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El poder de la imagen


Por Mariano Petrucci.


El poder de la imagen
Los afiches son redescubiertos y hasta valorados como obras de arte. ¿Cuál es su historia y su presente en nuestro país? En esta nota, conocemos a jóvenes que se destacan creando estas piezas que vuelven con fuerza.

Achille Lucien Mauzan lo dijo hace casi noventa años: “La idea es todo”. Y no perdió un ápice de vigencia. Se trata del cartelista y escultor francés que desembarcó en nuestro país, allá por 1927, y se destacó como autor de dos mil afiches. Su emblema fue la famosa “cabeza” concebida para un célebre analgésico. En los cinco años que residió por estos pagos, plena era “art deco”, marcó un estilo de comunicación y una estética gráfica que determinaron una tradición local.

La figura de Mauzan fue clave para la historia de los afiches en la Argentina. Hablamos de pasado, pero también de presente, ya que, en la actualidad, experimentan un revival, revalorizados hasta como obras de arte. “Los afiches de antaño, incluso los ‘modernos’ de las décadas del cincuenta y del sesenta, están siendo reconsiderados. ¿Por qué se da este fenómeno? Porque cuando un instrumento o herramienta de comunicación se torna más prescindible –o es ‘superado’ por otros–, se reencuentran sus valores artísticos, su densidad cultural, su emoción visual, y, sobre todo, su condición de irremplazable, de pieza única, a pesar de haberse reproducido por cientos o miles”, diagnostica el arquitecto Enrique Longinotti, un experto del diseño comunicacional.

En el siglo XXI, qué duda cabe, todo pasa por la web. No obstante, los afiches ofrecen resistencia. “Sobreviven como prácticas alternativas de comunicación y de expresión. Precisamente, cuando parece que no hacen falta, es cuando se los vuelve a detectar y a estimar”, aporta Longinotti. 

O sea, el redescubrimiento trae a colación el reinventarse. “El porvenir de los afiches está relacionado con la capacidad que tienen los objetos de regresar al escenario cultural con nuevos sentidos. Reflexionemos: la slow food se instaló entre nosotros para discutirle a la fast food su reinado eficacista, en nombre de los valores que tiene el comer como actividad personal, social y cultural. Algo así podríamos argumentar con la flamante corriente de afiches: no son high tech, por eso mismo, pueden ser la excusa perfecta para plantearnos la comunicación como un espacio de goce, de placer estético, de felicidad cultural, de permanencia de las mejores ideas visuales, más allá de la obsolescencia que el mercado impone a todo lo que produce. La creación retorna, una y otra vez, como antídoto contra la productividad que, muchas veces, nos enajena. La calidad y la ecología visual de los entornos futuros es algo que tenemos que ir pensando desde ahora. Los buenos afiches pueden ser una dimensión de esa atmósfera gráfica que podemos soñar”, subraya Longinotti.

“Me inspiro con lo que veo en la calle, en dibujos animados, películas, cómics y en otros ilustradores” Ignacio López

Con estas premisas, es que se multiplican los concursos que convocan a jóvenes artistas a que expriman sus conocimientos y los exhiban en muestras itinerantes que viajan a lo largo y a lo ancho del país. Un caso es el de “Arte Único”, organizado en homenaje a los 170 años de una marca de fernet. Ignacio López Arambarri se quedó con el primer puesto. “Desde que soy muy chico me encanta dibujar. Más adelante, hallé en el diseño gráfico una carrera maravillosa, que me permitió utilizar el arte para transmitir una idea definida, con pautas y objetivos concretos. Lo que apasiona de un afiche es la combinación de los recursos técnicos y artísticos de ambas disciplinas –confiesa este ilustrador, oriundo de Bahía Blanca. Y agrega–: Busco una idea, la proceso en mi cabeza algunos días, y luego vuelco todo en una hoja. Continúo con la búsqueda visual, la elección del estilo, la técnica, los colores. Me inspiro en lo que voy viendo en la calle, en dibujos animados, en películas de animación, en cómics, y en trabajos de otros ilustradores que me gustan. Steve Simpson, por ejemplo”.

