Personaje


Rouge y tacos sobre ruedas


Por Mariano Petrucci.


Rouge y tacos sobre ruedas
Luly Dietrich creció entre autos y los transformó en la mayor de sus pasiones. “Fierrera” de pura cepa y pionera en sumar las faldas al rubro automotor, creó “Mujeres al volante”, una comunidad a la que ya se unieron un sinfín de seguidoras.

Era un 20 de octubre. Una mujer embarazada volvía de visitar a una amiga, a bordo de un Mehari verde de 1970. De pronto, el tránsito se detuvo y se formó una fila interminable de coches, colectivos y motos. Lo único que empezó a avanzar fue un golpecito en la panza de Hada. Y otro, y otro más. La pequeña no pudo esperar, y nació en lo que sería su lugar en el mundo: un auto. 

La anécdota es digna de una novela, pero no es verídica. Lucila Dietrich nació un 20 de octubre, pero, como cualquier hijo de vecino, lo hizo en la habitación de un sanatorio. Sin embargo, ella contó tantas veces esa historia que le hubiera gustado vivir que, en su imaginación, la fantasía se convierte en realidad. “Desde muy chica me gustan los autos. Durante mi infancia, el sonido de fondo de nuestro hogar era el Scalextric –confiesa Luly–. A los trece años aprendí a manejar, casi no llegaba a los pedales. Desde ese momento, tuve muy en claro que una de las cosas que me iba a dar más independencia era tener mi propio vehículo. Cumplí dieciocho, saqué la licencia y mis padres me regalaron un Fiat 125 con motor Tempra. ¡Andaba como una nave! Y comprobé lo que sospechaba: que manejar me daba esa sensación de libertad, como cuando escribís o pintás. Cuando estoy conduciendo, la mente se libera, me traslada a donde quiero ir. Siento que soy una mujer al volante de mi vida”.

Luly es mucho más que una “fierrera” apasionada. Hija de un reconocido empresario vinculado a las automotrices, descubrió un universo por explorar cuando constató que el ochenta por ciento de las mujeres influyen en la compra del automóvil familiar, y que el cincuenta por ciento es el que toma la decisión final. A partir de ello, creó “Mujeres al volante”, una comunidad que lleva miles y miles de mujeres registradas. “La industria automotriz estaba muy orientada hacia los hombres, y me pregunté por qué no iniciar una movida diferente con las mujeres. Sobre todo, cuando escuchaba, cada vez más, que ante cualquier inconveniente con el coche, ellos decían: ‘Lo tengo que consultar con mi esposa’”, revela Luly. 

Ella misma experimentó el cambio de paradigma. Aun en el contexto de una empresa familiar, no le resultó sencillo escalar posiciones. Se fue ganando un lugar vendiendo planes de ahorro, ideando avisos publicitarios (tiene una licenciatura en este campo), hasta ser parte del directorio de la compañía y la encargada del Consejo de Familia. “Fue cuando estaba en el departamento de Marketing, y hacíamos estadísticas de atención al cliente, de satisfacción y de indicadores de mercado, que percibí ese nicho femenino. Por fin dejamos de estar en un rol secundario. Hoy, ocupamos puestos claves dentro de las firmas más importantes –recuerda Dietrich–. Mi padre fue un innovador: hace cuarenta años designó a la primera vendedora. Yo, como directora de Recursos Humanos, también dispuse a muchas mujeres en puestos tradicionalmente ocupados por hombres, como mecánicas, asesoras de servicio, entre otras”.

“Mujeres al volante” empezó en 2008 como un newsletter mensual. Al poco tiempo, explotó el número de usuarias. “Creo que el éxito responde a que logramos que las mujeres se identificaran con nuestra misión: no hablamos de autos específicamente, sino de lo que implica la experiencia de ser una mujer al volante. En la actualidad, las marcas se dedican con más énfasis a nosotras, pero algunas se limitan a pintar el logo de rosa. Y no es solo eso”, sostiene.

Entre diversas iniciativas, Luly y su equipo (¡todas mujeres, obvio!) aportan información sobre distintos temas: “La seguridad de los más chiquitos en el auto”, “Cómo cambiar un neumático en cinco minutos”, “Aprovechar el trayecto para dialogar con nuestros hijos” o “Tips para evitar robos”). “A su vez, contamos con el asesoramiento de una psicóloga. ¿Para qué? Para las fobias, por ejemplo. Hay mujeres que, por no poder superar un accidente, nunca más tocaron un volante. O están las que nunca se animaron a manejar y terminan arrepintiéndose. Una vez, una mamá nos escribió que tenía a su hija enferma y que le demandaba dos horas arribar al lugar donde le hacían la quimioterapia. La ayudamos, la acompañamos a una escuela y conseguimos que la propia dueña le diera las clases. Durante el año que se extendió el tratamiento, ella optimizó increíblemente sus tiempos”, se enorgullece.

