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Casi humanos


Por Cristina Noble.


Casi humanos
Hoteles-spa, residencias geriátricas y hasta una obra social confirman que las mascotas reinan en el hogar. Los servicios “pet-friendly” y una terapia basada en animales avalan un fenómeno que pisa fuerte en nuestro país.

El título de la novela de Paula Pérez Alonso, No sé si casarme o comprarme un perro, expresa al pie de la letra una tendencia que se afirma cada vez más: la presencia de mascotas puertas adentro de los hogares. Perros y gatos, representantes por excelencia de esta movida, se están convirtiendo en los reyes de la casa. 

Los números avalan un boom que se tiñe de celeste y blanco: la Argentina es el país de América Latina con más mascotas por grupo familiar. Según un estudio encargado por una firma que produce alimento para animales domésticos, en nuestro país hay once millones de perros y cuatro millones de gatos. Tal es el protagonismo que están tomando estos animalitos que en Mendoza y en Buenos Aires se inauguraron hoteles-spa que ofrecen “vacaciones para mascotas”. También existe una residencia geriátrica que brinda cuidados especializados a gatos y canes en sus últimos años, guarderías, y ¡hasta una obra social! 

La demanda por servicios “pet-friendly” tiene su porqué. En los últimos diez años, el mercado de las mascotas experimentó un crecimiento  cercano al diez por ciento. Se estima que, en este ámbito, durante 2015, se facturaron alrededor de tres mil millones de dólares. Creer o reventar.

Los expertos intentan encontrar una razón que explique el fenómeno de tanto protagonismo. En ciertos casos, hasta se convirtieron en reemplazos afectivos. Algunas de las causas pueden ser el aumento de parejas sin hijos, o la cantidad de hombres y mujeres que viven solos. 

En esta línea, la doctora Virginia Ragau, veterinaria y etóloga, opina: “El vínculo de empatía mutua que existe con los animales, hoy por hoy, se debe, en gran medida, a las dificultades para encontrar pareja o mantener consolidada una familia. Las mujeres, por sus características y su rol materno, son las que más establecen una relación sustituta con los animales cuando quedan solas”.

Si se traza una línea comparativa con décadas pasadas, el trato con las mascotas cambió radicalmente. Antes, era impensable que un perro durmiera dentro de la casa. Ahora, la mascota es considerada uno más en la familia. “Los perros y los gatos son niños eternos. Su capacidad emocional e intelectual no pasa de un chico de cinco años; por eso, son buenazos, no tienen maldad ni segunda intención. Para mí, una mascota es mil veces más confiable que una persona”, argumenta Rocío Ximena, protectora de animales en sus tiempos libres.

Sin embargo, los especialistas ponen la lupa en no confundir los tantos. “Hay que tener cuidado en que los lazos no se humanicen por demás: no es bueno ni para el animal ni para sus dueños”, advierte el doctor Ricardo Luis Bruno, médico veterinario y especialista en conducta animal. 

Por su parte, Alexandra Horowitz, doctora en ciencia cognitiva y autora del best seller En la mente de un perro. Lo que los perros ven, huelen y saben, sostiene que estos animales son sensibles a las emociones, al lenguaje corporal de su amo y al paso del tiempo… “pero sienten como perros, no como humanos. No hay que intentar reducir a cero su parte animal, un error en el que se suele incurrir, sobre todo en las grandes ciudades. ¿De qué manera? Al eliminar su sexualidad, cuando se llega al extremo de operarles las cuerdas vocales para que no molesten con los ladridos, o cuando se limita su campo de interacción con el exterior de acuerdo al largo de su correa o la disponibilidad del horario del paseador”.

La doctora Ragau es clara y contundente: “Una excelente manera de tener una convivencia óptima con los animales sería reconocer nuestras propias falencias y preguntarnos si estamos en condiciones de aceptar y cuidar a quien se transformará en otro miembro de la familia. Tener una mascota en casa no es una obligación, pero si uno está preparado y elige con responsabilidad, se puede alcanzar una gran felicidad”.

