Investigación


Universo adolescente


Por Mariano Petrucci.


Universo adolescente
¿Cuántas horas por día se conectan a Internet? ¿Leen en papel? ¿Miran televisión? ¿Van al cine? Los difusos límites entre la vida on-line y off-line.

El mundo de Azul, 17 años, se define dentro de las cuatro paredes de su habitación. Si quisiera, allí podría pasar el día entero charlando con su grupo de amigas por WhatsApp, chequeando las tendencias de moda en Instagram, haciendo los deberes en la notebook, siguiendo su serie favorita en la tablet, disfrutando música en el iPod, y entreteniéndose con su consola de última generación.

La conectividad cambió el universo de los niños, pero, sobre todo, el de los adolescentes. Sus realidades están atravesadas por una sola palabra: “pantalla”. El fenómeno tiene su sustento estadístico si revisamos una de las sentencias más impactantes de la Encuesta Nacional de Consumos y Prácticas Culturales Adolescentes: 7 de cada 10 adolescentes están la mayor parte del tiempo on-line, cuando, en 2006, esa misma proporción se conectaba no más de treinta minutos diarios. 

“El estudio alcanzó a jóvenes de entre 14 y 18 años, y la conclusión más interesante es que todos sus consumos culturales se dan a través de las pantallas. Se naturalizaron en sus vidas, convirtiéndose en algo que les pertenece, que habla de ellos y a ellos, y que les permite entender quiénes son, y cómo es –y cómo funciona– la sociedad. Los padres admiten que las pantallas son la mayor influencia en la formación de los niños. El orden sería televisión, Internet, y, muy lejos, la escuela y los padres”, comenta Roxana Morduchowicz, doctora en Comunicación de la Universidad de París y especialista en cultura juvenil, a cargo del informe organizado por la Asociación de Diarios del Interior de la República Argentina (Adira).

“Las pantallas se naturalizaron en la vida de los adolescentes, convirtiéndose en algo que les pertenece, que habla de ellos y a ellos”. Roxana Morduchowicz

El cuarto de un adolescente tiene, al menos, cuatro pantallas, entre celular, televisión, netbook, computadora de escritorio, mp3/mp4/iPod, y PlayStation/Wii. Este boom visual es lógico si reparamos en que el 80% de los empleos requieren dominio tecnológico, y el 10% de las aulas cuentan con Internet para uso pedagógico. “Los adolescentes se están moviendo entre dos esferas: la virtual y la real. Entran y salen de ellas permanentemente, sin necesidad de distinguir sus fronteras de manera explícita. Muchas veces, los límites entre el off-line y el on-line no están claramente definidos”, sostiene Morduchowicz.

Por su parte, Miguel Espeche, psicólogo y psicoterapeuta, alerta sobre la hiperconectividad: “Debe regularse como el tránsito. Es decir, enseñando reglas, indicando los riesgos, estableciendo horarios de ‘estacionamiento’… Con conciencia, los aportes de la conectividad son superpositivos. Lo que no pueden es estar librados a su suerte: si los adultos responsables no cuidan a sus hijos, y dejan que estos sean educados por extraños en la pantalla, la conectividad puede terminar siendo perniciosa”. 

10% pasa de cuatro a seis horas frente a la TV. En 2006, el porcentaje ascendía al 70%.
Qué leen
Según Morduchowicz, estamos en la era de la pantalla global. “Nos rodean en todo lugar y en todo momento: en las tiendas, en los aeropuertos, en los restaurantes, en los bares, en el subte…”, enumera la autora del libro Los chicos y la pantalla. Y?prosigue:?“Entonces, no debemos sorprendernos si en los hogares hay más dispositivos tecnológicos que libros, diarios y revistas juntos”.

Esto no implica que los jóvenes no lean, sino que lo hacen de una manera diferente. El 75% de los adolescentes lee en el celular, el 60% en la computadora, el 15% en la netbook de la escuela y el 10% en la tablet... Solo el 2% lo hace en papel. 

La psicopedagoga Lyliam Kunzi asocia esta preferencia de soporte a la inmediatez: “La mayoría de ellos quieren tener todo ya. Un libro les exige paciencia y concentración; en cambio, la información de las pantallas está sintetizada”.

