Actualidad


Todos a jugar


Por Belén Herrera.


Todos  a jugar
En un mundo cada vez más violento,  el profesor estadounidense Fred Donaldson  propone que todos juguemos para pacificar los ánimos y combatir el estrés.

A menudo, escuchamos que “jugar es cosa de chicos”. Sin embargo, están quienes aseguran que hacerlo no es solo inherente al mundo de los más pequeños y que todos deberíamos jugar. En esa línea está el californiano Fred Donaldson, consultor internacional en el tema del juego, quien estudió el comportamiento lúdico de más de doscientas cincuenta mil personas y treinta y ocho especies de animales, y allí vio patrones naturales que intervienen en el aprendizaje y la integración social. A raíz de eso, Fred Donaldson —que también fue profesor de la Universidad de Washington, de  la Universidad The California State y del California School of Professional Psychology, y dio charlas alrededor del mundo—, propone recuperar los espacios lúdicos como una manera para combatir el estrés y la agresividad.

A través de su método, Original Play, el especialista intenta que todos aprendamos a relacionarnos a través del juego. “Es algo natural de los niños. Ellos lo saben desde que nacen. Jugar es una manera de interactuar con todos los seres con un sentido de amor y seguridad. Es un proceso amigable en donde cada persona reconoce esa conexión natural que hay entre los seres humanos”, sostiene Donaldson.

Menos estrés y violencia, y mayor seguridad personal se destacan entre los beneficios. Fred afirma que jugar también sirve en situaciones extremas, como en las cárceles y en contextos de vulnerabilidad.

Para ponerlo en práctica
—En este mundo en el que los niños están tan estresados, ¿el juego es una suerte de antídoto contra eso?
—Es un antídoto para el estrés, la agresión y la victimización, para grandes y chicos.

 — ¿Cómo se aprende a jugar con los chicos?
—Lo primero que hay que hacer es tirarse al piso con ellos porque son pequeños. Cuando uno va a jugar con un niño, no tiene que ir a enseñarle algo, sino que tiene que estar lo suficientemente abierto como para decir “¿qué me pueden enseñar ellos a mí?” y abrirse a esa idea de que un chico puede darnos una lección. Una vez que nos predisponemos a eso y estamos en el piso, tenemos que aprender a movernos. Por ejemplo, hay que tener las manos abiertas y aceptar la manera en que ellos interactúan con uno. Estas cosas no son fáciles para nosotros.

—Fred, porque no estamos acostumbrados…
—No son valores y procesos que usemos en el mundo adulto. Es algo completamente distinto, tendríamos que pensarlo como cuando vamos a otro país: si vamos de acá a Rumania o a Alemania, sabemos que el lugar tiene costumbres e idioma distintos y nos preparamos para eso. En cambio, no estamos preparados cuando nos acercamos a los chicos, no lo hacemos como si entráramos a un país con reglas y costumbres diferentes.

— ¿Qué papel ocupa la tecnología?
—No hay lugar para la tecnología. No estoy diciendo que esta sea mala, pero hay una cosa que es clave para mí: cada vez que desarrollamos una nueva tecnología no desplegamos el contexto ético a través del cual podemos utilizarla de una manera humana. El teléfono celular es un ejemplo perfecto: cuántas personas hablan durante el almuerzo e ignoran a quienes tienen enfrente o cuántos van por la calle con el celular delante y no se dan cuenta de que están por toparse con alguien. Los adultos los usan como los niños al chupete.

— ¿Cómo se hace para despegar a los chicos de las pantallas?
—Hoy en día es bastante difícil para los padres porque las influencias que reciben los niños vienen de distintos lugares, no solo de la casa. Pero uno debe ser lo suficientemente creativo para que al chico le interese más estar con uno que con ese objeto tecnológico. Ser creativos toma tiempo y esfuerzo, y en general, no se los dedicamos. Ese es el problema.

—Cuando habla de juego, ¿a qué tipo de juegos se refiere?
—Si trajésemos acá a un grupo de cachorritos de perros y de gatos, ¿te imaginas lo que harían entre ellos? Eso es exactamente de lo que estoy hablando. Es un rango de comportamiento. A veces ese comportamiento es muy activo y otras, muy tranquilo, muy suave, muy amoroso. Y el niño necesita de ambos. En general, las mujeres están más acostumbradas a dar este tipo de contacto, de abrazo y de tranquilidad y los hombres a dar del otro tipo. La idea es que ambos puedan conectarse de las dos maneras con los niños.

