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Barba boom


Por Juan Martínez.


Barba  boom
Las barberías resurgen con fuerza en diferentes rincones del país. El revival llega con aires de renovación: amén de afeitarse, los clientes escuchan música, degustan tragos y juegan al pool. Entretelones de un oficio que volvió para quedarse.

Las barbas no son algo nuevo, pero de alguna manera, su proliferación y su cuidado constituyen una novedad. Desde que existe el vello facial –o sea, desde que existe el ser humano–, hay hombres barbados. Y, según los estudiosos del tema, hay barberos, al menos, desde hace unos veinte mil años. La función estaba reservada para miembros respetados de las diferentes civilizaciones, personas con ascendencia y autoridad. Tiene sentido: se trata de alguien manipulando un arma filosa sobre el rostro y el cuello de otro. Implica confianza y, en cierto punto, sumisión.

Sin embargo, sin que dejaran de existir las barbas ni los hombres orgullosos de portarlas, la barbería como negocio y como hecho cultural retrocedió notoriamente durante la segunda mitad del siglo pasado, casi hasta desaparecer. Recién desde hace un par de años, impulsado por un viento favorable y mejores condiciones para su desarrollo, este antiguo oficio experimenta un auge renovador.

“Dicen que ahora el hombre se cuida, pero antes lo hacía mucho más. Si ves una foto antigua, están todos impecables, ya que iban a la barbería. En la actualidad, se está volviendo a ese estilo, gracias a la reaparición de estos lugares. A los hombres les incomodaba ir a las peluquerías unisex; en cambio, en las barberías se sienten bien: hay buena onda, tienen estilo. Asisten como si fuera un club”, analiza Ariel Guiñazú, propietario de Buenos Muchachos BARbería (el porqué de las tres letras iniciales en mayúscula se lo develaremos más adelante). Por su parte, Franco Paschetto, a cargo del salón Barberos, en Rosario, añade: “El contexto social ayudó a que los hombres se animaran a dejarse la barba. En algunos trabajos, sobre todo en oficinas, era complicado que un empleado fuera con la barba larga. Hoy, todo está más relajado”. 

Otro punto clave a la hora de comprender por qué resurgió el oficio es el avance en cuanto a la higiene y la seguridad de las herramientas. Cuando se trabaja con elementos cortantes y hay sangre en el medio, el cuidado debe ser extremo. Las navajas intercambiables, que se utilizan a razón de una por cliente y luego se descartan, solucionaron buena parte de los problemas.

Ya en 1866, en Chicago, Estados Unidos, Arthur B. Moler se preocupaba por los materiales y las medidas sanitarias. Además, en su libro Standardized barber’s manual, rebautizado como La biblia del barbero, sienta una serie de protocolos en torno a su oficio, repasa su historia, e incluye consejos médicos y apartados dedicados a la anatomía (músculos de la cabeza, características de los diferentes tipos de piel y pelo, sistema circulatorio).

Ese es el legado que continúan muchos de los barberos argentinos, quienes a nivel local, también tienen como referente a Miguel Ángel Barnes, más conocido como “El Conde”. Se trata del fundador de la barbería La época, que abrió sus puertas hace dieciocho años, y que funciona, asimismo, como un museo de objetos antiguos (fue declarado uno de los diez más importantes del rubro en el mundo por National Geographic y uno de los cuatro mejores por la BBC). “Yo nací en el mismo negocio donde hoy tengo la barbería. Antes vendíamos frutas y verduras; estuve hasta los 26 años en ese rubro. Siempre quise tener una barbería, pero como me iba muy bien, no me decidía por el cambio. Un día dije ‘basta’ y me animé”, infla el pecho “El Conde”.

Con estéticas más o menos modernas, las barberías se hacen cargo de su condición de “oasis epocal” y se abrazan con fuerza a un estilo vintage que se manifiesta tanto en la decoración como en el propio desarrollo de la profesión. “Se afeita con navaja. Hay máquinas que te dejan igual o mejor, pero no es lo mismo. El hombre entra en una barbería para sentir la navaja, el filo… Quiere ser testigo del proceso”, sentencia Mauro Leiva, propietario de la barbería paranaense que lleva su apellido. Este fundamentalismo se asemeja al de los melómanos que se aferran al vinilo como el soporte predilecto para reproducir música. Sus imperfecciones, lejos de perjudicarlo, le aportan una belleza particular. 

En estos locales especializados, no se trata solo de recortarle el pelo a una persona, sino de brindarle un servicio completo, un mimo integral. “La idea es que el cliente se sienta cómodo. Se le pone una toalla en los ojos para que no le molesten las luces, y se aplica un preshave para ablandar y relajar los músculos de la cara y ablandar el cabello. Después, le colocamos una toalla caliente para abrir un poco los poros. Con una brocha esparcimos la crema, afeitamos y ponemos una toalla fría por si hay irritaciones y para volver a cerrar los poros. Lo último es el after shave”, detalla Paschetto.

