Entrevista


Un soñador sustentable


Por Aníbal Vattuone.


Un soñador sustentable
Lucas Campodónico es un emprendedor exitoso que se focaliza en el cuidado del medio ambiente. Aquí  comparte sus nuevas ideas y su secreto: “No negocio el camino de ser uno mismo”.

Lucas Campodónico habla con pasión, con claridad conceptual. Este muchacho de 37 años sueña abiertamente con un mundo distinto. ¿Cómo? A través de la sustentabilidad, el balance ideal entre el cuidado del medio ambiente, la felicidad y la vertiente laboral. Y no pueden faltar sus palabras favoritas: “equilibrio”, “amor” y “autenticidad”.

Es ampuloso, Lucas. No se cansa de gesticular… y de recordar, que es volver a pasar por el corazón. Repasa su primer emprendimiento, Greca, en el que se hacen objetos de diseño a partir de desechos de botones; la publicación Ecomanía; la consultora Green Bondi, y La Bioguía, la comunidad digital de sustentabilidad más grande de Latinoamérica. Pero el punto y aparte lo hace acordándose de su infancia. “Mi madre festejaba los cumpleaños con mucha creatividad y poco consumo. Era una mujer que venía de una educación muy humana, la pedagogía Waldorf. En las fiestitas de mis amigos había animadores, globos, bolsitas con regalitos. Mi mamá hacía ‘el juego de la papa’, cocinaba, y las bolsitas las hacía con una sábana vieja... Pasar los veranos en La Cumbrecita, de diciembre a marzo, también ayudó a ser consciente de lo que pasa a nuestro alrededor”, evoca.

–Una vez dijiste: “Si los consumidores se suben a la sustentabilidad, las empresas también”. ¿Cómo atraerlos?
–Así como la demanda trabaja sobre la oferta, la oferta trabaja sobre la demanda. Entre dos grandes empresas, la que apunte más a lo sustentable tendrá un plus sobre la otra. El eslogan de nuestra revista Ecomanía es: “Informar es el primer paso para el cambio”. Con el tiempo, me di cuenta de que a esa información hay que agregarle sensibilidad. La sustentabilidad es un camino espiritual. Por ahí suena muy esotérico, pero es algo muy práctico: al final del día, sos mejor persona. Tenés una conexión distinta con el prójimo. Las empresas tienen que entender eso para lograr mayor afinidad con el consumidor.

–Tenés una especie de predilección por la palabra “equilibrio”. ¿Por qué?
– (Se ríe asintiendo). Para mí es la palabra mágica. Tiene algo muy interesante: no representa nada en sí misma. Lo que para uno es equilibrio, para el otro puede no serlo. La sustentabilidad te ayuda a comprender que cada camino es personal y que el equilibrio ambiental, social y económico es totalmente distinto en cada persona.
 
–Greca fue tu primer emprendimiento, pero Ecomanía te acercó al campo de la comunicación. ¿Cómo fue el pase?
–Yo tengo tres pasiones: emprender, comunicar y todo lo relacionado a la sustentabilidad. En Greca tenía la necesidad de comunicar, y fue raro lo que terminó sucediendo: se conocía más de lo que se vendía; es decir, crecía más en posicionamiento que en ventas. Posteriormente, surgió Ecomanía. Ya lleva cinco años, y hoy está en cuatro países: Uruguay, Paraguay, Argentina y Chile. Al principio no teníamos ni idea de cómo hacer la revista, cómo vender publicidad. Con la consultora Green Bondi nos pasó lo mismo: cero plan de negocios. Pero nos dimos cuenta de que había una demanda de servicios de sustentabilidad que no había sido explorada.

–Hiciste camino al andar…
–Cada vez que doy una charla digo que el emprendedor es un irresponsable que se responsabiliza rápido. Todos los puntos de inflexión tienen que ver con lo mismo: por más que todas las señales te adviertan que no podés, cuando estás convencido, empezás a trabajar ciegamente.

