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Actuar para crecer


Por Carmen Ochoa.


Actuar para crecer
Con belleza y talento, Eva De Dominici brilla todas las noches en la pantalla chica. Y también protagoniza por primera vez en cine. Diamante en bruto.

Cuando Eva De Dominici recibió el guion de la película Sangre en la boca, lo leyó y llamó a Betiana Blum para que la aconsejara. “Eva, no podés presentarte a esta audición sin haber pisado antes un ring”, sentenció la experimentada actriz. “Sus palabras me sirvieron muchísimo. Esta propuesta respondió a una necesidad mía de hacer un papel diferente. Nunca lo dudé”, recuerda esta promesa del espectáculo nacional sobre su primer protagónico en la pantalla grande.

Con una energía arrolladora y una belleza innegable, Eva (21) nos recibe en un paréntesis de las grabaciones de Los ricos no piden permiso, la novela televisiva en la que se disputa el corazón de Gonzalo Heredia. Pero, entre foto y foto, no para de hablar de las escenas jugadas que tuvo que filmar con Leonardo Sbaraglia. “Son un fuego. No es el típico cuentito de amor”, revela.

–Es un papel muy osado...
–Así como voy creciendo en mi vida personal, quiero que también crezcan mis personajes y mi carrera. Este papel significó un cambio que estaba esperando. Tiré toda la carne al asador. Me expuse mucho, pero me sentí muy cómoda. De hecho, estuve más nerviosa durante las escenas de boxeo que las de sexo.

–En el filme El abrazo de Guayaquil, protagonizado por Pablo Echarri, también hiciste un desnudo. Tu familia no lo tomó muy bien. ¿Cómo fue ahora?
–En aquella oportunidad le conté a mi mamá dos días antes que tenía que filmar un desnudo. Me preguntó si estaba loca. Ella no quería, pero tuvo que aceptarlo porque ya era mayor de edad y decidía por mi propia cuenta. Ellos saben que así es mi profesión, y que soy feliz haciendo lo que me gusta.

–Debe ser raro para tu mamá no poder meterse, ya que comenzaste chica…
–Sí, pero ella nunca pisó un estudio de televisión. Me acompañaba hasta la puerta y se iba. Sabía que ese era mi espacio de trabajo. Obvio, se preocupaba si el lugar era el indicado, si me cuidaban… Yo empecé con Cris Morena, que tenía reclaro el trato con los chicos, así que se quedaba tranquila.

La vocación por actuar afloró a los diez años. “‘Quiero estar en Chiquititas’, decía. Si iba al teatro no quería estar bailando en las butacas como las demás chicas; mi deseo era subirme al escenario. Y todo el tiempo me preguntaba: ‘¿Por qué no estoy yo ahí arriba?”, repasa.

Entonces, surgió la posibilidad de hacer un taller de actuación con Cris Morena, que funcionaba a modo de casting. Quienes lo pasaran quedarían seleccionados para el próximo proyecto. Eva asistió todos los días convencida de que sería elegida. “Mi mamá me repetía que me tomara el taller como un aprendizaje, más allá del programa. No quería que me ilusionara. Por suerte, me seleccionaron y al final cumplí mi sueño porque el proyecto era una remake de Chiquititas”, dice.

– ¿Lo vivías como un juego?
–La verdad es que siempre me lo tomé muy en serio, con mucha responsabilidad. Mi mamá me lo advirtió de entrada: “¿Sos consciente de que esto es un trabajo, con obligaciones? ¿Realmente querés esto? Mirá que también vas a tener que seguir sacando buenas notas en el colegio”… ¡Le contesté a todo que sí! (risas).

–Después pasaste a la telenovela infantil Patito Feo. Viviste una infancia diferente a la de muchas chicas…
–Sí, pero nada fue contra mi voluntad. No siento que me haya perdido de algo. Es más, el haber comenzado desde tan chica me dio la ventaja de conocer el medio, ganar oficio y aprender a diferenciar entre un proyecto y otro. Saber elegir.

