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Entrelazando hojas y crochet


Por Tamara Smerling.


Entrelazando hojas y crochet
Agujas, ramas y las hojas de los árboles son los elementos centrales del trabajo de la artista alemana Susanna Bauer. Obras de arte inusuales.

Un pequeño hilo cuelga de una punta a la otra de ese cuarto. Está tenso y de él, penden, como gotas de agua, una serie de pequeñas hojas secas. Las sostiene, siempre, un broche de madera. En la mesa, Susanna Bauer ordena las agujas de tejido, los pequeños trozos de hilo, y trabaja con la mirada quieta sobre su nueva obra: una escultura en miniatura, que asombra por su pequeñez y su belleza. “No tomé el camino directo –o clásico– para convertirme en una artista. Tampoco creo que pertenezca a una categoría, digamos ‘artística’ de manera específica. En los comienzos de mi formación, estudié Paisajismo, y durante muchos años, trabajé como constructora de modelos para cine y para publicidad. La carrera me dio una formación práctica para casi todos los ámbitos de la escultura, el arte y la ingeniería. También trabajé en un departamento de vestuario y en la creación de criaturas, aunque mi especialidad principal fue la fabricación de modelos en miniatura. Este conocimiento, tan amplio, de las técnicas de fabricació, me permitió darle forma a mis propios impulsos creativos”, dice Bauer sobre su formación. 

Nació y creció en Eichstätt, Alemania. Hoy trabaja en un estudio, a cinco minutos de su casa, en Cornwall, Inglaterra. Todos los días, recorre esa distancia con una pequeña caminata. En el espacio, donde siempre sobreviene la tranquilidad, también se puede ver el mar a lo lejos. Tiene calentador, una cocina y algunos abrigos de lana, sobre todo para el invierno, donde el frío se cuela por todas las hendijas, y desde donde prepara, para este año, una nueva muestra en el London Art Fair (Lemon Street Gallery). 

– ¿En algún momento de su carrera se vinculó con el arte?
–Sí, estudié en la Escuela de Artes. Hice un curso de Arte y Diseño, que abarcó todas las disciplinas: pintura, dibujo, grabado y escultura. La búsqueda de nuevas combinaciones de materiales y técnicas me atrajo muchísimo. Finalmente, dos de los grandes intereses que siempre llevé conmigo –la naturaleza y el arte de la costura– se fusionaron para dar paso a mi propio lenguaje artístico.  

–Hoy el crochet está muy de moda, ¿dónde aprendió a tejer? 
–Cuando tenía seis años, en la escuela primaria. En esa etapa nos enseñaban bordado, tejido y costura. Siempre me gustaron las artesanías. Mi madre y mi abuela, que era costurera, también tuvieron gran influencia en mí, porque siempre estaba rodeada de lanas, telas o hilos. 

– ¿Cómo se le ocurrió comenzar a trabajar con las hojas de los árboles? 
–La primera vez que me conecté con los materiales de la naturaleza de manera artística, fue como una forma de grabar el recuerdo de los lugares donde había recogido esos objetos. De ese modo, el hecho de mirar todo lo que está a mano, muy cerca, y trabajar con lo que encuentro en el entorno (natural, sobre todo) se convirtieron en el eje de todo mi trabajo. Yo puedo utilizar una aguja de crochet como medio para transformar un objeto en una escultura, para unir y darle forma a mis piezas, también lo uso en otros sentidos, en otro nivel. 

– ¿Cómo cuál? 
–La tensión es un tema central en mi trabajo. Con la técnica del ganchillo, por ejemplo, uno trata de tirar de un hilo muy delgado a través de una hoja muy frágil. Sin embargo, eso no es lo único. También funciona como metáfora: la fragilidad y la fuerza que encontramos dentro de las conexiones humanas o de las cosas. 

– ¿Cuál es el proceso para sus obras y cuánto tiempo le llevan esas labores?
–Comienzan con la recogida de las hojas, el secado y su clasificación, por lo que el tiempo estimado de cada obra dependerá de la complejidad que tenga. En general, no trabajo en una sola pieza hasta el final, es algo demasiado duro para los ojos por todo lo relacionado al encuadre o el montaje. Tiendo a hacerlo en varias piezas al mismo tiempo, lo que me permite cierta sensación de movimiento. El trabajo de ganchillo sobre una hoja puede tomar desde unas pocas horas hasta varios meses. Tengo hojas, por ejemplo, con las que he trabajado alrededor de ocho años. 

– ¡¿Ocho años?! 
–Es que cada pieza de trabajo tiene sus propios retos. Por supuesto que, con el paso del tiempo, he desarrollado cierta experiencia en la elección de las hojas y en la manera de trabajar con ellas. Solo elijo una pequeña cantidad para terminar una pieza. Sin embargo, un rol importante en la creación y en todo mi trabajo, lo da también la firmeza de mis manos, que tiene relación directa con las casi dos décadas de experiencia como modelista. 

Las hojas no son tratadas con ningún producto o protector de conservación. Bauer asegura que solo se lavan y se secan completamente durante varias semanas después de su recolección. En ocasiones, algunas pueden permanecer durante años en el estudio antes de ser seleccionadas como una pieza de trabajo. El secado y la técnica de conservación son los tradicionales que utilizan los botánicos en cualquier parte del mundo. Las hojas, simplemente, son montadas detrás de un vidrio que filtra más del 99 % de los rayos UV. Sin embargo, el color puede variar ligeramente con el tiempo.

– ¿A qué especie pertenecen las hojas con las que trabaja en sus obras? 
–En general, uso las de Magnolia, porque me gusta la forma simple que tienen y su colorido cuando se secan. Crecen bastante grandes y se prestan para trabajar en obras tridimensionales. También he hecho trabajos con hojas de roble.

–Las hojas, aparentemente, son algo caduco. Sin embargo, en su obra, aparecen como una suerte de juego eterno, casi inmortal.
–La percepción de la gente es que las hojas son algo temporal. Solo viven algún período y luego están destinadas a desaparecer en el ciclo de vida de la naturaleza. Sin embargo, el hecho de dedicar tiempo a un objeto, en apariencia, tan poco trascendental pero tan perfectamente formado, y conservarlo en otro contexto, le otorga una nueva dimensión. Yo homenajeo a la naturaleza. Y también en un aprendizaje. La mayoría de los espectadores se relacionan al instante con mi trabajo (a nivel técnico). Se embarcan, en pocos segundos, en la pregunta: “¿Cómo se hace esto?”. Les produce mucha curiosidad y también intriga. Sin embargo, mi búsqueda tiene relación con niveles más profundos desde donde experimentar estas obras: que funcionen como un espejo que evoque sentimientos más íntimos, como la vulnerabilidad y la resiliencia en las relaciones personales, individuales o con la naturaleza en todo su conjunto.
 
– ¿De qué modo?
–Los títulos de mis obras, de hecho, son bastante abiertos. Me gusta dejar espacio para la interpretación individual de cada una de las piezas, y que resuenen en cada espectador, pero de manera individual. De este modo, creo que pueden evocar pensamientos sobre el tiempo, la individualidad y la fugacidad en un montón de niveles diferentes y proponer también una lectura de la belleza, efímera y a su vez perdurable, que existe en la naturaleza. Los detalles más finos, a veces ocultos en mis piezas, pueden atraer a la gente y lograr que aminoren su velocidad para reflexionar sobre todo esto. Ese es, al menos, uno de mis mayores anhelos. 

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