Entrevista


Un actor sin fronteras


Por Belén Herrera.


Un actor sin fronteras
Benjamín Vicuña es chileno, pero se convirtió en un artista latinoamericano. Con El hilo rojo aún en cartelera, divide sus días entre las grabaciones de una comedia en Chile y una serie futurista en Colombia.

Cuando Benjamín Vicuña no está trabajando ni arriba de un avión –que es prácticamente siempre, anda en bicicleta y juega al fútbol. Y cuando lo hace, es feliz. No es que el actor chileno sea un deportista frustrado, no. Él tiene en claro desde chico que la actuación es lo suyo. Pero encontró en esas dos actividades un espacio para conectarse con sus hijos. Cuando con Bautista (8), Beltrán (3) y Benicio (1) no están pateando una pelota o paseando en dos ruedas, a veces cocinan. “Son pavadas domésticas, pero que en el fondo te dan lugares comunes”, dice Vicuña. 

Hace poco Benjamín estrenó El hilo rojo –la película que protagoniza junto a Eugenia “China” Suárez quien es también su pareja en la vida real–. En el filme de Daniela Goggi, el actor juega a ser galán por un rato. Un registro al que no nos tiene tan acostumbrados en nuestro país. Es que desde que llegó a la Argentina en 2008 para trabajar en Don Juan y su bella dama (Telefé) donde interpretaba a la contrafigura de Joaquín Furriel, fueron más las veces que lo vimos hacer de villano que de héroe romántico. Pero el mercado argentino no fue el único que conquistó el actor trasandino en los últimos años. Después de protagonizar Prófugos y sitiados, entre otras superproducciones, ahora se encuentra grabando en Colombia la serie futurista 2091 y en Chile, Casi un ángel.

–Contanos sobre El hilo rojo.
–Es una película que habla sobre el encuentro y el desencuentro de una pareja y un vínculo que no logra concretarse, pero tampoco romperse en el tiempo. Estos dos personajes se conocen de muy jóvenes y se separan. Cada uno de ellos arma su vida, tienen otras parejas e hijos y se vuelven a encontrar con escenarios bastante difíciles. Pero este amor no se puede llevar a cabo por los fantasmas de cada uno de ellos. Es una historia sumamente romántica que habla sobre la imposibilidad del amor.

–Definí a tu personaje.
–Manuel es transparente, genuino, romántico. Él carga con toda la culpa y todo el miedo que significa tomar una decisión. Es un personaje sumamente dulce, un enólogo, que si bien se dedica al mundo del vino, más que un empresario es un bohemio del vino. Viaja muchísimo y en estos viajes es donde se encuentra con Abril (Suárez).

– ¿Tenés algún punto en común con él?
–Viajo mucho y me gusta el vino (risas). Creo que para los personajes uno siempre busca rasgos personales y los exacerba. Y en ese sentido me parece que, en pequeña escala, soy una persona bastante transparente: por lo menos es fácil leerme, y soy intuitivo.

– ¿Qué te llevó a participar también como productor de la película?
–Por un lado hay un muy buen guión y un tremendo equipo con la misma gente de Abzurdah. Y también entiendo que las películas no terminan acá sino que pueden tener otro mercado y otras plataformas. En ese sentido, este filme se estrena simultáneamente en Chile de la mano de Fox, y eso le da cierto sentido a mi carrera. Porque de esa manera puedo ir sumando diferentes mercados también.

El hilo rojo del destino es una creencia oriental, de la mitología china y japonesa, que dice que “un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. Se puede estirar pero no romper”.

– ¿Cómo te organizás con tanto viaje?
–Lo tengo como parte de mi rutina. Chile está aquí al ladito, viajo prácticamente todas las semanas. Ahora estoy también grabando en Colombia, que queda a seis horas. Pero bueno, se le encuentra la vuelta, se incorpora como parte de tus hábitos. Estar arriba de un avión es un momento de soledad que lo vivo en paz. Me gusta. 

– ¿Extrañás Chile?
–Voy mucho para allá, pero sí. Tengo mi familia, mis salas de teatro, mis amigos del colegio. Pero también la Argentina me ha dado tanto... Me encanta vivir acá, tengo a mis niños y vínculos profundos y hermosos. Entonces es como que al final trato de entender que uno es un ciudadano del mundo, y si no, por lo menos de la región (risas).

– ¿Y con tus hijos cómo hacés cuando estás de viaje?
–Como es parte de mi vida, tengo que controlar ciertos grados de aprehensión. Pero mis hijos tienen la mejor expresión del padre que yo puedo ser. Así que estoy en paz.

