Viajes


Berlín


Por Daniela Calabró.


Berlín
Siempre de pie, supo sobrevivir a dos guerras y resurgir de los escombros de un muro que no se olvida. Hoy, la capital alemana es una de las urbes más pujantes del mundo: tiene historia, arte, moda, diseño y mucha vida social.

La imagen de la bandera soviética flameando en el Hotel Adlon será inolvidable para el mundo entero, pero más para los berlineses. Luego de esa fatídica madrugada ya nada sería lo mismo para la ciudad que, en los años veinte, había sido una gran metrópoli cultural. No fue solo la guerra la encargada de robarle el alma: algunas décadas después, su extensión fue partida al medio con un muro de 43 km de hormigón que separó familias, amores e historias que no volvieron a escribirse. Hoy, a 71 años del ocaso de la Segunda Guerra Mundial y a 27 de la caída del Muro, Berlín está de vuelta. Y se las trae. 
Meca creativa
Sin la elegancia de París, la belleza de Praga o la picardía de Ámsterdam, la capital alemana es una de las ciudades más cautivantes de Europa. Transformada en polo de moda y diseño, hoy es dueña de una escena cultural amplia y vibrante: festivales de cine, espectáculos de ópera, tiendas de diseño y encuentros de intelectuales conviven con muchísimo arte urbano y bares ocultos en sótanos que, décadas atrás, fueron refugio de familias judías. Es que, en Berlín, ya no cohabitan dos, sino mil formas de ver el mundo, lo que la hace absolutamente ecléctica, rebelde y vanguardista.

Una muestra de ello son los jóvenes talentos que se presentan cada año en las dos ediciones de los shows de Berlín Fashion Week, en la Noche del diseño o en el DMY International Design Festival. Pero si hay algo noble en esta ciudad, es que al arte se lo respira en la calle. 

El mejor ejemplo es la East Side Gallery, una de las visitas obligadísimas. Se trata de un recorrido al aire libre en donde artistas de todo el mundo intervinieron un segmento del Muro de Berlín que quedó en pie. Las obras que se ven a lo largo de estos 1316 m tienen estéticas de lo más divergentes, pero un mismo mensaje: “no more wars, no more walls” (no más  guerras, no más paredes).

El corazón 

La Isla de los museos es el epicentro cultural de Berlín. Tal como su nombre lo indica, es una isla del río Spree y reúne las salas más importantes de la ciudad. El más visitado es el Museo de Pérgamo, en donde se pueden ver obras de arte islámico, románico, griego y mesopotámico. El paseo lo completan el Museo Bode, con sus imponentes muestras escultóricas; el Museo Nuevo, gravemente dañado durante la Guerra y reinaugurado en 2009; el Museo Antiguo, primer edificio de su tipo en la antigua Prusia; y la Antigua Galería Nacional, inspirada en la Acrópolis de Atenas.  

De allí, se puede caminar al barrio más céntrico de la ciudad, el Mitte. Lo mejor es hacerlo por Unter Den Linden, la famosa calle flanqueada por tilos que ostenta edificios de cuantioso lujo y termina en la Pariser Platz, frente al ícono de la ciudad: la Puerta de Brandemburgo. En los alrededores de esta estructura de 1791, que vio pasar gran parte de la historia alemana, late el corazón de Berlín. Detrás de ella, se abre el famoso parque Tiergarten, dueño de 210 hectáreas verdes en donde transcurren muchos de los grandes eventos sociales y culturales de Alemania. La Love Parade, una de las fiestas más concurridas de Europa, acontece en este sitio que, alguna vez, fue un coto de caza. 

Caminando por él, puede verse la enorme cúpula de vidrio del Reichstag, el edificio del Parlamento alemán. Reconstruido en los años noventa (había quedado en ruinas en 1945) es todo un símbolo de la recuperación de la democracia. La semiesfera de cristal que cubre su techo deja ver, como símbolo de transparencia, la sala en donde se practican las sesiones. 
Sitios de encuentro
Muy cerquita del Reichstag nace la calle Ebertstrasse. Por ella, se llega a uno de los puntos neurálgicos de la capital alemana: Postdamer Platz. Completamente reconstruida luego de la caída del muro, esta zona es pura modernidad. Allí funcionó el primer semáforo de Europa y era el lugar de cita de los berlineses a comienzos del siglo XX. Hoy alberga al Mall de Berlín, un gran centro comercial, y al Sony Center, un complejo de edificios comerciales de arquitectura imponente, en donde la vida social volvió a encontrar su nicho luego del año 2000. 

