Entrevista


Presente dorado


Por Federico Svec.


Presente dorado
Santiago Lange ganó la primera medalla de oro del yachting argentino en los últimos Juegos Olímpicos. Una historia de superación, optimismo, pasión y entrega.

“Desde que empecé con el yachting, siempre tuve un sueño: estar en un podio olímpico para ver a la bandera celeste y blanca flamear en lo más alto, mientras suena el Himno Nacional Argentino”. La de Santiago Lange es de esas historias con final feliz. Porque esa frase que le pertenece pudo hacerla realidad hace un puñado de semanas, en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. El pasado 16 de agosto consiguió, junto a su compañera Cecilia Carranza, la primera medalla de oro en la historia del yachting argentino, al adjudicarse la competencia en la categoría nacra 17.

“Fueron unos juegos especiales, muy emocionantes para mí, ya que, por primera vez, los compartí con mis hijos Yago y Klaus. Nunca lloré tanto como en la ceremonia inaugural, al lado de ellos. ¡Qué orgullo! En la última jornada sentí tanta energía de la gente… A mí me mataba el deseo. Un deseo tan grande que hizo que me jugara el todo por el todo. Tenía demasiada presión, pero uno se queda satisfecho cuando no deja nada por entregar. El trabajo te da una tranquilidad espiritual tremenda”, reconoce Santiago. Y Cecilia le dedica unas palabras a su guía: “Lo que veo en él es el ejemplo de que la pasión podés estar llevándola a cabo todo el tiempo. Nosotros éramos los primeros en ir al agua para entrenar, y eso es porque él siempre quiere mejorar. Me encanta navegar con Santi; aprendo mucho cada día”.

Lange ya había sido bronce con su coequiper Carlos “Camau” Espínola en Atenas 2004 y Beijing 2008. Y nombres y apellidos como Javier Conte, Juan de la Fuente, Serena Amato y Lucas Calabrese, confirman que la náutica nacional siempre se las ingenia para hacer podio olímpico. No obstante, no se trata de una disciplina que goce de una gran popularidad por estos lares. Así que bien vale una analogía con el fútbol para entender la hazaña de este hombre que está a punto de cumplir 55 años: Para ganar medallas en el yatching de los JJ. OO. hay que jugar doce finales, todos contra todos. Los diez mejores corren la “Medal Race”, una especie de definición por penales, con el doble de puntaje y la mitad de duración que una regata normal. O sea, es a matar o morir. 

Para el tándem Lange-Carranza, la competencia empezó con dramatismo, ya que, si bien su barco estaba en la primera posición tras las doce regatas iniciales, fueron injustamente penalizados por los jueces en la largada (cuando, en realidad, la falta la había cometido el barco de Gran Bretaña). Eso implicó dar un giro de 360o… y quedar últimos.

“¡Hacé tu magia, Santi!”, gritó Carranza. Y el viejo zorro lo hizo: leyó como nadie el caprichoso y cambiante viento (por algo es el mejor timonel del Planeta) y recuperó posiciones que parecían imposibles. Cuando estaban terceros, los volvieron a penalizar. Parecía el fin de la ilusión, pero no… Una nueva dosis de magia –y, por qué no, la bendición del Cristo que miraba la bahía de Guanabara desde las alturas– les permitió volver a avanzar posiciones. Cruzaron sextos la meta, desconociendo si había sido suficiente… ¿Alcanzaba para una medalla? 

La respuesta llegó desde una de lanchas que seguían la regata: “¡Es oro! ¡Es oro!”. Y apareció el festejo, la emoción, el abrazo. Era el broche de oro (nunca mejor dicho) para su carrera olímpica. ¿O no? “Para mí, la edad es solo un número. Lo importante es hacer lo que sentís en tu corazón, seguir tus sueños… Amo navegar y me despierto cada mañana feliz de poder hacerlo”, desliza Lange.

