Investigación


Profesiones invisibles


Por Tamara Smerling.


Profesiones invisibles
Aparecen nuevas tecnicaturas y diplomaturas orientadas al mercado laboral del futuro. ¿Cuáles son las áreas que picarán en punta en los próximos años? La importancia de las carreras de pregrado.

Un estudio de la Universidad de Oxford, escrito por Carl Frey y Michael Osborne, asegura que la mitad de los puestos de trabajo de los Estados Unidos se perderá en una o dos décadas, y que la fuerza o el intelecto de los seres humanos será sustituido por máquinas y computadoras. En la misma línea, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) denunció que un tercio de los empleadores de todo el mundo no encuentra personas con habilidades necesarias para afrontar las exigencias de la sociedad actual.

Desde hace algunos años, el mercado laboral está presentando una gran cantidad de cambios. Los avances vertiginosos de las tecnologías de la información y la comunicación terminaron derramándose sobre todos los oficios, lo que dio lugar a nuevas profesiones. Pero ¿de qué modo se aprenden o se aplican? ¿Cómo puede hacer la universidad para formalizar este tipo de conocimientos y prácticas? ¿Cuáles serán las habilidades y competencias que se deberán incorporar?

Para poder responder a estos interrogantes, un equipo de más de veinte investigadores –entre los que se destacan Marcelo Urresti, Mariano Zukerfeld, Ana Marotias, Sol Terlizzi y Pablo Vannini–, coordinado por Fernando Peirone, investigador y especialista en Saber Juvenil Aplicado, de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), llevó adelante un programa académico de veinte tecnicaturas y diplomaturas inéditas, con una duración de dos años. Más de treinta universidades ya mostraron interés en sumar las carreras del proyecto “Tecnicaturas informacionales para los oficios del siglo XXI”.

“Lo que algunos llaman profesiones invisibles, solo en 2014 produjeron más de cien mil puestos de trabajo. Y no se pudo hacer lo propio con otros cinco mil más porque no se hallaron profesionales con la formación adecuada. Son saberes que, hasta hace poco, no estaban reconocidos ni legitimados. Curador de contenidos o community manager, por ejemplo, solo se encontraban en algunas universidades privadas, con un sesgo muy vinculado al mercado o como un curso de posgrado. No formaban parte de la oferta académica de acceso universal”, observa Peirone.

En efecto, se requieren competencias que no fueron sistematizadas e institucionalizadas por la educación formal. Y aun en los casos en que los perfiles están demarcados e institucionalizados, no cuentan con las actualizaciones suficientes para responder a las dinámicas productivas vigentes. “Muchas de las habilidades que ostentan los trabajadores de este sector provienen de la educación no formal –cursos, certificaciones– y, fundamentalmente, de la educación informal –aprendizaje en solitario o entre pares, en el trabajo, en el tiempo libre, a través de Internet–”, se desprende del informe coordinado por Peirone.

Fernando Schapachnik, doctor en Ciencias de la Computación, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, y coordinador de “Program.AR” de la Fundación Doctor Manuel Sadosky, suma su mirada al debate: “Muchos jóvenes se dedican a estas profesiones invisibles en una doble precariedad: a veces en su formación, a veces en la forma de acreditar los conocimientos que tienen. Estas tecnicaturas buscan darles respuesta a sus necesidades, a la vez que fomentan que se acerquen a las universidades y se den cuenta de que pueden acceder a otros conocimientos”.

Miradas

La doctora Norma Gutiérrez, directora de Tecnicaturas de la Secretaría Académica de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), reconoce la importancia de las carreras de pregrado. “Son un fuerte factor inclusivo por su corta duración y su posible y rápida inserción laboral. Hoy, este mercado tecnológico informacional tiene nichos vacíos. Estamos trabajan-do para que los alumnos tengan mínimas dificultades en el tránsito del pregrado al grado. De hecho, estas tecnicaturas podrían articularse con varias carreras de grado”, subraya Gutiérrez. Por su parte, Lila Pagola, profesora de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), agrega: “Las profesiones invisibles son respuestas informales a las transformaciones culturales que emergen de los entornos digitales. Formar a nuevos profesionales en estas áreas implica sumarse a los debates sociales en torno a la calificación de estos trabajadores, sus condiciones laborales, la responsabilidad social de las tareas que realizan y la construcción de una ética profesional”.