“El Conde” sostiene que el ambiente que se respira es de relax: “Hace poco, un cliente vino con su hija, que se sentó en el sillón de al lado. En un momento, él se quedó dormido, empezó a roncar y a ella le dio vergüenza… ¡Lo quería despertar! Yo le dije que lo dejara, que esa era la idea de la barbería”.

Buenos Muchachos BARbería conjuga lo que se vive en un bar y en una barbería. Los clientes esperan su turno jugando al pool o degustando un trago en la barra
Tendencias
¿Por qué resurgieron las barbas? ¿De dónde vino esta ola de renovación? Para los especialistas, el revival se inició en las pasarelas europeas. Cysar Gallardo, a cargo del Barber shop del Salón Studio86, realizó un trabajo de “cool hunter”, cuando percibió el fenómeno antes que nadie. “Haciendo un relevamiento, observé que en las fashion weeks de Milán y París empezaron a aparecer hombres con aspecto árabe y con barbas. Eso fue a finales de 2011. En el invierno de 2012, Jean Paul Gaultier presentó una colección con un barbudo como protagonista. Así fue como en algunas ciudades del Viejo Continente empezaron a popularizarse las barberías, lo que decantó en una moda a nivel global”, repasa.

El barbero tucumano Juan Cánepa indagó entre sus clientes y notó que ciertas tendencias no venían del universo de las pasarelas, sino de las canchas de fútbol: “Gracias a que muchos jugadores de fútbol se dejaron la barba, varios hinchas quisieron emular sus looks”.
Club de caballeros
Esa relajación buscada tanto por clientes como por barberos, convierte a estos recintos en algo más que un reducto donde emprolijarse un poco. Pasan a ser cofradías, centros de reunión y esparcimiento, ámbitos de pertenencia.

Buenos Muchachos es BARbería, con mayúsculas en sus primeras tres palabras, porque nació como una conjunción entre bar y barbería. La idea fue unir en un solo local a esos dos mundos complementarios. Así lo define Guiñazú: “Mientras esperan su turno, los clientes toman algo o juegan al pool. También tenemos un arcade y una barra donde ofrecemos café y tragos. Aquí pueden escuchar rock and roll, blues, jazz… A veces, organizamos recitales en vivo y degustaciones de vinos”.

Paschetto no se queda atrás y enumera los extras que ofrece en Barberos: “Además de barra de tragos y cerveza artesanal, tenemos un estudio para hacer tatuajes. Obvio, no se tatúa y afeita al mismo tiempo porque puede haber cortes. Se sacan turnos por separado”. Por su lado, Cysar Gallardo, a cargo del Barber shop del Salón Studio86, en plena capital cordobesa, comenta: “Los hombres vienen a encontrarse, a escuchar música, a charlar. Para tener la barba cuidada no es esencial ir a la barbería. Si encontrás un maestro barbero que te asesore, podés hacerlo en tu casa. Pero el ritual que se da en estos lugares es hermoso; por eso, el que lo experimenta quiere repetirlo. Al local vienen muchísimos chicos que apenas tienen pelusa, pero quieren ‘pertenecer’”.

Lo que ellas quieren

¿Cómo explicar el fenómeno de las barberías? A pesar de que los argumentos esgrimidos por la mayoría de los consultados son la libertad ganada en el trabajo y el hecho de escapar de las peluquerías unisex, la mujer sigue siendo un factor preponderante en la decisión. “Muchos de mis clientes vienen enviados por sus madres, tías, abuelas, hijas, primas, esposas, novias... La que descubre el salón es la mujer. Con las barberías, el hombre ganó un nuevo espacio, donde puede hacerse, libremente, lo que quiera. A las mujeres no les agrada el hombre con barba desalineada. En cambio, sí les gusta que esté prolija, con un aceite que le da aroma y suavidad… Les parece interesante. En definitiva, la barba ‘garpa’”, declara “El Conde”.
En la misma línea, Leiva opina: “Tengo clientes que cruzan la puerta de la barbería porque la novia les dijo: ‘Bueno, dejate la barba, pero cuidátela porque me irrita’. Hasta vienen con ellas y les van preguntando si les queda bien o cómo tienen que cortarse. Aunque en la puerta diga ‘Club de caballeros’, ellas mandan…”.

Eso de que las damas preferían a los caballeros afeitados a cero… parece caer en desuso. “Sin lugar a dudas, la barba puede hacer de un hombre realmente un hombre. Marca la diferencia. Habla de madurez y, al mismo tiempo, de un espíritu rebelde. Muestra a un hombre citadino y, a la vez, más salvaje”, concluye Gallardo.
Tiempo de batalla
Alrededor del mundo prolifera el formato “Barber Battle” (batalla de barberos) que, en nuestro país, tiene como epicentro a Rosario. El año pasado se llevó a cabo por primera vez: empresarios del rubro se pusieron al día en cuanto a tendencias y novedades (la segunda edición fue en junio pasado). También tiene una cuota de show, ya que representantes de diferentes provincias demuestran sus habilidades y estilos. Un jurado especializado premia a los que más se destacan.

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