Viajes


Adictos al mundo


Por Daniela Calabró.


Adictos al mundo
Hace algunos años decidieron cumplir el sueño de recorrer juntos todo el mapamundi. Se transformaron en viajeros expertos, crearon un blog que hoy tiene seguidores de todas las latitudes, venden sus propias guías y hacen consultoría para otros paseanderos. El objetivo es uno solo: seguir viajando.

Roberto y Letizia se autodiagnosticaron una enfermedad: aseguran estar afectados por el “síndrome del mochiloco”. Algunos de los síntomas son transformarse en un adicto a los mapas; planear viajes que nunca se harán (¡y terminar haciéndolos!); vivir pensando cuál será el próximo detino; o no medir los ahorros en números, sino en “una cena en la India o un tren de Moscú a San Petersburgo en Rusia”.

Él, español; ella, italiana, son novios y autores de una web titulada Mochileando por el mundo. Se enamoraron hace ocho años en Padua y, como en muchas otras historias, el inicio del sueño se dio por una cuestión de azar: ella se ganó, en un sorteo, dos pasajes sin fecha hacia cualquier lugar del mundo. La suerte también metió la cola a la hora de decidir el destino: “Un día, de repente, una moneda de baht estaba en la acera de nuestra casa en Barcelona. ¿Qué probabilidades teníamos de encontrarnos un bath bajo los ojos? Y dijimos, ¡es destino! ¡Nos vamos a Tailandia!”, recuerda Lety.

El amor con Asia nació a primera vista y fue irreversible. Y les enseñó, según cuentan, una lección que los cambiaría para siempre: “Allí aprendimos que solo tenemos una vida. Menudo descubrimiento. Pues sí, en aquel primer viaje mochilero nos dimos cuenta de que no queríamos desaprovechar ni un segundo más de lo más valioso que teníamos: nuestro tiempo. Desde entonces intentamos vivir la vida que más nos apetece y, aunque nuestras cuentas bancarias son más pobres de lo que serían si estuviésemos trabajando en Barcelona, nosotros nos sentimos millonarios”. Tanto que luego de esa primera experiencia ya no pudieron dejar las valijas en casa: Camboya, Filipinas, la China, Serbia, Maldivas, Bosnia, Vietnam, Inglaterra, Grecia, Portugal y Turquía son solo algunos de los destinos que hoy atesoran en la retina junto a miles y miles de fotos y recuerdos imborrables.

– ¿Qué consejo les darían a quienes aún no se animaron al desafío?
–Dejarlo todo para vivir una vida de viaje no es fácil; el primer paso cuesta. Sin embargo, también es cierto que tras aquel primer pequeño –pero gigantesco– paso, las cosas son más fáciles de lo que parecen. El mundo está lleno de viajeros, los hay que toman medio año sabático, los que van y vuelven y los que se establecen en un sitio y comienzan una nueva vida aventurera. Una vida así es posible, nosotros pudimos.

–Si un amigo quisiera hacer un único viaje, ¿cuál le recomendarían?
–Creo que a la India. Es un país que enseña mucho y que te permite abrir los ojos. Te hará sufrir, te enamorará, te romperá el corazón, te enseñará gente que tiene solución a problemas que nosotros ni siquiera nos tenemos que plantear, conocerás personas que son felices con nada, luchadores natos y con la sonrisa siempre en la boca. India es un viaje interior, un destino que te cambia la vida para siempre.

– ¿En qué países o ciudades sintieron más las diferencias sociales, culturales y gastronómicas?
–Sin duda, en la China, la India y el Japón. Son países tan diferentes que más que viajar al otro lado del mundo nos pareció hacerlo a otro universo.

–En esos lugares fue también en donde más los cautivó la gastronomía…
–Adoramos la comida india y la japonesa. Aunque si hay una cocina que nos sorprendió mucho, y que no es muy conocida, es la de Malasia. Nace de la mezcla de las influencias chinas, indias y malayas, y es absolutamente adictiva. También nos gustan mucho la comida española, los sabores intensos de las paellas y, sobre todo, la cocina de Andalucía y la del País Vasco. ¡Y ni hablar de la italiana! Si tuviese que elegir solo un plato de comida para alimentarme el resto de mi vida, no tengo dudas: ¡pizza!

La pregunta que siempre se viene a la mente cuando uno escucha estas historias es: ¿de dónde se saca la plata para viajar? Rober y Lety, como todos los viajeros gasoleros, aseguran que con poco presupuesto pueden hacerse grandes viajes. En uno de sus post cuentan, detalladamente, cómo hicieron para vivir nueve meses en Asia con menos de cinco mil euros. Y también relatan trabajos que tomaron en diferentes países para subsistir.

– ¿Cómo es eso de que se puede viajar con poca plata?
–Ir de vacaciones es caro, viajar no lo es. Hay mil maneras para abaratar los costos: viajar en medios de transporte, comer en puestos callejeros, hacer housesitting o couchsurfing…

–De todas formas, mantenerlo en el tiempo puede ser difícil…
–Si lo que querés es un paréntesis en tu vida y viajar durante una temporada definida puede que con tus ahorros no necesites más. Pero si elegís vivir una vida de viaje es muy probable que los ahorros se acaben. Es entonces cuando hay que convertir los puntos fuertes en oportunidades.

–Es decir, ¿transformar los talentos en trabajos rentados?
–Hay viajeros que armaron cursos de fotografía online, otros que escriben guías de viaje y otros que, directamente, te llevan a viajar. Al que le gusta escribir, debe escribir. Puede que, aunque ahora le resulte imposible de creer, alguien quiera leer y hasta comprar un libro suyo. También pueden dar clases de idiomas a cambio de dinero, alojamiento o comida. Y el que todavía no encontró su punto fuerte puede sacarse una working holiday visa y trabajar en el país que esté visitando.

Nuestros protagonistas, devenidos en expertos, encontraron una forma de transformar lo aprendido en nuevos ingresos para seguir viajando. Debido al éxito de su blog, escrito con un humor contagioso, decidieron escribir cuatro guías y una novela temática que venden desde su web.

Y atentos los viajeros empedernidos: estos mochilocos también hacen consultoría de viajes y se encargan de cada detalle, ajustando las travesías a los gustos y presupuestos de los paseanderos. 
Ansias de conocerte
Fernweh es una palabra desconocida para los mortales corrientes, pero no para los viajeros. Nacida en la lengua germana, hace referencia al sentimiento de nostalgia por aquello que está lejos y que aún no se conoce.

– ¿Tienen lugares a los que añoran “regresar”, aunque no hayan ido?
– ¡Hay tantos! Hace un tiempo nos entraron ganas de ir a África y ahora me ha dado por Nueva York. Y también, conocer América Latina…

Lety y Roberto tienen consejos de oro que repiten siempre: no cambiar dinero en los aeropuertos porque suelen tener las comisiones más altas, llevar copias de todos los documentos en PDF, almacenados en dropbox. Comprar una SIM local porque las llamadas serán mucho más baratas y se podrá contar con Internet. Y lo último, atreverse a probar la gastronomía local y la comida callejera.

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