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Gestionar la incertidumbre


Por María Sol Olivier.


Gestionar la incertidumbre
Más allá de pretensiones y necesidades, no hay futurología posible que nos adelante lo que sucederá a corto, mediano o largo plazo. Qué hacer para concretar metas y sueños y no ahogarse en el océano de las conjeturas.

Duda permanente, falta de certeza, de conocimiento claro y seguro. El cambio se vuelve una constante que se acelera a ritmo vertiginoso, a medida que corre el calendario. Nosotros también corremos, aunque al final del día no sepamos bien hacia dónde. ¿Y mañana? ¿Qué pasará mañana? 

Con el desarrollo de la tecnología –que transforma cada vez más rápido los modos de producción-, las formas de supervivencia y las relaciones humanas se modifican en paralelo y al mismo ritmo. Aparece entonces la incertidumbre: la realidad y el futuro son impredecibles. Y esto atañe a cada uno de los ámbitos de nuestra cotidianidad: lo laboral –temor al desempleo o a que el sueldo no alcance para enfrentar los gastos–, lo familiar –cuando sufrimos por el futuro de nuestros hijos o cuando percibimos que nuestros padres están envejeciendo–, lo personal –cuando nos sentimos inseguros y desconfiamos de nuestra pareja o nuestros amigos–. 

La duda también acosa en asuntos aparentemente más triviales: irse de vacaciones o guardarse el dinero para más adelante, anotarse en un curso o dejarlo para el año que viene. Es que cuando no está bien gestionada, la incertidumbre no solo deriva en estados de insatisfacción permanente, sino que, además, genera niveles de ansiedad y estrés que pueden provocar ataques de pánico, insomnio, irritabilidad, depresión y otras patologías.

“El mundo moderno y su complejidad suscitan numerosos estímulos que, en su enorme mayoría, son interpretados como amenazas. Entonces, si nos dicen que va a haber una reestructuración en el trabajo, pensamos que nos van a echar; si aumentan los precios, suponemos que el dinero no nos alcanzará. Así vamos armando una bola de nieve de pensamientos negativos”, opina Daniel Rosales, creador y director de la Escuela Latinoamericana de Coaching (ELAC).

Otro punto para combatir son las respuestas anticipadas que se toman como hechos cuando solo son interpretaciones, meras posibilidades dentro de muchas otras y no verdades absolutas. “Me va a salir mal” o “Me voy a equivocar” son frases que se nos pasan por la cabeza, y que están íntimamente ligadas con emociones y experiencias pasadas. Son factores condicionantes que funcionan como filtros a la hora de buscar una certeza, en rigor, inaccesible. Y siempre se termina con el mismo resultado: la inacción o la toma de decisiones equivocadas.

Lorena Torralba, consultora de mindfulness, sostiene que los pensamientos negativos sobrevienen como mecanismos de protección. “La zona de nuestro cerebro conocida como reptiliana, ubicada en la base del cráneo, reacciona de esta manera porque está vinculada a nuestros instintos vitales primarios. No así a la razón ni siquiera a las emociones –destaca quien también es coach de la fundación Armonización Personal. Y agrega–: Debemos entender que los pensamientos negativos son naturales, y no irnos al otro extremo: un optimismo irreal que no nos deja afrontar lo que nos pasa ni tomarlo como  un desafío por superar”.

En la misma línea, la psicóloga y especialista en biodecodificación y psicoterapia pránica, Ivette del Río sugiere: “Es importante analizar los pensamientos negativos, ya que, en la mayoría de los casos, corresponden a patrones de conducta heredados por nuestra línea genealógica. Es intrínseco al ego de los seres humanos el hecho de querer controlar todas las variables en pos de una seguridad aparente”.

El filósofo francés Voltaire decía: “La incertidumbre es una posición incómoda, pero la certeza es una posición absurda”. A propósito, desde la ELAC, Rosales plantea una pregunta: “¿Por qué nos resistimos a la incertidumbre si no sabemos lo que nos va a pasar mañana o dentro de una hora?”.

“El mundo moderno y su complejidad suscitan estímulos que son interpretados como amenazas. Armamos una bola de nieve de pensamientos negativos” Daniel Rosales
Todo es hoy
El hecho de no saber lo que va a pasar y, por lo tanto, de reconocernos incapaces de controlar el futuro, nos ubica en el aquí y ahora. La incertidumbre solo puede gestionarse desde el presente. “El pasado es historia y el futuro es ficción. En varias oportunidades, la incertidumbre también es una excusa para procrastinar, para posponer, para no hacernos cargo de nuestros propios deseos u objetivos. Le tiramos la pelota al otro: que no me llamó, que no hizo esto o aquello, que se equivocó. La incertidumbre viene a enseñarnos que debemos ser protagonistas de nuestra propia historia y no actores de reparto”, señala del Río.

