Homenaje


Viva el rey


Por Mariano Petrucci.


Viva el rey
Freddie Mercury murió hace 25 años; sin embargo, su figura está más presente que nunca. Tributos, monumentos, exposiciones, discos, películas, experiencias virtuales y hasta un asteroide con su nombre confirman su vigencia.

La primera vez que lo vio fue en una oficina situada al oeste de Londres. Ella era una jovencísima periodista de espectáculos del Daily Mail, uno de los periódicos más leídos del Reino Unido. Él, un rock star que, a fuerza de talento y carisma, se perfilaba como uno de los intérpretes más encumbrados de la historia de la música. Lo que empezó como una entrevista derivó en una invitación a cenar con toda su banda. El feeling fue inmediato. La inglesa Lesley-Ann Jones tiene marcado a fuego su encuentro con Freddie Mercury. Jamás pudo olvidarlo.

“Una o dos semanas después, ellos tenían programados unos recitales en Alemania, y me ofrecieron acompañarlos. Estuve a bordo de su limusina, nos sentamos juntos en el avión, me hospedé en su mismo hotel y aprecié sus shows desde un costado del escenario. Forjamos una especie de amistad que me posibilitó compartir la intimidad de Freddie como no hubiese podido lograrlo de otra manera”, confiesa quien escribió Freddie Mercury: La biografía definitiva.

Como Lesley, miles y millones de fanáticos lo recuerdan a diario. El 24 de noviembre se cumplio un cuarto de siglo de la muerte del líder de Queen, y, sin embargo, está más presente que nunca… hasta límites insospechados. Por ejemplo, científicos y astrónomos decidieron bautizar un asteroide con su nombre.
 
Con la venia de Brian May, guitarrista del grupo y doctor en astrofísica, y certificados por la Unión Astronómica Internacional (UAI), los especialistas eligieron este cuerpo rocoso que se halla en la órbita de Júpiter, por haber sido descubierto en 1991, año en el que falleció quien hiciera famosas perlas como “We Will Rock You”, “We Are The Champions” o “Radio Ga Ga”.

Pero no terminan allí las iniciativas para mantener alta la memoria de este transgresor por naturaleza que el pasado 5 de noviembre hubiese soplado setenta velitas. Google lanzó una aplicación que revive su magia, aprovechando las bondades de la realidad virtual. “‘The Bohemian Rapsody Experiencie’ es una secuencia animada en 360º, un viaje de ensueño a través de la mente de Freddie Mercury y de una de las canciones más icónicas del rock”, precisaron sus desarrolladores.

En el plano estrictamente musical, se editó Messenger of the Gods, una recopilación de sus singles más aclamados. Por su parte, la BBC puso a la venta, en formato CD y vinilo, las sesiones completas que el cuarteto grabó para la célebre cadena, entre 1973 y 1977. Y, como si fuera poco, en abril se proyectó, en diferentes cines, la película Queen: A Night In Bohemia, que repasa la innovadora puesta en escena en el londinense Hammersmith Odeon, en la Nochebuena de 1975.

A Lesley no la sorprende la vigencia del mito. “Freddie fue un cantautor único. Sus hits son legendarios –opina quien, recientemente, publicó otra biografía: Hero: David Bowie. Y sobre sus días y noches persiguiendo al astro, evoca–: En ese entonces, no había Internet, ni celulares, ni tecnología con la que comunicarse. Tomábamos notas en cuadernos, trabajábamos con incómodas máquinas de escribir y llamábamos a la redacción desde teléfonos públicos a los que debíamos colocarles moneda por moneda en las ranuras. Si hacía falta, atravesábamos el mundo para conseguir un reportaje con una celebrity. No había tantos intermediarios, managers, agentes o publicistas, por lo que podíamos fomentar nuestra propia relación con las estrellas. Así es como pude estar cerca de Queen, de Freddie”.
“Bohemian Rhapsody”: ¿un mensaje encubierto?*
Por Lesley-Ann Jones*

Fue la canción más importante que escribió Freddie Mercury. Cuando se le preguntaba por el significado, respondía: “Son solo rimas azarosas y sin sentido”. Yo tuve más información acerca de ese tema que muchísimas otras personas. Mantuve tres largas conversaciones con él, donde le expuse mis interpretaciones. Me escuchó atentamente, sonrió, pero nunca me confirmó ni me negó ninguna de ellas.  En Budapest, en 1986, tomé una copa de champagne en su suite.
 
Teniéndolo para mí sola, le volví a plantear la discusión. En “Bohemian…” le dieron vida a personajes clásicos y oscuros: Scaramouche era un payaso de la comedia del arte italiana; Galileo, el astrónomo más famoso de la historia; Fígaro, el personaje principal de El barbero de Sevilla y Las bodas de Fígaro; y Beelzebub es Satanás. 

Yo tenía una teoría al respecto y se la conté: Scaramouche era él; Galileo, el erudito Brian May; Beelzebub debía ser Roger Taylor, el animal más salvaje del grupo; y John Deacon no era el personaje operístico, pero sí el gatito de la película Pinocho, que tenía el mismo nombre (Freddie amaba a los gatos). Bromas aparte, para mí esta fue la canción con la que él decidió salir del clóset. Lo hizo en un lenguaje complejo, para que no fuera sencillo deducirlo. En aquella época era difícil admitir ser homosexual, y creo que esa fue su manera de mostrarle al mundo su verdadera identidad. Sin embargo, lo que más disfrutó fue que nadie logró descifrarlo. Al menos, no en ese momento.

