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Tu ejemplo inspira, ¡súmate!


Por María Alvarado.


Tu ejemplo inspira, ¡súmate!
Hace unos meses, Nueva convocó a quienes, desde el anonimato, aportan su grano de arena para mejorar la vida de los demás. Queremos contar esas historias para que alienten a otros a trabajar y a colaborar. Nuestra inspiración viene de la campaña Hacer Contagia, del Consejo Publicitario Argentino. Ellos creen que las buenas acciones se “contagian”, y nosotros también. La 1.ª de la serie es Corriente cálida.

Cristina Sánchez (52) es counselor y dicta talleres de desarrollo personal. Quizás, por eso sea tan empática y tan sensible a las necesidades del otro. Sin dudas, esto fue lo que la decidió a entregarse por completo a cambiar la realidad de las poblaciones más vulnerables y a llenar camiones, año tras año, con toneladas de donaciones para los pueblos originarios del norte. Su historia de entrega comenzó hace casi una década, cuando un alumno de su taller viajó al norte a llevar donaciones y ella decidió unirse al viaje para colaborar. 

“Quedé muy conmovida con la situación de los aborígenes. Me encontré con personas en riesgo y con necesidades urgentes. Con comunidades que están a cien kilómetros de un hospital, con enfermedades y gente que no tenía qué comer. Si bien nací en una familia que me enseñó a estar en contacto con las carencias y necesidades del otro, nunca había visto una pobreza tan extrema. Volví de allí muy angustiada, transmití todo a mis amigos y convoqué a una cruzada solidaria. Fue lindísimo ver la cantidad de gente dispuesta a colaborar y por eso decidimos llamar Corriente Cálida Humanística a nuestra organización. Comenzamos llevando donaciones a Salta y luego nos expandimos al Impenetrable Chaqueño, a un lugar llamado Tres Pozos.  Allí la gente vivía en chozas, los chicos iban a la escuela descalzos y lo hacían para poder comer, porque no tenían comida. El cacique de este lugar me contó que había mucha gente que prometía cosas y después no cumplía. Así fue que me comprometí con toda una comunidad, algo mucho más ambicioso de lo que alguna vez había imaginado. En el primer viaje, descubrimos que muchos de ellos querían trabajar, pero no tenían herramientas. Así que la segunda cruzada tuvo como objetivo llevar todo lo necesario para que pudieran labrar la tierra, hacer carpintería y arreglar sus casas. Hoy, después de ocho cruzadas, el balance es más que positivo. A pesar de que siguen teniendo muchas necesidades, ya no se mueren de hambre. Nunca imaginé que iba a haber tanta gente que confiara en nosotros y que tantos voluntarios iban a ayudarnos. Gracias a todo este trabajo, hoy atesoramos historias conmovedoras, sobre todo con los más chiquitos de las comunidades: la primera vez que les llevamos alfajores no sabían lo que eran, ni que había que abrir el envoltorio. No conocían los chupetines, tampoco. Ahora cuando llegamos, salen corriendo del monte desesperados por las golosinas. Del mismo modo, sus padres agradecen los alimentos, la ropa, las herramientas y los remedios.

 Además, a pedido del Cacique de Tres Pozos, construimos un Centro de Integración Comunitario, para que los líderes de las distintas poblaciones se reúnan a debatir y eviten conflictos. Me pareció ejemplar que solicitaran eso. Ellos piden lo que realmente necesitan, nunca de más. Hace poco llevamos ropa y agua a un paraje con veinte familias Wichis y nos dijeron: ‘Gracias, pero con agua era suficiente’. A veces uno piensa que puede hacer poco por los demás, pero apenas te ponés en marcha todo cambia. Se trata de dar el primer paso y las cosas se van dando. La fundación es parte de mí. Me levanto y me acuesto pensando en ella. No es un trabajo, es una manera de vivir. Y no sé vivir de otro modo”.

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