– ¿Cómo te definís como padre?
–Soy un papá que entendió que la calidad es lo más importante y que es fundamental que me vean feliz. Trato de entregarles una educación con mucha contención, pero a la vez con todas las libertades posibles, aunque sean chiquititos. Tenemos una relación de mucha piel, de mucho tacto y de mucho cariño. 

– ¿Hay algo de tu infancia que te gustaría que ellos repitieran?
–Sí. El contacto con la naturaleza y entender que casi todas las respuestas vienen de ahí. Por eso quiero que estén con animales, al aire libre, que puedan disfrutar de cosas sencillas y simples. A veces es difícil, sobre todo hoy en día con tanto estímulo.

– ¿Cómo vas a organizar este año en materia laboral?
–Ahora estoy grabando en Colombia una serie futurista que se llama 2091. Y voy a hacer una serie en Chile, que es interesante, sobre un hombre que se va a morir y se le aparece un ángel y le da la posibilidad de alargarle tres meses la vida para enmendar sus errores y volver a encausarse. Y acá en la Argentina también se va a estrenar Permitidos, que es una película de (Ariel) Winograd.

–Si te pasara lo mismo que a tu personaje, ¿qué errores enmendarías?
– (Risas) La gracia del personaje es que lejos de ser prolijo y empezar a hacer buena letra, como uno pensaría, él dice: “si me quedan tres meses, voy a quemar todas las balas”. Y eso se transforma en un desastre hasta que al poco tiempo comienza un camino espiritual. Uno lo mira con humor porque es una comedia, pero no deja de ser dramático sentir que empieza una cuenta regresiva. Creo que el gran mensaje de la serie es tratar de entender que la vida es hoy y que los vínculos siempre permanecen y trascienden.

– ¿Pero te portarías bien o harías lo mismo que tu personaje?
– (Risas) No me lo planteé. Primero se me tiene que aparecer el ángel.

– ¿Cómo te definís?
– (Piensa) Soy una persona que está en proceso, en construcción, aprendiendo y tratando de asimilar. Y en ese sentido soy humilde, trato de aprender de las lecciones de la vida y de sacar conclusiones. Soy intenso y apasionado con lo que me gusta. 

– ¿Te sentís un privilegiado por el tipo de producciones que has hecho a lo largo de tu carrera?
–Sí, la verdad, soy un privilegiado y un afortunado de poder elegir y sumarme a proyectos de excelencia y con muy buenas condiciones como para poder contar historias que me gustan, que me representan y que me enorgullecen. En ese sentido, he tenido mucha suerte.

– ¿Alguna vez tuviste dudas de tu profesión?
–Todos vivimos crisis vocacionales en algún momento y eso es normal. Yo llevo 15 años trabajando y es verdad que uno a veces sufre desencantos. Pero gracias a Dios, la vocación sigue intacta y tengo la convicción de que es el lugar en el que quiero estar y es lo que más me gusta hacer y lo que me llena en la vida.

– ¿En esos momentos de crisis fantaseaste con hacer otra cosa?
–Es que lo que pasa es que la gracia de ser actor es que eres muchas cosas a la vez. Te puedes mover y yo, además, abrí mi carrera. Si bien me encanta la actuación y es lo que más hago, la puedo repartir con otras cosas como la gestión cultural y empresarial. En Chile tengo salas de teatro y ahora estamos empezando a construir una sala de cine. También soy parte del directorio del Teatro Municipal de Santiago, que es como acá el Colón, y eso me hace estar allí una vez al mes y enterarme de qué es lo que está pasando con la música clásica, la ópera, la danza y con todo un mundo maravilloso que a mí me fascina.

– ¿Y qué es lo que menos te gusta de tu trabajo?
–Lo que tiene que ver con algunas consecuencias como es la exposición. Y eso está relacionado a que algunos trabajos estén sujetos a resultados, trabajos que uno ama profundamente, pero que después no está en tus manos si los ve más o menos gente.

– ¿Cuándo hablás de exposición te referís a la mediática o la pérdida del anonimato en la calle?
–No, más que nada a que pareciera que ser conocido da la libertad para que opinen de tu vida y no de lo que tiene que ver con tu trabajo o con tu vocación.

– ¿Cómo manejás esas situaciones?
–Me sigue lastimando. Respiro profundo y entiendo que con el diario de hoy se envuelve el pescado mañana.

– ¿Cuáles son tus sueños?
–No espero mucho más que tener paz, salud y aprender a disfrutar del día a día, así como de los procesos. Tratar de estar acá, de no quedarme ni en la melancolía ni en la nostalgia de lo que no fue ni pensar en un futuro incierto. 

– ¿Lo vas logrando?
–Por lo menos ya lo tengo consciente, así que ya lo estoy trabajando.

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