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La revolución literaria


Por Agustina Tanoira.


La revolución literaria
Los booktubers y bookstagrammers se imponen en las redes sociales. Por ello, las editoriales los siguen de cerca.

Nadie pudo vaticinar el fenómeno de cómo los nuevos dispositivos tecnológicos afectarían a la literatura, ya que todo parecía indicar que los libros electrónicos tendrían la última palabra. Pero, para la tecnología audiovisual, esta no estaba todavía escrita. Surgieron unos nuevos actores que transformaron, sorpresivamente, el mundo literario: son los booktubers y los bookstagrammers. Con ellos, esta joven generación, que nació con el siglo, sigue moldeando la manera en que consumimos... y leemos. 

Solo con una cámara digital, nuestros protagonistas lograron combinar su pasión por la lectura y la tecnología, y son el último gran fenómeno de las redes sociales. De la mano –o la lente– de ellos, llegó el boom de las selfies y se sumó el de las shelfies (en alusión a la noción de shelf, que significa estante en inglés). En ellas, estos jóvenes se muestran a sí mismos y con sus bibliotecas de fondo. Recomiendan libros, reseñan novedades, entrevistan, comparten sus títulos preferidos y hasta muestran cómo los organizan en sus estantes. En sus actualizaciones, los libros son los únicos protagonistas. Los expertos los denominan facilitadores o divulgadores y, aunque no se sabe a ciencia cierta cuánto influyen en las ventas, nadie niega que llegaron para hacer estragos en el mercado editorial. 

Nuevos influencers
En rigor, primero fueron los bloggers, luego siguieron los booktubers –muchos de los cuales comenzaron como bloggers– y por último, los bookstagrammers. “Los booktubers son chicos jóvenes que aman leer, en particular ficción juvenil, y se arman canales en YouTube donde hablan de libros”, explica Georgina Dritsos, jefa de prensa de V&R Editoras, y también escritora. En sus canales, estas nuevas estrellas del universo literario no se limitan a mostrar sus libros preferidos, también lo hacen con los que aborrecen. Realizan todo tipo de juegos, ránkings y, además, proponen consignas. A medida que se van haciendo más conocidos, empiezan a participar de distintas actividades exclusivas, como encuentros con autores –tanto nacionales como extranjeros–, realizan entrevistas e integran paneles donde se debate acerca de literatura juvenil.  

“Estos jóvenes lectores y promotores de la lectura reseñan los libros según sus gustos. Esto implica que no siempre lo que publican o dicen nos sirve para promocionar un libro. 

Lo interesante es que aquellos que son serios en lo que hacen, se ganan la credibilidad y el respeto de sus propios seguidores que, por dicha seriedad y compromiso, los siguen y tienen en cuenta sus recomendaciones. En ese sentido podemos decir que son influencers; sus opiniones tienen un peso y un valor para sus pares”, opina Dristos. 

Cristina Alemany, editora, escritora y coordinadora de actividades juveniles en la Feria del Libro coincide: “Cuando algo les gusta mucho, obvio que repercute, porque lo recomiendan y porque sus pares, otros jóvenes, quieren leer eso que les ha impactado tanto”. 

Para entender bien de qué se trata, lo mejor es dar una vuelta por la web. Un buen ejemplo es Gracias a los libros, el canal de Macarena Yannelli, estudiante de Filosofía de la UBA y conocida booktuber que en su haber cuenta con videos que tienen más de treinta mil visualizaciones. Con 22 años, comenta que, aunque empezó a leer desde muy chica, fue a los 13 cuando se metió en el mundo de Harry Potter y comenzó una relación mucho más profunda con los libros. Suscripta a más de cien canales de Youtube, está convencida de que la inteligencia y la imaginación son la clave para desarrollar una propuesta verdaderamente interesante para sus followers.  

También Julieta Ferraro es un nombre resonante en las redes sociales. En su canal Atrapada entre letras, se puede ver a esta adolescente superextrovertida recomendando libros de todo tipo y haciendo entrevistas y book tags (cuestionarios en relación a los libros que se hayan leído) y contagiando su pasión por la literatura. 

Matías Gómez, por su parte, es reconocido por muchos como el pionero de los booktubers en la Argentina. En su blog Cenizas de papel cuenta que tiene 19 años, y que el objetivo de su blog es compartir sus opiniones y estar cerca de lo que más le gusta: leer. 

