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Cualquiera puede ser un genio


Por Agustina Tanoira.


Cualquiera puede ser un genio
Andrés Rieznik es mago, físico y neurocientífico. Su pasión por el atletismo mental lo ha llevado a deslumbrar con sus capacidades cerebrales. Pero él no se vanagloria y asegura que es pura práctica. En su último libro revela sus trucos para mejorar la memoria y entrenar la mente.

El libro empieza con una anécdota de Woody Allen en la que el genial director estadounidense cuenta que hizo un curso de lectura veloz que le permitió leer La Guerra y la Paz en veinte minutos. “Creo que decía algo de Rusia”, concluye. Andrés Rieznik se vale de eso para ilustrar que así como es imposible leer más de mil páginas en veinte minutos, tampoco hay atajos para la genialidad. “No hay ejercicio ni cálculo mental, ni ajedrez, ni crucigrama, ni sudoku... No hay ningún ejercicio que te haga un genio”, manifiesta. Por eso en Atletismo Mental, técnicas para entrenar el cerebro y mejorar la memoria (Sudamericana) propone lograr esto a partir de una disciplina que descubrió por casualidad y que fusiona técnicas milenarias con novedosos descubrimientos neurocientíficos. 

— ¿Cómo llegaste al atletismo mental?
—La verdad es que lo descubrí por pura casualidad. Vi en los Estados Unidos a un hombre que hacía proezas con la memoria y el cálculo rápido, y me puse a averiguar quién lo desarrollaba acá. Cuando descubrí que no había nadie en toda Latinoamérica, me puse a indagar sobre el tema.

— ¿Qué descubriste?
—Que los que lo practican no son seres con memoria y capacidades matemáticas especiales ni extraterrestres, sino personas que desarrollaron una gran capacidad de memorización y de cálculo con mucha práctica, paciencia y la ayuda de técnicas que les permite procesar gran cantidad de datos y realizar operaciones matemáticas a velocidades inimaginables.

— ¿Y por qué escribiste un libro?
—Porque me importaba desmitificar que quienes lo hacen son genios, y también para que los chicos se dieran cuenta de que la ciencia y las matemáticas pueden ser fascinantes.

Yo amo las matemáticas
Rieznik es mago desde los 12 años, pero al terminar el colegio estudió Física. Su desembarco en las neurociencias fue gracias a unos amigos que, conociendo su pasión por la magia, le hicieron llegar unos artículos de revistas científicas que mostraban datos muy interesantes obtenidos con la colaboración entre magos y científicos. “Yo trabajaba en el Laboratorio de Mecánica cuántica de la UBA y enfrente estaba el de Neurociencia interactiva, que dirigía Mariano Sigman. Así que me cruce, me presenté, le conté que era físico y mago y que estaba interesado en hacer algo relacionado con eso”, recuerda. El camino lo fue llevando y, actualmente, es investigador en la Universidad Torcuato Di Tella y, entre otras cosas, estudia cómo motivar a los niños para que aprendan matemáticas. “Me interesa estudiar con más rigor si las matemáticas presentadas de forma lúdica y divertida pueden entusiasmar a los niños”, cuenta. Y explica que los chicos hacen ejercicios algebraicos sin saberlo. “Cuando en mis shows les pregunto la fecha de su nacimiento y les digo qué día de la semana cayó. Ellos intentan pensar cómo lo hice y así están tratando de encontrar la x que resuelve la ecuación. Se trata de conceptos muy abstractos, pero que ellos incorporan lúdicamente”.

—A mí solo la palabra álgebra me da una angustia tremenda. Me recuerda lo que me costaba en el colegio. 
—Claro, porque hay algo emocional que te hace creer que el álgebra es angustiante. Decís “a mí no me daba la cabeza para eso”, te aparecen las pruebas, las pasadas al frente. La educación está cambiando. En ese sentido, es una lástima que a tantos chicos les haya pasado lo que sentiste vos y que vivan eso como un trauma.

— ¿Cómo fue tu experiencia? ¿Siempre tuviste facilidad para los cálculos? 
—La primaria la hice en un colegio de barrio, en Almagro. Allí me destacaba más porque provenía de una familia de intelectuales. Mis cuatro abuelos fueron universitarios, a mis padres les gustaba mucho la divulgación científica, en mi casa había libros de ciencia, mi abuelo era un físico conocido que me hablaba de las implicaciones filosóficas de la física cuántica o la relatividad. Creo que mi predisposición tuvo que ver con eso más que con algo en mi cerebro.

—Te he visto en un programa de televisión multiplicar un número de cuatro cifras por sí mismo y obtener el resultado en segundos. ¿Eso lo puede hacer cualquiera?
—¡Sí! El que quiera. Lo que pasa que es que no todo el mundo va a dedicarle una hora por día de práctica durante cinco años como lo hice yo, que tenía la motivación porque hacía magia y me servía para los shows. No soy un freek que cuando no tiene nada que hacer nada saca cuentas.

