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Jean: retro y moderno


Por María Sol Oliver.


Jean: retro y moderno
Lleva recorrido casi un siglo y medio de historia desde su creación, y se convirtió en el comodín de todo guardarropa y la piedra fundamental de cualquier outfit. Hoy, el jean regresa con gloria, pero ¿su futuro está en jaque?

Logró atravesar todas las clases sociales, las edades y las divisiones entre género masculino y femenino. Se convirtió en un fenómeno tal que no solo se usa en el mundo entero, sino que desafió todos los contextos: queda bien con remera y zapatillas o con camisa y stilettos. Y los expertos lo aseguran: el jean es el protagonista indiscutible de las últimas temporadas. Si bien nunca se fue del circuito de la moda, al que ingresó en la década de los setenta, esta icónica prenda se reinstala como tendencia, y se ubica como número uno en las pasarelas y en las vidrieras del mundo.

Para comprobar su alto perfil, basta repasar lo que pasó en la última temporada otoño/invierno, y en las proyecciones para el verano 2017. Una vez más es una pieza clave en todas sus formas y tipologías. A los típicos y conocidos jeans rasgados, con roturas y chupines bien al cuerpo, se les suman los cropped (al tobillo), los que vienen con parches y bordados, los acampanados, los oxford y los mum jeans o boyfriend jeans (con cintura bien alta, y amplios desde la cadera).

Es que aunque a las argentinas les guste estar bien ajustadas, los pantalones anchos se van abriendo paso en el street style. El auge del denim también se destaca en vestidos y polleras midy y shorts. Y eso que no contemplamos las bermudas, camperas, chalecos y una larga lista de etcéteras, con diferentes desgastes.

“Cada vez hago más prendas con jean. Empecé a hacer trajes, pantalones de corte sastrero y chalecos de vestir. Es una tela noble y versátil”, dice Gustavo Samuelian, fundador y diseñador de la marca Bolivia, donde no faltan jardineros, mamelucos ni delantales (todos modelos muy chic).

En septiembre, y por segunda vez (la primera fue este invierno), Clara Ibarguren le dedicó una vidriera exclusiva a este mítico género. La diseñadora, cuya marca lleva 28 años en el mercado, destaca la importancia del blue jean: “Es lo que más se vende. Siempre lo usamos, pero antes quedaba un poco relegado en los percheros. Desde hace un tiempo somos conscientes de la continuidad de su protagonismo. El boyfriend roto, por ejemplo, ya lleva tres temporadas. El jean es cómodo, se usa diariamente y las opciones para combinarlo son múltiples”.
 
Incluso, se derribó el mito de que la alta moda le es esquiva. “La sofisticación en los diseños le agrega valor –explica Lorena Pérez, periodista especializada en moda, autora del blog “Bloc de moda”–. Tanto estilística como visualmente, el jean puede llegar a la perfección. En estos casos, se produce una especie de sinergia: la pasarela le da prestigio y el jean le aporta masividad”, completa quien es docente en la Universidad de Palermo.

La diseñadora argentina Jessica Trosman, referente de la moda en el país y en el exterior, puso este género en el corazón de sus creaciones… y se fascinó. Combinó los cortes desestructurados y de vanguardia con otros textiles, como gasa, satén, cueros acharolados y volados hechos con paños italianos pintados a mano. “La gente piensa el denim como algo básico. Nosotros lo recreamos para cambiarle su idiosincrasia”, asegura Jessica Trosman. Con su marca Not To Be Understood (NTBU), acaba de lanzar Séptima. “Es un número sagrado, bíblico. Además, lo elegí porque es el mes de mi nacimiento y por el nivel de desarrollo de las prendas. Es un juego de conceptos que se entrecruzan”, cuenta la diseñadora que vende en más de veinte locales del mundo.
Presente auspicioso
Susana Saulquin, socióloga especialista en moda, explica que el jean no solo escapa a las reglas que definen la moda, sino que las trasciende. En su libro Jeans: La vigencia de un mito, que ya lleva dos ediciones impresas, escribe: “Más allá de algunas variaciones morfológicas que ha tenido desde su creación, es una prenda estable en el tiempo, con rasgos inalterables y fuertemente identificatorios”.
 
Si bien su presente y las huellas de su pasado son indiscutibles, Saulquin cuestiona su futuro, lo pone en duda. En el libro se apoya en una de las características más fuertes del jean, su masividad, para preguntarse cómo hará para sobrevivir en un contexto cultural que está claramente orientado a las individualidades. “El desafío que tiene por delante es el de evolucionar para permanecer”, dice.

Otro punto que puede jugarle en contra son sus procesos de elaboración poco ecofriendly. El denim es un entretejido muy resistente, de líneas diagonales de algodón. Su color azul índigo resulta de procedimientos de tinturado, pero, de primera mano, es oscuro. Por lo cual, para darle los diferentes desgastes se lo expone a varios lavados en lavaderos industriales. Por consiguiente, demanda mucha energía.

Para Saulquin, el éxito de esta prenda puede ponerse en jaque si no encuentra soluciones amigables con el medioambiente. “Cuando algo ve peligrar su reinado, aparece con más fuerza”, advierte la experta. Sus dichos caminan de la mano con iniciativas como la de la firma Jeanología. Esta empresa española, que fabrica y vende maquinarias para lavaderos industriales, propuso reemplazar el agua para el lavado de las prendas y realizarles el desgaste por medio de máquinas de ozono y láser. Claro que esto encarecería enormemente los costos de producción de una tela que, hoy por hoy, resulta barata (en la Argentina, por ejemplo, cuesta noventa pesos el metro, y para la confección de un pantalón promedio se necesita un metro y medio).

“Las máquinas de ozono y láser son muy caras –afirma el diseñador Alejandro Ogando, coordinador del Departamento de Producto de Santana Textiles, una empresa brasilera que, desde 2008, cuenta con una planta de producción de denim en nuestro país–. Solamente existen tres lavaderos industriales con máquinas de láser y ozono: uno en el Gran Buenos Aires, otro en Pergamino, y el último en Venado Tuerto, provincia de Santa Fe. A todo esto hay que sumarle costos de flete, que se trasladarían al precio final de las prendas”, indica Ogando.

La periodista Lorena Pérez argumenta que no son pocas las personas dispuestas a pagar caro por una determinada etiqueta o diseño. “Eligen por lo que la marca les hace sentir, por la experiencia y la funcionalidad. De todos modos, en contextos de crisis económicas, el jean se vende mucho más que otro tipo de prendas y de textiles. En vez de comprarte un pantalón de vestir, optás por este comodín, por su multiplicidad de usos y porque te da la certeza de que siempre vas a estar bien vestido”, subraya la periodista.

Quizás la moda ecológica en nuestro país sea muy incipiente, pero para muchos diseñadores no es un detalle menor. Jessica Trosman es un ejemplo: “Nosotros no tiramos, reusamos las prendas de jean. Los nuevos diseños se adecúan a los anteriores. Creamos a partir de lo ya creado, deconstruimos, pero no solo por lo que significa la historia que ya traen los cortes, sino por la conciencia ecológica, que termina siendo un valor agregado”, concluye.
Cifras
El boom del denim es una cuestión global. En los próximos cuatro años, se estima que crecerá un 7,3 %, impulsado, sobre todo, por el consumo en las economías emergentes. La caída generalizada de los valores de las materias primas, y en especial del petróleo, impactó en el precio del poliéster, la fibra más utilizada por la industria de la moda (arrastró consigo al algodón). En la actualidad, se calcula que el denim mueve 55.000 millones de dólares.

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