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Por Carmen Ochoa.


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Mindfulness es un método que cada día suma más adeptos. Ahora son los más pequeños los que se suben a la movida. La terapeuta holandesa Eline Snel explica por qué calma la ansiedad, reduce el estrés y ayuda a la concentración.

“Mi hija de 5 años tenía siempre muchas dificultades para conciliar el sueño. Siendo aún muy pequeña solía decir: 'Si mi cuerpo quiere dormir y mi cabeza todavía no, ¿cómo puedo dormirme?'. Una y otra vez saltaba de la cama. […] Hasta que me di cuenta de que se tranquilizaba si prestaba menos atención a sus pensamientos y la trasladaba lentamente de su cabeza a su vientre. Ahí no había pensamientos. Solo estaba la respiración que, con su suave vaivén, movía ligeramente su vientre sin cesar. Un movimiento que poco a poco la mecía hasta dormirla”. Con esta historia, la terapeuta holandesa Eline Snel cuenta en su libro Tranquilos y atentos como una rana de qué manera,  como casi sin darse cuenta, adaptó el método mindfulness para los niños. 

Este método de atención plena consiste en capacitar al cerebro para prestar atención de manera consciente a lo que sucede aquí y ahora, viviendo el momento con interés, curiosidad y aceptación. La práctica fue introducida hace más de treinta años por el médico Jon Kabat-Zinn, fundador de la Clínica de Reducción de Estrés en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts, donde el mindfulness se utilizaba como un tratamiento para los problemas físicos y psicológicos, el dolor crónico y otros síntomas asociados al estrés. 

A diferencia de los adultos, los chicos poseen, de manera natural, una gran capacidad para vivir y disfrutar el ahora. Sin embargo, cada vez son más los que padecen alteraciones del sueño y poca capacidad para atender y concentrarse. ¿A qué se debe? Al estrés, el gran mal del siglo XXI del que ellos tampoco están exentos.

Menos es más

A pesar de que se piensa que los niños no se angustian por las vivencias de su edad, o que tienen una capacidad de resiliencia a prueba de todo, no siempre es así. Incluso, en muchos casos, somos los padres quienes los sobrecargamos con actividades extraescolares. “Que los niños realicen muchas actividades a la vez puede ser una de las causas de su falta de concentración, pero si durante horas están mirando ´pantallas´ —de televisión, computadoras, teléfonos o tablets— no solo disminuye su concentración, sino que también tienen problemas de sociabilidad por no vincularse con otra gente. Hay pequeños y adolescentes que se sienten terriblemente solos y que no pueden conectarse en la vida real con los demás. Ya no juegan ni se reúnen con amigos y sus mentes comienzan a acostumbrarse a las reacciones impulsivas generadas por los estímulos. Hoy los niños se vuelven mayores antes de que hayan podido ser realmente niños. Ya sea en el plano social, emocional, en la familia o en la escuela: están ocupados con miles de cosas. El botón de encendido funciona, pero no encuentran el de pausa”, afirma Eline. 

— ¿En qué podría ayudarlos el mindfulness?
—Practicar esta técnica, a cualquier edad, es a la vez simple y profundo. Se aprende a ser más consciente, a sentir, a aceptar y abrirse a las emociones en lugar de ocultarlas, desecharlas o dejarse llevar por ellas. Cuando los niños comprenden que no hay nada malo con esos sentimientos, no solo aprenden a cultivar la compasión, sino también a humanizarse. Hoy existen cada vez más evidencias científicas de que la enseñanza del mindfulness a una temprana edad tiene efectos muy positivos en el desarrollo cerebral de los niños, ya que los protege de los efectos negativos provocados por el estrés. Incluso, colabora con el desarrollo de las funciones ejecutivas como la planificación, la organización y el encontrar soluciones a los problemas. Además, controlar los impulsos, tener mayores perspectivas, regular las emociones y la conexión con su cuerpo, hará que las continuas tensiones disminuyan rápidamente. Con el mindfulness, podrán tomar mejores decisiones, desde la tranquilidad, siendo más sabios, ya que los volverá más estables y fuertes.

