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“No se sueña lo que se desconoce”


Por Carolina Thibaud.


“No se sueña lo que se desconoce”
Federico Waisbaum, director de una ONG que brinda capacitación gratuita en tecnología a adolescentes y jóvenes adultos, habla sobre el trabajo del futuro. Cuáles son las habilidades clave para el mercado laboral que se viene.

Los adolescentes y los adultos jóvenes conforman un universo complejo, con necesidades diversas. Es una franja etaria difícil de abordar, sobre todo desde lo social. Preocupado por esta situación, Federico Waisbaum puso manos a la obra. Desde hace años, dirige Puerta 18, una ONG que capacita, gratuitamente, en tecnología gráfica y audiovisual, a chicos de entre 13 y 24 años. “El objetivo es achicar ciertas brechas. Una de ellas es la del conocimiento: no podés soñar con lo que desconocés”, explica Waisbaum desde su oficina, ubicada en una casona del barrio porteño de Abasto, donde también funciona la ONG. 

Con el eslogan “Derecho a tu futuro”, Puerta 18 se propone aportar al descubrimiento de vocaciones y mejorar las condiciones de empleabilidad. ¿Qué implica esto? Capacitar a los jóvenes a nivel técnico, por supuesto, pero sobre todo, ayudarlos a poner en práctica otro tipo de habilidades que son ineludibles para ingresar a cualquier empresa. “Unas de ellas son las denominadas ‘blandas’. Nos dimos cuenta de que las empresas las valoran mucho, ya que son las que hacen la diferencia: nos referimos a cómo enfrentar una entrevista, cómo explicar una idea, cómo argumentar, cómo trabajar en equipo. Todo el tiempo exponemos a los chicos a situaciones de este tipo para que se vayan familiarizando. Las actividades empiezan y terminan en una mesa común en el centro de la sala, en la que compartimos lo que hicimos. En definitiva, se entrenan casi sin darse cuenta y jugando”, explica Waisbaum.

– ¿Cómo abordan la salida laboral?
–Con los chicos de 13 a 18 no hablamos de trabajo. Creemos que no es el momento, por lo menos desde este espacio. La idea es que acá jueguen, que puedan experimentar, que prueben todo. En ese proceso van a ir encontrando lo que les gusta. Recién allí pueden profundizar la búsqueda de empleo. En mi opinión, en esta etapa, es un error buscar un trabajo por el rédito económico. A los más chicos hay que abrirles un mundo de posibilidades. 

– ¿Y con los más grandes? 
–Con los de 18 a 24 es distinto: cuando se anotan, ya sabemos a qué puesto junior apuntamos. Tenemos tres áreas de formación constante: gráfica, audiovisual y tecnológica.

–Federico, ¿cómo imaginás el mercado laboral del futuro? 
–Creo que será muy diferente al actual. Hoy en día, ya se requieren más formación y más habilidades “blandas” para puestos que antes ni se pensaba. Tengo la sensación de que será más dinámico, y que cada uno tendrá que poder ser autodidacta y gestionar el conocimiento. Eso se entrena, no es algo innato. Hay que bancar los procesos de los chicos: el mercado irá para un lado, pidiendo cosas a las que hay que ir llegando de a poco.

–Educación a distancia:?¿sí o no?
–Yo digo que es buenísima, pero no cualquiera lo puede hacer. Hay que entrenarse si esa es la forma que elegimos para acceder a un conocimiento que resulte significativo.

–Este año, a nivel internacional, se debatió acerca de si todos debemos saber programar, aun si no nos interesa o no lo vamos a utilizar. ¿Cuál es tu mirada sobre esto?
–Para nosotros será muy necesario. Existen muchos programas sociales que tienen muy claro cómo hacer el recorrido desde querer incorporar la programación hasta realmente aprender. Nosotros pensamos que es genial saber usarla, pero para aplicarla a lo que cada uno haga. Es equivalente a escribir. Uno aprende, no para ser escritor o periodista, sino para comunicarse. Después, quizás termina siendo médico. Lo que tenemos que revertir es que cada vez que proponemos una actividad relacionada con la programación, se sesga a un determinado grupo: por lo general, son varones, y no tendría por qué ser así. 