Futuro
“Mujeres al volante” va por mucho más. “Vamos a lanzar un programa de TV online. A la vez, estamos generando mayor contenido para nuestra web, basado siempre en las necesidades de las mujeres y el mundo de la movilidad. 
Estamos poniendo el foco en nuevas herramientas para que aquellas que ya son grandes de edad o tuvieron algún accidente puedan gestionar el proceso de aprendizaje de una manera más efectiva”, detalla Luly. Otros proyectos que imagina: una escuela de manejo donde las instructoras sean mujeres, y una línea de accesorios para los autos. 

Más info en www.mujeresalvolante.com

Motores, hombres y mujeres

No se la hacían fácil Pierre Nodoyuna, Patán, el profesor Locovich y los hermanos Macana. Sin embargo, Penélope Glamour se las ingeniaba para darles pelea y, más de una vez, subirse al podio de Los autos locos, la creación animada de la productora Hanna-Barbera. Su Compact Pussycat no solo era rosa, sino que estaba superequipado con accesorios de belleza. Muy parecido al “Fitito” tuneado que Luly presentó en la séptima edición del Salón Internacional del Automóvil. Con pestañas postizas y boquita pintada en la trompa, causó sensación.

“Tengo debilidad por los coches clásicos. El año pasado participé, por primera vez, en una carrera de regularidad de autos de ese estilo”, desliza esta mujer de 42 años, madre de Olivia (13) y esposa de Pablo. ¿Tiene dudas sobre su fanatismo? Lea la anécdota con su marido: “Cuando lo conocí, no me gustaba cómo manejaba. Y para mí este punto es algo fundamental, por más llamativo que parezca. La relación avanzó, tomamos confianza, y le dije: ‘Yo querría que lo hagas así y así’. Aceptó mis consejos y ahora me encanta cómo maneja”. 

–Preguntarte por el mito de que los hombres manejan mejor que las mujeres es una herejía.
–Hay quienes lo hacen bien y quienes lo hacen mal, no importa el sexo. ?¿Qué es manejar bien? Requiere todo tipo de habilidades, que incluyen la parte física, pero también ¡la psíquica! Hay que dominar el auto ante distintas situaciones y, a la vez, tener claridad y respeto por las normas de tránsito y por la convivencia con el entorno.

–Pero hay diferencias en la relación de hombres y mujeres con sus autos...
–Ellos apuntan más a lo técnico, a la imagen; nosotras, a lo emocional. Las mujeres generamos un sentimiento por el auto. Lo vinculamos a etapas de vida: cuando nos casamos, cuando fuimos madres, cuando nos divorciamos… Y de diez mujeres, siete le ponen un nombre. La preocupación del hombre pasa por acceder a un modelo superior; la nuestra, por la seguridad: si tiene airbag, frenos ABS… Y esto no solo ocurre cuando los hijos son chiquitos, sino cuando son adolescentes y les prestamos el auto para que salgan con sus amigos, parejas, etcétera. 

– ¿Cómo es eso de que usás el auto como fuente de inspiración?
–Me pasa cuando me atasco en el tráfico. En ese instante, puedo llegar a tener la mejor de las ideas. En vez de ponerme tensa ante la demora, intento rever la situación de nerviosismo: pongo buena música, observo lo que sucede alrededor, pienso… El comportamiento de los conductores, los peatones, los ciclistas y los motoqueros me disparan cosas, ocurrencias. 

–Tu concepto sobre tomar el volante, excede lo automovilístico.
–Exacto. Yo lo parangono con hacerse cargo. Y eso va mucho más allá del habitáculo. Uno está al volante de su vida y, a través de sus decisiones, va armando su propio destino. Hay que disfrutar de lo que se tiene y no malgastarse buscando lo que no se puede alcanzar.
Ping Pong
• Heredé de mis padres… la cultura del trabajo y del esfuerzo.
• Mis cómplices son… mis tres hermanos, Guillo, Hernán y Coni.
• En mi tiempo libre hago... pilates y yoga. Y disfruto mucho de sacar fotos.
• Me encanta… ser tía. ¡Por suerte tengo muchos sobrinos!
• Amo… a los perros. En la oficina, mi compañera es Marlene –una ovejera–; en mi casa, Gloria, un bichón. 
• Disfruto…  de estar con mis amigas. Son increíbles.
• No podría vivir… ¡sin el teléfono!
• Me gusta… escribir. Me ayuda a relajar la cabeza. 
• Aconsejo a las mujeres… que se animen a manejar. Y a las que ya lo hacen, que aprendan mucho más, ya que el saber nos hace sentir más seguras.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte