Historia de vida


Ganarle a la adversidad


Por Carmen Ochoa.


Ganarle a la adversidad
A pesar de su discapacidad, Martín Kremenchuzky lucha por cumplir sus sueños. Su historia es un  canto a la vida y un ejemplo de inspiración.

A los 35 años, Martín Kremenchuzky quedó ciego. Desde chico padece una enfermedad genética denominada síndrome de Usher que le produjo hipoacusia y pérdida gradual de la visión durante años, hasta que su vida quedó en completa oscuridad. Porque, además de no ver, así se sintió también por dentro. Para Martín no existía la felicidad, más allá de su pequeño hijo Tomás, y nada tenía sentido en el mundo, por lo que cayó en una profunda depresión.

“Durante muchísimo tiempo, sentí que la vida era muy injusta conmigo. En esos momentos, me lamentaba por lo que no podía hacer e incluso, sentía envidia de los demás”, recuerda Martín. Sin embargo, llegar al fondo del abismo tampoco le solucionó nada, pero se dio cuenta de que algo tenía que hacer, y lo primero fue asumir su discapacidad. A partir de allí, su vida cambió para siempre. Aprendió a bailar, a catar vinos y perfumes, a hacer masajes, a narrar historias y también tomó clases de teatro y de percusión, entre muchas actividades más, con lo cual descubrió un mundo de posibilidades para los no videntes. “Sentí que mi hijo me iba a necesitar en el futuro y que no podía tener un padre perdedor. Así que, por él, me obligué a salir adelante y a hacer cosas que quizás no disfrutaba o que me costaban mucho, pero con el solo objetivo de seguir y demostrar que yo podía”. Un día, un amigo le propuso salir a correr. No le resultaba muy atractiva la idea, pero le sobraba tiempo y el ocio era su peor enemigo, así que aceptó y enseguida le entusiasmó competir. “Mi primera competencia fue en septiembre de 2010, cuando participé en el Medio Maratón de Buenos Aires. No estaba realmente preparado y llegué con un tiempo de 2 h y 28 minutos. ¡Un desastre! ¡Y terminé destruido!”. A pesar de eso, salió tercero en su categoría y le dieron una copa. Al llegar a casa, su hijo gritaba de alegría, y esa felicidad lo impulsó a entrenarse seriamente para convertirse en un padre campeón. Sus siguientes metas incluyeron los 42 k, hasta que el año pasado completó los 3,86 km de natación, los 180 de ciclismo y los 42,2 de pedestrismo del Ironman de Florianópolis, con lo que se convirtió en el primer triatleta argentino no vidente que realizó la más exigente prueba de triatlón, y ganó el primer puesto en su categoría.

“El deporte me salvó la vida. Me levantó la autoestima. Logré tener salud física y mental y conocí a personas a quienes puedo considerar amigas. También me dio la posibilidad de proyectar nuevos objetivos”. Con sus metas cumplidas, y sin proponérselo, Martín se transformó en un ejemplo para imitar. Con su simple acción, logra transmitir un mensaje positivo, y eso lo moviliza a ir por más, tanto que sus charlas motivacionales son muy valoradas. “Al quedarme ciego, me resultaba imposible pensar en hacer alguna actividad, y mucho menos en disfrutarla. Hoy no me alcanza el tiempo para hacer todo lo que quiero. Soy muy feliz. Nada es imposible si uno se lo propone. Depende de nuestra actitud y perseverancia, lograr más de lo que creemos. Oportunidades hay para todos, pero es necesario estar preparados para encontrarlas y aprovecharlas”.

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