Entrevista


Con impronta propia


Por Belén Herrera.


Con impronta propia
Risueña y espontánea, Marina Bellati divide sus días entre las funciones teatrales y las grabaciones de una nueva sitcom. En el medio de esa vorágine, la actriz hace una pausa para hablar sobre su trabajo y sus sueños. 

Tenía nueve años cuando le dijo a su mamá que sería actriz y que, inspirada en las telenovelas de Grecia Colmenares, se llamaría Coral Martínez. “¡Menos mal que no lo hice!”, confiesa Marina Bellati, entre risas. Sin embargo, por esos días, su mayor sueño no era dedicarse a la actuación, sino al canto. Hasta llegó a tener un micrófono de pie que había pertenecido a Nacha Guevara. “Nacha estaba casada con Alberto Favero, que es primo del marido de mi mamá; por medio de él pudieron comprármelo. Todavía lo tengo”, recuerda.  

Pero los años pasaron y fue el teatro, y no la música, el que marcó el camino de Marina. A los quince, ingresó al taller de Nora Moseinco, donde descubrió que ese sería su futuro. Mientras trabajaba en la empresa de su madre –diseñadora de moda–, hacía obras de teatro independiente y se anotaba en cuanto casting podía. Después de participar en varios ciclos televisivos –como Laboratorio Dormervú, El tiempo no para y Los Roldán–, desembarcó en Pol-ka para realizar cinco tiras consecutivas: Malparida; Los únicos; Los únicos, segunda temporada; Noche y día, y Solamente vos.

Hoy, Marina tiene treinta y cuatro años, es simpática, enérgica y le tiene fobia a la exposición (no le gusta sentirse permanentemente observada). Sueña con trabajar en otro país; y probablemente lo concrete, una vez que termine con las funciones de la obra teatral El padre, y las grabaciones de Loco por vos, la nueva sitcom que prepara Telefé. “El padre es una obra con un protagónico absoluto de Pepe Soriano. Todos los demás somos elementos que sirven para armar la cabeza de este hombre. Yo hago varios personajes: soy hija, enfermera… Como actriz es muy divertido –confiesa Marina. Y agrega–: Loco por vos es una adaptación de Mad About You, la sitcom que protagonizaba Helen Hunt. Obvio, está aggiornada a nuestro país y a nuestros tiempos, ya que, en la época de esa serie, no había Internet ni tanto celular. Los protagonistas son Juan Minujín y Julieta Zylberberg. Yo voy a ser amiga de ellos”.

En cine, Marina participó en las películas Betibú, Las insoladas, Sin hijos y Me casé con un boludo

– ¿Y cómo es la experiencia de hacer una sitcom?
–Es un desafío muy grande porque es un formato con otro tipo de lenguaje. Hay que acostumbrarse a que los remates sean exactos y a trabajar con reidores en vivo.

– ¿Otro desafío de este año es trabajar fuera de Pol-ka?
–También (risas). Después de cinco proyectos seguidos con ellos, sí.

– ¿Cómo estás viviendo ese cambio?
–Hago muchas bromas todo el tiempo. Digo: “Esto en Pol-ka no pasaba o en Pol-ka tal cosa” (risas). Pero lo que pasó, concretamente, es que, previo a comenzar a grabar, se organizaron muchas reuniones con todo el equipo para definir el vestuario y demás detalles. Uno de esos días, le mandé un mensaje a Adrián (Suar) –con quien tengo un vínculo de amistad–, y le confesé que, en esas reuniones, me había dado cuenta de lo bien que me desenvolvía, y que eso lo había aprendido en la productora. Me contestó una grosería (risas), pero fue un mensaje re sincero. Hasta ese momento, no había notado todo lo que había aprendido en estos años de la televisión. 

Sobre las tablas 
De miércoles a domingos, se la puede ver en El padre, la obra que protagoniza Pepe Soriano y dirige Daniel Veronese en el Multiteatro (Av. Corrientes 1283, CABA). El elenco lo completan Carola Reyna, Fabián Arenillas, Magela Zanotta y Gabo Correa.

– ¿Tu interés por el canto quedó en la nada?
–No. Hace poco, en Zaragoza, grabé una canción con un músico español, amigo mío, Ricardo Vicente. Pero en la Argentina me da un poco de vergüenza. El anteaño pasado, en la obra Distancia, de Matías Umpierrez, canté tres canciones en vivo con una banda, pero no sé… me da mucha vergüenza. Al cantar quedás muy expuesto. Igual, hay algo del trabajo con la voz que me gusta. De hecho, lo primero que pienso de mis personajes es cómo hablan. Yo soy locutora, estudié en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER).