Hay cientos. Miles. Histriónicos y desprejuiciados de estos “nativos digitales” que evidencian en sus plataformas no solo la naturalidad con que manejan las herramientas tecnológicas, sino un placer sin límites por los libros.
Instagrammers
Esta categoría merece un capítulo aparte, porque aunque la referencia a los libros solo la hagan con imágenes, su impacto también es enorme. Para entender el fenómeno va un ejemplo: un mes después de que la escritora estadounidense Jessica Knoll editara su primera novela Luckiest Girl Alive, la actriz Reese Witherspoon subió a su página de Instagram un video clip de ella elogiando el libro en cuestión, como su "gran lectura de verano". Ipso facto los followers de la autora aumentaron en ¡dos millones! La actriz de Wild y ganadora de un Óscar por su papel protagónico en Johnny and June no solo es una lectora apasionada, sino que suele publicar en su perfil de Instagram (donde tiene casi seis millones de seguidores) fotografías de los libros que está leyendo, junto al hashtag #RWBookClub. Su recomendación tiene un efecto directo en las ventas. Pero además de Witherspoon, también Emma Roberts, Lena Dunham, Emma Watson y  Sarah Michelle Gellar son parte de esta generación de celebridades que utilizan las redes sociales para compartir los libros que les gustan, lo que ayuda, directamente, a crear best sellers. 

Ver las imágenes es un buen recurso para entender por completo de qué se trata este fenómeno. Las hay de todo tipo. Ejemplos: una lectora en un aeropuerto esperando a que salga su avión, sube las imágenes de dos libros junto a un tentador café con leche y un pasaje, con un epígrafe que dice: “Estos dos títulos eran mis asignaturas pendientes. Estoy feliz de que ambos están regresando a casa conmigo”. 

Con la contundencia de las imágenes, los bookstagrammers irrumpieron en la escena literaria con una fuerza potente y arrolladora. “Son todos fenómenos que surgen de la tecnología, las redes sociales, la nueva forma de leer en comunidad, y del vacío que encontraron los jóvenes en los medios tradicionales para identificarse. Y el principal valor es la difusión de la lectura, la socialización a través de esta, crear lectores a futuro”. 

Los bookstagrammers la tienen más fácil que los booktubers ya que solo necesitan de un celular para viralizar sus consumos literarios. “Hay un impacto visual y semiótico muy grande en sus imágenes”, explica Alemany. 

Literatura interactiva
Una generación hiperconectada, acostumbrada a comunicarse por Twitter, Instagram y Facebook, y a generar comunidades de personas con intereses comunes está revolucionando la manera de leer. “Creo que Internet permite el surgimiento de ídolos inesperados y el fanatismo es muy propio de la adolescencia”, confirma Violeta Noetinger, editora del área Infantil y Juvenil de Penguin Random House. Por ellos, los textos son cada vez más interactivos. Y esta interactividad propia de las redes sociales es algo que las editoriales saben que les conviene aprovechar. “No es una moda –remarca Alemany–. Hace años que esto está sucediendo, solo que ahora es más visible porque más allá de las conexiones online, los chicos han empezado a aparecer en las Ferias del Libro, en presentaciones, en los medios y hasta en la última edición de La noche de las Librerías. Nada malo puede surgir de esto. Jóvenes hablando de libros a otros jóvenes. El desafío es que los adultos, los docentes y los padres acompañen cada vez más esto que está sucediendo”, concluye.

Cómo leen los que leen
Una encuesta realizada en los Estados Unidos, en 2012, por Pew Research Center’s Internet & American Life Project, ilustra la relación de los jóvenes de entre 16 y 29 años con sus libros. 

El 83 % de los entrevistados había leído un libro el año anterior. De ellos, el 75 % había leído uno impreso, el 19 % un libro digital y el 11 % a través de un audio. “Actualmente se lee más que antes, pero de distinta manera. Se lee en comunidad y por entretenimiento, por distracción. Además, la lectura está atravesada por interacciones en la red, opiniones globalizadas, por el cine, la música, el diseño...”, confirma Alemany. Y?concluye: “Leen, y vorazmente, hasta mil páginas en un fin de semana, lo que les interesa, los identifica o les divierte. Ya no miran TV como antes. Tienen otras plataformas de entretenimiento y el mundo al alcance de su celular o su pantalla”.



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