“En la China y en la India, se crearon, a un ritmo frenético, universidades de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Para el año 2030, estiman que, de esas áreas, podría salir un sesenta por ciento de los egresados”. Sol Terlizzi

Para todos los gustos
Las técnicas y diplomaturas nuclean diversas áreas, como Comunicación y Sociales, Gestión, Diseño, Informática e Informática aplicada. Hay para todos los gustos: curaduría de contenidos digitales; testeo de sistemas informáticos; diseño de aplicaciones móviles y de videojuegos; y tecnicaturas en gestión de comunidades virtuales, en diseño e impresión 3D, en análisis de tendencias… y la lista sigue. “El área de gestión, por ejemplo, es muy importante en lo que se refiere a aplicaciones previstas para gobierno electrónico: no solo para ofrecer una mayor transparencia a los ciudadanos desde una municipalidad, una provincia o desde el mismo Estado nacional, sino también para agilizar recursos. En el caso de la domótica, la justificación está en el modo en que se perfila la construcción de las viviendas en el futuro”, instruye Peirone. 

Sol Terlizzi es profesora de Filosofía, y trabaja en temas de bioética, propiedad intelectual y tecnología. También formó parte del equipo que moldeó el proyecto “Tecnicaturas informacionales para los oficios del siglo XXI”, sondeando lo que ocurre con estas profesiones invisibles en el resto del mundo. “A nivel global, existen cursos en entornos educativos virtuales. En estos casos, las plataformas suelen asociarse con universidades, que ofrecen los cursos de manera gratuita (si el estudiante quiere un certificado tiene que abonarlo), con una modalidad de aprendizaje centrada en la comunidad de pares y en el aspecto práctico. Las más reconocidas son ‘Coursera’ y ‘Udacity’. Hay una tendencia en diferentes países del mundo a ofrecer carreras de orientación tecnológica. Obviamente, Estados Unidos es la cuna de ello”, destaca.  

En América latina no se quedan atrás y ya muestran un incipiente interés por algunas de estas carreras. “Por ejemplo, en informática aplicada a la salud, hay numerosos estudios de grado y posgrado en países como Brasil, Chile, Uruguay, Cuba, Colombia, el Perú y la Argentina –enumera Terlizzi. Y cierra–: En la China y en la India, se crearon, a un ritmo frenético, universidades de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Para el año 2030, estiman que, de esas áreas, podría salir un sesenta por ciento de los egresados”.

En su última visita a nuestro país, Guy Rider, director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), fue claro y contundente: “El mundo del trabajo atraviesa una transformación sin precedentes; debemos comprenderla mejor”. En este mismo sentido, Peirone concluye: “Tenemos que afrontar una serie de demandas que el mercado laboral no puede satisfacer porque nadie sabe bien dónde buscar esa mano de obra que hace falta. Por eso comenzamos a relevar estas profesiones invisibles, para legitimarlas dentro del ámbito académico. Estos saberes que se desarrollan tempranamente entre los doce y los dieciocho años, hoy los encontramos como cursos de posgrado en universidades privadas a costos elevados. Es preciso enmarcarlos dentro de la universidad pública y gratuita, para que los estudiantes obtengan mejores titulaciones y contratos más provechosos. Por eso pensamos en tecnicaturas cortas, para que asimilen los conocimientos de manera ágil, consigan un pretítulo en dos años, y se familiaricen con el sistema universitario”.

*“Lo que algunos llaman profesiones invisibles, solo en 2014 produjeron más de cien mil puestos de  trabajo. Y no se pudo hacer lo propio con otros cinco mil más porque no se hallaron profesionales con la formación adecuada”. Fernando Peirone
Una declaración de peso
Un grupo de legisladores de la Cámara de Diputados de la Nación presentó un proyecto de ley para la creación de un Sistema Nacional de Saberes Infor-macionales y en Nuevas Tecnologías (SiNaSITec). ¿Cuál es la premisa de este nuevo órgano? “El diseño y la implementación de cursos y carreras de educación formal y no formal vinculados a tecnologías, para fortalecer la competitividad de los trabajadores y asegurar un desarrollo sustentable, innovador y basado en el conocimiento”. A menor calificación de los trabajadores, mayor es la posibilidad de que su economía deba resignarse a procesos productivos repetitivos, propios de segmentos de poco valor agregado. 

“Las nuevas demandas requieren trabajadores con cualidades cognitivas particulares, que involucran la creatividad, el diseño y la innovación”, se desprende del proyecto.

La idea es que el SiNaSITec coordine, junto con el Ministerio de Educación y las autoridades de las universidades públicas, el cumplimiento de los siguientes fines: establecer lineamientos curriculares básicos, metodologías pedagógicas, y adoptar las medidas necesarias para que los cursos y carreras sean ofrecidos en universidades públicas.

Más info
www.tecnicaturas.vnct1014.avnam.net/proyecto
www.fundacion.uocra.org
www.coursera.org 
www.udacity.com

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