– ¿Entonces?
–Lo que estamos haciendo ahora es abocarnos a trabajar la programación para no programadores. Por ejemplo, ¿para qué le puede servir a un músico la programación? Esto es aplicable a un dibujante, un diagramador, cualquiera. En la actualidad, saber programar es clave para encarar dificultades y resolver dilemas. 

– ¿La escuela se está adaptando a todos estos cambios? 
–Depende mucho de la institución y de su director. En Puerta 18 recibimos a chicos que asisten a colegios muy buenos, tanto públicos como privados, con experiencias muy satisfactorias y otras no tanto. Hay alumnos que están haciendo videojuegos con algoritmos supercomplejos, pero, paradójicamente, tienen un mal desempeño en matemáticas. Nosotros funcionamos por fuera de la escuela, lo que representa una ventaja muy grande que no puedo desconocer: aquí los chicos eligen venir. Nadie está obligado a nada; el que se aburre, puede irse. Si hoy no se divierte o pasa un día malo, mañana no regresa. Son otro tipo de reglas.

– ¿Falta modernizar la escuela? 
–Yo no soy docente, nunca estuve en un aula, por lo que no sería justo ponerme a criticar. Sí me parece que hay muchas cosas que se pueden cambiar y que en un espacio como este, que es un tanto más dinámico, se da todo más rápido. Nosotros ya estamos probando, por ejemplo, la impresión 3D. Cualquier institución formal está muy lejos de incorporarlo, pero los chicos no pueden darse el lujo de esperar. No obstante, creemos en la educación formal. Claro que, a diferencia nuestra, afronta otros problemas, otras necesidades, otras lógicas. Puerta 18 es un complemento, creemos que son necesarios los dos espacios.
 
– ¿Cuán fundamental es hablar inglés?
–Para todo lo que refiere a tecnología es un requisito sine qua non. Para nosotros es muy difícil cubrir este ítem en un par de meses. Dependemos de que el chico tenga una buena base del idioma. Contamos con voluntarios, en general estudiantes extranjeros de intercambio. Este es un punto para tener muy en cuenta: un buen nivel de inglés mejora muchísimo las condiciones de empleabilidad. Las empresas de tecnología trabajan con clientes de afuera o hasta tienen sedes en el exterior. Incluso, en algunos lugares, las entrevistas son en inglés. 

–Federico, ¿que representa la ONG para los chicos?
–Justo acabamos de cambiar el eslogan de Puerta 18. “Derecho a tu futuro” juega un poco con la idea de “ir derecho” y con el concepto propio de “derecho”. Creemos que para encarar una elección, todos tienen que tener un menú de opciones lo más amplio posible. Acá los chicos se descubren a sí mismos. Este es un espacio de socialización y de contención. Abrimos mundos que después se transformarán en salidas laborales o en formas de expresión… Y eso está muy bien también.

Puerta 18, por dentro

Son las cinco de la tarde de un viernes. En la gran sala central de Puerta 18, cerca de treinta chicos de entre 13 y 18 años trabajan atentos en sus computadoras. Algunos lo hacen en grupo, con un coordinador que les propone diferentes tareas. Otros, ya más experimentados, elaboran proyectos propios. Renata, por ejemplo, edita un video en Premiére; Matías trabaja sobre efectos especiales; Mandy crea un logo en Photoshop; y Brandon nos muestra su última creación musical en una sala acústica. Los números de esta ONG, que ya cumplió ocho años, hablan por sí solos: en todo este tiempo, pasaron 3300 chicos. Hoy, el programa cuenta con 900 socios activos (que gritan presente, al menos, una vez cada tres meses). Gracias a Puerta 18, más de ciento cincuenta jóvenes consiguieron un empleo calificado en tecnología, diseño gráfico o audiovisual. Otros tantos lograron empleos no calificados, pero igual de necesarios. Sus creadores quieren abarcar más barrios y provincias. Hace semanas, se asociaron con la empresa de software SAP y participaron del programa SAP Social Sabbatical: ejecutivos de la empresa desembarcaron en nuestro país para brindar servicios de consultoría a cuatro ONG, entre ellas, Puerta 18.

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