¿Qué leen? El ranking lo lideran las redes sociales, y lo completan los sitios web, libros y diarios on-line. La comprensión de ello es otro cantar. Según la prueba PISA, el 53,6% de los alumnos argentinos de 15 años no pudo reconocer la idea principal de un texto ni hacer “referencias sencillas”. A propósito, Morduchowicz subraya: “El libro es clave porque nos introduce a la ‘primera’ alfabetización, aquella que posibilita el acceso no solo a la cultura escrita, sino a las múltiples escrituras que conforman el mundo de la informática y lo audiovisual. El desafío es constituir a un ciudadano que no solo sepa leer libros, sino también noticieros de televisión, periódicos e hipertextos informáticos”. 

25% va de cuatro a cinco veces por año al cine. En Francia, un adolescente asiste doce veces por año.
Qué miran 
Hace una década, 7 de cada 10 adolescentes miraban televisión de cuatro a seis horas diarias. En la actualidad, solo 1 de cada 10 lo hace en ese lapso. “La televisión tuvo y tiene que reubicarse en un contexto donde abundan ofertas más abarcativas. Ya no goza de ese monopolio con el que acaparaba toda la atención de los chicos”, grafica Espeche, que es coordinador general del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano.

Según los expertos, ya no se trata de envíos televisivos, sino de contenidos. “El 60% mira los programas en la computadora o en el celular. En Estados Unidos y Europa, los teléfonos se transformaron en una pantalla única: allí leemos, navegamos por Internet, miramos películas, escuchamos música... Nuestro país camina hacia esa dirección: un solo medio unificará todo”, adelanta Morduchowicz.

En Francia, por ejemplo, un adolescente asiste a una sala de cine, en promedio, doce veces por año. Por estos pagos, y en el mismo período, el 40% de los entrevistados por Adira manifestó haber ido de dos a tres veces, el 25% de cuatro a cinco veces, y el 20% solo una vez. “El cine no es un tema menor: participa activamente en la construcción del saber. Es primordial que los chicos puedan ver cine en el cine, no solo para adentrarse en la obra de un realizador, sino para no limitar su capital cultural”, remarca Morduchowicz.

“Con conciencia, los aportes de la conectividad son superpositivos. Pero no pueden estar librados a su suerte: si los adultos responsables no cuidan a sus hijos, la conectividad puede terminar siendo perniciosa”. Miguel Espeche
Cuánto y dónde navegan
El 40% de los adolescentes está conectado hasta que se va a dormir, el 30% deja prendido su dispositivo las veinticuatro horas del día, el 20% solo está on-line tres horas y el 10% apenas una hora. ¿En qué soporte navegan? Sin repetir y sin soplar: celular, computadora, netbook de la escuela y tablet. 

“Internet les dio a los jóvenes la oportunidad de probarse a la luz de los otros, para crear un sentido de pertenencia. Entre los adolescentes, ser aceptado o repudiado es esencial en el proceso de moldear la identidad”, esgrime Morduchowicz.
 
Por su lado, Kunzi, miembro de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar, advierte: “El avance de la tecnología es beneficioso, siempre y cuando reflexionemos qué es lo que se hace con ella. Existen peligros que atender: que la comunicación y las relaciones se tornen superficiales, o confundirse entre lo que es público y lo que es privado”. 

La utilización de la Web es total. ¿Qué hacen en la “red de redes”? El 90% consulta sus redes sociales (Facebook, Instagram y Snapchat a la cabeza), el 75% escucha y descarga música, el 55% busca información, y el 30% mira series. ¿Estos porcentajes demuestran que los chicos están más aislados y encerrados en sí mismos que nunca? Morduchowicz descree de ello: “El supuesto efecto de soledad no es tal. Los medios y las tecnologías provocaron formas inéditas de vincularse. Los adolescentes del siglo XXI son la primera generación que dispone de tanta variedad de instrumentos solo para comunicarse”.

En esa línea, es auspicioso lo que contestaron los encuestados acerca de su esparcimiento. Para ellos, un “día divertido” es “salir con amigos”, “hacer deportes”, “escuchar música” y “pasarlo en familia”. Por el contrario, un “día aburrido” es “mirar televisión”, “usar el celular” y “navegar en Internet”. ¿No es contradictorio que consideren tedioso ese lazo –casi dependiente– con la tecnología? Morduchowicz opina: “No, no lo es. La vida social, el encuentro cara a cara, sigue siendo lo más importante. En algunas ocasiones, son los padres los que prefieren que no salgan a la calle por seguridad. Así, las pantallas pasan a ser su primera opción de recreo y ocio”. Y concluye: “Los chicos de este milenio se trasladan del mundo real al espacio virtual con absoluta naturalidad. Abren y cierran las ventanas de la pantalla como si abrieran y cerraran las ventanas de su propia casa”.

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