Entrevista


Dama dorada


Por Federico Svec.


Dama dorada
Después de tocar el cielo con las manos en los Juegos de Río 2016, conocemos el lado B de la rosarina Cecilia Carranza: cómo llegó a ser oro olímpico junto a Santiago Lange, y cómo es su vida más allá del yachting.

Gonzalo Bonadeo lo definió muy bien, la navegación a vela “está muy lejos de ser un paseo en barquito”. Amén de tratarse de una actividad compleja, que requiere un gran entrenamiento y esfuerzo físico, implica forjar un carácter a prueba de balas. No hay tribunas en medio del mar ni hinchadas que brinden aliento. Es uno, sus circunstancias, los rivales y la naturaleza con sus mares y vientos cambiantes y caprichosos. Por eso, y por algunas razones más, en el yachting hay una búsqueda, un desafío, que excede a la cancha de regatas: se trata de encontrar el mejor camino interior. Hay que hacerse más fuerte, sacar lo mejor de la materia prima de la que estamos hechos.
 
La rosarina Cecilia Carranza (29) es un ejemplo emblemático de lo que estamos diciendo. Y lo demostró con creces en los últimos Juegos de Río de Janeiro, cuando consiguió, junto a su líder Santiago Lange, la primera medalla de oro olímpica del yachting argentino.
 
“World Sailing”, el órgano internacional que rige la actividad, describió aquella jornada como la más emotiva en la historia del deporte. También calificó de “increíble” y “fantástica” su actuación en la Medal Race, la última y decisiva regata, donde los argentinos sufrieron dos injustas penalizaciones que los dejaron últimos en las posiciones. Parecía el final del sueño, pero Carranza no sabe lo que es darse por vencida. “Uno intenta dar todo de sí mismo, ser cada vez mejor en lo que hace… Después, cada cual se pone objetivos más o menos ambiciosos, pero para alcanzarlos hay que trabajar –confiesa, ya un poco más relajada de tanta exposición mediática pospodio–. El recibimiento que tuvimos cuando llegamos al país fue muy lindo. Sentimos un cariño tan sincero, tan genuino… Yo creo que, en algún punto, la gente se sintió identificada con nosotros”.
 
–Es que el logro que obtuvieron fue una hazaña que conjugó pasión, empuje, perseverancia… ¿Cuáles fueron los valores que te enseñó el yachting?
–Me formó en casi todo. Soy quien soy gracias a este deporte. Podría enumerar varias lecciones que me dejó esta disciplina, desde entender que le debo el mismo respeto a un árbitro o a un rival que a alguien en la calle, hasta el cuidado de la naturaleza.

Después de los flashes, Ceci atraviesa un momento de disfrute, de relax, donde le puede dedicar tiempo a cocinar, leer, escuchar música y salir a correr con amigas y amigos. “Me cuesta mucho no trabajar. Es algo que tengo que aprender. No es fácil encontrar una pasión, y yo soy una afortunada, ya que me levanto todos los días con ganas de hacer lo que hago. Para mí, eso no tiene precio”, concede entre toma y toma, a cargo de su amigo Gustavo Cherro. Y deja entrever el lado B de la deportista de elite: “¡Soy la reina del omelette! (se ríe con fuerza). ¡Y soy muy buena asadora! Me gusta hacer asados para mis amigos”.

– ¿Qué leés?
–Novelas, ficción en general. También me gustan los libros espirituales que te ayudan a crecer interiormente.

– ¿Y qué música escuchás?
–Con el equipo solemos poner folclore o rock nacional. A mí me gusta Jorge Drexler e Ismael Serrano. ¡Y me encanta bailar salsa y reggaetón! Aunque tengo un problema: en la Argentina se baila después de las tres de la mañana, y yo a esa hora nunca llego despierta… Pero siento que en otra vida fui bailarina.

