Vínculos


Los líderes del mañana


Por José Medrano.


Los líderes del mañana
Los niños son el futuro, por eso los más renombrados especialistas se preparan para el protagonismo de la “Generación Z”. Maritchu Seitún aconseja cómo acompañar a los chicos en cada una de las etapas.

En tiempos en que chicos y jóvenes protagonizan escándalos que llenan noticieros con delitos, fiestas electrónicas, desapariciones, violencia y bullying, del otro lado de la pantalla hay padres que miran a sus bebés y tiemblan. Ellos sueñan con que sus hijos vuelen alto y se conviertan en “reyes” de la Argentina. Para ellos, y también para quienes ni se lo plantearon, los consejos de una de las mejores especialistas, la psicóloga Maritchu Seitún, valen oro.

Encontrar el equilibrio entre ser permisivo y ser autoritario; saber detectar los momentos en que un niño necesita atención; estar alerta ante la mentira; y el miedo a que sea víctima de sus compañeritos son parte de las muchas preguntas que Maritchu responde a diario y que desarrolló en varios libros.

– ¿Cómo pueden hacer los padres para acompañar a sus hijos a desarrollar su autoestima y no minarla en el intento?
–Conservando la mirada enamorada de cuando eran bebés (para eso es indispensable poner límites), teniendo expectativas realistas para con ellos y ampliando la idea de lo que es adecuado, correcto, esperable para cada edad. Es bueno saber disfrutar y dejar que se cumpla cada etapa sin apurarse a alcanzar la siguiente. La autoestima se ayuda a desarrollar cuando les enseñamos a separar su ser (lo que siempre vale) de su hacer (lo que a veces tenemos que delimitar), y especialmente, cuando los acompañamos hasta que, de a poco, la imagen de sí mismos dependa de ellos y no tanto de nuestra mirada y aprobación. 

– ¿Qué errores no habría que cometer con esta generación que sí se hayan cometido con otras?
–Hay que aprender a tomar lo mejor de dos modelos anteriores: el autoritario y el permisivo. Los padres autoritarios eran firmes, pero no los comprendían. La firmeza es buena y necesaria, y cuando la acompañamos de comprensión y empatía ya no es autoritaria, arbitraria o injusta. Por su parte, los padres permisivos comprendían tanto que no podían poner límites y a sus hijos les faltaba fortaleza interna. La comprensión es indispensable para que los chicos aprendan a escuchar y entender y para poner límites sin dañar su autoestima.

– ¿Con qué actitudes hay que formarlos y de qué modo incentivarlos para que sepan superar frustraciones de modo exitoso? 
–Tenemos que fortalecerlos en su capacidad de espera, de esfuerzo, de tolerancia a la frustración, en el enfrentamiento del dolor. Solo por ese camino van a hacerse fuertes para enfrentar los inevitables contratiempos de la vida. No podemos resolverles todo: tienen que equivocarse, cometer errores y pagar las consecuencias, y eso solo se aprende en la práctica cotidiana. No hablo de hacerlos sufrir a propósito, sino de no desperdiciar las oportunidades que nos da la vida (se olvidó el protector bucal y no puede jugar, el amigo no quiso venir y ya tenía todo preparado, se murió el canario, etc.).  

– ¿Cómo lograr que en un mundo tan inseguro, nuestros chicos sean seguros y confiados?  
–Esa seguridad empieza en el vínculo seguro con sus padres y sigue creciendo a medida que los acompañamos en sus dolores y frustraciones a lo largo de la infancia y la adolescencia. Los sostenemos cuando están tristes, los animamos y acompañamos cuando vemos que están por rendirse. También cuando vamos confiando en ellos y dejando que hagan sus propias experiencias, incluso que se equivoquen, y cuando no les pedimos más de lo que pueden ¡pero tampoco menos!

– ¿Cuán nociva o beneficiosa considerás la inclusión de las pantallas –celulares, tablets, computadoras, televisión– en el crecimiento de los chicos?
–Las pantallas son necesarias y útiles en sus vidas, pero es responsabilidad de los padres que las usen bien y que no pierdan otras habilidades por interesarse únicamente en estas. Para muchos chicos son muy adictivas, y nosotros tenemos que regular el tiempo de uso y también lo que hacen con estas. Aunque parezca obvio: no todo a lo que logran acceder es adecuado para ellos. Y recordemos que el buen aprendizaje se da en un vínculo con otra persona de carne y hueso. Los chicos procesan lo que les ocurre jugando, conversando. En cambio, por la pantalla entran en su cabeza muchos temas, pero no hay descarga posible, lo que resulta en una gran ansiedad, pueden quedar “intoxicados” con todo esto que entra. Por eso yo insisto con que ¡jugar sigue siendo indispensable!

