Vínculos


El poder del amor


Por Alejandro Duchini.


El poder del amor
Habitualmente, nos preguntamos cómo influye en la adultez la calidad y cantidad de cariño recibido en la infancia. La terapeuta familiar Laura Gutman se explaya sobre el tema.

Un misterio. ¿Qué nos pasó? ¿Quiénes fuimos? ¿Por qué somos así? Son preguntas que surgen charlando con la terapeuta familiar y escritora Laura Gutman acerca de su libro Qué nos pasó cuando fuimos niños y qué hicimos con eso. Para ella, la falta del amor materno en la niñez determina nuestra personalidad para el resto de la vida. A no ser que aprendamos a escucharnos para encontrar las huellas del pasado y dejar de cargarlas como mochilas. Y cambiar. Su método se llama biografia humana. Según su experiencia, hay quienes lograron darse cuenta de qué escondían y qué les pesaba tanto. Gutman propone mirar de una manera distinta aquello que se nos volvió habitual. El amor materno, las voces internas, los dolores y las costumbres sociales se ponen en tela de juicio.

– ¿Qué es la biografía humana?
–Es un sistema de indagación personal que desarrollé a lo largo de treinta años y que enseño en mi escuela. Parece un trabajo de detectives y no de psicólogos, porque no nos interesa lo que cada individuo cuenta. Porque nuestros recuerdos y opiniones están teñidos por el discurso materno o el de la persona que nos ha criado, responde a un punto de vista ajeno. En cambio, los detectives buscamos lo que hay en un escenario determinado, no lo que el otro opina. El propósito es acompañar al individuo a que sea un testigo del escenario donde se crió para poder reconocer qué le pasó y cómo ha sobrevivido al desamor. Para los argentinos, la biografía humana es otra terapia. A mí no me gusta llamarla así, porque me desmarco del trabajo de los psicólogos y de las interpretaciones cuestionables.

– ¿Por qué?
–Soy bastante crítica del psicoanálisis. He visto cientos y cientos de personas enredadas en interpretaciones discutibles. Por eso, a lo largo de los años he ido organizando un sistema de indagación que deja de lado todas las interpretaciones y apunta a la realidad, sobre todo a la realidad del niño que hemos sido y a nuestros mecanismos de defensa que nos han permitido sobrevivir. A ese sistema es al que llamo biografía humana.

– ¿La capacidad de amar se hereda?
–No es una cuestión de herencia sino de experiencia sensorial real durante nuestra infancia. Es fácil: si hemos sido amados, brotará el amor. El problema es que si no nos hemos sentido amados, surge espontáneamente el mecanismo de defensa, la supervivencia emocional, relegando esa capacidad que todos tenemos, es decir, que hace parte del diseño humano.

– ¿Cómo se hace para salir del confort de las ideas tradicionales?
–Es una buena pregunta. En primer lugar, tendríamos que estar disconformes con algo para decidir cambiar. A veces lo estamos pero creemos que “el otro” debería cambiar para complacernos. Es misterioso. Yo no sé por qué algunas personas o en algunos momentos hacemos un clic y nos damos cuenta de que nuestros refugios mentales quedaron obsoletos. Otras veces no hacemos nunca ese clic.

– ¿Por qué cree que los adultos necesitamos ser guiados por los niños?
–Porque son genuinos, son ellos mismos. Por eso están más cerca del ser esencial, del diseño humano. Ellos son ellos espontáneamente, no tienen que hacer nada. Lo que no deberían hacer es adaptarse a los disparates que les imponemos los adultos. Si nosotros pudiéramos dejarnos llevar por la lógica del bienestar de los niños, aprenderíamos o reaprenderíamos, porque lo hemos olvidado, sobre nuestro propio bienestar.

–Deberíamos detenernos un poco a pensar no solo en qué cosas queremos cambiar, sino también en cómo se sienten nuestros hijos.
–Sí, claro. Pero no podemos “pensar en nuestros hijos”, ya que antes deberíamos tener un acercamiento al niño real que hemos sido. Ahí está el secreto. Pero ¿por qué no conectamos con aquel niño? Porque duele. Ahí está el nudo de mi propuesta.

