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Sin voluntad no hay acción


Por Por Sol Oliver.


Sin voluntad no hay acción
A veces, lo que nos proponemos cae en saco roto. ¿Cómo revertir la situación? Entrenando la fuerza de voluntad. Así lo explica la neuropsicóloga María Fernanda López.

Situación cotidiana: Suena el despertador, son las 6.30 de la mañana. Por las rendijas de las persianas aún se asoma la oscuridad y se escucha la lluvia del otro lado. Él se tapa la cabeza con la almohada y gira en posición fetal, pero aun así no consigue, entresueños, despojarse de esa imagen de “diluvio universal apocalíptico”. Es invierno y sabe que afuera hace mucho frío. Tiene los pies calentitos y advierte que en breve estará corriendo entre los charcos hacia la parada del colectivo. Si agarra el auto, probablemente no encuentre lugar para estacionar. Respira profundo y dice: “cinco minutos más”, para poder tomar coraje y salir de la cama. ¿Qué pasaría si hoy no fuera a trabajar?

Situación eventual: Cortó el teléfono, era el llamado que tanto esperaba. Acaba de confirmarse el trabajo soñado, el cambio que estaba necesitando. Un gran alivio en algunos puntos cruciales de su vida: mejor sueldo, mayor satisfacción profesional y más tiempo libre. Entrecierra los ojos y enseguida se visualiza ahí, con la mayor de sus sonrisas. Los vuelve abrir y cae en la cuenta de que dar el sí acarrearía también otros cambios: en principio mudarse a la ciudad, lo cual implicará abandonar su casa para alquilar un departamento, dejar a su pareja (al menos un tiempo hasta que pueda mudarse también), alejarse de sus amigos y afectos; hábitos nuevos. Tendrá que resignar comodidad (correrse de su “zona de confort” y afrontar riesgos). ¿Qué hará?

Decisiones de diferentes mangnitudes –más o menos trascendentes o cotidianas– son las que tomamos a lo largo del día y las que le dan sentido a nuestro “aquí y ahora”, al presente que va determinando el camino hacia nuestro futuro. Resoluciones múltiples que, sin lugar a dudas, están atravesadas por el “ahora no”, “después”, “más tarde”, “el lunes”, “mañana”, “la semana que viene”, “cualquier día de estos”, “dale, vemos... nos vamos hablando” o por el simple “no tengo ganas”. La lista de excusas más o menos ciertas, o que responderían a un margen de postergación por autoboicot, podría ser interminable.

Sin voluntad no hay acción. Sin motivación tampoco, pero el proceso está mediado por las decisiones. Así lo explica María Fernanda López, autora del libro Cómo entrenar la fuerza de voluntad. Y remata: “La vida es un constante esfuerzo de voluntad”.

Muchas veces invocamos a este motorizador de la acción como si pudiera ser el resultado de un conjuro mágico, algo que tendría que “caer del cielo” cuando estamos frente a lo que no nos gusta hacer. 

“El gimnasio es un buen ejemplo, al menos para mí. Sé que debo hacer actividad física, sin embargo es como si esa determinación no me alcanzara más que para averiguar los horarios”, confiesa María Fernanda. Pero su explicación no se detiene ahí. Contra lo que muchos pensamos, también es imprescindible tenerla para poder realizar aquello que nos genera placer. “Estás todo el día trabajando y también tenés que apelar a la fuerza de voluntad para dedicarte un tiempo, aunque sea mínimo, para vos mismo –explica María Fernanda– porque suele haber un concepto errado sobre tiempo libre y el estrés, que no nos permite resolver situaciones de manera adecuada”. De hecho, la satisfacción, el placer, el disfrute, son los impulsores básicos de la motivación.

“El ambiente en el que nos desarrollamos, así como la forma en que nos relacionamos con los demás, pueden influir en nuestra motivación, ya sea de manera positiva o negativa. La clave es tener la base firme, ser uno mismo y tener en claro los objetivos y deseos”.

La autora del libro también resalta los riesgos de automedicarse: “escucho mucha gente dentro y fuera del consultorio que dice sentirse desganada, desmotivada, que se automedica o cree resolverlo con una bebida energizante, pero esto es peligrosísimo. El uso continuo de determinadas sustancias, que en principio parecen inofensivas, puede generar problemas cardíacos serios”, sostiene. Y desde su profesión (es especialista en neuropsicología, psicología cognitiva y gerontoneuropsiquiatría) es rigurosa: “Tampoco existe la pastilla mágica que te motive”. A veces puede haber un problema de salud y por eso uno se siente sin determinación para enfrentar la vida cotidiana. Por eso es siempre recomendable e imprescindible consultar al médico de cabecera, realizarse un chequeo y descartar un desequilibrio de la glándula tiroides, anemia, colesterol, falta de vitamina B o cualquier otro causante físico o psicológico, como un principio de depresión.