– ¿Nunca trabajaste como locutora?
–Lo hice para tener un “plan b”. Terminé la carrera, pero nunca paré de actuar. ¡Hasta tardé como tres años en ir a buscar el carnet al ISER! De todas formas, la radio me fascina, muero por hacer un programa. Me convocaron dos veces, pero estaba haciendo tele y no pude ajustar los horarios.

– ¿Cómo era trabajar en la empresa de tu mamá?
–Fui afortunada porque me daba la posibilidad de tener un empleo y poder ir a los casting. Me buscaba el cargo de menor grado de responsabilidad: estaba en el sótano. Atendía el teléfono y decía: “Sótano”. Hasta hoy, mis excompañeros se siguen riendo de eso. Ahí recibía mercadería, la chequeaba con los remitos y la separaba para los locales, entre otras cosas.

– ¿Te gusta la moda?
–Me encanta ver las colecciones de mi mamá, pero yo soy bastante rebelde con la moda. Hay días en los que quiero estar impecable y otros en los que me gusta vestirme mal (risas). Me molesta que me digan cómo tengo que hacer las cosas; entonces, seguir la moda me cuesta.

–También es un poco romper con el mandato familiar…
–Sí, seguro que algo de eso hay. Igual, sus colecciones me parecen bellísimas.

Ritual femenino
Marina sabe que, dos veces al año, tiene una cita impostergable. “Todas las temporadas mi mamá me muestra su colección. Ella me invita, y yo voy feliz. Es como un estreno para ella. Allí me cuenta cómo se hizo cada prenda… Me fascina ese momento, es muy nuestro. Me encanta que, hasta el día de hoy, mantiene la misma pasión y alegría”.

"A mí me encanta actuar. Me gusta lo que hago, soy muy feliz. La tele es como el “crossfit” de los actores por su complejidad. El teatro es especial porque compartís el mismo espacio con los espectadores. Respeto mucho al público de teatro”.

– ¿En qué espacio te sentís más cómoda: el cine, el teatro o la televisión?
–A mí me encanta actuar. Me gusta lo que hago, soy muy feliz. Son tres lenguajes diferentes. La tele es como el “crossfit” de los actores por su complejidad: durante los meses que se extiende una tira, tu personaje pasa por un sinfín de  situaciones. Es un ejercicio fascinante. El teatro es especial porque compartís el mismo espacio con los espectadores. Yo respeto mucho al público de teatro.

– ¿Qué es lo que menos te gusta de tu carrera actoral?
–La consecuencia inmediata de la televisión: la popularidad. Me abruma, no la puedo naturalizar. No quiero sonar muy grandilocuente, pero perder el anonimato es muy complicado. Me preocupa lo frágil que es la continuidad en este ambiente. Yo soy una privilegiada porque puedo vivir de mi trabajo, hasta puedo elegir qué hacer, pero la profesión es ingrata en ese sentido. Yo me estoy haciendo amiga de los momentos de ocio, que cada vez son menos. Trato de disfrutarlos viajando. También hago cursos, descanso, veo a mis amigos, estoy con mis amores.

– ¿Vivís sola?
–Sí, desde los diecinueve años, cuando me fui a vivir a Barcelona, España. Allá encontré un profesor que daba clases en un sótano. Aprendí catalán e hice pequeñas cosas en teatro. 

– ¿Volverías a irte?
–Sí. Hace poco estuve en Madrid, y fui a ver la obra Buena gente, que yo había hecho en el teatro Liceo, con Mercedes Morán. Después de la función, saludé a los actores. Regresé a Buenos Aires, empecé a ensayar El padre, y me llamó el director, David Serrano, para decirme que Pilar Castro, que era quien hacía mi personaje, no podía salir de gira. ¡Y me ofreció reemplazarla! Yo ya estaba comprometida con la obra, sino me hubiese ido. Me encantaría recibir otra propuesta así. En un futuro quiero trabajar en España.

– ¿Estás en pareja?
–Estoy muy bien (sonríe). No me gusta ahondar mucho en este tema. Me parece importante mantener la vida privada… privada. 

– ¿Qué soñás para tu trabajo? 
– (Piensa). Seguro, lo de trabajar en España. También me gustaría hacer más cine, ya que, hasta el momento, hice solo algunas participaciones. Y me atraen las miniseries. Del estilo de Narcos o las de época. Veremos.


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