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Una vida más sana


Por Carmen Ochoa.


Una vida más sana
Tener una buena vida, extensa y productiva es mucho más fácil y accesible de lo que se piensa. Para lograrlo, los expertos aconsejan modificar las rutinas cotidianas. Cómo poner primera.

“Declara el pasado, diagnostica el presente y prevé el futuro”, recomendó el médico griego Hipócrates, hace más de dos mil quinientos años. Hoy, no solo es considerado padre de la medicina occidental, sino también uno de los primeros en transmitir consejos de salud, con el fin de prevenir antes que curar.

Sin embargo, aunque sea por nuestro bien, no es fácil ser precavidos. “Cuesta vender los beneficios de la prevención. Pensemos unos instantes en lo siguiente: ¿Nos  imaginamos dentro de veinte, treinta o cuarenta años? Todos queremos vivir vidas longevas; no obstante, optamos por disfrutar del presente y pagar nuestros excesos más adelante”, afirma el prestigioso oncólogo norteamericano David B. Agus, quien cuenta entre sus pacientes célebres, con Steve Jobs, Lance Armstrong y Ted Kennedy, entre otros.

En su libro Hábitos prodigiosos para vivir más y mejor, Agus, especialista en oncología, aporta recomendaciones básicas y esenciales para lograr una vida más larga, sana y productiva. ¿Cuál sería el primer paso? Ante todo, corregir nuestras acciones cotidianas. ¿Por qué? Porque modificar simples actos podría ayudarnos a evitar –o, al menos, retrasar– la llegada de ciertas enfermedades. “La salud es un fluir constante. Debemos adaptarnos a los cambios a medida que envejecemos. En la jerga científica, decimos que los humanos son ‘sistemas emergentes’: cambian, se desarrollan y evolucionan sin cesar. El cuerpo es una máquina autorregulada asombrosa. No hay que esforzarse demasiado para mantener un bienestar óptimo”, opina Agus. 
Cambia, todo cambia
Dejar de fumar, practicar deportes, comenzar una dieta… Son los típicos hábitos que se vienen a la mente cuando se piensa en una vida más sana. Agus, por su parte, suma renovados objetivos, incluyendo, por ejemplo, cultivar una huerta en casa, confeccionar una lista de tareas pendientes para ser responsables con nuestras metas, ser valientes para pedir ayuda frente a nuestras limitaciones o evitar el insomnio, ya que una mala noche puede dar lugar a un mal día.
 
Sobre este tema, María Laura Gini, licenciada en Psicopedagogía y coach ontológico, deportivo y empresarial, considera: “Los seres humanos somos animales de costumbres, y los hábitos son costumbres que se pegan a nuestra identidad. Son difíciles de identificar y, por ende, mucho más difíciles de cambiar... ¡pero no imposibles! Modificar hábitos requiere mucho de compromiso”.

Tímidos, ordenados, desordenados, despistados, glotones, acelerados o lentos. Gini sostiene que, muchas veces, creemos que somos de una manera, pero, en realidad, solo confundimos nuestra forma de afrontar las situaciones diarias con nuestra personalidad. Así lo explica: “Los hábitos son solo el modo en que expresamos nuestra identidad, no la personalidad en sí misma. Por eso, podemos cambiar muchas de las cosas que hacemos, y, aun así, seguir conservando nuestra forma de ser. La adaptación al cambio seguramente no será de un día para el otro: requiere tiempo, paciencia y constancia. Sumado a la responsabilidad de cada persona, el resultado será siempre positivo”.

