Entrevista


“No quiero caer todavía”


Por Juan Martínez.


“No quiero caer todavía”
Esteban Lamothe atraviesa su mejor momento profesional. Protagoniza en el prime time de la pantalla chica, y los directores se pelean por tenerlo en sus películas. Aquí, ahonda sobre sus comienzos, habla de la fama y adelanta sus próximos proyectos.

“Tenés cara de actor”, le dijo un amigo a Esteban Lamothe. Rondaba los veintitrés años, y jamás había pensado en actuar. Es más, le parecía hasta un poco ridículo que hubiera gente que se dedicara a eso. Sin embargo, aceptó la sugerencia y se anotó en un curso de teatro. Allí comprobó que la cara no era lo único que tenía de actor, y pasó a una clase más avanzada. No tuvo tiempo ni ganas de pensarlo demasiado… se dejó llevar. “Me di cuenta, por primera vez en mi vida, que había algo que hacía bien. Antes no sabía lo que quería, hacía lo que podía. La actuación me empezó a gustar cada vez más; ahora me encanta”, completa el protagonista de Educando a Nina.

Lamothe se crió en Ameghino, un pequeño pueblo bonaerense con unos pocos miles de habitantes, entre los que se destacan él y, según dice, “un jugador de ping pong que una vez estuvo en lo de Susana”. A los diecisiete, se fue a Buenos Aires sin ningún plan. Por descarte, eligió inscribirse en la carrera de Nutrición. Durante tres años intentó pasar el Ciclo Básico Común (CBC), hasta que abandonó. En el plano laboral, las cosas tampoco eran del todo estables: trabajó de mozo (gracias a ello, conoció a personas vinculadas al cine y al teatro), fue ferretero, pintor, vendedor de libros, repartidor de folletos y recorrió barrios husmeando en la basura para una empresa que investigaba –de esa manera tan particular–, los hábitos de consumo de la gente.

El boom de las publicidades extranjeras filmadas en el país le dio la chance de dedicarse de lleno a actuar. “Laburaba solamente dos días y ganaba un montón”, resume con el estilo directo que le imprime a sus personajes. Recién hace seis años vive exclusivamente de este arte. “Me pareció fascinante el universo de la actuación”, revela. 

– ¿Al comienzo te daba pudor?
–Sí, las primeras veces me daba miedo, vergüenza, pero después se me fue pasando. Es raro, porque yo soy un poco tímido… A las primeras obras de teatro va tu familia, tus amigos. Me daría un ataque de pánico hacer eso ahora, pero, en su momento, me animaba a todo. Y me salió bien.

– ¿Te imaginabas lo que iba a pasar después? 
–No, para nada. Sí tenía el deseo, las ganas y la convicción de que lo quería hacer en serio y de que lo quería hacer bien, pero no me imaginé nunca esta actualidad, esta trayectoria y el gran reconocimiento que estoy teniendo. Tampoco quiero caer todavía. Siento que estoy en medio de la cuestión y tengo que seguir para adelante. El futuro me atrapa.

–Es la primera vez que llevás el hilo narrativo del protagonista en una tira.
–Sí. Me atrajo mucho eso. Era una buena oportunidad, una posibilidad grande para mí. Al comienzo, estaba un poco nervioso por el arranque, quería que le fuera bien al programa. 

– ¿Te gusta que la historia vaya cambiando de acuerdo a la respuesta del público?
–La tele es así. Si no te gusta, tenés que irte a trabajar a otro lado. Podemos estar haciendo un policial, pero si no tiene rating y hay que virar a una comedia… es así. Puede fallar. A mí me da igual.

Su camino
A los 39 años, Esteban Lamothe ostenta un envidiable CV en la pantalla grande. Participó de títulos como La vida de Perón, Tiempo de valientes, El nido vacío, Historias extraordinarias, El estudiante, Por un tiempo, Pensé que iba a haber fiesta, El cerrajero, El 5 de Talleres, Abzurdah y La patota. En la pantalla chica estuvo en Farsantes, Guapas y ahora brilla en Educando a Nina.

El mundo del espectáculo lo ayudó a profundizar su relación con la música, el gran amor de su vida. Desde chico tuvo bandas (“Era un bajista mediocre, pero con actitud”), y ahora se dedica a ser el videasta y una especie de manager de “Cabeza Flotante”, la banda de sus hermanos Nacho, Manolo y Antonio. “Es una manera de tener un espacio creativo para mí, donde tengo una libertad absoluta. Filmo con Marcos Canosa, que es el otro director y también toca. Nos vamos al campo, escuchamos la canción y analizamos qué imágenes nos dispara. Encontré un lugar sólido en la banda; de paso, voy practicando cómo es la dirección. En un futuro, me gustaría dirigir una película”, anticipa.

