Viajes


Entre el cielo y la tierra


Por Daniela Calabró.


Entre el cielo y la tierra
Visitadas por multitudes, las iglesias son uno de los focos principales de atención del Viejo Continente. Hablan de historia, de fe, de arte y de arquitectura. Un recorrido por las más imponentes.

La identidad de muchas ciudades europeas está definida, también, por la arquitectura de sus catedrales y basílicas. La magia de la Sagrada Familia es sinónimo de Barcelona; la columnata de Bernini, en San Pedro, un viaje a donde todo comienza; y las gárgolas de Notre Dame, una de las más famosas postales de París. 
Así, todo el continente europeo está atravesado por la historia, el arte y las leyendas que regalan sus iglesias, en muchos casos construidas a lo largo de dos, tres, cinco o más siglos. Conocerlas y estudiarlas es casi una obligación para cualquiera que se precie de tener un espíritu curioso. Recorrerlas y sentirlas, un deber de un viajero de ley. 
Sagrada Familia
La huella del arquitecto Antoni Gaudí se respira en toda Barcelona y llega a su máxima expresión cuando nos detenemos en la fachada de la Sagrada Familia. Esta basílica, aún inconclusa, comenzó a construirse en 1882 como una obra neogótica, pero la mano de Gaudí la llevó al modernismo catalán. Su interior nos deja sin aire: las altas y retorcidas columnas que terminan en vitrales simulan un perfecto bosque de árboles que se entrelazan y dejan pasar el sol. ¿El resultado de tanta belleza? La Sagrada Familia es el monumento más visitado de España. 
San Pedro
Es la madre de todas las iglesias y deja mudo a cualquiera que atraviese su puerta. No solo es el corazón de la ciudad del Vaticano, sino el alma del catolicismo: fue construida sobre la tumba de Pedro, el primero de los pontífices. Visitarla es casi una obligación: tiene el interior más grande entre las iglesias católicas del mundo, su altar está rodeado por un imponente baldaquino (de Lorenzo Bernini), su suelo de mármol es una obra de arte, y su cúpula, la más alta del Planeta. Desde ella se tiene una panorámica  privilegiada de la Plaza de San Pedro. El paseo puede seguir por los Museos Vaticanos para ser testigos de la magia con la que Miguel Ángel pintó la Capilla Sixtina.
Santa María del Fiore 
Florencia, definitivamente, no sería la misma sin su bello Duomo. Entre calles estrechas y casas construidas con simpleza, nos hallamos de golpe frente a la opulencia de una iglesia que tiene cada centímetro cubierto de mármol. Símbolo de riqueza de la región de La Toscana en los siglos XIII y XIV, muestra los últimos destellos del gótico y toda la magnificencia del renacimiento italiano. Es uno de los edificios más grandes del catolicismo y su enorme cúpula, creada por Filippo Brunelleschi, es una obra de ingeniería de avanzada para la época en la que fue construida. Subir a ella cuesta unos cuantos escalones, pero a armarse de paciencia que vale la pena… y mucho.
Notre Dame
Si alguien hablara de la Catedral de Nuestra Señora, pocos sabrían de qué iglesia se trata. Sin embargo, al decir “Notre Dame” todos viajamos a la pequeña Isla de la Cité, en París. El edificio merece un ojo aguzado y dispuesto a descubrir la arquitectura gótica en su mismísima esencia, ya que fue construido entre 1163 y 1345. Durante los seis siglos posteriores se siguieron haciendo refacciones que lo transformaron en una auténtica belleza, tanto en su fachada como en su interior, y en las caras laterales y posteriores que se ven desde el río Sena. 
San Basilio
Ícono indiscutido de Moscú, la Catedral de San Basilio es una de las iglesias más hermosas del mundo. Una leyenda cuenta que Ivan el terrible, quien mandó a construirla en 1554, quedó tan extasiado con su belleza que encargó enceguecer al arquitecto para que no pudiera reproducir nada similar. Sus colores  y sus cúpulas en forma de bulbo de flor, la hacen casi única en su estilo y la transforman en la vista más preciada de la Plaza Roja de la capital rusa. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1990, junto con el Kremlin de Moscú, un conjunto de edificios civiles y gubernamentales de gran valor arquitectónico. 
Sacre Cœur
La Basílica del Sagrado Corazón, en lo alto de Montmartre, es otra de las clásicas postales de París. La primera piedra de esta obra, inspirada en la arquitectura romana y bizantina, se colocó en 1875, como el inicio de un sitio de fe destinado a la memoria de todos los franceses caídos durante la Guerra Franco-Prusiana. Se terminó de construir en 1914 y se consagró como basílica en 1919. En la actualidad es uno de los sitios más visitados de la capital francesa. 
Nuestra Señora del Týn
En la Ciudad Vieja de Praga, se alzan las torres de Nuestra Señora de Týn, una iglesia cuya fachada –escondida entre las casas– nunca se ve. Es todo un desafío encontrar la puerta de esta obra gótica por fuera y barroca por dentro. Si bien fue levantada entre 1360 y 1511, tuvo varias modificaciones un siglo después, luego de que un incendio la destruyera parcialmente. Una buena forma de verla es subiendo a la torre del Ayuntamiento, desde donde se observa su fachada casi completa y se detecta una curiosidad: una de sus dos torres es más robusta que la otra. Esto no fue por un error de cálculo sino, según dicen, para simbolizar a la parte masculina de la humanidad.
Catedral de Milán
Conocida como el Duomo du Milano, se trata de una de las iglesias católicas más impresionantes. Tiene 157 m de largo y puede albergar unas cuarenta mil personas (sí, leyó bien). Su primera piedra fue colocada en 1386 y la obra finalizó unos seis siglos después, en 1965. Es, sin duda, una de las más maravillosas obras de la arquitectura gótica y eso se puede comprobar subiendo a su techo: allí es posible caminar entre arbotantes y visualizar la famosísima galería Víctor Manuel II. Las calles que salen de la plaza del Duomo en forma de radio, y que son clave en el plano urbanístico de Milán, demuestran que la iglesia fue, desde siempre, el centro de la ciudad. 
Catedral de Berlín
Emplazada en la famosa Isla de los Museos, y contorneada por el río Spree, se alza imponente la Berliner Dom, tal cual la llaman los habitantes de la capital alemana. Se la construyó entre 1895 y 1905 con un estilo neobarroco, y los bombardeos durante el final de la Segunda Guerra Mundial la dañaron seriamente. Desde entonces, y hasta 1975, año en el que comenzó su reconstrucción, tuvo un techo provisorio para proteger su interior. Si bien en la refacción se respetó la arquitectura original, se la culminó con una cúpula de menor altura. 
Catedral de San Pablo
Ubicada en el punto más alto de Londres, fue durante mucho tiempo el edificio más alto de la ciudad. Se terminó de construir en 1708 y su cúpula fue consagrada como la más elegante entre todas las iglesias del mundo. En Inglaterra, St. Paul es la segunda catedral en tamaño, luego de la de Liverpool. Si bien sufrió daños durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, la bomba más peligrosa que la alcanzó logró ser desactivada en su interior. De no haberlo conseguido, el edificio no se hubiese mantenido en pie. Allí se realizaron  los funerales de Winston Churchill y Margaret Thatcher, así como la boda del Príncipe Carlos con Diana de Gales. 

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