–Estás de novia con Joaquín Furriel. ¿Cómo es tu relación con él? 
–Es raro, porque nunca había salido con un actor. De hecho, juré que nunca me pondría de novia con alguien del medio… ¡Y llegó Joaquín! Compartimos la misma profesión, pero nuestras carreras son muy diferentes. Él ya está superconsolidado, y yo tengo otro estilo, a pesar de que me encanta y admiro todo lo que hace. Él arrancó en un conservatorio, yo en Chiquititas. Opina sobre mis papeles, pero hasta ahí nomás. Intentamos no influenciarnos.
En otra piel
Para interpretar a Débora, la joven boxeadora de Sangre en la boca, Eva tuvo que conectarse con el ring. Para ello, se preparó con el boxeador Jorge “Karateca” Medina. “Además, con Leo entrenamos con Fernando Muñoz y Diego Chávez. Fueron dos meses de rutinas diarias, que incluyeron una dieta rigurosa y todo lo que atañe al entrenamiento de un boxeador profesional. Fue un gran cambio en mi vida”, desliza.

–Josefina, tu personaje en Los ricos no piden permiso, no tiene nada que ver con Débora, la boxeadora. ¿Cómo lograste interpretar roles tan diversos?
–Son de universos bien distintos. Débora sale a matar o morir, porque no le queda otra. Para elaborarla intenté construirle una historia, ya que es fundamental comprender de dónde viene, y qué vivencias atravesó para tomar ciertas decisiones. Con Josefina, hago por primera vez el papel de esposa, cuando, en la mayoría de las novelas, siempre me había tocado ser hija. Dejé de ser una adolescente para pasar al mundo de los adultos. Para componerla, me inspiré en muchas chicas que conozco, que son tal cual ella: una nena malcriada que tuvo todo, y, por eso, no sabe bien cómo relacionarse en la vida. De paso aprovecho y me río un poquito de este tipo de personalidades.

– ¿No te identificas con ninguna?
–Para nada. Tampoco soy de las que cree que los personajes deben tener algo de la propia personalidad. Para mí la actuación es un escape. Salgo de mi realidad y me meto en otros mundos. El de Sangre en la boca me permitió un crecimiento actoral y personal. La vida es como un camino en el que aparecen oportunidades que hay que tratar de aprovechar. Y disfrutarlas lo más posible. 

– ¿Dónde querés que te lleve ese camino?
–No tengo ninguna meta. Me gusta el recorrido, disfrutar de cada trabajo que hago, meterme por completo en los proyectos, y mantener la mente abierta a todas las posibilidades que se me puedan presentar. También soy de las que buscan y no se quedan quietas: me anoto en cursos de teatro, voy a canto, me siento a charlar con gente que puede aportar algo a mi profesión o a mi vida… 

– ¿En lo personal también dejás que todo fluya? Por ejemplo, con Joaquín.
–Sí, porque soy de la misma forma tanto en la profesión como en las relaciones. Disfruto el momento. Creo que uno tiene que estar al lado de otra persona si le suma. En este momento, sentimos que nos aportamos cosas buenas. Nos acompañamos mucho. Ojalá que nos vaya muy bien… ¡Nos deseó toda la suerte! (risas).
Placer y dolor
Dirigida por Hernán Belón, Sangre en la boca es una película que habla sobre la pasión. Ramón Alvia, protagonizado por Leonardo Sbaraglia, es un boxeador profesional que atraviesa el final de su carrera. Su vida cambia cuando conoce a Débora (Eva De Dominici), una joven que arriba desde el interior del país para convertirse en boxeadora profesional. Entre los dos nacerá una apasionada y obsesiva relación. “Me interesó explorar la relación de las personas con el cuerpo, ya que tanto el placer como el dolor radican ahí. Por eso, Ramón y Débora entrenan hasta el límite de sus fuerzas, pelean y tienen sexo hasta quedar exhaustos. Esta parece ser la manera de despertar sus anestesiadas vidas, a través del sufrimiento o del placer extremo”, afirma Belón.

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