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El artista del Papa


Por Mariano Petrucci.


El artista del Papa
Francisco admira las obras de Alejandro Marmo, porque este toma al arte como herramienta para la inclusión social. Se lucen en los Museos Vaticanos y en los lugares más emblemáticos de nuestro país.

"Estas imágenes son el signo de la creatividad de la que somos capaces, aun con una materia prima abandonada. Son un símbolo de la genialidad que Dios quiso poner en la mente de un artista. Este es un mensaje al mundo de que nada está perdido, nada es de descarte, y todo tiene un significado dentro de la magnífica obra de Dios”.

No hay mejor carta de presentación para Alejandro Marmo que las palabras del papa Francisco, quien instaló un “Cristo Obrero” y una “Virgen de Luján” en los jardines de la residencia de Castelgandolfo, a un puñado de kilómetros de Roma, donde se abrió una sede de los Museos Vaticanos. “Siempre nos potenció lo mismo: evangelizar esperanza por medio del arte y la belleza. Francisco tiene la cercanía de un obispo. Con él, promuevo el diálogo para fomentar la cultura del encuentro. Tenemos una gran conexión espiritual”, confiesa quien esculpió el bastón de mando (de madera, alambre y hierros viejos) que Mauricio Macri le entregó a Horacio Rodríguez Larreta cuando asumió como nuevo Jefe de Gobierno porteño.

La inclusión fue un lazo reincidente entre Marmo y el Papa, aún cuando Jorge Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires. Ahora, sus reuniones se realizan en Santa Marta. La última se dio en el marco de la revelación de La mia idea di arte, una sucesión de conversaciones entre Francisco y la periodista italiana Tiziana Lupi, acerca del particular vínculo entre el arte y la fe. En el libro, el Sumo Pontífice cita a Marmo como único artista contemporáneo que interpreta este concepto. La ilustración de la tapa, de hecho, es un dibujo de su serie Abrazos Sanadores. “Apuntamos a aquellos que no saben qué hacer de su vida, y, a través de la fuerza modificadora del arte, hallan un camino hacia lo espiritual”, sostiene Marmo.

Pasear por las callecitas de Buenos Aires es tropezarse con las maravillas de este hombre de cuarenta y cinco años, oriundo de Caseros. Basta desandar la mítica avenida 9 de Julio, para apreciar los murales del padre Carlos Mugica, Arturo Jauretche y, claro, los rostros de Evita en las fachadas norte y sur del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación (¡pesan 14 kg y miden 31 m x 24 m!). Cada una de sus obras tiene un mismo denominador común: cuenta con la colaboración de obreros, presos, jóvenes con problemas y personas de bajos recursos. 

Marmo utiliza materiales de descarte, como hierros provenientes de fábricas recuperadas, y restos industriales de inundaciones (como el Cristo Obrero Solidario, confeccionado con rezagos de las inclemencias climáticas que afectaron a la ciudad de Luján), o de sucesos como la explosión que sufrió, en 1995, una fábrica de militar cordobesa (La Abeja de Río Tercero). 

“Elijo estos materiales porque yo también fui descarte, y tuve explosiones internas. Hoy, construyo el polo opuesto, transformando lo que odio de mí, lo que me parece despreciable –desliza. Y agrega–: Mis obras están atravesadas por nuestra historia, por lo que acontece en nuestra sociedad. ¿Por qué? Porque sin identidad, sin ser consciente del presente, sin curiosidad por el asombro, no hay sueños. Ahí comienzo a oxidar la fuerza del alma inspirada”.

Por estos días, Marmo anda con una sonrisa de oreja a oreja por la impactante inauguración de Arte en las Fábricas, el primer centro cultural de arte moderno en un parque industrial (acaso, el más grande de Latinoamérica). Ubicado en el partido de Pilar, en la provincia de Buenos Aires, tiene como ícono a la imponente Galaxia, una megaescultura de diez metros. Allí se llevarán a cabo talleres, charlas y anuncios de libros, entre otras actividades. “Lo que proponemos es un clima de creatividad, configurando un puente entre lo recreativo y lo productivo. Fantaseamos con diseñar aquí la Primera Bienal de Arte Moderno, haciendo poesía en los ámbitos donde la cultura del trabajo es el vector”, se ilusiona Marmo.

Arte en las Fábricas

Acaso es el proyecto más preciado de Alejandro Marmo. Lo inició a mediados de la década de los noventa, cuando la crisis social y cultural empezaba a ver la luz, con fábricas que cerraban sus puertas, y trabajadores que quedaban excluidos del sistema laboral. Las obras que se realizaron en este marco fueron emplazadas en espacios públicos, como una manifestación de la importancia de la industria nacional. “Arte en las Fábricas” fue extrapolado a distintos países de América Latina, Europa y Asia.