— ¿Se pueden usar juguetes?
—Yo no los uso. No estoy en contra de los ellos, pero deben ser creativos y cuanto menos especializados sean, mejor.

— ¿Cómo sería esto?
—Por ejemplo, darles una pila de cajas de cartón y de frazadas y que ellos jueguen con la creatividad. En Navidad, a mis hijos yo les daba una caja que adentro tenía otra y otra, y otra. Cuando mi hija tenía cuatro años, fue al baño, agarró mi cepillo de dientes, lo envolvió y me lo regaló. Estaba tan orgullosa ella y para mí fue uno de los regalos más lindos que recibí, y fue por ese tipo de creatividad. Ella realmente estaba dando algo de sí misma. Hay que aprender a poner el cuerpo en primer plano.

— ¿Cómo se sostiene el espacio de juego a medida que van creciendo?
—Si uno crea un determinado tipo de patrón de interacción cuando los chicos son bien pequeños, la relación no tiene por qué cambiar, aunque las actividades cambien. Por ejemplo, cuando mis hijos eran chiquitos jugábamos como los cachorritos que mencionaba antes. Cuando crecieron, si salíamos a caminar a la noche íbamos de la mano. Si tomás esa misma idea de seguridad y amor y la vas adaptando según la edad del niño, la forma va a cambiar, pero la idea y la intención detrás de esa forma no se modifica.

— ¿Hay que amarlos más?
—Cuando los niños muy pequeños hacen algo que uno cree que es negativo y que está mal, no tiene que traducirlo en un comportamiento negativo hacia el chico. No hay que gritarles ni pegarles, solo amarlos. Y, a medida que van creciendo, hay que seguir con la misma práctica. Actualmente, la ciencia ha demostrado que el toque amoroso de una madre hacia el niño modifica su estructura genética. No estamos hablando solamente de cambiar el comportamiento de nuestros hijos, sino de crear conexiones neuronales en el cerebro que, con el tiempo, se hacen habituales. Y esto se puede hacer con un simple toque amoroso cada día. Si se hace costumbre desde que son chiquitos es mucho más fácil mantenerlo cuando crecen.

— ¿Jugar es bueno tanto para grandes como para chicos?
—En tanto que estés vivo podés jugar. La persona más chica con la que he jugado tenía 18 días y la mayor, 96 años. Hay que encontrar la forma en cada situación. Yo sugiero, entre adultos, no usar la palabra “jugar” porque todos tenemos idea sobre qué significa hacerlo. Cuando mis hijos crecieron, por ejemplo, yo no pensaba “voy a jugar con ellos”. Pensaba “voy a amarlos” y entonces, era muy fácil establecer nuevas prioridades. Cada experiencia que el ser humano tiene modifica el cerebro. Por ejemplo, si tenés un hijo adolescente, cada interacción positiva que tengas con él empieza a crear nuevos circuitos neuronales y cuanto más se haga eso, más se instalan esos nuevos circuitos y se hacen habituales. Eso es impresionante. 

—Si todos jugáramos, ¿se tomarían menos medicamentos contra la ansiedad?
—Sí, sin ninguna duda. Habría menos estrés en el trabajo. Cuando trabajo para las empresas, ellos no quieren jugar, dicen “eso es de los niños”. Entonces, yo les digo que estoy ahí para que ahorren dinero y ahí me prestan atención. Les explico a los gerentes que las personas compiten entre sí y emplean su tiempo y su energía en la defensa propia y si eso pasa, no pueden ser creativos. Y les pregunto si ellos quieren invertir su dinero en autodefensa o en creatividad. Cuando se dan cuenta de eso, están listos para jugar.
En el trabajo
Fred Donaldson ostiene que Original Play, su método, también se puede aplicar en los ambientes de trabajo. La clave es ver de qué manera uno puede ponerlo en práctica sin que la otra persona se sienta incómoda. “Hay que pensar cómo se puede tocar al otro de una manera que no sea peligrosa y así transmitir seguridad. Hay que usar la creatividad para ver de qué forma puedo promover ese tipo de contacto”.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte