Entrevista


“Soy una privilegiada”


Por Belén Herrera.


“Soy una privilegiada”
Alejada de cualquier aire de divismo, Griselda Siciliani tiene claro su exitoso presente. Espontánea y apasionada, la actriz habla sobre su “doble trabajo” en tele, su pareja con Adrián Suar y la experiencia de la maternidad.

Griselda Siciliani abre la puerta y sonríe. Saluda, se sienta en un sillón pequeño y agarra un paquete de comida. “¿Esto estará bien?”, pregunta y mira el sándwich de queso brie y tomates secos que le dejaron en su camarín para almorzar. Griselda vive en lo que para muchos –e incluso para sí misma– es un mundo color de rosa. Pero en ese mundo, ella, que es linda, talentosa y tiene fama, no elige las opciones más cómodas. Podría protagonizar la tira que quisiese en Pol-ka, la productora de su pareja Adrián Suar, y acomodar los horarios para no tener que grabar todo el día ni todos los días, pero no. Como buena ariana, siempre quiere más. Mucho más.

Por eso, ahora trabaja en Underground –de Sebastián Ortega, competencia de su novio–, y no compone un personaje, sino dos. En Educando a Nina interpreta a la propia Nina y a Mara, dos hermanas gemelas separadas al nacer, que no conocen la existencia de la otra. El trabajo es doble, pero no se queja si aflora el cansancio. “Cuanta más exigencia, mayores son los beneficios”, dice apasionada e intensa la mamá de Margarita (3).

– ¿Cómo es la experiencia de componer dos roles en paralelo?
–Es un desafío más que nada físico, ya que requiere más escenas, y eso es agotador. Y también es un desafío mental, porque tengo que tener en la cabeza el recorrido de las dos para no equivocarme y ser inteligente a la hora de tomar decisiones. Pero, más allá de eso, es un lujo, un placer. A nivel actoral, puedo hacer lo que tenga ganas porque siempre le va a caer bien a una o a la otra. Este programa es como un regalo para mí.

– ¿Te pasó de estar interpretando a una y que te salga la otra?
–Ahora ya las tengo más aceitadas. Pero, a veces, si empiezo a improvisar tengo que cortar, porque hay palabras que uso que Nina o Mara no dirían. Por suerte, todos mis compañeros entienden que tengo mucho en la cabeza, y no tienen problemas si hay que volver a empezar la toma. Debo estar concentradísima durante las diez horas de grabación.

– ¿Qué te sedujo de la propuesta?
–Todo. Es el sueño del pibe. No había manera de decir que no. De hecho, el programa se pospuso un año y lo esperé igual porque una oportunidad así no te pasa muchas veces en la vida, ni le pasa a todo el mundo. Así que no me tuvieron que rogar mucho.

– ¿No tuviste “problemas” en casa por esta propuesta de Underground?
–No, con ellos nos reunimos todos los años. Me ofrecen proyectos desde 2008. De hecho, yo no quería trabajar el año que hicieron Viudas e hijos del rock & roll, porque venía de grabar mucho en Farsantes, mi hija era muy chiquita… Así que me escribieron una participación de veinte capítulos para que pudiéramos tener la experiencia de trabajar juntos. Después surgió lo de Educando… Creo que lo que se genera alrededor es más una fantasía que la realidad.

– ¿Con Adrián son de hablar de temas laborales o logran cortar con eso puertas adentro?
–Sí, hablamos porque ambos estamos todo el día trabajando afuera. Y nos consultamos. Además, nos divierte y nos interesa.

– ¿Desde chica soñabas con llegar a este presente? 
–Creo que no. Mi infancia estuvo relacionada con la danza, y mis sueños estaban enfocados en bailar, cantar y actuar. Nunca tenían que ver con la televisión, y muchísimo menos con la fama. Sí anhelaba el reconocimiento por parte de los pares, pero no lo masivo. Todo eso vino después. Aunque, seguramente, algo en mí lo buscaría, porque, de lo contrario, no te llega. 

