Entrevista


De tal palo...


Por Juan Martínez.


De tal palo...
El talentosísimo Luis Salinas presenta a su hijo Juan, también guitarrista, quien participa en su último álbum quíntuple. Aquí hablan sobre la pasión por la música, el ritual de compartir un escenario y el lazo indestructible que los une.  

La música los envuelve, los abstrae y los transporta. Para comprobarlo, basta verlos sentados juntos: como si una fuerza superior los controlara, comienzan a mover los dedos, a recorrer las cuerdas de sus guitarras, a dialogar en su lenguaje favorito. Tal para cual: así son el genial Luis Salinas y Juan (16), su hijo, con el que comparte escenarios desde hace ya dos años.

“La música tiene todo: humor, romanticismo, rabia, bronca, dolor. Todo está en ella. Hay momentos en los que estuve mal y me salieron temas bárbaros. Yo admiro mucho la cultura gitana, la negra y la indígena, porque supieron transformar el dolor en belleza. A veces tocás porque sí: agarrás la guitarra y tocás. Otras veces, querés transmitir algo que te pasa. Vos tenés que hacer que el público se olvide un poco de sus problemas, que sienta que lo llevaste a otro lado. Pero, para lograrlo, vos también tenés que transportarte a ese otro lado. Si no te emocionás, la gente tampoco. Tenés que entregarte por completo a lo que estás haciendo, vivir ese momento como único e irrepetible. Si vos dejás que pase de largo, te lo perdiste –filosofa Luis, ante la atenta mirada de Juan. Y completa–: Lo primero que le dije a él fue: ‘Sentí tus notas, escuchá a tus compañeros, disfrutá. No hay nada que demostrar’. El peor enemigo de la música es el ego. Nadie es más importante que la música”.

La primera vez que tocaron juntos en público fue en un show en Villa Gesell. A partir de allí, Luis empezó a incorporarlo a su banda estable. Padre e hijo recorren el país y el mundo con sus guitarras.

La historia de Luis es conocida, pero la de Juan, claro, no tanto. De muy chico, le pedía a su mamá que se juntaran a escuchar música con los ojos cerrados, para sentirla de manera más intensa. A los cuatro años, se subió a un escenario para cantar un candombe. Al terminar, remató con un “gracias por venir” que enterneció a todos y a cada uno de los presentes. “Yo tocaba la percusión, el cajón. En la guitarra sabía dos temas nada más, pero se fue dando de a poco. Un día fuimos a ver a B.B. King, otro día a Jeff Beck, y ahí me empecé a entusiasmar con la guitarra”, revela Juan, que pegó el salto de la percusión al instrumento paterno durante una gira por la Costa atlántica. 

En la balnearia Villa Gesell, precisamente, fue donde se produjo el debut de la poderosa dupla de guitarras que conforman los Salinas. “No me incomodó subirme al escenario, quizá porque nunca tuve noción de lo que significaba. Yo solo disfrutaba”, concede Juan. Luis acota: “Una vez, estábamos probando sonido en el Colón mientras Juan andaba correteando por ahí, y Dino Saluzzi me dijo: ‘Parece que este nació acá arriba’. Tiene cero miedo escénico. Él estaba en la panza de la madre y ya escuchaba los conciertos. Yo todavía no tengo esa naturalidad. Antes me ponía un poco nervioso por eso de tener que ganarme mi lugar. Después, cuando ya te conocen, tenés miedo de defraudar, querés estar a la altura de lo que están hablando. Por suerte, cuando comenzás a tocar, se te va un poco”.

El padre de Luis era una especie de hombre orquesta que le daba al hi hat, al bombo, a la guitarra y a la armónica al mismo tiempo. “Todo su ser es músico. Siempre que hablamos con él de la música, no lo hacemos desde los acordes, la armonía o la melodía, sino de lo que hay detrás: sentimiento, energía espiritual. El otro día fuimos al cumpleaños del viejo y fue hermoso para mí verlo a Juan tocando un chamamé con él”, se emociona todavía hoy Luis.

El tren
Así se llama la última obra de Luis Salinas, compuesta por cinco discos. En dos de ellos, toca con Juan. “Es muy difícil explicar la emoción de tocar con mi hijo. Solo agradezco a Dios por eso”, confiesa el propio Luis. Juntos, lo presentarán el 24 de junio en la Plataforma Lavardén (Sarmiento 1201, Rosario). En julio se irán de gira a Europa.

