Actualidad


Viajar con los sentidos


Por Daniela Calabró.


Viajar con los sentidos
El turismo consciente es una tendencia que crece. ¿En qué consiste? En recorrer lugares de una manera más slow, conectándose con la naturaleza y compartiendo momentos con las comunidades originarias.

El sol parece más grande en este atardecer en Camboya. Aquí, en el sudeste asiático, un hombre se pierde en un campo de arroz para acercarse a quienes lo trabajan. Habla con ellos, comparte sonrisas y observa sin prisa cómo cae la tarde. Es el final de un día que quedará en su retina para siempre, con imágenes como las que regalan los templos de Angkor, huellas de un gran imperio que hoy se desanda en uno de los yacimientos arqueológicos más impactantes del mundo.
   
Nuestro viajero se llama Fernando Reznik, conoce más de setenta países y es un férreo promotor del turismo consciente, una tendencia en alza en todo el mundo, con su mayor auge en Latinoamérica, y Medio y Lejano Oriente. 

“Cuando llegás a lugares que no pueden describirse con palabras y conocés personas que transforman tu percepción del mundo, nace el impulso de querer compartir esta experiencia con los demás”, comenta quien, inspirado en sus propias vivencias, creó un emprendimiento turístico con el que organiza viajes grupales por destinos exóticos de Oriente, inspirados en un profundo encuentro con la naturaleza y las comunidades originarias. 

Una nueva forma de viajar

Detrás de esta manera de conocer el mundo, hay una filosofía de viaje en verdadero auge. Fue impulsada en 2011 por Freddy Ehlers, Ministro de Turismo de Ecuador, como una forma de revalorizar los destinos menos explotados turísticamente y, por ende, más naturales. Lo llamó Turismo Consciente y con rapidez se extendió por América. Sobre todo para muchos viajeros que ya coqueteaban con la idea de conocer el mundo como es: con su cultura local, sus comunidades originarias y su geografía virgen. 

“Las prácticas vinculadas al turismo consciente se están extendiendo porque el turista está cambiando su forma de viajar y de vivir las experiencias”, introduce Leonel Villella, titular de la consultora Ejido, especializada en temáticas de turismo. “Se trata de un concepto nuevo y en desarrollo, que promueve que el turista sea consciente de que la experiencia de un viaje es transformadora tanto para la persona que la realiza como para el destino visitado. Y esto no solo desde una perspectiva ambiental, sino que también incluye el vínculo con la comunidad receptora, mediante valores como la convivencia, la comunión y la amistad”, agrega.

Los lugares del mundo en donde más rápido hizo pie la tendencia no tienen que ver con el mercado ni con el azar. “Los destinos muy desarrollados turísticamente son menos permeables a la incorporación de estos conceptos. Por eso, creció rápidamente en Latinoamérica, frente a la necesidad de preservar los atractivos de los efectos negativos del turismo en masa”, explica Villella. 

Algunos rincones del mundo oriental rápidamente se sumaron a la lista, no solo por sus imponentes paisajes vírgenes y la profundidad de su cultura, sino también por profesar filosofías de vida que aportan a otra de las patas del turismo consciente: el encuentro con uno mismo. 

El Delta, candidato
No hace falta viajar hasta Centroamérica o cruzar el mundo hasta Asia para experimentar el turismo consciente. A unos kilómetros de Buenos Aires, el Delta del Tigre es un sitio ideal para vivir encuentros con la naturaleza. “Nuestra premisa es cuidar el contacto con el ecosistema natural. La idea es combinar el relax con la vida silvestre en su estado más puro, a partir de paseos y excursiones hacia el interior de la isla en pedalboats, Kayaks y caminatas por senderos abiertos”, cuenta Eduardo Segura, Director de La Becasina Delta Lodge & Spa. Cristian Wallberg, licenciado en nutrición, reikista y neurópata, agrega: “En este tipo de turismo, hay un eje rector que es la salud y el bienestar. Para eso, ponemos énfasis en la alimentación y realizamos masajes, reflexología y dígitopresión. Para cuidar el contacto con la naturaleza, hacemos visualizaciones con cuencos tibetanos en medio del bosque. Consiste en una relajación profunda a partir del sonido y vibración de los cuencos, en la que se regulan y se armonizan los chacras”.

Mirar el mundo
“Respetar otras formas de vida, aceptar las diferencias y sentirme un aprendiz me hace más humilde y tolerante. Cada vez que salgo de viaje, vuelve un ser distinto al que partió y creo que el cambio que deseo ver en el mundo comienza por uno mismo”, confiesa Reznik, de Shantitur. 

Verónica Willenberg, creadora de la organización Integración Humana, organiza retiros vivenciales. ¿En qué consisten? En viajes cortos en los que los participantes se conectan con ellos mismos y con el entorno, a través de meditaciones en la naturaleza y visitas a comunidades locales. “Es una invitación a salirnos del espacio habitual para entrar en otra dimensión. Para ello, compartimos cuatro días en los que disfrutamos meditaciones, música, alimentación consciente, yoga y otras actividades que propone el facilitador del grupo –detalla–. La idea es experimentar una de las más desafiantes aventuras que es integrarse. Por eso, volvemos con nuevos amigos, con más calma y con muchas nuevas perspectivas. Tomar distancia y compartir unos días con personas diferentes nos permite ver la vida desde otro lugar”. 

Bajar un cambio
Una de las premisas del Turismo Consciente es bajar la velocidad. “Tailandia tiene un lugar maravilloso. Nos alojamos en unas cabañas esparcidas en el bosque, a metros del mar. Allí se promueve la conciencia ecológica, con alimentos orgánicos, clases de yoga, caminatas y un ritmo despreocupado –cuenta Fernando Reznik. Y agrega–: En las excursiones, pasamos más tiempo en cada sitio. En Siem Reap, Camboya, visitamos los cinco templos más impetuosos y nos quedamos el doble o triple de tiempo que en las visitas tradicionales. Eso per-mite que la experiencia se instale en nuestros sentidos y en la memoria. Sobre todo en Asia, que es una puerta hacia otra filosofía de vida”.

Anfitriones y maestros

Este tipo de experiencias suelen realizarse en lugares que tienen comunidades autóctonas cuidadosas de su hábitat, por lo que agradecen el crecimiento de un turismo respetuoso y lo reciben con ganas de compartir su cultura y su gastronomía. 

“La mayoría de los pueblos originarios aún mantiene su escucha consciente abierta. Observan los ciclos de la naturaleza y los respetan, recuerdan y honran las enseñanzas de sus ancestros y permiten que los niños expresen su alegría libremente –cuenta  Willenberg–. El tiempo que compartimos nos brinda la maravillosa oportunidad de ampliar nuestro entendimiento y de experimentar nuevas formas de sentir la vida. Al conversar, al bailar y reír juntos, descubrimos que es mucho lo que nos une”. Reznik se suma: “Las comunidades autóctonas conservan una sabiduría milenaria que no se ha contaminado. Las modernas, en cambio, buscan adaptar el mundo a sus necesidades. Los primeros coexisten, los demás conquistan. En esa diversidad, hay una gran oportunidad de aprendizaje. Lo mismo sucede con la naturaleza”.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte