Entrevista


“Soy muy particular”


Por Juan Martínez.


“Soy muy particular”
Ni un actor que canta ni un cantante que actúa. Mike Amigorena  se define a sí mismo como un entretenedor. Con disco nuevo y muchos proyectos por delante, propone…

Ricardo es, simplemente, el nombre que aparece en su DNI. Su madre quería llamarlo Michael, y así se llamó aunque los registros oficiales se empeñen en contradecir la realidad. Esta disociación lo distinguió de entrada y él convivió siempre viéndose y sintiéndose diferente al resto. Mike es, sin dudas, un actor, un personaje distinto a los demás. “Era raro llamarse Michael. Yo soy raro. ¿Cómo te vas a llamar Michael? Miguel, en todo caso. Pero no me llamaba Miguel, sino Michael. Por momentos, hasta yo no me entiendo. Siempre fui así, de chico también. Soy muy particular en cómo me visto, en cómo pienso. Hay algo que me pasa y que no les pasa a los otros. Tengo una manera particular de procesar la información. Ahora estoy más consciente de cómo soy, me tranquilicé, pero no tengo intenciones de meterme en el rebaño. Es solamente respetar la esencia. Si vos respetás tu esencia, no importa cómo seas, te va a ir bien. Dentro de eso, hay que tener sentido común, autocrítica, ganas de hacer algo y lograrlo. Muy poca gente lo hace. Para mí, eso es tener éxito: hacer lo que uno quiera”.
En teatro Mike deslumbró con El niño argentino, hizo obras infantiles e interpretó a Shakespeare; en la tele arrancó con pequeñas participaciones hasta que se lució como extraterrestre en Una familia especial, con un doble papel en Los exitosos Pells, y seduciendo y abandonando al personaje de Florencia Bertotti en Guapas, entre otros programas. El cine es el formato donde menos se desarrolló, aunque filmó con Francis Ford Coppola y le dio voz al muñeco Ken en Toy Story 3. Mientras tanto, formó la banda Ambulancia junto a otros actores (Muriel Santana, Mariano Torre, Víctor Malagrino), dio el salto a la música electrónica con MOX (acompañado por Ale Lacroix), y hoy se encuentra presentando Amántico, su primer disco solista.

–En Amántico hay también un personaje, el clásico crooner con trajecito…
–Exactamente. Y cada canción es interpretada de una manera particular y se cantan con diferente actitud corporal. Ese personaje se va a ir consolidando con los shows, pero se trata de un caballero elegante que conquista permanentemente. Es un disco para el auto, para una ruta, para estar de fondo mientras cocinás o te bañás. Es fresco, primaveral, fácil de cantar, con letras pegadizas, claras. Me gustan los discos que suenan y te acompañan sin molestarte.

–De las actividades que desarrollás, ¿la que más te tiene como consumidor es la música? Porque solés decir que al cine y al teatro no vas, que te aburrís.
–Sí, voy a ver cosas muy puntuales. No me mata ir al teatro. Algo que capte mi atención de manera constante no es para mí. Me disperso, no entiendo y, entonces, lo largo. No sé de qué están hablando. No tengo la capacidad de escuchar todo el tiempo. Me pierdo, me aburro. Eso tiene sus pros y sus contras, te permite liviandad en la cabeza y también complica la profundización.

– ¿Te sentís igual de cómodo en cualquier formato?
–El escenario me gusta más, porque está todo al servicio del actor: la gente, el escenario, las luces. Tenés que salir y guardarte. En lo otro, no está todo al servicio del actor, sino para el resultado final. Casi ni importa el guion, es menos personal, más mentiroso. Eso tiene sus resultados. El teatro es vida representada, ya sea cantando o con una obra. Con la cámara no soy local. Nos respetamos, pero no es el teatro.

En el teatro estoy en mi cuarto, hay algo de pertenencia. La televisión es: “¿Qué hago para que me vean?”.
Mike asegura que ya en su infancia mendocina se imaginaba lo que es hoy (“No un actor ni un cantante, sino un entretenedor”). Las estructuras no le sentaban bien: Repitió cuatro veces y lo expulsaron otras tantas de diferentes colegios. Alguna vez confesó, también, microrrobos en su casa con los que se solventaba salidas y algún que otro gusto (hasta llegó a comprarse una moto después de vender una joya que había pertenecido a su abuela). A los diecinueve años, entendió que su búsqueda tenía que continuar en otra parte, que si quería convertirse en el entretenedor que soñaba, era momento de empezar a trabajarlo. “Lo que me llevó a irme fue lo que logré en Buenos Aires. Tardé muchísimo, pero yo siempre quise ser lo que soy ahora. Me considero un privilegiado de poder hacer lo que quiero, como lo quiero, y vivir de eso. Me costó veinte años alcanzar esta posición. Recién a los ocho años de mudarme empecé a trabajar en mi primera obra de teatro”, repasa.

–En esos ocho años, ¿no hubo ningún momento en el que dijiste “ya está, traté y no se pudo”?
–No. Hubo algún “¿Qué hago?, ¿me vuelvo a Mendoza?”. Pero había convicción, sentía que tenía un don. Lleva  tiempo reconocer cuál es tu don. Nunca bajé los brazos y en mi casa me ayudaron mucho, porque podrían haberme dicho “Venite a Mendoza, dejate de hinchar”. Una de las grandes herencias que me dejó mi viejo fue no desistir. Y yo no me veía de otra manera. No puedo hacer otra cosa que la que hago. Yo no tengo ni la secundaria, y nunca hubiese estudiado. Estaba frito.

–En esos años en los que no conseguías trabajo como actor, ¿de qué trabajaste? 
–De cualquier cosa. Repartí pizzas, fui telemarketer, trabajé en una AFJP, de taquillero en una picada clandestina. Lo último a lo que me dediqué fue a hacer promociones. Ahí despunté el trabajo de actor. En toda la década de los noventa no tuve dónde caerme muerto. No sabía a quién tenía que hablar, a dónde recurrir.

– ¿Cómo hacías para trabajar de cualquier cosa y en el medio seguir alimentando tu vocación?
–Me quería matar, pero con eso tiraba. En 1995 tuve una participación en Cara bonita, con Catherine Fulop y Fernando Carrillo. Hice de enfermero. ¡Cómo me emocioné cuando me dijeron que iba a tener un personaje! No me olvido más de eso, me puse a llorar. No tenía para comer y pensé “Acá empezó mi camino”... A la semana siguiente, seguía  trabajando de telemarketer.?Todavía no había empezado nada. Pero eso te sirve para curtirte. Así es la vida. A veces pensaba “Capaz que soy malo...”.

–En la mirada externa, muchas veces se idealiza tu trabajo, como si fuera algo menos esforzado que los demás.
–Yo soy re vago. Pero para ser un buen vago, tenés que trabajar muchísimo. Si yo quiero ser tal cosa y no estoy haciendo nada, entonces no voy a serlo, no es que no tengo suerte. Muchos se la pasan quejándose: “¿Qué hago para ser tal cosa? No me sale”. Bueno, hay algo que no estás haciendo para ser actor o para ser artista. Es muy difícil. Vos creés que es ir a la televisión y que te vean, pero no. Es ser talentoso, dar bien en cámara...?Lo que nos pasa a los artistas no es la panacea, hay que estar muy bien parado para no deprimirte, para sostener una continuidad emocional positiva. A mí no me gusta estar haciendo cosas todo el tiempo. Hago para no hacer nada después.

–En algún momento pensaste que quizá eras malo, ¿ahora te gusta lo que hacés?
–Sería muy pedante decir “Me gusta lo que hago”. Pero no puedo hacer nada que no venga de algo genuino. No puedo mentir. Todos los trabajos que hago tienen que ver con una pulsión interna legítima. No pienso, por ejemplo, “Voy a aprovechar que estoy en la tele y me pongo un showroom de camisas”. Un trabajo tiene que ser sentido. Si es sentido, se muestra con mucho respeto, mucho cariño. Algunos resultados finales me gustan más que otros.

– ¿Sentís que siempre hiciste lo mejor que podías hacer?
–Claro. En ese momento hice lo que creía que era lo mejor que podía hacer. Pasa el tiempo y es otro mundo, otra elección. Entonces, no me puedo criticar tanto por eso. Si me mostrás cosas de 2003, sí, me voy a tapar la cara para no verlo, pero, en ese momento, hice lo que pensaba que había que hacer. Pocas veces fui a menos.

– ¿Te seguís proyectando a futuro? ¿O ya no?
–No espero nada más. Que la vida me sorprenda. Siempre estoy en la búsqueda, no es que estoy quieto en mi casa. Pero como fui ambicioso, también aprendí a recibir y a quedarme tranquilo. Hoy por hoy, no espero nada más, ¿para qué? Ahora disfruto. La vida se encarga de decirte cuándo te toca a vos, cuándo al otro, cuándo hay que esperar sentado, y cuándo hay que poner la cara y el pecho. El secreto es saber controlarse.?Claro que una cosa es decirlo y otra cosa es hacerlo.
Lo que viene
Por ahora, más allá de presentaciones en fiestas privadas, Mike no tiene fechas abiertas al público para mostrar Amántico.

En noviembre comenzará a grabar junto a Paola Krum la tira Quiero vivir a tu lado, producida por Pol-ka para el prime time de Canal 13 (estará al aire en enero). También en noviembre (los fines de semana del 8 al 23) se subirá nuevamente al escenario del teatro Colón con la ópera Perfect lives, de Robert Ashley, íntegramente en inglés.

En diciembre, también en el Colón, repondrá El gato con botas, una ópera para chicos que ya había hecho durante las vacaciones de invierno de este año. Ya en enero, comenzará con las funciones de la obra Red carpet, en Paseo La Plaza.

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