– ¿Qué virtudes y aptitudes  se deben tener en cuenta a la hora de pensar en nuestros niños como los próximos líderes? 
–Me cuesta mucho responder eso, pero creo que lo fundamental es la capacidad para procesar las emociones (miedo, enojo, tristeza) de modo que estas no los dirijan y puedan hacer un buen uso de ellas, primero para sí mismos, y luego en relación con los demás. Inteligencia emocional.

– ¿Es bueno que los chicos sean conscientes del mundo del dinero?
–Me parece que cuando son chiquitos tienen que quedar al margen, pero tenemos que ir enseñándoles a manejarlo porque es una de las habilidades que van a necesitar. Es bueno ir dándoles semanalidad para que aprendan a gastar y ahorrar, y nunca usar el dinero para hacerlos sentir culpables (“¡Con lo que me cuesta tu colegio!”). Aunque lo más importante siempre es el aspecto humano; es clave hacerles saber que vivimos en un mundo que opera con bienes materiales. Enseñemos a los chicos a tener pensamiento crítico en cuanto a esto y a no dejarse encandilar por la sociedad de consumo que solo busca acumular cosas. 

“La firmeza es buena y necesaria, y cuando la acompañamos de comprensión y empatía ya no es autoritaria, arbitraria o injusta”. Maritchu Seitún
Bulliyng: ese monstruo tan temido
El hostigamiento entre niños existió siempre, pero con el agravamiento de los casos, pasó a ser algo que los padres miran con terror y que a veces sobredimensionan. De todas maneras, el problema existe y hay casos extremos tanto para la víctima como para el victimario: la intervención a tiempo es vital. Y muchos padres no saben cómo proceder.

– ¿Cómo deben afrontar los padres el hecho de que su hijo sea víctima de bullying en la escuela? 
–No sobreinvolucrarse ni angustiarse tanto. Tenemos que poder sostener la angustia y el dolor del chico sin agregarle la nuestra. Lo importante es fortalecerlos para que, eventualmente, puedan defenderse. También tolerar que pasen tiempo solos, es muy sabia la frase repetida hasta el cansancio que dice “Más vale solo que mal acompañado”. 

– ¿De qué modo el no hacer nada puede afectar a un chico en su vida adulta?
–El bullying puede dejar cicatrices serias: ya sea afectar su autoestima, hacer que se acorace o se aisle por muchos años. Un chico necesita saber que cuenta con adultos que lo acompañan en lo que le pasa, que va a ser escuchado, que le van a creer y que lo van a ayudar.

– ¿Es este el mayor atentado a la autoestima que puede sufrir un chico? 
–A veces es la propia autoestima baja la que favorece el bullying, porque el chico no se sabe valioso y no se da cuenta de que podría tanto no hacer caso, como responder verbalmente, con el cuerpo o pedir ayuda desde la primera vez que ocurre.

– ¿Qué rol debe cumplir un padre cuando el hijo es el victimario?
–Lo primero es ¡darse cuenta! Muchas veces esto no pasa y es grave. Luego, escuchar lo que dicen los docentes y otros padres. En casos de bullying hay que ocuparse, más cuando el propio hijo es el victimario, ya que no hay tal sin seguidores y testigos: no hay un solo chico malo, sino grupitos. Los padres de todos los chicos tienen que enseñar ética de las relaciones sociales antes de que estos hechos ocurran, y esto también vale para las redes sociales: el cyberbullying es muy dañino, los chicos no registran los efectos de lo que hacen porque no le ven la cara al otro, pero los peligros a futuro son graves. Debemos vivir con los ojos abiertos.
Líderes del mañana
El mundo digital hace tiempo que dejó de ser “el futuro” para convertirse en un vertiginoso presente que se debe afrontar, sobre todo dentro del mundo laboral. La famosa Generación Y decidió no “casarse” más con ninguna empresa y obligó a los empleadores a tentarlos para que continúen trabajando con ellos. Para la próxima, la Generación Z, la de los chicos que hoy son adolescentes, la inmediatez será la única lógica: deberán conseguir lo que se quiere en el momento en que se quiere. Según los especialistas, en poco tiempo, los jóvenes que lideren grupos de trabajo deberán poder crear valor sobre la base de sus propias experiencias: haber viajado por el mundo, haber sido solidario o entrepreneur. 

Atención, la próxima generación deberá tener empatía, dirigir personas y poder liderarlas gracias a capacidades y cualidades que están formando ahora, mientras son niños y adolescentes.

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