María Fernanda 
LópezEs licenciada en Terapia Ocupacional (UBA), con posgrados en Neuropsicología, Psicología Cognitiva y Gerontoneuropsiquiatría (Universidad Favaloro). Exmiembro de la Comisión Científica Nacional de la Asociación Neuropasiquiátrica Argentina y Vicepresidente de la Asociación de Alzheimer Argentina (2005-2011). Fue docente de diferentes asociaciones y universidades públicas y privadas. Es docente en el área de Neurociencias de la Universidad del Salvador y en la UBA; y Neuropsicóloga en el Hospital Posadas y varios centros asistenciales privados.
Razón, emoción y contexto

No hay magia, pero sí una regla, un principio básico para poner en marcha la fuerza de voluntad: plantearse una meta, un objetivo realizable, o ver si realmente se está en el camino que se desea. “Puede pasar que estés estudiando una carrera universitaria que en el fondo no te agrada, o que estés con una pareja que no funciona. Entonces, es el momento de frenar y elegir un camino. También hay que arriesgarse y aceptar las consecuencias. No es fácil, pero sí necesario para poder salir adelante”, dice María Fernanda.

Lo cierto es que para tomar una decisión “correcta” hay que evaluar los pros y los contras. Desde la mirada de la neuropsicología –explica el libro– se hallan implicados procesos cognitivos y emocionales. Los primeros están ligados al conocimiento previo sobre la cuestión. No se puede decidir acerca de lo que no se sabe, y además el saber es una herramienta que contribuye a maximizar los resultados positivos. Los segundos están asociados a las “repercusiones viscerales” que vienen al presente y que fueron aprendidas por la asociación de experiencias pasadas, pero que no siempre están en un nivel consciente. Ambos factores se interrelacionan constantemente. Unos pueden pesar más que otros en una determinada decisión, pero ambos deben coexistir en un buen equilibrio.

“La baja autoestima y la intolerancia al fracaso son factores que nos pueden jugar en contra e impedirnos lograr los objetivos. El miedo suele ser un limitante. Saber a dónde queremos ir es tan importante como querer ir”.

Aquí viene otro tema fundamental que se debe tener en cuenta, tanto para la toma de decisiones como para la tan buscada fuerza de voluntad: las distintas personalidades. Más o menos ansiosos, obsesivos, dependientes, impulsivos, indecisos, inconformistas, seguros, inseguros, audaces, cómodos, intuitivos, racionales, etc… (la lista es larga y compleja). Sin lugar a dudas, todos somos diferentes y, frente a los distintos y múltiples estímulos que nos presenta la vida, nuestras respuestas y motivaciones serán de diversa índole. Como explica María Fernanda en su libro, también nos influirá nuestro contexto social. “Los seres humanos somos sociales en esencia, por lo tanto el ambiente en el que nos desarrollamos, así como la forma en que nos relacionamos con los demás, pueden influir poderosamente en nuestra motivación, ya sea de manera positiva o negativa. La clave es tener la base firme, ser uno mismo, tener en claro los objetivos, los deseos y dónde está puesta la propia felicidad, antes de buscar la aceptación en el otro”. 

Del lado opuesto, la baja autoestima y la intolerancia al fracaso son factores que nos pueden jugar en contra e impedirnos lograr nuestras metas. El miedo suele ser muchas veces un limitante. Para poner en marcha la fuerza de voluntad, lo primeroque hay que hacer es conocerse y –como se dice popularmente– “hacerse cargo”, saber enfrentar las oportunidades que se nos presentan. En palabras de la autora: “no deberíamos sabotear nuestra vida: que sepamos adónde queremos ir es tan importante como querer ir”.

El problema de “dejar para mañana lo que puedes hacer hoy”
“El lunes empiezo la dieta”, “la semana que viene arranco el gimnasio”. Pero ese “lunes” y esa “semana que viene” nunca llegan. ¿Quién no dijo o escuchó estas frases alguna vez? En psicología se llama procrastinación a la sensación de ansiedad que se genera ante una tarea pendiente que estamos todo el tiempo dejando para “más adelante”. Pero ¿qué nos genera este tipo de conductas evasivas? Algunas causas para revisar pueden ser: perfeccionismo y miedo al fracaso, creencias irracionales, ansiedad, impaciencia, sensación de saturación y mala organización del tiempo, entre otras.
Trucos para entrenar la fuerza de voluntad
•Empezar ya y no esperar el momento ideal.
•Evitar las distracciones.
•Programar períodos cortos de trabajo.
•Recordar nuestro último “éxito” cuando empezamos a dudar de nuestra capacidad.
•Poner una fecha tope.
•Dividir el trabajo en tareas concretas y breves.
•Pensar qué pasaría si no lo hacemos.
•Aprender a detectar nuestros momentos de mayor productividad.
•Controlar el tiempo que empleamos.
•Armar rutinas y tener un método de trabajo.
•Utlilizar la llamada “estrategia de Seinfeld”. El comediante Jerry Seinfeld propone todos los días, sin excepción, escribir chistes. La idea es no romper la cadena de trabajo diario y no estar esperando el “momento de inspiración”.
•Aprender a decir NO.
•Buscar hacerlo divertido.
•Armar una lista corta de tareas.
•Premiarnos. Una pequeña recompensa nos ayudará a reforzar nuestra autoestima.

Del libro Cómo entrenarla fuerza de voluntad

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