– ¿En serio?
– ¡Sí! ¡Seguro! De chica hice danza, pero cuando te metés a navegar, terminás siendo navegante. Es como que no sos otra cosa. No podés serlo…
Camino a la gloria
A la familia Carranza siempre le fascinó el río. Tenían un barco clásico de madera, del año 1934. “Era el ‘Windward’ –‘Barlovento’, en inglés–. Estaba en el Yatch Club Rosario. Prácticamente, nací en el río –admite Ceci. Y profundiza–: Lo que me gustó de mi infancia es que nunca tuve interés de competir ni ningún tipo de presión para hacerlo. Para mí, el optimist era un momento de diversión: corría regatas, pero para pasarla bien con los chicos que estábamos en el río… Me acuerdo que una vez por mes viajaba al Grand Prix del Litoral, que es un circuito que hay en todo el país, donde navegaban unos ciento cincuenta jóvenes en cada campeonato, ¡Y siempre quedaba entre los últimos! ¡Era mala, malísima! Pero no me importaba, porque lo que yo buscaba era disfrutar cada paso de esa experiencia: desde cargar el bote en el tráiler y armar la carpa para dormir en los campamentos, hasta las reuniones de camaradería que se organizaban después de las regatas. ¡Eso me encantaba!”.

El día que realmente decidió dedicarse a competir fue a los catorce años, en el primer campeonato de laser de su vida. “Ya estaba grandota para el optimist, y me aburría. Así que pedí prestado un laser para probarlo en una fecha del Grand Prix del Litoral. En esa primera regata que corría con el barco, gané la categoría femenina. Y ahí me enganché…”, evoca.

–Te gustó la idea de encarar la profesión más en serio…
–Empecé un proceso de querer competir, de analizar cómo mejorar y entrenar para eso.  A los quince años fui a Buenos Aires para unas regatas que eran selectivas para el Campeonato Mundial Juvenil, y a los dieciséis viajé a mi primer mundial en Lago de Garda, Italia, donde triunfé en la categoría femenina. Todavía corríamos junto a los chicos, eran como 350 veleros en el agua, ¡me parecía increíble! Y quedé cerca del puesto treinta en la clasificación general. Al año siguiente volví a quedarme con el Campeonato Mundial Juvenil entre las mujeres, y quedé novena en la general. En aquella temporada también corrí un Mundial Open, que es para todas las edades, donde quedé tercera…

– ¿Cuándo se te pasó por la cabeza la idea de ir y ser parte de los Juegos Olímpicos?
–En el 2004 se organizaron los de Atenas. Yo estaba en quinto año del colegio, y me acuerdo de que, en pleno viaje de egresados en Bariloche, volvía un ratito antes del boliche para ver las regatas que pasaban por la tele… Entonces pensé: “¡Yo quiero estar ahí!”. Ya en mi casa encaré a mis padres: “Mamá, papá, quiero ir a un juego olímpico con el yachting, saltando con garrocha… ¡o como sea!”. Pero el laser no era un velero olímpico, así que pedí prestado un Clase Europa, categoría en la que competían las argentinas Serena Amato y Florencia Cerutti. Y justo cuando empecé a manejarlo, decidieron sacar al Europa de la clase olímpica… ¡Y reemplazarlo por el laser! Mi papá siempre me dice: “Hija, sos una persona con estrella”.

–Y la fantasía se cumplió en Beijing 2008. ¿Qué sensación te dejó el debut?
–Había puesto a los Juegos Olímpicos en un lugar muy alto, solo tenía eso en la cabeza… Hoy, después de haber hecho un proceso personal muy importante, me doy cuenta de que solo pensaba en el “qué”, y no me focalizaba en todo el desarrollo que tenés que hacer para llegar hasta ahí… Lo que yo llamo el “cómo”. Cuando terminó Beijing tenía veinte años: lo único que sentí fue un vacío impresionante. Y no sabía por qué. Recién hoy lo sé.

– ¿Y entonces?
–Empecé a preguntarme qué había hecho mal, por qué no lo había disfrutado. Al año siguiente comencé a trabajar con un profesor de yoga para entender algunas cosas que fueron muy importantes en mi vida, no solo relacionadas con el deporte. Me focalicé en mi deseo interior, en mi excelencia personal, en el trabajo de cada día.

–Contanos de Londres 2012…
–Tampoco tuve una buena semana, pero hubo una gran diferencia con respecto a Beijing: en Londres la pasé bien. Por eso valoro tanto lo que me pasó: así aprendí a disfrutar del camino en el desafío, no solo pensando en el objetivo final. En definitiva, son cuatro años de campaña contra una semana de Juegos… ¿Se entiende? 

– ¿Cómo pasaste a navegar en los catamaranes?
–Fue en el 2008 por invitación de Esteban Blando. Ese año se corría la regata Rosario-Buenos Aires, y me propuso hacerla en el tornado. Después, cada vez que nos veíamos nos decíamos que si agregaban un nuevo catamarán olímpico después de 2012, teníamos que hacer una campaña… Sentía muchas ganas de un nuevo desafío: navegar en otro barco con otra persona. 