Para conocerlo más 
Santiago Lange nació el 22 de septiembre de 1961. Es el navegante más destacado en toda la historia del yachting argentino. Ingeniero Naval de profesión, posee un extenso y brillante currículum deportivo, en el que se destacan, especialmente, sus seis participaciones en Juegos Olímpicos: Seúl 1988 (clase soling), Atlanta 1996 (clase laser), Sydney 2000 (clase tornado), Atenas 2004 (clase tornado), Beijing 2008 (cla-se tornado) y Río 2016 (clase nacra 17). Fue medalla de bronce en Atenas 2004 y Beijing 2008, junto a Carlos “Camau” Espínola. En Río 2016, acompañado por Cecilia Carranza, se colgó la medalla de oro. Orgullo nacional.
Camino al podio
Para cumplir la fantasía de hacer podio, primero hay que convertirse en un atleta de alto rendimiento (algo difícil de conseguir). Después, hay que clasificar para los Juegos Olímpicos, una misión todavía más complicada, ya que solo lo consiguen los mejores del mundo en cada especialidad. Y dentro de ese selectísimo grupo, solo tres deportistas o equipos pueden colgarse la medalla de oro, la de plata y la de bronce. 

La pasión es el denominador común entre aquellos pocos elegidos que se esfuerzan para darlo todo, superar los límites y obstáculos, romper barreras y récords, y decirle “no” a la palabra “imposible”… Santiago Lange es un ejemplo perfecto. “De chico yo estaba siempre enojado, tenía un carácter agresivo. Navegar me enseñó que la naturaleza puede ser muy dura, puede tratarte muy mal. Ante eso, hay que aprender a controlarse, a mantener la calma en todo momento. El yachting es un deporte solitario, no tenés hinchada. Cuando te alejás del puerto, te acostumbrás a navegar por y para vos. La ostentación está de más: aun ganando regatas, la modestia y la amabilidad son claves”, describe.

– ¿Cómo fue la vuelta a los catamaranes olímpicos? 
–Yo había dejado este tipo de competencia, ya que el catamarán tornado dejó de ser un barco olímpico después de Beijing 2008. Cuando mis hijos comenzaron a navegar en otro barco olímpico, la clase 49er, me pidieron que los entrenara. Ese fue el primer paso para acercarme una vez más al ambiente de las Olimpiadas. 

–En Río nació la clase nacra 17, para una dupla hombre-mujer. ¿Cómo te encontraste con Cecilia?
–En diciembre de 2013, me vino a hablar para pedirme consejos sobre cómo seguir su carrera en estos nuevos catamaranes. Más adelante, llegué a la conclusión de que lo mejor era no ser el entrenador de Yago y Klaus. Sí los acompañé y fui parte de su equipo, pero me pareció que no era lo ideal estar en el día a día. Eso me dio tiempo para juntarme con Ceci, navegar un poco y comprobar si podíamos correr juntos…

–Santiago, vos no te habías subido nunca a un nacra 17…
–No. Hicimos un plan para el 2014 que consistía en navegar de cincuenta a sesenta días. Era una prueba, sin el objetivo concreto de Río 2016. Yo no sabía todavía si iba a tener la motivación, si me iba a dar el físico para semejante movida. La decisión la tomé en diciembre de aquel año, pero después se aceleraron las cosas…

– ¿Qué las aceleró?
–El Campeonato Mundial de Nacra 17, en Santander. Era selectivo para conseguir la plaza para los JJ. OO. Fuimos como quince días antes, y entrenamos duro porque corríamos con muchas desventajas. Para colmo, producto de tanta exigencia, Ceci se lesionó y tuvimos que dejar de navegar por varios días. Finalmente, participamos y nos fue increíblemente bien. ¡No lo esperábamos para nada! Habíamos quedado segundos en un campeonato del mundo y conseguimos la clasificación para Río 2016…
Luchador por definición
Antes de hacer podio, Lange tuvo que sortear dificultades que excedieron la bravura del agua. Deportivamente, el 2015 fue un año casi perdido, lo cual agiganta su odisea en las Olimpiadas. “Habíamos hecho una excelente pretemporada en Brasil. En marzo asistimos al primer campeonato del año, el SAR Princesa Sofía en Mallorca, España. Estábamos muy ilusionados, teníamos un barco nuevo, pero después de tres días de entrenamiento, me enfermé. Pasé los cinco días previos al inicio de las regatas en cama: fue la única vez en mi vida que pensé en retirarme de un torneo. Terminé compitiendo, nos ubicamos entre los diez primeros, pero no podía con mi alma, me sentía recontra débil… Eso se me hizo una constante, como si tuviera un cuadro gripal permanentemente. Fui a ver algunos médicos, hice todos los estudios correspondientes, pero no me encontraron nada. Me volví a hacer exámenes, y dieron con el diagnóstico: cáncer de pulmón”, recuerda.