–¿A qué se debe que la imagen materna tenga más peso que la paterna?
–A que somos mamíferos y dependemos de los cuidados amorosos de nuestra madre, al igual que todas las otras especies de mamíferos. Si hay un padre amoroso, mejor, qué maravilla para ese chico. Y si hay más adultos alrededor, ¡qué bueno! Por eso tenemos los recuerdos y los pensamientos organizados según lo que mamá nos ha discursado. Una cosa es lo que recordamos; es decir, lo que hemos ordenado a partir de las palabras que nuestra madre ha nombrado, y otra muy distinta es lo que nos pasó.

–Parte de su trabajo consiste en lograr que una persona descubra su infancia. ¿Existió algún hecho que la haya marcado especialmente?
–¡Ayyy…! ¡Existen cientos y cientos de ejemplos! En principio, cuando en el transcurso de la biografía humana un adulto va ordenando las escenas en su justo lugar… aparece el dolor. Pero también la compasión, como si las cosas se ordenaran y eso nos dejara aliviados. Lo más duro es reconocer que quizás nuestra madre no nos amó de la manera que hubiéramos deseado.

–“Todo lo que pedimos a Dios es que mamá sea feliz”, dice usted. ¿Para qué nos sirve a nosotros y para qué les sirve a quienes nos rodean que uno sea feliz? ¿Se puede ser feliz?
–Aquí hay dos preguntas. ¿Por qué queremos que mamá esté contenta? Bueno, porque los niños amamos a mamá. Y como mamá se queja de sus pesares, desearíamos que ella fuera feliz. Ahí tenemos un problema intrínseco: los niños no deberíamos estar atentos a nuestra madre ni a ningún mayor, sino que los mayores deberían estar atentos a los niños. Respecto de si se puede ser feliz, no lo sé, tampoco me parece que ese sea un objetivo en la vida. No sé si venimos a este mundo para ser felices, creo que sobre todo, venimos a ofrecer nuestros recursos a nuestro prójimo.

–Las rutinas suelen tener mala prensa. Se las tilda de aburridas, pero usted las recomienda.
–Los niños las necesitan para buscar consuelo y resguardo. Los adultos solo tenemos que respetarlas. ¿Viste que los chicos piden que les contemos siempre el mismo cuento o quieren ver los mismos dibujitos en la tele? La repetición ofrece seguridad, sobre todo cuando ellos no cuentan aún con referencias de tiempo y espacio. El problema acontece cuando hemos tenido una madre imprevisible. En esos casos, ya convertidos en adultos, vamos a obsesionarnos con rituales que nos acerquen esos niveles de seguridad que no hemos obtenido cuando fuimos niños.

–Usted apela a dibujos para explicar diversas situaciones. 
–En la práctica de la biografía humana usamos dibujos porque facilitan el trabajo. Las imágenes son contundentes y no nos perdemos en interpretaciones confusas. En mis libros suelo agregar ejemplos concretos porque mi intención es que los lectores tengan una apreciación lo más cercana y concreta posible a esta forma de indagación personal. Creo que ayuda.

–Hoy la gente vive con miedos. ¿Cómo convivimos con ellos o cómo los superamos?
–Los miedos actuales son fruto de otros reales y concretos que hemos experimentado cuando fuimos niños y que no fueron reconocidos, ni acompañados, ni nombrados, y por lo tanto han ido a parar a la sombra. Desde allí, reaparecen a lo largo de nuestra vida adulta, de un modo que consideramos irracional. En todos los casos, el proceso de la biografía humana acompaña para volver a mirar el despliegue completo de una vida y comprender dónde, cómo y en qué circunstancias el miedo tuvo su razón de ser.

–Usted sostiene que “no hay una buena o mala manera de vivir”…
–Insisto en que, si emprendemos un camino verdadero de indagación personal, seremos libres. Cada uno eligirá una forma de vivir, de amar, de relacionarse o de pensar en concordancia con su ser esencial. En esos casos, le daremos poca importancia a las opiniones, la moral o las bajadas de línea del área que sean. No importan. Lo que verdaderamente importa es que podamos vivir en armonía o en eje con eso que somos.
MiniBío
Laura Gutman es, además de escritora y terapeuta familiar, una investigadora de la conducta humana. Dirige una institución donde se trabaja en la metodología para construir lo que ella llama biografía humana. Ha dado charlas en países europeos y americanos. Algunos de sus títulos son La maternidad y el encuentro con la propia sombra, La biografía humana, El poder del discurso materno y Qué nos pasó cuando fuimos niños y qué hicimos con eso, entre otros.

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