Entrevista


La fuerza del talento


Por María Florencia Sanz.


La fuerza del talento
Martina Gusmán se crió entre camarines y escenarios. Pareja de Pablo Trapero y con una carrera muy exitosa, hasta se dio el lujo de ser jurado en Cannes. Hoy brilla en el teatro con Falladas y en la serie El Marginal.

Entre mates, fotos de su beba en el celular y una sonrisa plena, Martina Gusmán habla de su trabajo con una pasión innegable y se muestra totalmente enamorada de su familia. Tiene 37 años y ya lleva un largo trayecto recorrido en el mundo del cine y la actuación. Con un papá director de teatro y una mamá vestuarista, Martina se crió entre escenarios, camarines y motorhomes. Comenzó a  estudiar actuación a los siete años y en su casa el legado se imponía: querían que la nena fuera actriz. Pero cuando terminó el secundario, Martina no sabía si esa era realmente su vocación. Partió un tiempo de viaje en busca de respuestas y, a su regreso, su mamá la incentivó a probar suerte como productora.

Así descubrió que allí estaba su verdadera pasión y trabajó durante dos años produciendo publicidades. Más tarde, coordinó el área de cine en el festival de Mar del Plata hasta que el director Pablo Trapero la contactó para trabajar en su primera productora. 

Con el tiempo, la relación laboral entre ambos fue dando paso al amor y en el 2002 crearon juntos Matanza Cine. “Yo manejaba el área de producción, pero Pablo también me insistía para que me lanzara a actuar. Probamos con un personaje pequeño en una película llamada Nacido y criado. Él era el director. Quedé encantada y además nos sentimos muy cómodos trabajando juntos. A raíz de eso me propuso pensar un proyecto en el que yo fuera la protagonista”, relata con emoción Martina.

De a poco, empezó a sembrarse la idea de la exitosa película Leonera, en la que Martina no solo realizó su primer protagónico en cine, sino que también fue la productora y se encargó de un exhaustivo proceso de investigación sobre las cárceles de mujeres. “Leonera fue un antes y un después tanto a nivel personal como profesional. En ese momento empezaron a llegarme muchas propuestas de trabajo como actriz, pero las rechacé porque quería apostar a nuestro proyecto familiar. Recién después de haber filmado Carancho me decidí a actuar en televisión y en teatro”, recuerda.

Abocada a su rol como actriz, hoy Martina incursiona en distintos papeles. Este año terminó de grabar la serie televisiva El Marginal (vendida recientemente a Netflix) y se sumó al elenco de la obra teatral Falladas, dirigida por José María Muscari. 

— ¿No extrañás un poco tu trabajo de productora?
—No, porque como actriz soy muy buena productora. Me encanta producirme mis propios personajes e investigar. No soy una actriz que está a la espera, sino que me involucro en los proyectos de forma activa. De todas maneras, no me imagino siendo actriz toda la vida, hago distintas cosas al mismo tiempo. Ahora estoy también ayudando a Pablo en algunas cuestiones de producción y desde hace dos años estudio psicología.

— ¿Cómo surgió ese interés?
—Creo que lo que me conectó con la psicología fue esa posibilidad que tiene el actor de vivir muchas vidas en una sola y poder contar historias desconocidas. Me siento muy cómoda interpretando personajes que están involucrados en cuestiones sociales. Para hacer Leonera fui a una cárcel de mujeres, para Carancho pasé seis meses realizando guardias médicas en un hospital público y para Elefante Blanco visité varias villas. Esa posibilidad de mezclar la realidad con la ficción es lo que más me interesa como actriz. 

