Tu ejemplo inspira, ¡sumate!


Pequeña gran maestra


Por Luisa Heredia.


Pequeña gran maestra
Con 12 años, la santafesina Pilar Ponce de León se convirtió en la docente más joven del mundo cuando decidió enseñarle a leer y escribir a su vecino Rafael, de 60 años. Esta es la 5.ta  entrega de la serie de solidaridad “Tu ejemplo inspira, ¡sumate!”

Los días de Pilar pasan entre la escuela, las telas, su amplio y verde barrio costero… y las clases a Rafael. Con solo 12 años, su nombre trascendió los límites de su provincia y del país, al conocerse que esta “pequeña maestra” había decidido sacar de la oscuridad del analfabetismo a su vecino, quien, con 60 años, nunca había tenido la oportunidad de aprender a leer ni a escribir.

“Una vez pasé por su casa y él me dijo: ‘Pilar, ¿me podés leer este papel? Yo no sé leer ni escribir’. Entonces, no lo dudé y le dije: ‘¿Querés aprender?’ Rafael contestó que sí, y le empecé a enseñar todos los días”, recuerda la niña. Así comenzó el vínculo con quien vive en la calle que está atrás de su casa, en el barrio Colastiné Sur de la ciudad de Santa Fe.
 
No es la primera vez que Pilar Ponce de León hace algo así. “También les enseñaba y ayudaba a hacer la tarea a unos niños. Formábamos palabras, ya que ellos sabían juntar las sílabas… Era algo diferente a lo de Rafael: ellos fueron a la escuela, conocían las letras”, repasa Pilar. Y sobre cómo tomaron sus padres su “trabajo” con Rafael, aclara: “Mi papás estuvieron de acuerdo, aunque pensaron que yo estaba jugando y no lo iba a hacer. Pero me apoyaron desde el primer momento”.

Su familia está compuesta por papá Fabián Ponce de León, mamá Graciela –maestra jardinera–, y su hermano Mauricio, que tiene 20 años y estudia Ingeniería. Pilar se crio en un ámbito en el que la solidaridad es moneda corriente; para ella es “normal” ver a sus padres ayudar con ropa y comida a los vecinos más desprotegidos del barrio.

Está cursando el último año de la primaria, y después de la secundaria, sueña con ser arquitecta o abogada. Con cierta timidez, reconoce que es buena alumna, y que le gusta leer porque su papá, desde chiquita, le compra muchos libros.

La pequeña docente comenta que aplica con Rafael el mismo método de enseñanza que utilizó su maestra de primer grado. Y que, a veces, hasta le da vergüenza corregir a su vecino. “Cuando arrancamos, Rafael no sabía ni la letra a; ahora, ya escribe en cursiva. Y me dijo que el primer libro que quiere leer es el Martín Fierro. Por el momento, todas las tardes le leo una o dos páginas”, cuenta Pilar.
 
Su generosa y paciente tarea llegó a los medios nacionales y también al diario El Mundo de España. ¿Cómo vivió esta fama repentina? Ella misma lo responde: “Me emocioné, lloré, reí. Me llamaron de cincuenta radios distintas, vinieron a entrevistarme desde Buenos Aires… Por ahí quería irme a jugar, pero seguían llegando periodistas. Cumplí con todos”, reconoce.

Y mientras, sigue desempeñando su labor con este hombre criado en el campo, esposo de Amalia, que nunca tuvo la chance de recibir ningún tipo de instrucción. Pero bien lo sabe Rafael: su día se ilumina cuando la pequeña Pilar se sienta a su lado para revelarle el mundo.

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