Entrevista


Performance de alimentos


Por Agustina Tanoira.


Performance de alimentos
Pepi de Boissieu es argentina y vive en Barcelona, España. Su talento para comunicar ideas y conceptos a través de increíbles creaciones culinarias la consagraron en el circuito del arte y el diseño catalán. Aquí la presentamos.

Prefiere no definirse porque considera que eso la limita. Para ella, su modo es “transformación permanente”. Pero en ese constante devenir, hay algo que siempre mantiene: la naturaleza como su gran fuente de inspiración, la necesidad de sentirse viva y los alimentos como su forma de comunicar e interpelar. 

Pepi de Boissieu es argentina, pero, a su vez, es una ciudadana del mundo. Nació en Nueva York, es hija de padre francés y madre argentina, se formó en dirección de arte y escenografía en Buenos Aires, y, cuando se recibió, comenzó un viaje por varios países del mundo en una incesante búsqueda de experiencias y formación. 

Un buen día recaló en Barcelona. Llegó por una íntima amiga, hizo un master en Dirección de Arte, y no se movió más de allí. Y ya van seis años. En la ciudad catalana, Pepi montó un estudio creativo en el que, a partir de los alimentos y el diseño, desarrolla propuestas gastronómicas personalizadas para eventos, workshops y editoriales. Sus trabajos se destacan tanto por su impacto conceptual como por su alto contenido visual. 

Sus creaciones parecen una performance y se disfrutan con todos los sentidos. Se miran, se tocan y se comen. Pero también interpelan, se comparten y se reflexionan. Se trata de una propuesta estética innovadora que ya es parte del circuito del arte, la moda y el diseño de Barcelona, y que la llevaron a contar con clientes de primer nivel como Hermès y Camper, amén de muchas otras marcas. 
A la medida del cliente
Su primera vez fue para un festival de diseño y sustentabilidad en Barcelona. Para el lanzamiento de prensa, le encomendaron un menú que tuviera que ver con los temas que iban a tratar durante el resto de la semana. “Mi propuesta para ellos se llamó Silvestre. La comida que serví fue preparada a partir de plantas silvestres de los alrededores de la ciudad. Estamos tan acostumbrados a comer lo que encontramos en los supermercados que no tenemos idea de que debajo de una flor amarilla que nace en el medio del monte hay un tipo de papa”, comenta. 

Este menú de plantas salvajes buscaba, de algún modo, concientizar acerca de que estamos muy alejados de la naturaleza y demasiado acostumbrados a comer “comida domesticada”. En el salón donde se llevó a cabo el almuerzo, Pepi instaló un herbario con todas las plantas que había usado para que la gente pudiera reconocer cada una de ellas; y dibujos enciclopédicos con recetas de cómo usarlas. “Fue un éxito total”, recuerda. 

A ese primer proyecto le siguieron otros. Agua quemada, por ejemplo, se llevó a cabo en el jardín de una antigua casa de Buenos Aires en la que se invitaba a los huéspedes a manipular herramientas profesionales de la gastronomía, como un flambeador –por citar alguno–, para preparar su propio postre de ananá con azúcar quemado. Además, se les ofrecía una infusión helada que llevaba el nombre del evento y estaba elaborada a partir de agua y lavanda quemada. 

Blanco sobre blanco, en cambio, se realizó en una galería londinense para la celebración anual del Festival de Diseño de dicha ciudad. A partir de una instalación del dúo de ceramistas catalanes conocidos como Apparatu, se ambientó una larga mesa decorada con cerámica blanca diseñada por ellos, y para el gran almuerzo final, Pepi elaboró una propuesta en sintonía con la paleta monocromática de la obra de los ceramistas: el blanco fue entonces la única estrella. Hubo, entre otros manjares, “ajoblanco", carne blanca y salvaje de róbalo, judías blancas, coliflor asada con yogur y piñones, y de postre, "pismaniye”, un dulce turco en hebras finas que se hace mezclando harina tostada con manteca en azúcar caramelizada, acompañado con uvas y chocolate blanco. La inauguración de "La Maison des Carrés” de Hermès merece un párrafo aparte. Sin descuidar ni un céntimo la calidad de los productos y la sencillez de sus presentaciones –como siempre–, Pepi organizó un almuerzo súper saludable, para el que se inspiró en un viaje gastronómico por la ruta de la seda. Y debido a que ahora la emblemática marca francesa compra esta materia prima a Brasil, a todo le dio un toque brasileño. No faltaron las plantas tropicales ni las flores de colores ni, por supuesto, los míticos pañuelos.
Los años mozos
Casi todo lo que Pepi sabe de cocina y alimentos lo aprendió en su casa. “Creo que es mi principal referencia. Allí siempre se comió de todo y muy bien, así que, de alguna manera, aprendí a cocinar sola, a base de interesarme y preguntar”, revela. Después siguieron sus días en Brasil, donde tuvo primero un bed & breakfast en Praia do Rosa, y luego un bistró en la playa de Itacaré, en Bahía. Hubo buenos amigos brasileños que mucho tuvieron que ver en su formación también. “Tenían un restaurante y, cada vez que podía, me escapaba a verlos trabajar y descubrir todos sus secretos gastronómicos”, recuerda.

