Personaje


“A veces me enojo con Dios…”


Por Cristina Noble.


“A veces me enojo con Dios…”
José María Di Paola, el padre “Pepe”, lleva adelante un trabajo ejemplificador en uno de los barrios más vulnerables del Gran Buenos Aires. Su objetivo: ayudar a jóvenes con problemas con la droga.
   
Los franciscanos habían trabajado antes en La Cárcova, esa villa cercana a los basurales de José León Suarez, pero nunca ningún cura había ido a vivir allí. José María “Pepe” Di Paola reside desde diciembre del 2012, lo que lo convierte en el primer sacerdote que se muda a uno de los barrios más vulnerables del Gran Buenos Aires, donde el paco y otras sustancias hacen estragos entre los más jóvenes. 

La lucha de “Pepe” contra ese flagelo viene desde la época en que el Papa Francisco era simplemente Jorge Mario Bergoglio, arzobispo porteño que jerarquizaba al equipo de Sacerdotes de la Pastoral en villas de emergencia. “Pepe” fue elegido vicario para coordinar la Comisión Nacional de Drogadependencias del Episcopado argentino, y, desde entonces, no detiene un segundo su misión.

Seis años atrás, tuvo que dejar la villa 21 de Barracas por las continuas amenazas que recibía, a raíz su lucha contra la droga. El exilio forzoso a Santiago del Estero ocurrió luego de que denunciara en un documento, firmado junto a otros curas villeros, que el paco estaba matando a los más jóvenes, y que estaba despenalizado de hecho en las villas de emergencia.

Ahora, desde la Capilla Nuestra Señora del Milagro, asiste, junto a sus colaboradores, a todo un arco de vulnerabilidad a orillas del río Reconquista, donde se encuentran los asentamientos de La Cárcova, 13 de Julio y Villa Curita, que concentran una población de cuarenta mil personas. Uno de sus mayores logros son los centros de rehabilitación Hogar de Cristo, desde donde se promueve la inclusión de los adictos recuperados. Esta experiencia se extiende a otras villas capitalinas, como la 31, la 21-24 de Barracas, la de Ciudad Oculta y la 1-11-14 en Villa Soldati.

"Mi idea es replicar el Hogar de Cristo en aquellos barrios donde los chicos no tienen esperanza. El objetivo de nuestro centro de recuperación es hacer un trabajo persona a persona. Seguimos cada caso, acompañando a los chicos en ese proceso de curación, dándoles contención espiritual. El tema del paco se resuelve en la proximidad con la gente”, comenta. 

La charla discurre con naturalidad, como si la mantuviéramos con un viejo amigo. Es que el padre “Pepe” no cultiva la imagen distante y reverencial que solía atribuírseles a los sacerdotes. “Dale, tuteame”, pide de entrada, lo que no demanda ningún esfuerzo.

"Mi idea es replicar el Hogar de Cristo en aquellos barrios donde los chicos no tienen esperanza”

–Un día en la villa debe ser mucho más difícil que oficiar la misa o confesar a los fieles…
– (Se sonríe) Sí, es cierto. Soy de levantarme bien temprano y, entre mate y mate, hago el recuento de todo lo que tengo para ese día. Después visito gente, veo en qué andan. La construcción social se hace desde adentro: así te hacés conocer, promovés actividades, partidos de fútbol, charlas…Todo lo que sirva para organizarnos y estar cerca nos fortalece. Para nosotros, la vida de la iglesia no es el culto únicamente; ese es solo un aspecto. Los curas villeros dedicamos mucho tiempo al enfermo, al adicto, a los que no tienen a nadie o a los que están en alguna emergencia. Hoy, más que nunca, la prioridad es la droga. En ese sentido, y como dice el Papa, la iglesia es un hospital de campaña que levanta a los caídos, los sana, les cura las heridas y les brinda elementos para que puedan continuar con su vida de la mejor manera posible. Vamos aprendiendo sobre la marcha cómo mejorar el combate contra esta plaga del narcotráfico… Creo que fuimos mejorando…

– ¿En qué sentido?
–Estamos más organizados. Aprendimos. Por un lado, contamos con acciones preventivas orientadas a niños y adolescentes; por el otro, nos abocamos a la recuperación de los que ya son adictos. La idea es reivindicar el valor del trabajo y la educación. Tenemos que lograr que en las villas estén las mejores escuelas, las mejores iglesias, los mejores clubes. El consumo de drogas en jóvenes es un problema asociado a la ausencia de proyectos, al desamparo, a la escasez de guías espirituales. Cuando la falta de perspectiva de vida desespera es cuando se imponen los líderes negativos… Hay que transformar esos líderes negativos para que se vuelvan un ejemplo.