— ¿Pero vos pensás con categorías matemáticas?
—Todos en nuestras profesiones vamos adquiriendo herramientas de pensamiento que nos ayudan. Creo que yo, sobre todo por mi formación como científico, tengo algunas herramientas para analizar más “inteligentemente” la realidad, pero también pienso que los que hacen literatura u otra profesión adquieren otro tipo diferente de herramientas. También es importante conocer las limitaciones de lo que aprendiste: si yo quisiera escribir una novela, lo que sé sobre física no me serviría para nada.

A lo largo del libro, Rieznik remarca la importancia de la práctica y el esfuerzo para destacarse. “Si algo te apasiona, podés hacer una carrera de excelencia en eso”, afirma. Insiste —y persiste— en que no hacen falta habilidades extraordinarias, sino que cualquiera puede hacerlo. “Ser genio depende de un esfuerzo intelectual continuado, de una disposición de aprendizaje constante, de leer y de salir de la famosa zona de confort para aprender cosas nuevas”, revela.

— ¿Por qué lo recalcás tanto?
—Porque hay un problema grave y es que la gente ve esos documentales basados en supuestos genios, biológicamente anormales, y termina creyendo que algunos “sirven” para las matemáticas y otros no. Se da mucha más importancia a la genética de la predisposición innata de lo que realmente tiene. Yo no niego que haya facilidades, pero nadie nace genio. Por más facilidad que uno tenga, si no le pone el cuerpo, no llega a nada.

—En el libro hablás de Carol Dwek, investigadora de la Universidad de Stanford, que demostró que la dificultad de los niños, a la hora de aprender matemáticas, es que tienen internalizada la idea de que las personas inteligentes no tienen que esforzarse.
—Creo que es importante, sobre todo a las edades escolares, no meterles en la cabeza que no pueden. Cuando esa idea queda instalada a nivel inconsciente, los chicos la terminan creyendo. Además, aunque no se haya tenido suerte en la lotería genética, la capacidad para la concentración y el esfuerzo también se puede aprender.

— ¿Pero se puede negar la predisposición genética?
—Por supuesto que no, pero también está la obsesión que uno le pone. En los grandes genios de la ciencia, como Newton, Einstein, una condición necesaria de su genialidad fue el esfuerzo y una dedicación ininterrumpida. Newton en su vida puso su energía y su libido en investigar y llegó a ser el mejor de la historia.

— ¿Tu consejo es hacer lo que a uno le gusta con esfuerzo y pasión?
—Si querés vivir de algo que te gusta y te esforzás lo suficiente, vas a poder lograrlo. No importa si tenés facilidad o no ¡Ojo! otra cosa es ser el mejor de lo mejor. Yo no soy Einstein. No sé si es porque no me esforcé lo suficiente o por culpa de la genética. Para mí, eso no tiene importancia, porque si solo lo vas a hacer para ser el mejor del mundo, al final no hacés nada.  

—Ser el mejor tiene un costo…
—Esa es una pregunta que cada uno deberá hacerse: ¿cuánto estoy dispuesto a pagar si quiero ser el mejor en lo que hago? Solo se llega con esfuerzo. No hay otra.

¡Leer!
A la hora de incrementar nuestras capacidades cerebrales, Rieznik recomienda leer. Al hacerlo se ejercitan múltiples memorias: la visual, la verbal, la de otros idiomas que uno pueda conocer, la de los sinónimos y la de las imágenes. “La lectura es la forma que evoca más tipos de memoria —escribe—. Leer mucho y tener buenos niveles de escolaridad también ayudan a prevenir o mitigar los síntomas del mal de Alzheimer”. Tal vez por ello, cuando no está investigando o haciendo shows de magia, Rieznik aprovecha para leer algún ensayo o una novela. “Es bueno para el cerebro hacer cosas diversas, aunque también lo hago por placer”, concluye.
Mental app
Al hablar de la inteligencia, Rieznik refiere al Efecto Flynn y cuenta que, desde 1930, cuando se empezó a medir el Cociente Intelectual se ha comprobado que las nuevas generaciones son cada vez más capaces. “Una persona de 20 años es más inteligente, en promedio, de lo que era una hace 40 años —explica y agrega—: Nadie sabe muy bien por qué. El pensador estadounidense Daniel Dennett, afirma que esto tiene que ver con que la cultura va generando nuevas herramientas de pensamiento que se transmiten a las nuevas generaciones, y que estas las incorporan, lo que les permite ver la realidad de forma más inteligente. Se trata de analogías, ideas, palabras, estadísticas, etc., que vendrían a ser como una aplicación que uno instala en su mente”, concluye.

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