Investigación


Redes mentales


Por Mariano Petrucci.


Redes mentales
Desbloquear los prejuicios, fomentar la creatividad, trabajar en equipo, tomar buenas decisiones. Esas son las premisas de un innovador enfoque multidisciplinario, ideal para concretar nuestros sueños y proyectos.

“Cada vez me convenzo más de que existe un plano de conciencia que compartimos todos, y que el cerebro es una máquina limitadora que recorta este plano. Existe la posibilidad de salir de estos límites y participar en aquel plano de conciencia”. La frase pertenece a Joseph Campbell, reconocido mitólogo, escritor y profesor estadounidense. Adelantaba, hace ya algunas décadas, un modelo multidisciplinario que, en la actualidad, pica en punta en distintos ámbitos: el “pensamiento en red”. Hablamos de un enfoque que nuclea avances de la psicología, las neurociencias y la comunicación. ¿Qué es lo que hace? Transforma las estructuras mentales que procesan las ideas, y nos predispone para percibir este universo abierto, interconectado y en constante movimiento. 
“Pensar en red es desafiar lo convencional. Es vislumbrar el potencial humano, los talentos bloqueados u ocultos, y localizar y capitalizar oportunidades. Nos invita a descontracturarnos y a razonar por ‘fuera de la caja’. Al pasar de un funcionamiento lineal a uno en red, se seleccionan vías inéditas para la creatividad y la toma de decisiones. Es una herramienta crucial para emprendedores, profesionales, empresarios y todo aquel que quiera crecer en la vida”, explica Sonia Abadi, médica y psicoanalista, autora del libro Pensamiento en Red: conectando ideas, personas y proyectos.

Los estudios sobre “pensamiento en red” son muy recientes, pero lo más revelador es que este tipo de pensamiento aparece como un camino para entender cómo operamos individual y colectivamente, advirtiendo nuestras limitaciones. “Para afrontar las nuevas realidades, debemos ‘resetearnos’”, sentencia Abadi, experta en capacitar líderes y estructuras de management en empresas de primera línea.

Jorge Wagensberg, profesor, investigador y escritor español, afirma: “Una idea puede regresar a la mente muy cambiada por el solo hecho de haber salido a dar una vuelta por su resto de universo. Imaginemos, además, que en ese resto de universo habita como mínimo otra mente”.

El “pensamiento en red” tiene espíritu democrático: nadie está exento de sus bondades. Abadi devela un caso: “Un productor discográfico me confesó su experiencia con los músicos de rock. ‘¿Por qué algunos no alcanzan la gloria?’, le pregunté. Y me respondió: ‘Aun siendo muy talentosos, por egocéntricos o por imitar modas. Los que triunfan son los que descubren algo, marcando tendencia. Para lograrlo, tienen que navegar por diversas corrientes sociales y culturales. Eso es vanguardia, eso es originalidad’”.

Si somos buenos conductores, cuando manejamos un auto, lo hacemos en “estado de red”: a la atención focalizada le sumamos la atención flotante –escuchar música, conversar con el copiloto–. El exceso de focalización no solo nos estresa y nos hace sentir inseguros, sino que nos impide registrar un obstáculo inesperado, exponiéndonos a un choque. “El mozo que atiende a doce comensales, no anota el pedido y sirve los platos sin equivocarse, es otro ejemplo de ‘pensamiento en red’. Por otro lado, la atención flotante le facilita ver una mano levantada entre la marea de mesas del restaurante. Hay quienes cuentan que los momentos de inspiración sobrevienen cuando están corriendo o en la ducha. Si bien solemos deducir que las interrupciones atentan contra los estados creativos, la inclusión relajada de otras fuentes los despierta y enriquece. De esta manera, la mente fluye, se abre…”, destaca Abadi. 

Lazos formales e informales*
La actualidad demuestra que todas las redes vivas responden a las mismas leyes de funcionamiento: esto es así para las epidemias, las campañas de marketing, la ecología. 