–Debe ser difícil lidiar con chicos sin apoyo, sin familia… ¿Te enojás con Dios a veces?
–Sí, soy de enojarme con Dios, pero son momentos de debilidad. Después se me pasa y sigo con más fuerza.

– ¿Qué cosas te enojan?
–Cuando algo que pasa me duele mucho.

– ¿Por ejemplo?
–Cuando me mataron a mi ahijado David. Tenía 16 años y siempre estaba al filo. Yo le decía que caminaba por la cornisa. Una noche volvía de comer de la casa de unos amigos, y lo veo haciendo una fogata. Le grité: “David, andá a dormir que ya es tarde”, y él me contestó: “Sí, padrino, en un ratito voy”. A la mañana me llamaron para que fuera a reconocer su cuerpo. ¡Era tan chico! Al padre lo habían asesinado, y la madre ya no sabía qué hacer con él. A mí me hacía caso, pero no siempre. La Madre Teresa de Calcuta decía que en cada persona uno puede ver toda la humanidad. Cuando me planteo para qué combatir a la droga o el hambre si de todas maneras seguirán existiendo, apelo a Jesús –que fue crucificado–, rezo y la sigo peleando porque vale la pena. Es muy reconfortante comprobar cómo un adicto puede recuperarse. Literalmente, te vuelve el alma al cuerpo. Tengo varios ejemplos de que es posible que alguien a quien la sociedad da por perdido salga adelante.

–Los que se recuperan deben ser los mejores aliados, ¿no?
–Esa es nuestra apuesta. Los líderes positivos son los jóvenes del mismo barrio que tratan de revertir la situación del grupo. Así como hay jóvenes que venden droga, invitan a la violencia y marcan un camino ruinoso, hay otros que, a través del trabajo mancomunado entre la iglesia, la escuela y el centro de salud, invitan a sus pares a participar de las clases de apoyo escolar, de los campamentos y actividades deportivas. Mi ahijado “Matute” es el mejor ejemplo de cómo un líder negativo puede devenir en positivo. Él fue el factor de cambio fundamental en la villa 21. Hoy trabaja y tiene una familia. En la Cárcova, tenemos a “Dracu”, que también tuvo un pasado complicado. Hoy, lidera el deporte de los chicos de la villa. Su adhesión a los valores positivos lo convirtió en un activista convencido de que se puede transformar la realidad.

–No todo está perdido…
–En realidad, está todo por ganar… Hace poco, en nuestra capilla de la Cárcova, inauguramos una escuela de artes y oficios, con la que buscamos despertar y desarrollar las capacidades en los chicos. Queremos que sea un lugar donde la oferta sea positiva, donde ellos puedan encontrarse, crecer… Que no exista solo el camino del desinterés o la violencia. Los acompañamos desde chicos para que puedan armar su propio proyecto de vida.

–Cuando decidiste ser cura, ¿sabías que tu lugar era en las villas?
–Yo tenía esa intención, pero Bergoglio fue el que me orientó mejor. Un día fue a Mataderos, a Ciudad Oculta, a observar el trabajo que yo hacía con los jóvenes. Le gustó y me nombró párroco en la villa 21. Él, jesuita, había estado en Córdoba, pero los de mi generación casi no lo conocíamos cuando lo nombraron obispo en Buenos Aires. Siempre nos llamó la atención, y nos cayó bien su preocupación por los más humildes. Tomó como prioridad nuestro trabajo en la villa 21 con respecto a la niñez y la juventud. De hecho, puso más curas a ocuparse de esa tarea. Bergoglio fue quien más entendió el grave problema de la  droga. Se metía, daba ideas, estaba muy comprometido: ponía su corazón. Por eso, cuando lo eligieron Papa, en la villa 21 parecía que habíamos ganado el Mundial de fútbol (se ríe).
Hogar de Recuperación
Recientemente, el padre Pepe inauguró, en la villa La Cárcova, la Casa Santa Teresa de Calcuta. Perteneciente al Hogar de Cristo, alberga a jóvenes adictos en etapa de rehabilitación. “Este lugar cobija a quienes se están recuperando de una etapa complicada de su vida. La idea es acompañar a estos muchachos a encontrar un camino distinto”, explica “Pepe”.

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