– ¿Y entonces?
–Bueno, al principio me costó caer. ¿Cómo me iba a pasar a mí, un deportista que nunca había fumado? Los médicos tardaron mucho en convencerme. De hecho, todavía hoy me resisto a creerlo. ¡De cabezón que soy, nomás! (risas). Estuve seis meses analizando cuál era la mejor solución. Lo asimilé y pedí que me operaran lo antes posible. Terminé en el quirófano el día de mi cumpleaños, el 22 de septiembre.

– ¿Cómo fue la recuperación?
–No sé cómo, pero a los cinco días de la intervención ya estaba caminando. A los diez, estaba navegando y pedaleando sobre la bicicleta junto a mis hijos. Pasó un mes y viajé a Buenos Aires para retomar los entrenamientos con Ceci. Y a fines de noviembre corrimos un campeonato en Brasil. En las primeras regatas no tenía voz para hacerme escuchar, y ella tenía casi que adivinar lo que quería decirle… Intentando recuperar ese año perdido, decidimos mudarnos a Río y quedarnos hasta el inicio de los Juegos Olímpicos. Si queríamos pelearla, no quedaba otra que trabajar a fondo y más que nadie.

A la conquista de Río
Habiendo dejado los nubarrones detrás, los adversarios de Lange pasaron a ser los de carne y hueso. Los máximos candidatos eran los franceses, que se habían quedado con los últimos tres campeonatos del mundo. “También estaban fuertes los australianos, los españoles, los dinamarqueses y los italianos. Y, aunque parecía imposible, nos propusimos meternos en ese lote de los de arriba, en ese grupo de posibles ganadores de medalla”, evoca Lange.

– ¿Cuál era la principal desventaja?
–Al navegar en el nacra 17, el más moderno y veloz de los veleros olímpicos, noté que había perdido mi agresividad. No es que me faltara sensibilidad o entendimiento para manejar el barco, sino  que mi condición física no le dejaba a mi mente arriesgar más. Sabía que, de tener algún contratiempo, mi cuerpo no iba a responder… Entonces, mi principal foco estuvo en la recuperación física. Así fue como, por ejemplo, entrené la parte aeróbica subiendo en bicicleta al Cristo Redentor del Corcovado. Y lo complementé con mucho gimnasio para trabajar la parte de fuerza y resistencia. Por supuesto, todo esto sin dejar de lado el entrenamiento deportivo en el agua. 

– ¿Cuáles eran las condiciones que esperaban en Río de Janeiro?
–Y... Allí las canchas son apasionantes. Podría decir que es de los lugares más difíciles del mundo para navegar. O, al menos, el más complejo que yo conozco. Primero, tiene siete canchas de regatas. En los JJ. OO. de China, teníamos dos, ambas con similares condiciones de viento y olas. En la bahía de Guanabara hay corrientes muy complejas y siempre cambiantes. Y el viento también es complicado porque se canaliza en todos los morros, y varía en intensidad y dirección. En las canchas de afuera, tenés condiciones de mar abierto, olas muy grandes, como si navegases en Mar del Plata. En las de adentro, mar plano, pero con vientos cambiantes y corrientes increíbles… Fue un desafío muy interesante desde el punto de vista de cómo encarar una regata. Al final, jugó a nuestro favor.

En Tokio 2020, Lange tendrá 58 años. ¿Afrontará una nueva campaña olímpica? Si alguien puede trazarse esa meta, ese es nuestro “mago del viento”. “Yo espero estar navegando, convencido de poder ganar otra medalla. Ese es mi deseo. Claro que, previamente, tengo que estar seguro de lo que puedo dar. Yo soy un enamorado del agua y no hay nada que me haga vibrar tanto como navegar en un barco y ganar una regata. Mientras pueda, no entiendo por qué no hacerlo”, concluye.
Curiosidades
• Santiago Lange y Cecilia Carranza Saroli consiguieron la primera medalla de oro olímpica en la historia del yachting argentino.
• Con diez medallas olímpicas, el yachting es el segundo deporte en cantidad de preseas conseguidas por la Argentina, después del boxeo.
• Este deporte es una escuela de buenos valores. Puede haber una rivalidad feroz, pero no una enemistad sin sentido por competir en bandos opuestos. El antagonismo termina cada vez que se llega a puerto. Es famosa la camaradería en el ambiente de los navegantes.

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