– ¿La gran lucha del emprendedor es compatibilizar la causa con el mercado?
–Emprender es una herramienta de autoconocimiento. Nadie te paga por hacer lo que te gusta. Generalmente, el mercado te paga por hacer lo que no te gusta. De lo contrario, todos seríamos millonarios. Emprender te hace manejar áreas en las que quizá no te desenvolvés de la mejor manera. Si sos un nerd programador emprendedor, más vale que empieces a desarrollar empatía porque, si no, no le vas a vender un programa a nadie.
 
– ¿Qué cosas no negociás?
–El camino de ser uno mismo. Me peleé con gente que me hablaba de diferentes tipos de tasas, y yo le contestaba: “¿Y la tasa de la felicidad?”. Algunos emprendedores me han dicho: “Yo hago una empresa, la vendo en tres meses y me lleno de plata”. Me parece muy triste.
 
– ¿Qué lugar ocupa el dinero en la sustentabilidad?
–Mientras le importe a la sociedad, importará siempre. Idealmente, deberíamos vivir en un mundo en abundancia. Si tuviésemos asegurada la supervivencia, no tengo dudas de que habría un cambio de paradigma. Pero no es la realidad: en el medio hay un camino de transición. La primera responsabilidad de un emprendedor sustentable es hacer plata, ya que si a él no le va bien, nadie querrá imitarlo. Nosotros invertimos cada peso que ganamos. ¿Y si las grandes empresas hicieran lo mismo?

–Aprendés también de los errores...
–Por supuesto. Todas las experiencias son buenas si el deseo es aprender. De hecho, las mejores experiencias son las malas. Si repasás tu vida, vas a notar que todos los puntos de crecimiento se dieron cuando lo pasaste mal: una separación, la muerte de un familiar, el negocio que te salió pésimo, la entrevista laboral que no superaste…

–A futuro soñás con irte a vivir a Córdoba. ¿Por qué?
–Soy de esa raza de emprendedores casi enfermizos, a los que le cuesta equilibrarse. Siempre me hago la pregunta: ¿por qué los empresarios a los que les va bien no tienen la capacidad de retirarse? Creo que la gente tiene temor a ser otra persona. ¿Quién quiere renunciar al confort que te da un éxito? Te hacen notas, te podés comprar un auto mejor… Pero eso es la superficie: nos estamos perdiendo de varias otras cosas. Muchos empresarios no pueden dar ese paso. A mí me encantaría decir un día: “Esto ya lo logré”, e irme. Seguir activo, pero más light.

– ¿Por qué cuesta alejarse de ese mundo empresarial?
–Hay un cuento que se llama “El cazador cazado”, en el que se dice que el buen cazador no es aquel que persigue a la presa, sino el que la estudia a tal punto que después no necesita esforzarse para cazarla. Cuando ese cazador se hace adicto a cazar porque le resulta sencillo, se convierte en un cazador cazado. A los empresarios les pasa eso. Conozco personas que generan altos ingresos, pero pocas que son felices. Si el dinero diese felicidad, adelante, pero eso no es lo que sucede. En la película Into the Wild, el protagonista dice: “Me di cuenta de que la felicidad solo es compartida”. ¿Acaso no es evidente? Por eso hay que promover los emprendimientos sustentables, por el propósito.
Primero las personas, después el qué
Lucas suele dar una charla ante los emprendedores: “Qué, cómo y para qué”. Así la explica: “¿Qué hacemos? Tal cosa. ¿Cómo lo hacemos? De manera colaborativa, con cariño, con compromiso. ¿Para qué? Para generar impacto, lograr equilibrio personal. Hace poco vi una charla TED que dice lo mismo, pero invierte el orden.

Primero, el ‘para qué’, después el ‘cómo’, y a lo último ya no importa el ‘qué’… Como emprendedor, me entusiasmo más con las personas que con los ‘qué’, y las personas tienen mucho que ver con el ‘para qué’. Ahora me asocié para fabricar bioplásticos: el proyecto me encantó, más cuando me dijeron quiénes participaban, ya que quieren hacer negocios y generar impacto positivo”.

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