Los años no vienen solos
¿Cómo fueron evolucionando los afiches en el tiempo? “Influyeron las modas, y los cambios de estilo y percepción social. También la incidencia de la publicidad que, muchas veces y cada vez más, impone lógicas de comunicación más vinculadas al consumo y a los medios audiovisuales (televisión e Internet), dejando un poco de lado la esencia del afiche como objeto gráfico y estético, como un signo atesorable y de gran valor cultural –diagnostica Enrique Longinotti. Y prosigue–: Los lenguajes fueron mutando, desde los típicos de la ilustración convencional –propia de la gente con oficio, pero sin demasiada calidad artística– al trabajo de autores como Achille Lucien Mauzan o Juan Carlos Distéfano, que indagaron en el deco, el pop art y el collage. O la enorme variedad de conceptos y lenguajes actuales, con diseñadores gráficos que egresan de carreras con formación universitaria”.
Puertas adentro
“Es un lujo poder contar sin palabras o casi privándose de ellas. Siempre hay una historia para compartir, y como no soy buena escribiendo, dibujo”, comenta la santafesina María Nana González, licenciada en Bellas Artes. 

Otra joven que pica en punta es María Paz Patterer. “El afiche es tan flexible y complejo que puede ser abordado desde su incidencia histórica y cultural en la historia del arte; como herramienta insustituible en el estudio de la retórica y la persuasión; y para aprender sobre percepción y composición de las imágenes –sostiene esta oriunda de Entre Ríos, que se especializó en Diseño de la Comunicación Visual. Y acota–: Para hacer un afiche, hay que proyectar cuál es su temática, a quiénes se dirige, cuál es la estética  adecuada. A partir de allí, sobreviene una tormenta de frases y metáforas que se transforman en el mensaje por difundir. Lo que sigue es la etapa de trasladar todo eso al lienzo y darle forma visual a esos pensamientos. Pero hay que tener cuidado: ciertos conceptos no funcionan tan bien en el nivel gráfico como en el lingüístico”. 

Hay que tener en cuenta que el afiche como pieza artística por derecho propio, o como un signo comunicacional, es algo bastante reciente en la cultura vernácula. Antes que nada, fueron un producto de la tecnología de la impresión. En la Francia de 1890, personajes como Jules Chéret o Henri de Toulouse-Lautrec habían llevado al afiche a un estándar paradigmático de calidad y estética. Pero por estos lares, la situación no era la misma. “Si queremos rastrear la gráfica propagandística en la Argentina, podemos retrotraernos hasta la época de la independencia, pasando por los diversos conflictos políticos y sociales, los que fueron expresados a través de piezas gráficas muy elementales y que tienen un valor histórico o documental. Bandos, actas y carteles de advertencia son los ancestros de nuestro afichismo”, reseña Longinotti. 

Quizá, un antes y un después lo haya marcado Juan Carlos Distéfano, quien, a cargo del Departamento de Comunicación del Instituto Di Tella –entre 1960 y 1969–, creó una extraordinaria serie para las actividades del Centro de Artes Visuales. “Con una gran originalidad, se desarrolla una obra que, junto con la de Edgardo Giménez –otro eximio afichista y artista–, es pionera en el campo del afiche de diseño y con altísimo valor artístico”, esgrime Longinotti. 
Homero Aldo Expósito fue otro que cayó ante la magia de los afiches. ¿No lo recuerda? “Cruel en el cartel, la propaganda manda cruel en el cartel/Y en el fetiche de un afiche de papel se vende la ilusión, se rifa el corazón/Y apareces tú vendiendo el último jirón de juventud, clavándome otra vez la cruz/Cruel en el cartel... ¿Te ríes, corazón?/¡Dan ganas de balearse en un rincón!”.
Características
Simplicidad formal, calidad plástica, contundencia comunicacional. Estas son algunas de las cualidades básicas de un afiche que se precie de tal. Enrique Longinotti agrega a la cuestión: “Además, la individualidad, que los hace memorables y únicos. 

Creo que esto tiene que ver con una manera de pensar y trabajar que es asociable a las lógicas del diseñador, que puede plantearse problemas comunicacionales como marco para su expresión personal, sin perder de vista la función de la pieza gráfica”.

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