 
*Autora de Freddie Mercury: La biografía definitiva.
Con el corazón en Suiza
Si existe un rincón del Planeta donde se respira Freddie Mercury, ese es Montreux, con los Alpes como telón de fondo. Basta desandar su ribera, no solo para disfrutar de una escenografía paradisíaca, sino para toparse con una estatua de tres metros de alto de quien nació en Zanzíbar (Tanzania) con el nombre de Farrokh Bulsara.

Con una postura desafiante, típica de sus conciertos, la imagen mira hacia el lago Ginebra. Esta impactante labor de la escultora checa Irena Sedlecka, fue inaugurada, bajo una intensa lluvia, el 25 de noviembre de 1996, con una placa en su  base que reza: “Lover of life, singer of songs”. 

Los pies de la Place du Marché son la parada obligada para turistas curiosos que, amén de la catarata de clics y flashes que se escuchan, buscan un momento de tranquilidad. La misma que perseguía Freddie cuando se enamoró profundamente de este lugar, y de la amabilidad y discreción de sus habitantes. “Si quieres paz en el alma, ven a Montreux”, y fiel a sus palabras, se compró una casa por esos lares para residir siempre y, una vez enfermo, pasar sus últimos años de vida allí. 

El lazo de Queen con esta ciudad se remonta a 1978, cuando grabaron su álbum Jazz en el Mountain Studios (reducto por el que desfilaron David Bowie, Iggy Pop, The Rolling Stones y Led Zeppelin, entre otros). Mercury, May, Roger Taylor y John Deacon se sintieron tan a gusto que adquirieron el estudio hasta bien entrados los noventa. “Queríamos irnos de Gran Bretaña para estar más enfocados en nuestras tareas. Probamos Munich como nuevo destino para inspirarnos, pero Montreux se convirtió en un segundo hogar”, recapituló May.
 
Las salas que otrora alojaron a Mountain Studios ahora pertenecen al Casino Barrière. Pero allí mismo, a un par de cuadras de distancia donde se erige la estatua de Sedlecka, funciona, desde diciembre de 2013, la exposición “Queen: The Studio Experiencie”. Su ingreso es –cuanto menos– particular, ya que hay que eludir máquinas tragamonedas y mesas de ruletas, pero una vez adentro… Freddie resucita.

Entretanto se recorre la muestra, su potente voz resuena por los cuatro puntos cardinales. La exhibición incluye letras y anotaciones manuscritas por el mismísimo cantante, vestuarios e instrumentos originales, y hasta objetos que utilizaron sus integrantes en las maratónicas sesiones, como un Scrabble o vasitos de agua descartables. Pero, sin dudas, lo que se lleva todos los premios es la sala de control, donde los visitantes pueden acomodarse en la misma silla en la que Freddie lo hacía, y jugar con la consola, “mezclando” los tracks de los temas “Made In Heaven” y “Mother Love”. Uno puede subir y bajar a piacere los volúmenes del bajo, la guitarra y la batería… O dejarlo a Freddie a capela. La piel se eriza. 
Volviendo a casa
Recién el 10 de noviembre de 1991, Mercury abandonó Montreux para regresar a Londres, donde había arribado a los 17 años, escapando con su familia de la denominada Revolución de Zanzíbar. Solo un día antes de su muerte reconoció públicamente, mediante un comunicado de prensa, que padecía sida (era un secreto a voces su delicado estado, por su deteriorada apariencia y porque Queen hacía tiempo había cancelado toda actividad de su agenda).

La casona de la calle Logan Place nos remite, indefectiblemente, al búnker de Sandro en Banfield: un paredón que permite vislumbrar parte de la fachada y de su tupida arboleda. Los rumores indican que Mary Austin (actual dueña de la propiedad, expareja, amiga y confidente, heredera mayoritaria de sus bienes y de los derechos de autor, y musa de “Love Of My Life”) esparció sus cenizas en uno de los jardines. Pero están los que sostienen que descansa en un cementerio cercano, y los que aseguran que fueron dispersadas en el lago Ginebra. O sea, no se sabe. Al caminar por la cuadra de Garden Lodge, como fue bautizada la vivienda, es inevitable sentir la presencia de esta leyenda. Los fans se acercan y le agradecen a Freddie el haber sido una pieza clave del rock internacional, su legado para con las generaciones futuras y sus más de trescientos millones de discos vendidos… Nos sumamos al tributo y, pensamos que, sin su fatídico final, todavía podría estar deleitándonos con su arte. El show debe continuar. ¡Viva el rey!
Reencarnaciones
No son pocos los que mantienen viva la llama de Freddie sobre el escenario. El comediante y autor inglés Ben Elton, en colaboración con Brian May y Roger Taylor, dio forma al musical We Will Rock You que, desde 2002, recorre las principales ciudades del mundo repasando gran parte del repertorio de Queen. Las bandas tributo también son una buena excusa para recordarlo. Dios Salve a la Reina es uno de los homenajes con mayor éxito a nivel nacional e internacional. El parecido físico y vocal que logra su líder, Pablo Padín, es asombroso.

“Freddie marcó un antes y un después en mi vida: ratificó mi destino y mi vocación. Pasaron más de veinticinco años desde la primera vez que lo escuché, y, con el tiempo, su figura se agranda: no paro de admirarlo y de reconocerlo como un elegido”, destaca Padín. 
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