– ¿Cómo te llevás con la popularidad?
–Muy bien. Pienso que son todos beneficios, no comulgo para nada con la idea de que la fama sea un plomo. Rodeado de personas que tienen otro tipo de vida, te das cuenta de que nosotros tenemos muchas ventajas. Por ejemplo, si yo entro a un lugar, todos son superconsiderados. Antes de ser conocida, si el que me atendía tenía un mal día, me trataba pésimo. Creo que hay mucho marketing alrededor de que la fama es mala. ¿A quién le pasa que lo persiguen por la calle para sacarse fotos? ¿A Maradona? ¿A Messi? ¿A Tinelli? Son muy pocos. Yo vivo con Adrián, que es muy querido y la gente lo trata como si fuera de la familia, y a lo sumo le gritan: “Chueco capo”.

– ¿Pero nunca te molesta?
–Obvio que hay momentos en que estás saliendo de trabajar después de diez horas, y te están esperando para sacarse fotos y no querés saber nada; pero te lo decís a vos mismo. Al instante, entendés que es imposible que sea pesado sacarte una foto con alguien que te tiene cariño porque te vio haciendo tu trabajo.

– ¿Qué es lo que menos te gusta de tu profesión?
–Me gusta todo. Es exigente, te agota, te puede poner de mal humor, pero es un trabajo hermoso. Todos mis amigos son actores y bailarines, y son buenos y talentosos, pero no todos tienen mis mismas posibilidades. Yo no vivo en una burbuja: tengo claro que soy una privilegiada.

– ¿Cómo sos como mamá?
–¡Espero que buena! Ahora, al estar muchas horas afuera de casa, estoy un poquito “obse”. Pero volver al ruedo me ayudó, porque me hizo soltar un poco a mi hija que ya va a cumplir cuatro años, así que supongo que a ella también le vendrá bien.

– ¿Te ves identificada en Margarita?
–Sí, le veo cosas. Es muy histriónica, y le gusta bailar, cantar y disfrazarse. También la veo jugar a las mismas cosas que jugaba yo cuando era chica. No sé si todas las niñas serán iguales, pero a ella la veo muy metida con todo eso. Es muy graciosa. No soy muy objetiva (risas).

– ¿Cómo llevás el paso del tiempo?
–Muy mal (risas). No, creo que bien, por lo menos hasta que me vea arruinada. Cuando trabajo me cuido más, pero no soy obsesiva de la imagen.

– ¿Cómo manejás la exigencia de la imagen que hay dentro del medio?
–Me pongo a la altura de esa exigencia, sobre todo cuando trabajo. Para la tira me puse las pilas para estar bien, flaca, con la piel y la cara cuidada. Mi maquilladora me acompaña siempre. No soy una hippie en ese sentido, pero, a su vez, sé que no empecé a trabajar en la televisión por ser una cara bonita. Así que si tuviese que estar horrible porque una ficción lo necesita, lo haría sin problemas.

– ¿Si tuvieses que engordar también?
–Me encantaría que me pidan engordar como Bridget Jones. Sería genial. 

– ¿Con qué soñas?
–Ahora estoy muy engolosinada con Educando…, así que hasta que no pase un tiempo del programa voy a sentir que estoy en un momento ideal. Pero sí me imagino con más proyectos que me entusiasmen y me exciten. 

– ¿Te gustaría tener otro hijo?
–En un futuro tal vez sí. Ahora no lo puedo ni pensar. Estoy feliz con mi hija y podría quedarme así, pero me pasa que veo un bebé y me dan ganas. Sin embargo, al otro día lo pienso bien y digo: “¡Ni loca tendría otro!”. 

– ¿Y tenés ganas de casarte?
–No, eso nunca. No me llama el casamiento. No me interesa.
Hoja de ruta
Estudió danza con Carlos Casella y actuación con Hugo Midón. Hizo su camino en el teatro under, y llegó a la TV al cautivar a Adrián Suar en el espectáculo Revista Nacional. Con su pareja, protagonizó la tira Sin código. A partir de allí, brilló en la pantalla chica en Sos mi vida, Patito feo, Tratame bien, Para vestir santos, Los únicos, Farsantes y Viudas e hijos del rock & roll. En teatro hizo Sweet Charity, Quiero llenarme de ti, Corazón idiota, Estás que te pelas y Sputza. En cine hizo El último Elvis. Ganó dos premios Martín Fierro.

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