Alexander Platz, ubicada del otro lado del río Spree, es otra de las plazas convergentes de la capital alemana. Allí se alza la famosa torre de televisión (la más alta de Europa) que se ve desde toda la ciudad. Gastronomía y compras no faltan en este espacio que, además, está junto a una de las estaciones de trenes de más tráfico. A tan solo unas cuadras, vale la pena visitar Nikolaiviertel, un barrio de aire medieval, con tabernas, locales de artesanías y callejuelas que dan al río.
No olvidar
Una manzana al sur de la Puerta de Brandemburgo (luego de pasar sobre el sitio en donde se hallaba el último bunker de Hitler), se encuentra el Monumento del Holocausto, dedicado a los seis millones de judíos europeos asesinados durante el plan de extermino del Nacional Socialismo. Sobrecogedor como lo deben ser pocos lugares en el mundo, ocupa casi 20 000 m2 cubiertos con bloques de cemento de diferentes alturas que forman largos caminos. Adentrarse en ellos, cada vez más opresivos, es una experiencia de profunda conexión con la historia, con la vergüenza, con el silencio. Debajo de estos, un museo gratuito ayuda a comprender la historia del holocausto con textos, fotografías y audios.
Huellas
Una traza fina de empedrado atraviesa las calles dejando testimonio de los lugares por donde pasaba el muro.
Berlín está viva, reluciente, cosmopolita…, pero nunca dispuesta a olvidar. Así como el recorrido de la pared más famosa del mundo sigue dibujado en el cemento, a la vuelta de cada esquina se esconde un tren al pasado.

En la Bebelplatz, en donde en mayo de 1933 sucedió la famosa quema de libros, un vidrio al ras del suelo deja ver un recordatorio subterráneo. Allí, bajo el paso apurado de los berlineses, se esconde una biblioteca blanca, vacía, despojada e inútil. Una de esas imágenes que se clavan en la retina. Y si de antítesis se trata, pocas hay como la que se da en Kurfürstendamm, la calle comercial por excelencia, en la que en medio del bullicio y los locales, se ven los restos de la Kaiser Wilhelm Gedächtniskirche, una antigua iglesia bombardeada de la que solo queda su torre principal. Hoy la llaman el “diento hueco”.

Más al norte, sobre la estación de subte Bernauer Strasse, se ve un extenso trozo del Muro de Berlín. Lo impactante de este espacio es que puede verse la distancia real entre las dos paredes y en algunos fragmentos queda al desnudo su esqueleto de hierro. Pararse frente a él hiela la sangre. A unos pasos de allí, como otra ironía de esta tierra de contrastes, discurre la Brunnenstrasse, un boulevard lleno de vida, de verde y de autos que viajan ágiles hacia el centro. Los conductores saben que el muro estuvo allí; muchos convivieron con él, mientras sus padres les contaban historias de la Guerra y de un tal Hitler. Fue ayer nomás y se siente en el aire de Berlín, una ciudad ante la que nadie queda indiferente.  
Otros infaltables de Berlín
Gendarmenmarkt: Es una de las plazas secas más bellas de Alemania. Imperdibles sus dos iglesias barrocas gemelas. 

KaDeWe: Se trata de uno de los centros comerciales más grandes de Europa. Ofrece productos de toda índole y un gran sector gastronómico. 

Checkpoint Charlie: Es el más famoso puesto de paso del Muro de Berlín. Lo dejaron en pie para mostrar cómo eran las garitas y las barreras de control para cruzar al otro lado de la ciudad. 

Badeschiff: En pleno verano, una piscina pública se hace lugar dentro del mismísimo río Spree. Un atractivo curioso. 

Mercado de Mauerpark: Todos los domingos, en el Parque del Muro, funciona una feria de antigüedades y artesanías.

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