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Vivir en Dinamarca


Por Agustina Tanoira.


Vivir en Dinamarca
Calidad educativa, seguridad laboral y compromiso cívico. Cómo es residir en uno de los países más igualitarios y equitativos del mundo.

Es un pequeño reino y, a la vez, una de las sociedades más democráticas y civilizadas del Planeta. Año tras año, Dinamarca deslumbra por su altísimo nivel de educación, de seguridad laboral, de libertad política, de estabilidad económica, de equidad y de justicia social, entre otras cosas. Razón por la cual, desde hace unos años, lidera la lista de los países “más felices del mundo”, según el World Happiness Report, de la red de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas; y su calidad de vida es celebrada tanto por sus ciudadanos como por los extranjeros que viven allí.

El principio básico de su sistema de bienestar –más conocido como modelo de bienestar escandinavo– es que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos a la seguridad social. ¿Qué significa esto? Por un lado, que el Estado cubre todos los gastos de salud, educación y seguro de desempleo; y por el otro, que hay un altísimo nivel de tributación. Uno de los más altos del mundo: ¡entre el 47,5 % y hasta el 50 %! La buena noticia es que el sistema funciona y eso hace que los dinamarqueses tengan una gran confianza en su gobierno. “Desde el primer momento me llamó mucho la atención lo bien que funciona la ciudad, la eficiencia de la administración pública con relación a España, de donde soy —recuerda Teresa Rubio, 32 años y casada, que desde hace siete años vive en la capital danesa gracias a una oportunidad laboral— Y, como no, gracias a un vikingo que me enamoró perdidamente”.

Lucas Miguens (28), argentino y arquitecto, que lleva dos años viviendo en Copenhage, cuenta: “Es una sociedad homogénea, muy respetuosa con el otro y con una importante cultura de trabajo. El Estado está presente y cada corona que se paga en impuestos se ve reflejada en la ciudad, en los espacios públicos y en programas de todo tipo”. 

La igualdad que existe entre las personas también es lo que más impactó al viajero colombiano David Millán Pinzón, de 24 años, que relata sus andanzas en el blog Vivir Viajar Amar. Él la atribuye a un sistema tributario que funciona, una cultura honesta y un gran sentido de comunidad. Este modelo de bienestar implica que es posible vivir de lo que a uno le gusta: el arte, la docencia, el deporte, las finanzas o siendo empleado. “Conocí hijos de jardineros, conductores de bus y barrenderos, orgullosos del trabajo de sus padres, que estudiaban en la misma universidad que yo, viajaban dos o tres veces al año y tenían aspiraciones de vivir de lo que les gustaba”. Millán Pinzón, que residió en Copenhague casi dos años gracias a una beca de estudio, destaca las amplias oportunidades laborales y el nivel de educación de la gente. “Leen mucho y saben varios idiomas”, dice.

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Educación: la gran apuesta
Becado por el gobierno danés, Millán Pinzón hizó una maestría en la Universidad de Roskilde, a 40 minutos de Copenhague. Además de cubrir sus gastos de estudio, la beca incluyó los costos para vivir durante todo ese periodo.

Dinamarca es el tercer país a nivel mundial que más invierte en educación. Allí, las universidades –gratuitas para los ciudadanos de la Unión Europea– son reconocidas internacionalmente, no solo por la calidad de la enseñanza e investigación, sino también por sus instalaciones superequipadas, las zonas de relax, las salas de informática con cientos de fotocopias gratuitas por semestre para cada estudiante y las clases gratis de danés. Tener un buen nivel educativo y ser competitivo es un requisito importante para encontrar trabajo, lo que explica por qué el 80 % de los adultos de 25 a 64 años terminaron la educación superior, según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD). 

Con relación a la tasa de empleo, los índices también están por encima del promedio: más del 73 % de las personas de 15 a 64 años de edad tienen una labor remunerada. “Trabajo 37 horas por semana –cuenta Miguens–. Acá te corresponden cinco semanas de vacaciones al año y las horas extra que trabajás se computan como tiempo libre. El concepto es que menos horas de trabajo dan horas de mejor calidad, el trabajo es muy intenso y concentrado, en general las oficinas te dan almuerzo y comés en media hora como máximo. En cuanto a la licencia por maternidad/paternidad, tenés un año para repartir con tu pareja, lo que hace bajar la especulación por género a la hora de contratar”. 

También con relación a la igualdad de género, Dinamarca lidera el ranking elaborado por US News, en colaboración con la consultora BAV y el Wharton College de la Universidad de Pensilvania. Sobre la base de una consulta a 7000 mujeres, se desprende que para ellas, el país escandinavo es el mejor del mundo para vivir. 

Rubio, quien trabaja en una agencia de publicidad como ejecutiva de cuentas, narra sus experiencias en el país del norte, en su blog www.mamiendinamarca.com. Una de las cosas que más celebra de residir allí es el poder compaginar su vida laboral y la familiar. “No tengo que trabajar hasta tarde –cuenta–. Puedo salir a la hora que necesite para recoger a mi hija en la guardería sin sentirme culpable o con miedo al qué dirán, de mis compañeros. Eso es algo que la sociedad danesa tiene muy claro: Familia y trabajo son compatibles —sostiene mientras destaca las increíbles condiciones laborales—. Lo que más me cuesta es acostumbrarme a que a los daneses les gusta planificar las cosas y no hay espacio para la improvisación”. 

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Pasar el invierno
Como todo, Dinamarca tiene su lado oscuro: el invierno. Las larguísimas temporadas invernales con temperaturas que rondan entre cero y un grado bajo cero, no son un dato menor. “El invierno es muy duro –cuenta Miguens–. Pero el frío no es lo que más me afecta sino la falta de luz”. El colombiano David Millán coincide: “Llegué en invierno cuando las horas de ‘luz’ se limitaban a tres o cuatro por día, y apenas se podían sentir los rayos del sol. Tuve que tomar vitaminas porque, según el doctor, mi cuerpo no estaba acostumbrado a esas condiciones. Eso explica por qué el sentimiento de depresión o soledad puede ser normal…”. Y, claro, cuando llega el verano, con sus noches blancas y temperaturas que promedian los 15,7 oC en el “cálido” mes de agosto, la historia es otra: las calles se llenan de gente, festivales y eventos. “Anochece a las 11 de la noche y amanece a las 3 de la mañana. Se siente más energía de lo normal”, describe David. 

Los daneses están más que satisfechos con su vida. Y los extranjeros también. “Adaptarse cuesta como a cualquiera que sale de su país. El contraste de cultura y de mentalidad es grande, sobre todo para los que somos latinos”, agrega Rubio.

“Dinamarca es un país que nos lleva años luz y de la cual tenemos mucho para aprender”, concluye David. Un estilo de vida que antepone los placeres sencillos es el gran secreto de la alta calidad de vida. “No se trata de grandes lujos, sino de cosas simples y buenas: ir en bicicleta a todos lados, buenos espacios públicos, muchos festivales y excelentes condiciones de trabajo”, finaliza Miguens. 

Los testimonios lo confirman: la tierra de Hans Christian Andersen no es puro cuento.

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