En la misma línea que el doctor Agus, Mariana Alvez Guerra, licenciada especializada en psicología positiva, cree que, si bien los grandes objetivos son motivadores, es mejor plantearse pequeños cambios de hábitos. Trazar minimetas es ideal para no abrumarse ni paralizarse. “Todos los días debemos hacer una pequeña acción con el fin de acercarnos a nuestro propósito. Estas acciones nos mantendrán motivados y entusiasmados. La ansiedad puede jugarle una mala pasada a nuestro cerebro, y autoboicotearnos. La mente es capaz de tener creencias muy negativas con respecto a nosotros mismos y a nuestras habilidades, nos puede torturar con recuerdos de fracasos anteriores, y hasta susurrarnos que no lo vamos a lograr. Es que el cerebro posee huellas de nuestros hábitos y comportamientos: reescribirlos conlleva tiempo”. 
Cambio de actitud
Desde que somos bebés, nuestros padres son los encargados de establecer rutinas, con el fin de reducir tensiones, angustias y ansiedades. Los hábitos cotidianos forman parte de la vida en sociedad, nos ayudan a organizarnos diariamente y reflejan lo que somos. Para Gini, es muy importante contar con cierto cronograma en nuestro devenir diario, pero igual de relevante es poder escaparse, de vez en cuando, de esas rutinas. “Hacer todos los días lo mismo produce el efecto contrario: en vez de reducir el estrés, lo genera”, sostiene.

Sobre este punto, Alvez Guerra estima que se pueden adoptar buenos hábitos, de manera cotidiana y constante, sin que sean rutinarios. “Para que no se convierta en algo aburrido, se puede hacer lo habitual de una manera diferente: tomar un nuevo camino, cocinar otra comida o hablar con alguien distinto”, aporta la especialista.

Cantar mantras en la oficina, animarse a concretar las pasiones, sonreír o ser optimistas son algunos de los consejos que desliza Agus en su libro. “El optimismo permite tener una visión más clara de las cosas; por ende, es más probable que nos ayude a vivir mejor, o que, por lo menos, nos brinde herramientas para hallar soluciones a los problemas o estemos más preparados para enfrentarlos. Tener una actitud esperanzada significa orientar nuestra energía a dar con ventajas y oportunidades. Implica emprender acciones con la dedicación, la persistencia y el entusiasmo necesarios para que los hechos positivos sucedan”, agrega Gini.

El humor también puede ser un excelente aliado para vivir más tranquila y placenteramente. “La risa es una de las responsables de bajar los niveles de cortisol, hormona vinculada con el estrés fisiológico producido por enfermedades o cirugías. El optimismo nos conduce a una vida más despreocupada, nos hace confiar en nosotros y en nuestras capacidades, nos permite lidiar contra las adversidades con perseverancia, y nos ayuda a comprender que de lo malo siempre se obtiene un aprendizaje. El optimismo es fundamental para asegurarnos que el futuro sea como lo planeamos —expone Alves Guerra. Y profundiza—: Apreciemos el presente, disfrutemos el momento. No le demos a las situaciones más importancia de la que tienen. Sintamos placer por lo que emprendemos”.

El primer paso radica en utilizar lo que ya poseemos para sacar provecho de nuestras propias fortalezas. Revisar lo que nos sucede interiormente, y descubrir qué es lo que podemos mejorar, sin quedarnos en la crítica y en la queja constante. “Es lo que yo llamo ser protagonista de nuestra propia vida”, concluye Gini.
Hábitos prodigiosos
Recomendaciones para comenzar a poner en práctica:

• Cultivar una huerta en casa, amasar la tierra, tener contacto con lasplantas y tener macetas con hierbas.
• Comer alimentos en el estado más natural posible.
• Convivir: Cuando se comparte el techo con otra persona, se es más cuidadoso con la salud y la higiene.
• Adoptar una buena postura al andar y estar de pie es fundamental para evitar dolores. Incluso, favorece el estado emocional y ayuda a sentirse mejor con uno mismo.
• Tener una mascota: atender sus necesidades colabora en el hecho de ser constante con una tarea. 
• Evitar la falta de tiempo libre: No alcanza solo con las vacaciones, el cuerpo se bloquea si se esfuerza continuamente por ser productivo. Son necesarios los ratos de ocio e inactividad. 
• Tecnología: No tener el teléfono cerca todo el tiempo es clave para descansar por completo.

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