Entrevista


Con brillo propio


Por Belén Herrera.


Con brillo propio
Gimena Accardi celebra, tal vez, el mejor año de su carrera. Brilla en el teatro y conduciendo en la televisión, siempre junto a su pareja Nicolás Vázquez. Y se prepara para trabajar en cine. Aplausos.

Nunca dudó de su vocación. Ni ahora, que es una de las actrices top del espectáculo nacional ni a los diez años, cuando le tocaba el timbre a su vecina para mostrarle el paso de lambada que había aprendido y les  hacía shows a las mamás de sus amigos mientras sus hijos jugaban en el parque. “Muchas veces me preguntan a qué me hubiese dedicado si no fuese actriz, y no tengo idea qué responder. No me imagino la vida sin serlo”, revela Gimena Accardi, quien hoy brilla sobre las tablas (en la obra Al otro lado de la cama) y en la pantalla chica (conduciendo Como anillo al dedo). Digamos que quien pasó su infancia en el barrio porteño de Caballito es una actriz nata, lo lleva en la sangre. “Me acuerdo de que a mi mamá le habían sacado un yeso y no sé por qué había quedado en mi casa. Me pasé un domingo entero metida en el ascensor con el yeso puesto haciéndole creer a los vecinos que había tenido un accidente”, recuerda Gimena.

Todas esas señales no se le pasaron por alto a su papá abogado y a su mamá psicóloga, quienes entendieron que lo suyo era mucho más que un hobby, y la llevaron a estudiar teatro. Fue Stella Maris Closas la que le recomendó ir a un casting que hacía el productor Quique Estevanez para un programa infantil que nunca salió al aire, pero para el que “Magi” –como le decían sus íntimos– quedó seleccionada entre cuatro mil chicos. Sin el ciclo en pantalla, Estevanez la convocó para sumarse a Los buscas de siempre, en Canal 9, e interpretar a la hermana del “Beto” Santana (interpretado por Sebastián Estevanez). A partir de ese momento, Gimena nunca paró de trabajar. Y la lista de tiras se sucedieron unas a otras: Amor en custodia, Alma pirata, Casi ángeles, Herederos de una venganza y Sos mi hombre fueron algunas de las tantas ficciones en las que participó. 

Fue en Casi ángeles donde se enamoró de Nicolás Vázquez con quien lleva nueve años en pareja. Hoy, no solo comparten el escenario del teatro Apolo, sino también el ciclo de entretenimientos que se emite los sábados a la noche por El Trece. O sea, casi que pasan las veinticuatro horas del día juntos, lo que requiere pasión, talento, pero, a su vez, mucha inteligencia para no agarrarse de los pelos. “A nosotros nos gusta trabajar juntos. La verdad es que lo disfrutamos –confiesa quien estudió dirección cinematográfica–. Siempre tuvimos ofertas para hacerlo, y casi siempre nos negamos. En el último tiempo, lo veníamos pensando y nos prometimos que si surgía algo que nos gustaba y nos diera satisfacción, nos íbamos a animar. Cuando salió la propuesta de Al otro lado de la cama, que es una obra que a los dos nos encanta, no lo dudamos. Lo mismo pasó con Como anillo al dedo. Es que somos muy meticulosos a la hora de elegir un proyecto laboral. Por ahora, viene funcionando muy bien”.

– ¿Qué cosas te enamoran de Nicolás?
–Todo. Ya vamos a cumplir nueve años y si lo sigo eligiendo es porque muchas cosas me enamoran. Es un rey.

– ¿Hay planes de casamiento?
–Es un tema que hablamos. Pero no sé. A los dos nos dan lo mismo los papeles, lo haríamos más que nada para poder festejar con nuestros íntimos. No me volvería loca organizando un megacasamiento. Soy la persona menos estresada del mundo, todo lo que me genera estrés instantáneamente lo suelto porque no me gusta. Con lo cual, si lo hiciéramos, sería algo para pocas personas y lo organizaría con dos meses de antelación. 

– ¿Cómo sigue el año laboral?
–Con el teatro seguimos hasta octubre más o menos, y después ya tenemos confirmada la temporada de verano en Mar del Plata. Yo, además, voy a filmar una película que dirige Nicanor Loreti, pero que todavía no tiene un nombre definido.

– ¿Cómo te llevás con la exposición?
–Bien, no tengo problema. Tengo bajo perfil y soy una persona normal que camina por la calle. Con Nico cuesta un poco más porque tiene un nivel de popularidad más alto, pero te organizás. En la calle, la gente es amorosa y tiene lindas palabras. Son mimos.

– ¿Cómo es tu vínculo con los medios?
–Yo pienso mucho mis respuestas y sé cómo alimentar algo o no. Todos lo saben, pero hay gente que es más desbocada. Yo soy consciente a la hora de hablar, de dar una nota o de escribir un tweet. Y no se trata de no ser honesto. Me parece que, públicamente, no siempre hay que decir lo que uno piensa. Delante de una cámara no voy a dejar salir un pensamiento que pueda dañar a alguien. Intento ser recuidadosa porque lastimar sin sentido en público me parece ridículo.

– ¿La opinión de los otros te afecta?
–Sí, un montón. Me duele, sobre todo, cuando las cosas no son ciertas. Gracias a Dios me pasa muy poco. En la calle o en Twitter, la gente dice todo lo que piensa sin importarle nada. Si algo no es cierto, me encargo de aclararlo y, al instante, me piden perdón.

– ¿Qué hacés en tu tiempo libre?
– ¡Descanso! Todo lo que puedo hacer hoy, lo dejo para mañana (risas). Soy un desastre. Me gusta estar con mis amigas o disfrutar mi casa, sentándome a mirar series y películas, comer y estar con mis mascotas.

– ¿Cómo te definís?
–Soy muy geminiana. Soy hipersensible, pero es tan fuerte el muro que me construí para que no me lleguen las balas, que parezco un iceberg. Igual no suelo enojarme. Soy cero enroscada y me gusta pasarla bien. Si la paso mal, prefiero irme.

– ¿En el trabajo, te pasó alguna vez?
–No. Por suerte, no. A veces, por ahí no la pasé tan bien, pero no para irme. Por fortuna, siempre trabajé bien y cuando me pasó de empezar a volverme loca, ya se estaba terminando y tiré el último mes como pude.

–El año pasado cumpliste 30, ¿Cómo llevaste el cambio de década?
–Bien. No me molestó. La verdad es que creo que es una buena edad para la mujer. Llegás a una madurez interesante y está bueno. Estoy muy realizada en varios aspectos. Trabajo de lo que me gusta, soy independiente con mis movimientos, vivo con el hombre que amo. Entonces llegué a los 30 de la forma que me lo imaginaba. Lo viví contenta. 

– ¿Cómo te proyectás?
–Mi lema es “planificar es no hacer”. Con lo cual, no planifico nada, literal. Sí, sueño con poder seguir trabajando de lo que me gusta, formar una familia en un futuro y seguir con la persona de la cual estoy enamorada, pero no planifico más que eso. Voy dejando que la vida suceda.
Sobre las tablas
Si hay algo que ha demostrado Gimena a lo largo de estos años de carrera es que le gusta jugar. Lejos del tono monocorde, sus personajes siempre tienen algo que los destaca y que le permiten a ella tocar diferentes matices. En Al otro lado de la cama, nuevamente le pone su impronta. “Mi papel no estaba escrito así. No tenía un color definido. Era muy sencillo, una chica normal que estudiaba teatro y a la que el marido engañaba. Una semana antes del estreno, se me ocurrió hacer una hippie, así que mi personaje ahora tiene que ver con todo el hipismo, mantras y sahumerios del mundo”, dice. La obra en la que comparte elenco con Nicolás Vázquez, Benjamín Rojas, Sofía Pachano, Sofía González Gil y Francisco Ruiz Barlett se presenta, de jueves a domingos, en el teatro Apolo (Av. Corrientes 1372, CABA).

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