De ida y vuelta
La música, esa energía espiritual que fluye entre las distintas generaciones de Salinas, que los conecta y los potencia, también les exige esfuerzos. Los shows, las giras y los ensayos requieren tiempo y entrega. Un tiempo que, a veces, va a contramano de otras exigencias. Por eso, Juan, ante la acumulación de faltas en el colegio y las presentaciones europeas, tuvo que decidir junto a sus padres qué hacer. “Yo estaba decidido a viajar y dejar el colegio. Mi mamá siempre me apoyó, pero le costó un poco que abandonara los estudios”, afirma el joven. El padre da su parecer: “Aunque parezca mentira, el que más quería que siguiera estudiando era yo. Está bueno que aprenda inglés, por ejemplo, para no tener los problemas que tuve de comunicación con artistas americanos, con los que hice amistades que no pude seguir y desarrollar porque no hablo su idioma y ellos no hablan el mío. Es una barrera muy grande”. 

–Crecer rápido tiene sus costos, Juan. 
–Sí. No tengo tantos amigos por ese tema. Son pocos a los que, a mi edad, les interesa la música. A los que les gusta, los invito a los shows y charlamos. Me llevo muy bien con los músicos de papá. Converso mucho con el baterista Martín Ibarburu. Yo los tomo como si fueran tíos-amigos.
Luis. –Él tiene dieciséis, pero ya ha vivido cosas de pibe mucho más grande. Tuvo que madurar de golpe.

– ¿Comparten otra pasión, amén de la música? 
Luis. – ¡Boca! Los dos somos bosteros. Hace poco, cuando ganó un partido por penales, tuvimos que subir al escenario antes de que terminara. Nos avisaron que habíamos ganado y tocamos con una alegría bárbara. Los dos somos hinchas enfermos. Eso sí, cuando tocamos lo hacemos para todos. Una vez cometí el error de decir algo en el escenario después de un clásico. Uno me gritó: “Los de River también te queremos”. Me sentí mal. Sentí que lo estaba agrediendo. Yo respeto todos los sentimientos. La música une a todo: los equipos de fútbol, los partidos políticos…

– ¿Sienten que cambió la relación entre ustedes desde que tocan juntos? ¿Son más cercanos ahora?
Luis. –Y sí, uno se va conociendo un poco más. Pero la relación también cambia a partir de la edad que va teniendo él. Su cabeza ya no es la misma que cuando tenía doce. En estos tiempos en los que va todo muy rápido es difícil para mí, como padre, entender hasta dónde tenés que estar y hasta dónde te tenés que borrar.
Juan. –Yo charlo mucho con mi mamá, y me acuerdo que la primera vez que toqué el cajón con él, ella me contó que nos vio y dijo: “La relación que tienen en el escenario no la corta nadie”. Evidentemente, vio algo.

– ¿Se imaginan en un futuro siendo Luis el que le pida permiso a Juan para que toquen juntos?
Luis. – (Ríe) Consciente o inconscientemente, lo estoy preparando para que tenga su grupo y lo podamos ir a escuchar con la madre. Él lo va a hacer cuando esté preparado para liderar su banda. Eso no quiere decir que no vayamos a tocar más juntos. Pero llegará el momento en el que él me diga a mí: “Papá, ¿querés tocar un tema?”.
Juan.–Yo disfruto este presente, pero también pienso lo que voy a hacer en el futuro, qué música, qué género. Tengo que pensarlo muy bien. Me gusta el hip hop, el funky, pero también la música argentina.
Luis. –La música pasa por una cuestión de sinceridad. Cuando un artista es sincero, no tiene género. Si un músico me mira a los ojos y me dice “Esto es lo que yo soy”, ya me gusta.

Luis confiesa que, para subirse a los escenarios, Juan tuvo que vivir e incorporar cosas de golpe, madurar de repente. “Su cabeza ya no es la misma que cuando tenía doce”, confiesa el padre, orgulloso de los dones de su hijo.

Lo que dicen de Salinas
• “¡Es uno de mis guitarristas favoritos!" (George Benson).
• “Cuando conocí a Luis, alumbró mi carrera. Aparte de ser un enamorado de su música y de su talento, con él aprendí que la música es algo más que una expresión, es una forma de desarrollarse artística y personalmente” (Tomatito).
• “Yo no creo que en el mundo haya dos guitarristas que toquen tan bien y conozcan el instrumento como Salinas. Es fuera de lo común” (Chucho Valdés).
• “Es un músico extraordinario” (Ivan Lins).
• “Es un guitarrista loco y genial” (Baden Powell).

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