serna, interpretando a Jorge Bergoglio. En diciembre se estrenó en el Vaticano, pero aún no tiene fecha en nuestro país. Mientras tanto, De la Serna comenzó a grabar Inseparables, un film de Marcos Carnevale, con Oscar Martínez. También toca tangos junto con su banda de música rioplatense El Yotivenco.

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