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Niños desconectados, niños felices


Por Dolores Gallo.


Niños desconectados, ¿niños felices?
Para Álvaro Bilbao, “enchufarlos” menos es clave para que cultiven un cerebro saludable. El neuropsicólogo español considera que el excesivo uso de los dispositivos tecnológicos atenta contra el desarrollo infantil. Ideas para revertirlo.

Hasta hace poco, para comer un tomate rico debíamos esperar al verano. Existía eso de la “fruta de estación”. Hoy, en el supermercado, encontramos todo el año tomates redondos, bien rojos. Pero al probarlos, les falta sabor. Con el cerebro de los niños pasa lo mismo que con la fruta transgénica: si intentamos que se desarrolle bajo presión, acelerando y saltando etapas, en el camino pierde su esencia. 

“La empatía, la capacidad de esperar, la sensación de calma o el amor no pueden cultivarse a ritmo de invernadero”, asegura el neuropsicólogo español Álvaro Bilbao. En la actualidad, los niños viven sobrecargados de estímulos y actividades pautadas. ¿Cuál es el principal problema de salud en la infancia? El estrés. “Los niños necesitan jugar libremente, y los padres, volver a tirarse en la alfombra con ellos”, asegura este experto en el desarrollo del cerebro infantil, que defiende la idea de que la tecnología tiene un sinfín de beneficios, pero que hay que evitar caer en la adicción que genera. 

– ¿A qué edad considera que los niños deben acercarse a la tecnología?
–La Sociedad Americana de Pediatría recomienda que no estén expuestos a pantallas hasta los dos años, ya que interfieren en el desarrollo de la atención. En mi caso, recomiendo que hasta los seis no tengan un contacto habitual, porque desplazan otro tipo de aprendizajes esenciales. En la infancia, es importante aprender a fijar la atención en cosas que no sean tan excitantes. El niño debe pasar tiempo imaginando, explorando y buscando su propio entretenimiento, en lugar de recibir un bombardeo de estímulos.

–Pero los niños demandan tecnología desde pequeños. ¿Por qué? 
–Eso sucede si los padres la dejan a su alcance y son permisivos. En las familias en las que las normas son claras, los niños no se fijan tanto en estos dispositivos. El tema es el nivel de exposición. La razón es muy sencilla: son adictivas. 

– ¿Por qué son tan adictivas? 
–Porque ofrecen estímulos visuales, muy atractivos, que cambian con frecuencia, y que ofrecen recompensas inmediatas. Esta combinación es adictiva en sí misma, como las máquinas tragamonedas. 

– ¿Qué consecuencias puede tener?
–Que el núcleo estriado, una parte importantísima del cerebro emocional, quede enganchado a estos estímulos rápidos y vistosos, y que, después, la profesora le parezca aburrida, la pizarra poco colorida, o los libros demasiado lentos. Así es como prefieren chatear desde casa con cinco amigos a la vez, que pasar un buen rato con un único amigo en la calle. La vida real comienza a parecer aburrida y frustrante. Se sabe que los niños que pasan mucho tiempo con la tablet tienen mayor riesgo de experimentar déficit de atención, problemas de comportamiento, obesidad, fracaso escolar, problemas cervicales y oftalmológicos. 

–Algunas ventajas tendrá la tecnología, ¿o no?
–Por supuesto, es maravillosa. Sin embargo, es imperioso desarrollar un cerebro curioso, equilibrado, con autocontrol y capaz de saborear la vida, no solo de consumirla. 

–Muchos dirían que hay juegos muy didácticos, incluso para bebés…
–Hay aplicaciones que tienen su aplicabilidad demostrada, pero la inmensa mayoría no ayudan al desarrollo del niño. Se hicieron estudios con videojuegos que enseñan a sumar, a multiplicar, a leer y escribir: siempre que se los compara con un aprendizaje real, los videojuegos pierden por goleada. Para que se entienda: sería como si un equipo de robots se enfrentara a la selección argentina. ¿Podrían hacer algo ante una gambeta de Messi? El cerebro humano es ostensiblemente más rápido, complejo y versátil que una computadora. 