Para comenzar a practicar este método, los chicos no necesitan ningún requisito ni experiencia. “Su pureza, curiosidad y el estado natural de estar presente en cada instante alcanza para empezar”, sostiene Eline Snel. Lamentablemente, este talento de los niños se irá perdiendo con el paso del tiempo, para convivir junto a los miedos del pasado, o con las preocupaciones del futuro. Para evitarlo, es fundamental que la práctica se transforme en un hábito. “Con los niños aprendí a practicar el mindfulness de una manera muy lúdica y con un lenguaje fácil de entender, solo por estar presente con ellos, mirándolos, escuchándolos y conectándome con el momento. Realmente se puede sentir su curiosidad y su necesidad interior de aprender a calmarse y a concentrarse”, comenta Eline. 

— ¿Cuál es la diferencia con el yoga?
—Los ejercicios de yoga hacen que el cuerpo se sienta más fuerte, flexible y bien equilibrado; ayuda a los niños a concentrarse y ser más conscientes de los límites y posibilidades de sus cuerpos. En cambio, el mindfulness es un entrenamiento para reducir el estrés. El curso puede durar ocho semanas y aprenden cómo funciona su mente y cómo lo que piensan y sienten influye en su comportamiento. En mi método, viene todo incluido: la forma de estar más presente, tomar conciencia de lo que está pasando en el interior y el exterior, ¡justo cuando está pasando! Y, por último, pero no menos importante, también contribuye a cultivar la humanidad y la compasión por los demás.
Atentos como una rana
Para explicar la teoría del mindfulness, una de las metáforas que más utiliza Eline es la de la rana. Con ella enseña a los pequeños que, para aprender a concentrarse en su respiración, pueden comportarse como una ranita a la orilla de un estanque. Su estómago se hincha y se deshincha con cada respiración, mientras está quieta y concentrada, y solo cuando hay un peligro, la rana salta lejos. De esta forma, los chicos aprenden a quedarse tranquilos, viviendo el ahora, complementando desde el juego, su habilidad de relajarse para aprender a respirar.

Cada sesión incluye historias cortas, de 3 a 10 minutos y a través de juegos o metáforas explican la esencia del método. A esto le suman una o más meditaciones —también llamadas ejercicios de atención— y algunas actividades de movimiento consciente. El programa lleva de 8 a 10 semanas, hasta lograr que adopten la práctica.

— ¿Quiénes conviene que lo hagan?
—Es ideal para todos los niños, pero sobre todo, los que tienen problemas de conducta, los impulsivos o los que padecen Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). También es adecuado para chicos con dislexia y desórdenes relacionados con el autismo. A pesar de que no es un remedio ni un tratamiento para estas dolencias, aprenden a relacionarse con sus problemas y padecimientos. De todas formas, creo que el mindfulness es una manera de vivir y de ser que beneficia a todos. Por eso, más que una necesidad, sería un don que cada escuela del mundo pudiera enseñarlo a su alumnado. Porque, para ser exitoso en el mundo exterior, primero cada niño tiene que tener contacto con su mundo interior.

— ¿Cómo se notan los resultados?
—En los patios escolares hay menos niños excluidos, menos peleas y los programas contra el bullying no son tan necesarios porque han aprendido otras formas de lidiar con los problemas y con las emociones. En la casa, los chicos sienten la necesidad de tener más tiempo para ellos mismos y lo piden. Gracias a que es estimulada la atención plena, están atentos a todo lo que hacen. A la hora de comer, comen y a la hora de jugar, juegan; incluso aprenden a aburrirse. 

— ¿Cómo será de adulto el niño que hoy practica mindfulness?
—Muchas personas que entreno en cursos privados se lamentan diciendo "si yo hubiera aprendido todo esto de niño, habría tomado otras decisiones en los momentos cruciales de mi vida, o habría gestionado mejor las emociones difíciles y dolorosas”. Si en la infancia aprenden a recibir cualidades como atención, paciencia, confianza y aceptación, seguro también podrán transmitirlas más tarde a sus propios hijos, porque lo que se aprende en la cuna siempre perdura.

Eline Snel fundó la Internationale Academie voor Mindful Teaching para entrenar a maestros, psicólogos, padres e hijos, con su método. En la Argentina, se lo puede aprender en la Sociedad Mindfulness y Salud (www.mindfulness-salud.org).

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