“En el plano personal, el mensaje sería reaccionar ante el espejo individualista. A nivel colectivo, convertirnos en ciudadanos que provoquen el diálogo para enfrentar este mundo violento”.
Llegar o no llegar, esa es la cuestión
Lo que terminó siendo una carrera de conocimiento e investigación autodidacta, empezó como un juego de niños en el taller de herrería de su padre. “Uno se acerca al arte por necesidad de huir de algo, para rebelarse frente a la realidad que contrasta con el mundo interior. El arte me abordó de niño, en medio de sensaciones de vacío, de nostalgia por recordar cosas que no había vivido. Lo tomo como la herencia de ser hijo de inmigrantes: de una armenia y un italiano adaptados al conurbano bonaerense de mediados del siglo veinte”, afirma.

Esa mezcla de culturas, lenguajes y universos influyó, de manera notable, en su hoja de ruta. “Crecí pintando colores de un arco iris grisáceo, con la firme determinación de tener fe en lo imaginario. Fui forjando mi carácter en un barrio donde la cuadra tenía vecinos de distintas nacionalidades. O sea, un resumen del Planeta en cien metros de pavimento, un mosaico de emociones”, grafica. 

A los veinticinco años, Marmo debutó organizando muestras individuales, y no demoró demasiado en cruzar el charco y hacer lo propio en Uruguay,  Chile, México, los Estados Unidos, Tokio, Viena, Madrid, Barcelona, Roma y Milán (en Italia, hasta montó un estudio en Salerno). Su ascenso fue meteórico, gracias al intercambio con instituciones, como la Universidad de Boston (donde filmaron un documental basado en su obra y la situación argentina) y la Universidad de Bolonia (allí hicieron otro documental, al que titularon Óxido y descarte). 

Puertas adentro, su labor fue incesante. Entre 2001 y 2004 pergeñó un camino de esculturas monumentales, con el objetivo de aunar simbólicamente a las provincias argentinas y dejar una reflexión: la importancia de federalizar el arte nacional. En 2009, encaró Ajedrez del Bicentenario, un proyecto de integración social y cuidado del medioambiente. Y una réplica de la Virgen de Luján se exhibe, de forma temporaria y trashumante, en diferentes rincones de la ciudad de Buenos Aires (actualmente, se sitúa en el barrio porteño de Belgrano).

– ¿Tenés una obra favorita? ¿Cuál?
–La que está en los Museos Vaticanos es la más visible... Podríamos decir que es la coronación de un recorrido extenso. Los murales de Evita en la avenida 9 de Julio trazaron una mística desde el inicio: posicionaron una iconografía que, por estar a la vista de todos, favoreció un anclaje cultural extraordinario. Pero considero más enriquecedora la etapa de fines de la década de los noventa, con los insectos gigantes emplazados, sin permiso, en espacios públicos… Fue afrontar un rumbo sin retorno: atreverme a pensar.  

– ¿Cómo es eso?
–Con el tiempo uno absorbe más profundamente que los hechos de la vida tienen un color, un relieve. Desde niños, nos anticipan que todo está a la vuelta de la esquina… Si así lo fuera, no es nada fácil llegar a la vuelta de la esquina. En cuanto a lo profesional, el arte no es llegar. Y, tarde o temprano, hay que reinventarse.  

Unir creencias, diversidades. El artista siempre tiene algo para transmitir. Y Marmo no es la excepción: “En el plano personal, el mensaje sería reaccionar ante el espejo individualista. A nivel colectivo, convertirnos en ciudadanos que provoquen el diálogo para enfrentar este mundo violento. ¿Cómo lograrlo? Con ideas que tengan la estética de la esperanza a través del arte”.

Algunas de sus obras más representativas
•Evita en la 9 de Julio, Sirena del Río de la Plata, El Obrero Metalúrgico, y murales de Arturo Jauretche y Carlos Mugica (Ciudad de Buenos Aires).
•El Coloso de Avellaneda (a orillas del Riachuelo).
•Cristo Obrero de los Trabajadores (Villa Soldati).
•Virgen de Luján (en el Congreso de la Nación Argentina).
•Malvinas 30 años (Pilar).
•Abeja de Río Tercero (Córdoba). 
•Mural de los Abrazos Sanadores (Japón). 
•Parque temático de insectos (Austria).
•Cristo Obrero y Virgen de Luján (residencia de Castelgandolfo, Italia).
•República Argentina (Uruguay).
•Rayo Rey (República Dominicana).

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