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Deber & placer


Por Por Juan Martínez.


Deber & placer
Trabajar y viajar pueden combinarse. Una iniciativa propone, durante un año, cumplir con las obligaciones en doce ciudades del mundo. Un sueño que muchos, gracias a la desterritorialización que permite Internet, están convirtiendo en realidad.

Desde el Perú, un diseñador alemán entrega un trabajo para un cliente de los Estados Unidos. En Praga, un periodista australiano delinea un artículo para un medio de su país. Y desde Marruecos, un programador brasileño escribe códigos junto a compañeros que están ubicados en San Pablo.

La desterritorialización que permite Internet ya dejó de ser novedad, pero los efectos que produce en la vida de las personas, a lo largo y a lo ancho de todo el mundo, siguen multiplicándose, abriendo así nuevos paradigmas, nuevas oportunidades.

Un fenómeno que está en expansión es el del trabajo a distancia, que ofrece un sinfín de soluciones, tanto a las compañías como a sus empleados. Según el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, en la Argentina hay dos millones de oficinas hogareñas, lo que da una idea de la magnitud de los alcances de esta modalidad.

“El boom se debe a que contamos con una cantidad innumerable de herramientas que antes no existían. Esto es muy positivo, por ejemplo, para aquellos que acaban de tener un hijo, y prefieren manejar sus propios tiempos. Algunas empresas también lo prefieren, ya que se ahorran el espacio de un escritorio o la necesidad de mantener a una persona fija. Incluso, a veces, es la única manera de retener a algún empleado valioso que quiere cambiar de aires. Era un ida y vuelta inimaginable hace diez años”, analiza Pablo Fernández, periodista, parte del staff de Chequeado.com, y creador del sitio Jomofis.com, orientado al “home office”.

Pero hay quienes van por más. Hace un par de años, el estadounidense Greg Caplan decidió trabajar un tiempo de manera remota, visitando distintos países. Invitó sin éxito a algunos amigos, por lo que lanzó una convocatoria en la Web: ese grupo con el que viajó fue el germen de Remote Year, una compañía que ofrece a personas que trabajan a distancia, organizar travesías de un año por doce ciudades diferentes del Planeta.

Quienes se animan a la aventura son, en su mayoría, informáticos (programadores, desarrolladores), aunque también hay diseñadores, consultores y periodistas. “La gente de nuestra generación, los bautizados Millenials, ponen más valor en las experiencias de vida que en las posesiones materiales”, explica Andrew Cohen, otra alma mater de Remote Year, que estudió con Greg Caplan y Sam Pessin en la Universidad de Michigan. 

En el menú de destinos que ofrecen, se destacan siete ciudades latinas: México D. F., Bogotá, Medellín, Lima, Córdoba, Buenos Aires y Montevideo. “Los criterios que usamos para elegirlos son seguridad, asequibilidad e interés cultural. En cada país, tenemos requisitos y formas diferentes de manejarnos”, confía Andrew.
Volver al ruedo
“¿Por qué no convertir tus hobbies en tu trabajo?”, se preguntó la colombiana Adelaida Díaz Roa, y puso en marcha Travel Habits, un blog de viajes. También trabaja a distancia para Vivri, una empresa de nutrición y salud con base en los Estados Unidos. Y hace un par de meses que es parte de Remote Year… Adelaida se confiesa extasiada: “Me encanta porque cuando uno viaja solo, llega a una ciudad y no conoce a nadie. En cambio, de esta forma, estoy rodeada por casi un centenar de personas que, como yo, están trabajando. Además, es muy interesante, ya que cada uno hace sus cosas, por lo que siempre hay algo para ofrecer y aprender de los demás”.

João Coutinho es un joven abogado portugués que, hasta hace un par de meses, trabajaba en un estudio de renombre. Lo lógico, en una carrera tradicional como la suya, habría sido continuar desarrollándola ahí, pero algo se movilizó dentro suyo cuando escuchó dos palabras: Remote Year. Y apostó fuerte, ya que se postuló sin saber a qué se dedicaría durante el año “de gira”. “Estoy haciendo traducciones, mayormente jurídicas, entre portugués, español e inglés. Paralelamente, aprovecho el networking que armé en Portugal, y trato de ampliarlo. También estoy escribiendo, empezando un blog personal, y comunicándome con revistas de mi país. Esta es mi gran oportunidad de encarar proyectos nuevos, sin depender absolutamente de nadie. Me encantó esa idea”, cuenta Coutinho.

“Nunca es el momento perfecto para viajar. Siempre vamos a encontrar un motivo para no hacerlo. Pero a los desafíos hay que enfrentarlos, no evitarlos”, sentencia el británico Marc Weldon, dueño de una empresa que desarrolla tecnología wearable aplicada al deporte. Sobre su decisión de sumarse a Remote Year, revela: “En mi caso, las chances de hacer un viaje largo son muy escasas. No disfrutaría hacerlo en soledad y tampoco puedo ponerle una pausa a mi carrera. En cambio, de esta manera, no solo viajo manteniendo mis obligaciones… Puedo mejorar mi trabajo”.

Aunque puedan aparentar lo contrario, estos viajes no son vacaciones: cada integrante debe mantenerse a sí mismo con el fruto de lo que realiza a distancia, por lo que es vital la gestión del tiempo y de la economía. Obvio, en los ratos libres, estos aventureros hacen excursiones y asisten a eventos especiales. En Buenos Aires, por ejemplo, Adelaida Díaz Roa y su grupo fueron unos de los tantos que deliraron en el festival Lollapalooza.

Lo más difícil de vivir esta experiencia, quizá sea la lejanía con las personas queridas. “Es una decisión que tiene impacto en la cotidianidad de tu familia y tus amigos, pero todos ellos me apoyaron cien por ciento. Fue una decisión sentimental, pero también racional, pensada, construida junto con aquellos que son valiosos para mí”, aclara João Coutinho.

La red de contactos que se genera  puede ser el punto de partida para otras experiencias. De hecho, Adelaida ya tiene pensado seguir rumbo a Nueva Zelanda una vez finalizados los doce meses del programa. Es que se dio vuelta la taba, y lo de viajar de casa al trabajo y del trabajo a casa… Ahora, uno puede desarrollar su labor en un bar, en una habitación de un hotel en Bogotá o en un departamento alquilado en Montevideo. Todo cambia.
Entretelones del fenómeno
En sus dos años de existencia, Remote Year ya reunió más de cien mil solicitudes. Los grupos están conformados por ochenta personas que van desde los 22 hasta los 64 años. ?El servicio contempla todos los pasajes, las estadías (con las comodidades necesarias para trabajar, incluyendo, lógicamente, una conexión a Internet de alta velocidad), cobertura médica y asistencia permanente por parte del personal de la empresa. Para embarcarse en esto hay que desembolsar veintisiete mil dólares (se puede hacer un depósito inicial de tres mil dólares, y después financiar el resto). A pesar de que el itinerario incluye dos ciudades argentinas (en su momento, también pasó por Mendoza), aún no hubo ningún trabajador de nuestro país en el programa.

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