— ¿En esos lugares viviste experiencias que te marcaron?
—Muchísimas, pero recuerdo dos que fueron muy fuertes. La primera vez que ingresé a un penal me dejaron sola en medio del patio muerta de miedo y la líder del grupo se acercó a hablarme. Le expliqué que iba a construir un personaje para una película y en unos minutos todas las chicas del penal estaban alrededor mío hablando sin parar. Fui conociendo sus increíbles historias que me transformaron como persona y me hicieron estar totalmente agradecida de la vida que tengo. Otro día, en la guardia del hospital, un médico le salvó la vida a un chico al que le habían pegado un tiro para robarle las zapatillas, y llorando me dijo: “Este chico ya no va a poder caminar ni comer normalmente, y no tiene una realidad económica para afrontarlo, ¿qué clase de vida le estoy dando?”. Son hechos que no voy a olvidar nunca.

— ¿Te gustaría trabajar como psicóloga?
—No tengo apuro en recibirme ni estoy segura de si voy a ejercer. Lo estoy haciendo por gusto personal, aunque en un futuro quisiera tener una ONG. Me imagino armando un proyecto grupal, relacionado con problemáticas sociales específicas, y usando toda mi capacidad de productora para llevarlo adelante.

—Falladas, la obra de teatro en la que actuás, aborda justamente la psicología femenina.
—Si bien está basada en una mirada más femenina, aborda temas de la psicología en general. Los personajes están ‘fallados’ en cuanto a vulnerabilidades que todos los seres humanos tenemos con relación a la búsqueda de la felicidad, a la soledad, a los hijos, a la sexualidad o a los amigos. Cada uno de estos personajes representa un estereotipo de `falla´, pero la obra juega con la idea de que la voz de todas puede ser la voz de cualquiera, porque las problemáticas terminan siendo las mismas. La ‘falla’ de mi personaje tiene que ver con ser hipersensible, sentirse superada por el mundo, ser muy ingenua e inocente y siempre estar buscando un amor ideal que nunca llega.

—Te animaste a un personaje muy distinto a todo lo que habías hecho.
—Sí, es mi primer personaje de comedia. Me gusta la idea de desafío, de explorar y experimentar otras cosas. La energía de la comedia en teatro es muy diferente a la del drama, porque en la comedia el actor tiene que incorporar las risas de la gente. Al comienzo, esperar a que el público se riera y seguir en situación sin que eso me desconcentrara, me resultó difícil. 

— ¿Y cuál sería la ´falla´ de Martina?
—Mi personaje tiene una energía extremadamente femenina y yo soy más masculina. A ella la supera que se le inunde el departamento, en cambio, yo resuelvo todo en forma práctica: puedo secar mi casa mientras le hago la mamadera a mi hija y estudio la letra de la obra. Desde ese lugar es una composición absoluta, pero sí me identifico con su hipersensibilidad respecto al mundo y su romanticismo. Aunque hace 16 años que estoy con Pablo, sigo siendo una romántica total. 

Amor y trabajo, un combo perfecto 

Sin imaginar todo lo que el destino le depararía, Martina conoció a Pablo en una entrevista para trabajar en su productora. Ese día charlaron y, aunque no lo dijeran, ambos sabían que algo se había despertado entre ellos. “Primero nos hicimos amigos y después nos fuimos enamorando, pero yo no quería mezclar lo laboral con el amor”, asegura Martina. 

Sin embargo, lo inevitable sucedió y en medio de la presentación de un cortometraje, Pablo le robó un beso. Al día siguiente, ella le confesó su interés en él, pero para empezar una relación prefería que dejaran de trabajar juntos. Pablo la convenció y la combinación entre amor y trabajo fue perfecta: crearon la productora con la que ya realizaron quince películas, y obtuvieron una reconocida y premiada trayectoria.  

— ¿Qué cosas te siguen conquistando de Pablo?
—Me enamora su energía ilimitada y que para él nada sea imposible. Pablo siempre tiene una entrega, una pasión y un compromiso admirables en todo lo que hace. Eso se refleja en sus películas que tienen una mirada fuerte y oscura, pero al mismo tiempo, un alto nivel de sensibilidad. Todas sus historias se pueden transitar con los cinco sentidos.