Como perros y gatos
Si bien los perros todavía superan demográficamente a los gatos, estos últimos vienen tallando fuerte. Probablemente, incidan la economía y la necesidad de atención: los gatos no necesitan paseadores y mantenerlos cuesta bastante menos. “Los gatos son territoriales y pueden ser más o menos sociales según su genética. Los amantes de los perros se inclinan por ellos por su incondicionalidad y su lealtad absoluta; en cambio, los gatos son preferidos por su independencia y por no requerir cuidados especiales”, señala la veterinaria etóloga Silvia Vai, especializada en conducta animal. Un dato más: un estudio realizado por la Universidad de Carroll, en Wisconsin (Estados Unidos) reveló que los amantes de los perros son más activos, disfrutan del aire libre y adoran el ejercicio. En cambio, para los que son más introvertidos y sensibles, y nada supera el plan de que-darse en casa leyendo un libro, lo mejor, entonces, es escuchar un “miau”.
¿Sexto sentido?
Un estudio reciente de la Universidad de Oakland (Michigan) estableció que los gatos pueden asimilar reacciones emocionales humanas, e incluso, hacer algo al respecto. O sea, cuando ven sonreír a su dueño, pueden mostrar comportamientos positivos. 

De la sensibilidad especial de los animales se habló y mucho. Siempre se dijo que algunos de ellos tenían un don para anticiparse a un fenómeno sísmico o a un ataque de epilepsia de su dueño. Se tejieron diferentes teorías y se arrojaron diversas interpretaciones. Lo cierto es que existen investigaciones científicas que constataron que los animales tienen algunas capacidades más desarrolladas que los seres humanos. 

“Hay sentidos, como el olfato y el oído, que son infinitamente más agudos que los nuestros. Por ejemplo, gracias al olfato, pueden percibir cambios químicos, como la liberación de ciertas hormonas. Hay un estudio que indaga sobre cómo los perros perciben sustancias que nuestro cuerpo exhala cuando nos enfermamos. A su vez, los animales tienen sentido de la periodicidad del tiempo: por eso saben cuándo les toca comer o salir a pasear”, esgrime Ragau.
Como sus bondades son numerosas, y todavía hay mucho que aprender de ellos, cada vez se prueba más, y con alentadores resultados, una flamante disciplina: la “Mascotaterapia”. Ignacio puede dar fe de ello: tiene ocho años y, durante seis meses, se recluyó en su habitación ante la desesperación de sus padres. Después de iniciar distintas terapias –y recibir diagnósticos dispares–, la visita a un neurólogo fue clave para aclarar el panorama: el especialista aconsejó probar un tratamiento con animales.

La depresión del pequeño y la imposibilidad de comunicarse empezaron a ceder desde que tuvo sus primeros encuentros con Uli, un labrador que lo ayudó a conectarse con su entorno y  a superar sus miedos.

La psicoterapeuta Silvia Ponce no duda acerca de los beneficios de la “Mascotaterapia”: “Es muy propicia en aquellos que tienen disminuida su capacidad de comunicación. Los perros y los caballos, especialmente, son de gran ayuda para las personas que padecen cuadros de aislamiento y no pueden sentir empatía. Enfoquémonos en la terapia de andar a caballo: la posibilidad de experimentar un contacto entre el cuerpo del animal y el nuestro fomenta el equilibrio, la concentración y la autoestima. Los perros, amén de inteligentes, son muy cariñosos, por lo que se convierten en muy recomendables para hacerles compañía a aquellos que atraviesan algún trastorno psíquico”.  

Los perros aprenden a responder órdenes sencillas. Este no es un punto menor: a un niño autista o con problemas depresivos, darse cuenta de que su mascota puede obedecerlo, lo hace sentirse importante y respetado. En estudios basados en terapias con canes, se comprobó que los niños que padecían algún trastorno del espectro autista desarrollaron interacciones con el animal, como contactos visuales repetidos, comprensión de algunas manifestaciones del estado de ánimo del perro e, incluso, fueron capaces, sin ninguna ayuda externa, de emprender acciones, como ponerle el collar para sacarlo a pasear.
La elección de una mascota no solo se reduce a lo que nos despierta al momento de escogerla. Probablemente, nuestro pet hable de nosotros, de sus dueños. Se dice que cada animal refleja las necesidades o expectativas de quienes los adoptan.   

Para elegir una mascota
•Preferentemente, no adoptar animales de criadero, salvo excepciones. 
•Conocer a la mamá de la mascota, sus condiciones de vida y carácter. Una mamá estresada le trasmitirá estrés a sus cachorros, o confianza si se crió en un hábitat seguro y tranquilo.
•Si en el hogar hay bebés o hijos pequeños, no elegir perros de gran porte.
•No adoptar un animal que se haya destetado antes de los dos meses.
•Los primeros meses de crianza son fundamentales. La adaptación requiere tiempo, paciencia y mucho amor.

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