“A las primeras obras de teatro van tu familia, tus amigos. Me daría un ataque de pánico hacer eso ahora, pero, en su momento, me animaba a todo. Y me salió bien”.

Después de protagonizar El estudiante, bajo las órdenes de Santiago Mitre, pegó el salto a la tele. Y estalló su popularidad. Desde entonces, Lamothe se mueve con un pie en el circuito independiente –frecuentando bandas y lugares alejados de los grandes escenarios–, y con el otro en el ambiente del star system, con tiras en el horario de máxima audiencia de la televisión. Enfrentarse a esa sobreexposición puede ser complicado. Pero él lo tiene claro: “Si te confundís con todo eso, sos medio salame. Lo único que hace la fama es intensificar lo que ya eras antes. Por suerte, puedo diferenciar cuál es la vida de verdad y qué es lo volátil. No fantaseo ningún tipo de delirio ni me excito si en la calle me saludan más chicas. Gracias a Dios, en ese sentido, creo que estoy muy lejos de confundirme. No me interesaría estar con gente que quiere ser mi amiga o algo más porque estoy en la tele. Yo tengo mis amigos, mi mujer (NdR: la actriz Julieta Zylberberg) y mi hijo, y estoy muy tranquilo así”.

–Hacerte más visible debe haber tenido sus ventajas…
–Sí, te pagan mejor, los productores te llaman más. Muchas veces, cuando no sos conocido, terminás haciendo un casting bárbaro, pero te dicen: “Al final, el papel lo va a hacer Montoto, porque es más conocido y el productor quiere eso”. Hoy por hoy no me pasa, pero sí a muchísimos chicos. Eso tiene que ver con un imaginario colectivo o con un preconcepto instalado de que es mejor que actúe un famoso que un desconocido. 

– ¿Qué es lo que más te gusta y lo que menos te gusta de tu trabajo?
–Lo que más me gusta es estar conociendo siempre gente distinta e inspiradora. Lo que menos, la fama. Es una consecuencia de mi profesión y me la banco, no es que me voy a hacer el raro, pero, en sí misma, no la encuentro atractiva.

Lamothe graba, en promedio, diez horas diarias. Eso significa que le queda poco tiempo para otras ocupaciones, como organizar el RuchoFest, un festival de música y artes audiovisuales, al que le puso su apodo como nombre (Ver recuadro). “Me gusta filmar, tomar fotos, actuar. Me gusta el cine, la fantasía. Crear un mundo distinto. Tengo un guion que escribió Adrián Biniez, que quizá sea mi primera película como director. Estoy escribiendo otro con Martín Mauregui y Ezequiel Díaz, que se llama Putas y policías. Y con Santiago Mitre queremos adaptar una novela de Iosi Havilio: Pequeña flor. A su vez, voy a conducir un programa, que se va a llamar Asados extremos. Vamos a cocinar, por ejemplo, un lechón en un bote, un asado flotando en el río, o en una camioneta que vaya a cien kilómetros por hora”, adelanta con entusiasmo.

–Francis Mallman a los ponchazos...
–Sí, va a ser onda Pescando con John (NdR: se refiere a un documental de 1991, en el que el músico John Lurie pescaba por exóticos mares junto a invitados como Williem Dafoe, Matt Dillon o Tom Waits). Imagino el final de cada episodio con una banda tocando. Así, mezclo un montón de cosas que me gustan: naturaleza, rock, amigos. Espero filmar este año el piloto o los primeros cuatro capítulos, y en 2017 terminar de definir todo.

RuchoFest
“Es un festival de música que pretende unir dos bandas diferentes –por ejemplo, una pop con una rockera, o una rockera con otra de hip hop–, y mezclar sus públicos. Fue creciendo mucho en convocatoria y participantes. Hay una idea audiovisual, ya que cada banda tiene que llevar su VJ. 
Ahora, también incorporamos a directores de cine. Con la recaudación pagamos los gastos y, lo que sobra, lo repartimos entre las bandas –comenta Lamothe. Y agrega–: Ya hacía cosas así en la secundaria, en Ameghino. 
Era muy excitante. En su momento pude contactarme con bandas como Peligrosos Gorriones, Los Visitantes, Los Piojos... Me copó y me sigue copando”.

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