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El arte del suspiro


Por Tamara Smerling.


El arte del suspiro
¿Se puede aprender a componer una canción? En los últimos años, se multiplicaron los cursos, talleres y seminarios sobre el tema. Qué opinan los especialistas y cómo crean sus hits las estrellas.

Componer una canción tiene sus secretos. Están quienes buscan escribir una buena letra para después encontrar una melodía que abarque la historia que quieren contar. Otros intentan el camino inverso: primero la música, después las frases que caigan en el acorde exacto.

David Bowie recortaba palabras. Se sentaba en una mesa, tomaba una revista o un periódico, y recortaba. Y pegaba en una hoja esas palabras sueltas. El juego, casi literario –que se utiliza también para componer poemas o novelas– no solo le permitió inspirarse, sino encontrar su propia receta. Así lo explicó en su momento el autor de “Hours”: “Tienes que escribir algunos párrafos describiendo objetos, temas o personas. Lo que hay que crear es una especie de lista de ‘ingredientes para historias’. Una vez hecho esto, armar frases cortas de cinco o seis palabras”.

Sin pretensiones de ser Bowie (o sí, por qué no, nunca se sabe), cualquiera puede dejarse llevar y componer un tema. No es fácil, no es sencillo, pero es una tarea que se aprende. Y que se enseña. En el último tiempo, se multiplicaron los talleres, cursos y seminarios dictados por docentes y artistas en distintos en centros culturales y universidades públicas. Allí se comparten herramientas, recursos y técnicas para darle paso a la creatividad y dejarse llevar por las musas.

Basta emprender una búsqueda en Internet para toparse con tutoriales que aconsejan cómo darle forma a una canción de rock, pop, reggae, ska y folk, y hasta a un tema cristiano. Pero vayamos a las formalidades: el programa del Taller Composición de Canciones que brinda el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, coordinado por Florencia Ruiz, se traza como meta profundizar la relación con las canciones, ya sea en el proceso en que se las construye, aprecia o interpreta. Entre sus objetivos está el de brindar la orientación integral para el músico, cantante o cantautor, a través de nociones básicas de armonía, melodía y ritmo. El trabajo se completa con el análisis de canciones de artistas del rock nacional, con el fin de comprender forma, particularidades y aspectos musicales –melódicos, armónicos, rítmicos y tímbricos–. 

En Rosario, Luciano Schillagi (“Lu Ko”), planeó su propio espacio: Hacer y Tocar Canciones. “Se trata de un taller que se asienta en tres ejes puntuales: la guitarra, la teoría musical y el hacer y tocar canciones. Este último, a su vez, se subdivide en otros tres: análisis, repertorio y composición. La idea es ir avanzando en ellos simultánea y paulatinamente. Algunas clases pueden estar más orientadas al instrumento, otras a la teoría, al análisis o al repertorio –detalla “Lu Ko”. Y profundiza–: Ante todo, intento motivar al alumno. Hay quienes se lanzan a componer más rápido; otros, en cambio, prefieren un período de exploración antes. Es una gran alegría cuando alguien que creía que componer una canción era algo muy lejano y reservado solo para iluminados, empieza a darse cuenta de que está a su alcance, que solo era cuestión de conocer las herramientas y trabajar arduamente”.

Rosario Bléfari dicta talleres de canciones desde hace más de una década, cuando arrancó, allá por 2004, en el Centro Cultural Rojas, en Buenos Aires. Hoy está entusiasmada con su nueva propuesta, que la desarrollará en el Centro de Investigaciones Artísticas (CIA): F.R.A.C (se lo traducimos: Formación en Rock, Arte y Canción). “En el caso de mis talleres, yo trato de ampliar el concepto canción. Trabajo con la escritura y el cuerpo. Me enfoco en el actor, el artista visual, el cineasta y el bailarín que hay en cada cancionista. Todas esas facetas deben ponerse a trabajar en órbita. Las herramientas provienen del conjunto de todas esas artes –destaca la actriz y escritora, quien saltó a la fama como cantante del grupo de rock Suárez. Y prosigue–: No me detengo en la forma de la canción ni en las cuestiones técnicas de la melodía, sino en la atención, en cómo aprovechar todo el tiempo posible, en recolectar materiales mientras hacemos otras cosas. Letra y melodía son una misma materia: la melodía es letra y la letra es melodía”.
Definiciones
•Componer es matemática pura. A mí me interesa la fórmula.
•La letra es generalmente un complemento de la música.
•Componer, para mí, es una excusa para grabar. Me gusta más grabar que componer.
•Básicamente, componer es como pintar: es usar un espacio. Es como dibujar.
•Para componer, hay que empezar por la infancia: recordar una gran canción y tratar de hacer una igual. Parte de la melodía de “Desarma y sangra” la hice a los doce años. Todo está atrás, cuando eras chico.
•Para hacer un tema como “Promesas sobre el bidet” hace falta una brasilera divina y un bidet. Y son cosas que no están al alcance de todos.
•En las letras, antes inventaba cosas que no había vivido y después las viví.
•Puedo componer sin escuchar. Lo tengo en la cabeza, lo escribo y ya está.
•Me gusta la abstracción y que eso sea una canción.

*Por Charly García (extraídas del artículo “Los 20 mandamientos”, del suplemento Radar).
Drew Barrymore y Hugh Grant en Letra y música
Claves (de sol)
“Si supiera de dónde vienen las buenas canciones, iría ahí más seguido. Es una condición misteriosa. Es como la vida de las monjas: estás casado con un misterio”, dijo el canadiense Leonard Cohen. 

Por su parte, el gran Bob Dylan, reconoció: “Es en la creación donde tu propia naturaleza no te honra ni te perdona. Yo y yo: uno le dice al otro, nadie ve mi rostro y sobrevive”. 

Para el genial Caetano Veloso, las canciones siempre tienen un tinte autobiográfico, y pueden basarse en un pensamiento, en un sentimiento particular, ¡o en otra melodía! “Sinceramente, lo que más me inspira a la hora de escribir es haber escuchado tal o cual canción. La belleza de su existencia me despierta ideas”, advierte el célebre músico brasileño.

Su compatriota Chico Buarque, poeta, cantautor, guitarrista, dramaturgo y novelista, desliza sobre “A banda”, una de sus creaciones para el II Festival de Música Popular Brasileira de 1966, que se transformó en un emblema del cancionero internacional: “En primer lugar, se me vino la idea de una banda que pasaba. Luego, sobrevino la música y la letra. La hice en un solo día, en una casa que quedaba en la calle Buri, a la hora del almuerzo”. 

Las estrofas, los estribillos, la coda, el interludio, la melodía. ¿Por dónde comenzar? “Uno de mis maestros me enseñó que la canción es un coto de caza, donde cada uno puede entrar a cazar lo mismo, pero por diferentes puertas de entrada. Algunos lo pueden hacer desde la métrica del texto o desde la fonética, otros por una secuencia de acordes”, opinó Jorge Drexler en el programa televisivo de Lalo Mir, Encuentro en el Estudio. 

Tomi Lebrero asegura que las fórmulas mágicas no existen, pero para dar batalla a esa verdad ineludible, creó, en 2008, su propio taller: La Oreja Atenta. Así define la cotidianidad de su emprendimiento: “La dinámica que proponemos es muy sencilla: un grupo de personas, algunas consignas y la creación. En las sucesivas reuniones, conversamos sobre lo que está realizando cada uno. Narrado de esta manera, quizás parezca fácil –y en cierta forma lo es–, pero en el medio sucede el milagro, el misterio: el encuentro con la canción”.

Para este bandoneonista, guitarrista, docente y arreglador, el contexto del taller es el mayor motor para los que se sumergen en esta aventura. “El participante, muchas veces sin saber hacer canciones, se entrega a las propuestas y a la energía que se genera en el grupo. Eso, sumado a las consignas y a algunas indicaciones, facilita que la alquimia suceda –subraya Lebrero. Y describe–: Trabajamos sobre los tres aspectos que conforman una canción: la música, la interpretación y la letra, que creo, es lo que más suele paralizar al cancionista a la hora de hilvanar estrofas y estribillos. Muchos artistas son capaces de hacer una melodía, una secuencia armónica, pero cuando aparece la palabra, con toda su carga de significado, se inhiben. Lo que nosotros ofrecemos son elementos para que cada uno se sienta seguro cuando llega esa instancia crucial”.

Como en un laberinto sin salida, volvemos al mismo punto: ¿Es posible aprender a componer una buena canción? “Lu Ko” ensaya una respuesta: “Las cuestiones de valoración siempre son subjetivas: uno puedo pensar que un tema es muy bueno y otro considerar absolutamente lo contrario. Creo que se puede aprender mucho escuchando canciones a conciencia. Cada una es un modelo. El objetivo sería que cada cual componga sus propios modos de expresión”.
El fenómeno, en el cine
En 2007, los actores Drew Barrymore y Hugh Grant protagonizaron la película Letra y música. El argumento del filme dirigido por Mark Lawrence bucea en la problemática de la composición. Alex Fletcher (Grant) es un viejo y afamado artista de pop de la década de los ochenta, que recorre ferias y centros de entretenimiento solo para consolar la nostalgia por sus fans. Pero la gloria vuelve a llamar a su puerta cuando la artista pop del momento lo reta a escribir un tema para su nuevo álbum. El inconveniente es que Fletcher se encuentra poco inspirado. Todo cambia cuando conoce a Sophie Fisher (Barrymore), quien lo ayuda a saltear el bloqueo creativo y a escribir esa canción que lo devolverá a las primeras planas.
 
Más info
ccmatienzo.com.ar/wp/taller-de-canciones-para-musicos/ hacercanciones.net
www.buenosaires.gob.ar/cultura/musica/estudiourbano/cursos
www.escribircanciones.com.ar


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