Arquitectura


Un arquitecto de vanguardia


Por María Sol Oliver.


Un arquitecto de vanguardia
“Los jóvenes están muy instagrameados”, dice Felipe Assadi, uno de los referentes de la arquitectura latinoamericana. Cree que la atención debe estar puesta en el proceso y no en el resultado.

Al oído, los aplausos se reconocieron intensos en la perfecta acústica que caracteriza al CCK, ex Correo Central. Felipe Assadi (45) acababa de dar una conferencia sobre arquitectura, en el marco del 5.° Encuentro Internacional de Interiorismo y Diseño organizado por DARA (Diseñadores de Interiores Argentinos Asociados). El arquitecto chileno y referente internacional tenía los ojos cansados pero aún chispeantes. Ni su agenda completa, ni el vuelo desde el país vecino, ni los resabios de la gripe que todavía afectaba su garganta, ni la multitud –acaso un poco intimidante–, pudieron amedrentar su pasión a la hora de hablar sobre proyectos, dar ejemplos, mostrar imágenes frente al auditorio y compartir experiencias.

Así es que después de la cálida acogida del público, cuando la adrenalina apenas estaba bajando un cambio, Assadi se hizo un tiempo para reflexionar sobre algunos temas. Recordó sus inicios profesionales, cuando en 1999 recibió su primer gran premio como mejor arquitecto menor de 35 años de su país, otorgado por el Colegio de Arquitectos de Chile y que resultó su gran salto a nivel nacional e internacional. Fue a partir de entonces cuando comenzó a hacer obras de gran magnitud en su país y en la Argentina, y también en el Uruguay, México, los Estados Unidos, Venezuela, Guatemala, Puerto Rico y Ecuador, que fueron publicadas en libros y en las revistas especializadas más importantes del mundo. Su labor docente alcanzó una importancia similar. Fue profesor en diversas instituciones educativas locales y extranjeras. Actualmente, es decano de la misma facultad en la que se recibió, la de Arquitectura y Diseño de la Universidad Finis Terrae.

"Empecé en una época en la que se estaban abriendo puertas y me las dejaron medio abiertas", dice con humildad sobre el haberse convertido en un referente de la arquitectura contemporánea desde tan joven. Eran otros tiempos. Fines de los noventa: la etapa previa a la explosión de Internet y a la era digital, en la que su especialidad no era tan mediática ni tan fácilmente comunicable. "Ahora, abres una página de Internet y tienes cien proyectos publicados. Antes no pasaba eso. La difusión de la arquitectura era mucho más cerrada y más compleja. Había una línea editorial buscada y exigente por parte de las publicaciones especializadas", comenta.

– ¿Eso no hacía más difícil insertarse en el medio?
–Sí, pero por otro lado, esforzándote un poco podías tener lugar en un ambiente donde no había tantos exponentes. Además, fue una suerte que nos encargaran muchos proyectos y que los hiciéramos siempre con un lineamiento, y supiéramos bien hacia dónde íbamos.

– ¿Qué diferencia encontrás entre los jóvenes de hoy y los de tu generación?
–Creo que ellos están más enfocados a los resultados, están insertos en la dinámica de la instantaneidad que promueve Internet. Están demasiado "instagrameados". No buscan los referentes por el fondo, sino por la forma y eso es un bicho maligno que se metió en la sociedad, muy difícil de erradicar. Cada vez hay más arquitectos, más estudiantes de arquitectura y cada vez se le pone menos atención a lo realmente válido. Se busca lo superfluo.

– ¿Por qué ocurre esto?
–Se trata de fenómeno cultural. Tiene que ver con la inmediatez y con la facilidad de difusión de los proyectos de arquitectura, lo cual tiene un punto a favor y otro en contra. Lo bueno es que todos pueden participar mostrando sus producciones porque casi no hay corte editorial. Lo malo es que todo el mundo puede leerlas sin saber discernir si son o no de calidad. Entonces cualquiera que fotografíe más o menos bien y que describa algo más o menos bonito al respecto, puede publicar un proyecto que aparente ser bueno cuando quizás no lo sea.

– ¿En qué otros aspectos influyó la "era digital" en la arquitectura?
–Creo que la tecnología modificó la forma de concebir los procesos. No estoy en contra de la tecnología, estoy en contra de la instantaneidad que proponen las formas de comunicación digital. Lo que quiero decir es que para que un proyecto arquitectónico sea bueno, debe estar mediado por un proceso creativo que necesita su tiempo de maduración.
 
– ¿Dentro del equilibrio funcionalidad-calidad, qué lugar ocupa la estética?
–Creo que la calidad tiene que ver, como dice la vieja escuela, con las proporciones y la belleza. No podemos dejar de lado esto. Un proyecto arquitectónico debe ser coherente con el contexto, con la memoria del lugar y también con las necesidades de los usuarios. Debe cumplir con los criterios de eficiencia, justeza, equidad, buena utilización de los recursos y proporciones. La belleza es el resultado. En mi caso, no hago las cosas porque son bonitas, incluso después de terminarlas, hasta puedo encontrarlas feas, porque el motor no lo hace la belleza, sino todo lo anterior.

–Tu estilo arquitectónico no es intrusivo del paisaje...
–No, para nada, pero esto es un rasgo que, en general, tenemos en Chile. Las escuelas de arquitectura están muy atentas a este tema dadas las características geográficas de nuestro territorio, la diversidad de paisajes, de climas y todas las variables que existen desde el norte hasta el sur de chile. Por ejemplo, para llegar a Buenos Aires tardo solo dos horas, me encuentro con un clima similar al de Santiago y me puedo tomar el mismo vino. Para hacer una obra en un extremo de mi país, tengo que viajar 12 horas. Trabajo con personas que hablan y se visten diferente, que tienen costumbres y modos de vida muy distintos. No comen lo mismo, no tienen el mismo clima ni la misma geografía e incluso a veces, ni conocen la ciudad en la que vivo. Cambia la idiosincrasia. Entonces, tener en cuenta todo eso a la hora de elaborar un proyecto es un desafío, al igual que manejar los recursos en juego.

– ¿Cómo ve el futuro de la arquitectura?
–El verdadero desafío como profesionales es volver a la esencia. Es necesario mantener esa especie de calma y no dejarse absorber por esta euforia de la publicación, de la instantaneidad, de la vorágine del hacer sin pensar demasiado, sin tener una autoría, una búsqueda. Antes se hablaba de identidad, yo no le creo mucho a esa palabra, pero tampoco es tan equivocada.

– ¿Y el desafío como educadores de arquitectos?
–Formar profesionales que cuando salgan a la calle sean capaces de proponer un modo propio de hacer las cosas y no siguiendo automáticamente las modas detrás de lo aparentemente exitoso.

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