– ¿Qué sucede con el uso de tablets en las escuelas? 
–Está implementándose en todo el mundo, pero muchos expertos aseguran que nos arrepentiremos de su aplicación. Creo que puede ser un complemento, igual que los libros, pero no pueden desplazarlos ni ser la base de la educación del futuro. Los métodos más tradicionales, como Montessori o Waldorf, basados en la experimentación, resultan más eficaces. No obstante, estoy convencido de que el mal uso de las tecnologías se origina en el hogar. Debemos esforzarnos por educar a padres que no permitan que los niños se pasen toda la tarde enchufados a las tecnologías. 

–Hay quienes sostienen que los niños pueden aprender programación y robótica con programas como “Scratch” o “Lego”. 
–Ese es un enfoque muy interesante. Es totalmente diferente que aprender a pasar el dedo por una pantalla. Esto me parece mucho más útil, porque los ayuda a pensar y a planificar. Y les enseña un idioma distinto: el de la programación.

– ¿Qué opina de la presión social para que los niños aprendan baile, idiomas o ajedrez desde muy pequeños?  
–Que es una presión que no pueden soportar, y que eso desencadena en adultos estresados. A la larga, experimentarán insatisfacción e inseguridad crónica. ¿Por qué nos empeñamos en construir un mundo de triunfadores y perdedores? Antes que nada, todo niño tiene que quererse a sí mismo. No es justo que les exijamos a los ocho años que toquen un instrumento a un nivel que el padre no alcanzó nunca ni de casualidad. 

–Para acompañarlos en el desarrollo de su potencial, ¿en qué deberíamos centrarnos?
–Algo que es prioritario, y frecuentemente olvidado, es el costado emocional: educarlos con valores, enseñarles a tomar decisiones, a solucionar problemas con otros niños, forjarles un carácter generoso y cooperativo. También es esencial cultivarles el amor por el aprendizaje, contarles historias, leerles cuentos, despertarles su curiosidad. Un niño puede ser muy capaz, pero si no tiene una buena inteligencia emocional nunca alcanzará todo su potencial ni se sentirá satisfecho con su propia vida. 

– ¿Qué hábitos ayudan a desarrollar un cerebro sano? 
–El ejercicio físico, las horas y calidad del sueño, el pensamiento positivo. ¡La nutrición! Debemos aprender a comer en familia, cultivando hábitos neurosaludables que ayuden a prevenir y tratar problemas, como el déficit de atención. En mis cursos explico, por ejemplo, qué necesitamos comer para que el cerebro esté preparado para la jornada escolar o para rendir un examen. Los padres quieren lo mejor para sus hijos, pero, con frecuencia, toman decisiones poco acertadas por desconocimiento. Eso es lo que hay que evitar.

Consejos 

Si bien el neuropsicólogo Álvaro Bilbao desaconseja el uso de las nuevas tecnologías durante la primera infancia, comparte recomendaciones para quienes consideran lo contrario: “Estas ayudan a que todos sepamos lo que tenemos que hacer, evitándonos más de un problema. Es importante que haya consecuencias claras; de lo contario, las normas no sirven. 
Por ejemplo, si el niño se enfada cuando le pedimos que apague la tablet, al día siguiente no podrá jugar con ella”. 
Para saber:
•Los papás definen la edad en la que el niño puede empezar a manejar la tecnología.
•Hay que establecer horarios para poder jugar.
•Primero las responsabilidades, luego, el juego.
•Siempre hay que pasar más tiempo offline que online.
•Hay lugares (dormitorio, comedor) y momentos (una hora antes de acostarse, al almorzar o cenar en familia) de la casa libres de tecnologías.
•Cuando se invita a un amigo es preferible que no se diviertan con ningún dispositivo, a menos que sea un juego que puedan jugar los dos a la vez.
Quién es Álvaro Bilbao
Español, doctor en Psicología y padre de tres niños. Se formó en el Hospital Johns Hopkins, y colaboró con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Experto en plasticidad cerebral, es autor de El cerebro del niño explicado a padres. También da cursos y conferencias.

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