—Cuando trabajan juntos con Pablo, ¿chocan o se complementan bien? 
—En todo lo que nos complementamos es en lo mismo que chocamos. Yo soy mucho más metódica, ordenada y organizada, por eso funcionamos muy bien como productora y director. Pablo siempre está colgado en su mundo creativo donde todo es un caos, por eso llega tarde a cualquier lugar o pierde cosas. ¡En algunos momentos, me encantaría poder ser más caótica y relajada como él! A los dos nos representa un desafío la energía del otro, y eso es algo que nos seduce y nos motiva a estar juntos. 

— ¿Cómo se llevan con el éxito?
—Es algo que nos sorprende y lo tomamos con mucho agradecimiento. Todas nuestras decisiones en el trabajo siempre fueron muy intuitivas y genuinas, es decir, desde nuestro propio deseo. El otro día recordábamos que El Clan surgió porque Pablo tenía una necesidad muy fuerte de filmar. Hacer esa película fue una decisión vertiginosa tanto en lo familiar como en lo económico, pero resultó ser la más exitosa y con ella ganó un premio como director en Venecia. Todo lo que sucede supera nuestras expectativas y es un motor que nos impulsa a seguir.

Lo primero es la familia

Después del nacimiento de su segunda hija, Lucero (de siete meses), Martina decidió tener un año más tranquilo en lo laboral para dedicarlo casi por completo a disfrutar de su adorada familia.

—Fuiste mamá de Mateo a los veintitrés años, ¿cómo es la maternidad en esta etapa más adulta? 
—Con Pablo siempre nos gustó la idea de esperar y ser padres en distintas etapas de nuestras vidas. Creo que a mis veintitrés años había algo más instintivo, no tenía miedos y era una especie de mamá leona que sentía que podía recorrer el mundo con mi hijo. Con Lucero, en cambio, siento una energía más vulnerable y de sobreprotección. Además, con Mateo tenía la sensación de que siempre sería chiquito, ¡y de repente me doy cuenta de que mi hijo es más alto que yo! Ahora soy más consciente de lo rápido que pasa el tiempo y quiero disfrutar a Lucero todo lo que pueda. Por eso duerme en la cama con nosotros y, digan lo que digan, no nos importa nada.

— ¿Qué rituales comparten en familia?
—Tenemos una casa en la playa y nos gusta mucho escaparnos para allá, es nuestro refugio. Tenemos rituales bien caseros, como poner música, cocinar con Mateo y ver películas. Los tres somos muy cinéfilos, pero hace un tiempo Mateo empezó a ver series y buscamos una para compartir en familia. La primera que vimos fue Breaking Bad y nos encantó a todos. 

—Hoy tenés una familia hermosa y una profesión en ascenso, ¿soñaste alguna vez con todo esto?
—Siempre imaginaba encontrar al amor de mi vida, armar una linda familia y viajar por distintos lugares, pero antes de conocerlo a Pablo nunca pensé que iba a ser mamá tan joven. En cuanto a lo profesional, no soñaba con ser actriz ni con una situación en particular. Antes que nada, soy la mamá de Mateo y de Lucero, y la mujer de Pablo. La realización profesional es importante, pero si no te sentís satisfecho con tus vínculos, todo se hace mucho más difícil.
Talento for export 
Martina viajó muchos años al Festival de Cannes de cine acompañando a su marido y en su rol de productora y de actriz, pero nunca imaginó convertirse en un integrante del selecto jurado. 

Al año siguiente de haber presentado en el festival, la película Leonera, el director llamó a Martina para proponerle que fuera parte del jurado. “Me contó que el presidente sería Robert De Niro y que también estarían Uma Thurman, Jude Law y otras estrellas. ¡No lo podía creer! Estuvimos dos semanas viendo películas y hablando de cine con un nivel de profesionalismo tremendo. Fue la situación más estresante que pasé en mi vida, pero al mismo tiempo, una experiencia alucinante, de ensueño”, recuerda entusiasmada.

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