Y también para las neuronas y el modo en que pensamos. En este escenario, nos hallamos conectados de múltiples maneras. En parte, por lazos formales o fuertes entre aquellos que comparten actividades, proyectos u objetivos. Pero, a su vez, por lazos informales o débiles, tejidos por afinidades y sintonías imprevistas. Trabajar en red es ser capaces de entramar las redes formales con las informales.

*Por Sonia Abadi, médica y psicoanalista, autora del libro Pensamiento en Red: conectando ideas, personas y proyectos.
En casa como en el trabajo
En este siglo XXI, la ciencia va derribando misterios sobre la “ingeniería” que se acciona para desarrollar funciones y habilidades que, en el pasado, se consideraban genialidad innata de unos pocos iluminados o fruto de una educación privilegiada. Abadi subraya: “El pensamiento lineal es lógico, secuencial y ordenado, y se conecta por proximidad y afinidad temática. Por su parte, el pensamiento intuitivo es consciente e inmediato, y sus conexiones se establecen con lo alejado, con lo diferente, hasta con lo aparentemente absurdo. La combinatoria de ambos desemboca en el ‘pensamiento en red’. Así, la intuición es cómplice de la inteligencia, en lugar de oponerse a ella”. 

¿Se puede entrenar el “pensamiento en red”? “Por supuesto. Para eso hay que neutralizar la atención focalizada y los prejuicios –esgrime Abadi–. Hay que buscar el espacio/tiempo para funcionar conectivamente. Es algo así como un baño de inmersión para el cerebro. Esta forma de pensamiento convierte el azar en oportunidad. Ejercitarnos en ello nos permite una mejor integración de todos nuestros recursos, una relación más fecunda con los otros y el mundo, y una superación de la antinomia éxito/bienestar, y vida personal/vida laboral”. 

Las empresas están aplicando esta herramienta que optimiza el trabajo en equipo, asi como la comunicación interna y externa. “Las compañías ya no se definen solo por sus dimensiones, sino por estar más o menos conectadas. Ya no se trata meramente de transacciones, sino de vínculos. Hoy, están formando a sus empleados para que sigan siendo parte de su red, aun cuando migren hacia otros horizontes. Así, el que se va no será juzgado como un traidor, sino un embajador que contagiará nuestra cultura organizacional. Y nuestros  competidores ya no serán solo rivales, sino potenciales aliados. En una visión en red, los intereses de las personas, las empresas y las comunidades se sinergizan”, opina Abadi. 

En una actividad grupal, el “pensamiento en red” lleva a cambios de actitud y de rendimiento. Se cuestionan los paradigmas aceptados, se encaran propuestas reformadoras y se es permeable a recibir soluciones no habituales. A su vez, se provocan sentimientos de empatía y familiaridad. “De esto dependerá el devenir de las empresas. Los períodos prolongados de funcionamiento lineal ocasionan estrés físico y mental, toxicidad, clima negativo. El remedio suele ser más presión. La compañía se instala en una crisis permanente. Al trabajar conectivamente, no solo se incrementa la productividad, sino que se protege la salud de la organización”. 

Se dice que alguien piensa en red cuando es capaz de unir, de múltiples modos, información y conocimiento, generando resultados innovadores. Y también, cuando puede asociarse con las competencias y aptitudes de los otros, activando la comunicación y la confianza. “Sería como vivir con la varita mágica en la mano. En los tiempos que acontecen, funcionar en red ya no es solo una excelente opción para expandir nuestra mente: es una necesidad de supervivencia, ya que es la forma de asimilar el presente y ser parte del futuro”, concluye Abadi.
Factores
… que tejen la red
• Simpatía.
• Generosidad.
• Pertenencia y solidaridad.
• Integración.
• Colaboración.
• Receptividad y aceptación.
• Aprendizaje y enseñanza.

… que dañan la red
• Antipatía.
• Mezquindad.
• Egocentrismo.
• Discriminación.
• Rivalidad.
• Rechazo.
• Envidia.
Liderazgo
El líder lineal
• Es autoritario.
• Es inaccesible.
• Genera estrés.
• Activa la rivalidad.
• Exige.
• Fragmenta.

El líder en red
• Practica la conectividad.
• Está disponible.
• Promueve a ser más creativos.
• Activa la colaboración.
• Inspira.
• Integra.

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