La técnica de meditación mindfulness pone el acento en el hoy para aquietar el cerebro y desatar el “piloto automático” que nos impide conectarnos con el entorno circundante. “Cuando respiramos, nos relajamos y enfocamos la mente en el momento que estamos atravesando. Aceptamos lo que nos pasa, dejamos de depositar todas las expectativas en el mañana, y nos abrimos a las oportunidades que están a nuestro alcance –y que solemos obviar–. Con la meditación, ayudamos a que nuestro cerebro se clarifique y se focalice en la concreción de las pequeñas acciones que nos acercan a nuestros objetivos”, subraya Torralba.

Desde su experiencia de casi veinte años al frente de la ELAC, Rosales asegura que los argentinos tenemos graves dificultades a la hora de diseñar el futuro que queremos. Y esta es otra de las claves para poder gestionar con eficiencia nuestros estados de incertidumbre. “Que no podamos controlar el futuro no significa que no podamos planificar en función de lo que sí anhelamos que ocurra. Esa es la primera pregunta que les hago a quienes quieren formarse en coaching: ¿Qué deseás para tu vida? Pero no solo es importante saber qué queremos, sino comprometernos con ello para actuar consecuentemente”, comenta Rosales.

Tener un propósito es dotar de sentido la existencia. Esto no es menor: brinda seguridad. Luego, hay que traducirlo en un plan de acción claro, con metas concretas y a corto plazo, siendo conscientes de los recursos y habilidades que se poseen. Hay que estar preparado a que el contexto pueda cambiar, por lo que es necesario moverse con un margen de flexibilidad y tolerancia.

“La seguridad se encuentra en el propio corazón, cuando estamos en calma, cuando permitimos que emerjan el coraje y la confianza. Cada situación es una oportunidad para aprender”, afirma Torralba. En la misma línea, del Río aporta que es imperioso reconciliarse con uno mismo y con el propio potencial: “Cuando nos dedicamos a lo que realmente nos hace bien, ya no necesitamos la aceptación del otro. La verdadera certeza descansa en nuestro interior”.
Hechos versus interpretaciones
Para gestionar la incertidumbre, el coaching enfatiza en ubicarnos en el rol de observadores y separar los hechos de las interpretaciones (que son subjetivas y, asimismo, tienen diferentes matices). “Las interpretaciones aparecen necesariamente porque no podemos evitar que nuestro cerebro busque certezas. Es importante que podamos distinguir entre lo que realmente está pasando y nuestra opinión”, aconseja Rosales. 

O sea, no hay que cuestionarse por qué acontecen las cosas, sino qué es lo que hacemos con ello. Y asimilar que los recursos con los que contamos para poder enfrentar las diferentes situaciones están en el presente y en la realidad fáctica. “Desmitificamos fantasmas focalizándonos”, añade Torralba. Y sugiere anotar en un papel los pensamientos negativos y las posibilidades de acción. Eso será de utilidad para eliminar la ansiedad y el nerviosismo, y decantar aquellos miedos que no tienen sustento.

De acuerdo con Torralba, del Río ratifica: “Algunos resultados deben ser generados; otras veces, solo hay que aguardar a que sucedan, ya que requieren de un tiempo de preparación que, a su vez, pondrá en jaque nuestra templanza y fortaleza”.

Para finalizar, Rosales cita a Martin Heidegger, uno de los filósofos más relevantes del siglo XXI: “Él decía que la muerte es la posibilidad de todas las posibilidades. Cualquiera sea el camino que tomemos, solo tenemos esa certeza. Entonces, ¿por qué vivir de espaldas a ella? Aceptarla implica que tenemos la opción de definir cómo queremos subsistir. Gestionar la incertidumbre tiene que ver con cómo gestionamos la vida".
Herramientas para gestionar la incertidumbre
• Concentrarse en el presente.
• Buscar la calma a través de técnicas de meditación centradas en la respiración.
• Establecer objetivos basados en nuestros sentimientos. 
¿Qué deseamos que nos pase? 
• Utilizar la escritura como herramienta: anotar nuestras metas, los recursos que tenemos para poder alcanzarlas y el plan de acción. Repetir el ejercicio con       los pensamientos negativos, ya que ayuda a desmitificarlos.
• Comprometerse con los objetivos, ser constantes con nuestras acciones.
• Distinguir los hechos de las interpretaciones. Derribar prejuicios.
• Tener en claro que las relaciones se basan en la confianza.
• No ser rígidos. 
• Confiar en nuestra capacidad de crear y adaptarnos a las circunstancias.

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