Esta joven emprendedora está convencida de que la comida es una herramienta de comunicación muy potente. “Es lo que nos une. Pensá, todos los días comemos, siempre que nos juntamos con alguien hay comida o bebida de por medio. La comida hace que nos relacionemos, pero también es un gran recurso narrativo: a través de ella podés contar historias sobre cualquier tema: cultural, histórico, antropológico, botánico”, revela. 

Y esa es la idea: contar una historia.  Que siempre comienza con la llamada de un potencial cliente que le cuenta qué es lo que le gustaría. “Yo les pido un informe con la mayor cantidad de data posible, no solo a nivel contenido sino también a nivel visual: cómo se imaginan la estética del evento. A partir de allí me pongo a investigar, a imaginar y buscar ideas. Les paso propuestas de qué se va a comer, y, visualmente, cómo se servirá. Si me lo aprueban, empieza la segunda parte: la producción, que consiste en encontrar los elementos y mandar a hacer todo aquello que sea necesario”.  Y después llega el gran día. “A veces siento que ese momento es como inaugurar una obra de teatro donde nunca hubo un ensayo general, todos los componentes que diseñé o pensé para el evento tienen que funcionar juntos. ¡Es bastante adrenalínico!”, confiesa.
Naturaleza y afectos
En Barcelona, Pepi vive en Poble Nou, un barrio que luego de las Olimpíadas de 1992, se fue colmando de restaurantes, bares, una variadísima oferta cultural y se llenó de vida. “Originalmente, era el barrio industrial de la ciudad. Ahora se está poniendo bastante de moda. Los edificios tienen espacios y volúmenes muy grandes y casi no hay turistas, además está cerca del mar”, cuenta. Pero cuando no está trabajando ni recorriendo exposiciones, Pepi prefiere huir de la ciudad, juntarse con amigos e inspirarse con buenas charlas y descubrir cosas nuevas. Adora venir a la Argentina, y cada vez que lo hace, aprovecha para encontrarse con sus dos hermanas, su madre, sus sobrinos y sus ahijados... “Y amigos que son familia. Cuando voy para allá ¡lo que más quiero es ir al campo! Extraño mucho el espacio que hay y lo virgen que es”. Pepi reconoce que la naturaleza es su inspiración y su refugio, por eso se imagina que terminará viviendo en algún lugar rodeada de ella: “Ni idea dónde ni con quién o haciendo qué. Por ahora estoy feliz donde estoy, haciendo lo que hago”. 

¿Cuál es su secreto para ser tan exitosa? Ser una esponja y absorber las experiencias de los viajes, los libros, las exposiciones, las charlas inspiradoras y el arte. “Y, por supuesto, mucha, mucha, ¡mucha dedicación!”, revela.
Más...
La famiglia fue un workshop que realizó en 2012 para concientizar acerca de la pérdida de la tradición italiana de comer en familia. Para Pepi, la tecnología mete la cola, por eso su propuesta fue compartir una cena abandonando los celulares por un rato, comer y conversar. Repartidos en dos grupos, los invitados debían producir dos tipos de pasta –una corta y una larga– que respondieran a las características de las dos salsas que se habían preparado para ello.
Les Aliments Refusés (2014) fue una instalación que mostraba cómo cinco alimentos americanos –quínoa, amaranto, chía, cacao y maca–, que fueron prohibidos durante la época colonial, actualmente son considerados “superalimentos”. 

Conciencia de la excelencia fue una instalación que hizo durante la inauguración de un mercado orgánico para revalorizar algunos productos básicos. Sobre una mesa de seis metros, las personas fueron invitadas a servirse los platos siguiendo ciertas consignas: triturar las papas con las manos contra una base de salvia; añadir una cucharada de quínoa; colocar aceite; pelar un huevo cocido; añadir una cucharada de queso fresco y aderezar con la miel directo del panal.

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