–Concluyó Londres y se anunció una nueva clase olímpica mixta: el catamarán nacra 17. 
–Sí, muchas personas me decían que estaba loca, que debía arrancar de cero, que ya tenía el camino allanado en el laser… Cuando le comenté a un dirigente que quería cambiarme de clase, se opuso. Yo le contesté: “Dentro de seis meses me van a llamar con mucha vergüenza, y me van a tener que apoyar porque vamos a estar entre los diez mejores del mundo”. Dicho y hecho: en el primer campeonato de 2013 quedamos decimoterceros; en el segundo certamen, onceavos; en el cuarto, décimos; y en el quinto, novenos. Nos iba bien y estábamos realmente contentos, pero fallamos en algo que es lo más importante –y que aprendí después con Santiago–: la formación del equipo. Eso hizo que no pudiésemos seguir juntos con Esteban.

– ¿Y qué hiciste?
–Me pregunté: “¿Y ahora? ¿Tengo que volver al laser?”. Por suerte, ya tenía el suficiente crecimiento interior para no caer en una depresión por esa realidad… 
Una dupla letal
En esta nueva etapa, Ceci buscó los consejos de un viejo lobo de mar: Santiago Lange. Fue en octubre de 2013, cuando el consagrado ingeniero naval y regatista volvió de San Francisco, Estados Unidos, donde había estado viviendo para competir en la America´s Cup, a bordo del catamarán gigante Artemis AC72. “De esa conversación surgió el intentar hacer algo juntos. Primero, como prueba, sin el objetivo concreto de los Juegos Olímpicos. Con Santiago el aprendizaje era constante, diario. A tal punto que pasé a ser tripulante, cuando siempre había sido timonel”, repasa.

–El cambio debe haber sido fuerte.
–La demanda física es diferente. El nacra es un barco que te demanda velocidad, explosión… De todas formas, el mayor desafío fue saber que detrás de mí estaba el mejor de todos. Entonces, tenía que intentar estar a su nivel.

–El Campeonato Mundial de España 2014 marcó un antes y un después para ustedes.
–Sí, increíble lo bien que nos fue. No lo esperábamos para nada… Quedamos segundos con muy poco entrenamiento juntos. La meta principal era clasificar al país para los Juegos, y eso ya era una exigencia enorme porque debíamos entrar entre los primeros doce de ochenta. Fue muy difícil, pero ese subcampeonato nos aseguró un lugar en Río.

Lo que siguió fue historia conocida. Ahora, y con la mirada puesta en el mañana, Cecilia confiesa que está en un momento expectante, de pausa y reflexión. “Con respecto a mi futuro, sinceramente no tengo nada definido. Es cierto que recibí muchas propuestas, tanto deportivas como otras que no están estrictamente vinculadas a lo que es una competencia, y que las estoy evaluando.?Pero todavía nos debemos una reunión con Santi y con todo el equipo de los Juegos Olímpicos para decidir qué es lo que vamos a hacer”, desliza. 

Mientras, se siente orgullosa de la nominación que recibió por parte de la World?Sailor of the Year Awards.?Se trata de la distinción más relevante del yachting mundial:?tanto ella como Lange compiten en sus respectivas categorías para quedarse con el título de?“Mejor Navegante”.
 
El yacthing es un actividad que exige una fortaleza física y mental especial, sobre todo en catamaranes como el olímpico, “pura sangres” rápidos y nerviosos.?Es un deporte que se define como un “arte en movimiento” que atrapa, apasiona. Los expertos dicen que navegante se es para toda la vida. Bien lo sabe?Cecilia Carranza.

Glosario  

• Optimist: Clase internacional de embarcación de vela ligera, enfocada para niños de entre seis y quince años. Es un barco simple, estable, y, a la vez, competitivo.

• Laser: Embarcación para un único tripulante, de peso ligero, simple y competitivo, que se presentó en 1971. En la actualidad, es la embarcación de un solo tripulante más extendida en el mundo, después del Optimist.

• Europa: Embarcación olímpica femenina desde 1992 hasta 2004. En 2008 fue sustituida por la clase laser radial.

• Tornado: Catamarán con dos tripulantes. Incluido en los Juegos Olímpicos desde Montreal 1976, fue excluido a partir de los Juegos de Londres 2012.

• America's Cup: Es la competición más importante del yachting. Una especie de F-1 de la disciplina.  

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte