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Semillero de campeones


Por Silvina Fiszer.


Semillero de campeones
¿Qué tienen en común Juan Martín del Potro, Juan Mónaco y Mariano Zabaleta? Nacieron en Tandil. Con la Copa Davis en el bolsillo, ¿por qué la ciudad serrana es cuna de tenistas talentosos?

Cuando el 4 de agosto de 2008 Diego Junqueira ingresó por primera vez en la lista de los cien mejores del ranking ATP, sumándose a Juan “Pico” Mónaco, Juan Martín del Potro y Máximo González, Tandil alcanzó un récord histórico a nivel mundial: se convirtió en la ciudad con más tenistas Top 100 por cantidad de habitantes.
 
Ese mismo año, en Roland Garros, Mariano Zabaleta se metió en el cuadro principal, y logró así que cinco raquetas –el cinco por ciento de los jugadores que disputaron el prestigioso torneo– ostentaran el sello de “la serrana”. En julio del 2012, Mónaco logró convertirse en Top Ten, un selecto grupo en el que ya estaba Del Potro, hoy abanderado del equipo que se consagró en la Copa Davis.

La capacidad de Tandil para formar tenistas de alto rendimiento llama la atención de propios y extraños. ¿Cómo puede una ciudad de ciento veinte mil habitantes generar tantos tenistas de elite? La base del llamativo porcentaje de éxito tiene nombre y apellido: Raúl Pérez Roldán. Así lo señalan los mismos jugadores, y Marcelo Gómez y Mario Bravo, los entrenadores que formaron, luego de Raúl, a las grandes figuras que emergieron por estos pagos en los últimos veinticinco años.
 
Pérez Roldán nació en la Ciudad de Buenos Aires y llegó a Tandil en 1971. En aquel entonces, cuenta, no había más que ocho matrimonios que jugaban al tenis. Con el objetivo de dedicarse a la competición, le pagó al club Independiente para comenzar a usar sus instalaciones e invertir en cuatro canchas más. Una vez resuelta la infraestructura, viajó a Mar del Plata para capacitarse con Felipe Locicero, entrenador, en aquel momento, de Guillermo Vilas.

“Felipe, mi maestro y amigo, jugaba muy mal al tenis, pero era un apasionado. Leía todo lo que podía, sabía muchísimo y transmitía el deseo de jugar bien”, repasa Pérez Roldán.
 
De vuelta en Tandil, Raúl puso en práctica su método de enseñanza, basado en cuatro pilares fundamentales: la automatización, el control, la velocidad, y las tácticas y estrategias. También supo transmitir el valor de la dedicación, el esfuerzo, la superación y la humildad en sus jugadores. “Sin sacrificio no hay recompensa”, dice. 

Mariana y Guillermo Pérez Roldán, sus hijos, junto a María Irigoyen y la platense Patricia Tarabini, fueron los primeros jugadores de tenis de alto rendimiento que se formaron en la ciudad. También fue parte de esa camada Franco Davin, quien viajaba desde Pehuajó a “la serrana” para las pretemporadas. Fue ese grupo, con Raúl a la cabeza, el que empezó a girar por Europa, cosechando los primeros grandes triunfos para la ciudad: en 1986 Guillermo y Patricia se consagraron como juniors en Roland Garros (él repitió el título un año después). En dobles, Mariana y Patricia levantaron la copa del Abierto de Francia en el ‘85, y Guillermo y Franco hicieron lo propio  en el ‘86.
Formador de formadores
Si el método Pérez Roldán es la piedra fundamental del “fenómeno Tandil”, la formación de formadores capaces de seguir con el legado y adaptarse a los nuevos tiempos es la razón por la cual la ciudad continuó “lanzando” raquetas destacadas. Eduardo Infantino, coach de Zabaleta, fue uno de los primeros: a los 24 años ya entrenaba a Davin.
 
Muchos otros partieron con el método a enseñar en distintas partes del mundo. Sin embargo, fueron Marcelo Gómez y Mario Bravo quienes, a través de la Academia Tandil Tenis, formaron a la camada más destacada de tenistas serranos, con Juan Martín Del Potro a la cabeza
Desde los Estados Unidos, donde se encuentra gracias a su trabajo en el Equipo de Desarrollo de la Asociación Argentina de Tenis, Gómez habla del método de enseñanza heredado y de todo lo que luego fue aprendiendo. “¡Yo aprendí a jugar con raqueta de madera! De mis inicios a hoy, el tenis fue cambiando, se hizo mucho más agresivo. Con los viajes observé, aprendí, escuché a la gente que sabe y fui agregándole cosas a la matriz que teníamos, que era de mucho esfuerzo, mucho físico y mucho trabajo. Así fue como estos chicos obtuvieron excelentes resultados –explica Gómez. Y agrega–: Viajar te actualiza, estar en contacto con los coaches del mundo te ayuda a afirmar lo que estás haciendo correctamente y a corregir algunas cosas que quizás no se están encarando tan bien”. 
El espacio, la financiación y el factor “espejo”
Según Bravo, quien además es colaborador de la Escuela Nacional AAT y viaja con equipos junior por Sudamérica y Europa, factores como la existencia de referentes o la capacidad de la familia para solventar la carrera de un tenista son fundamentales para dar con las causas del fenómeno. A su vez, menciona la tenacidad y el mérito del propio jugador: “Los espejos fueron muy importantes para la aparición de jugadores: Mariano lo vio a Guillermo Pérez Roldán, que era un crack. “Pico” lo vio a Mariano, y Juan Martín a Mariano y a Junqueira. Por otro lado, fue fundamental la confianza que las familias depositaron en nosotros. El tenis es muy costoso. En ese sentido, el reconocimiento es para el jugador y para las familias que apostaron por ellos”.

El tamaño de la ciudad es otro factor clave a la hora de formar jugadores: los chicos van y vuelven al club o a la academia en bicicleta, beneficiados por las distancias cortas. En consecuencia, el tiempo de entrenamiento y de juego se extiende. Asimismo, los chicos evitan el estrés de las grandes urbes y aprovechan en mayor medida los momentos de descanso. 
Del Potro, ¿y después?
Cuando en 2009 Del Potro se coronó en el US Open, la matrícula de la escuelita del club Independiente consiguió su récord de inscriptos. “De un poco menos de doscientos alumnos pasamos a tener algo más de trescientos cincuenta… ¡y lista de espera! Luego, todo regresó a la normalidad –revela Patricia Martignoni, coordinadora de ese espacio desde hace veinte años. Y profundiza–: En la actualidad, con este resurgir de Del Potro, se volvió a incrementar la cantidad de chicos. Los referentes son los que logran este efecto: que todo cambie de un día para el otro”.

¿Ya se puede vislumbrar un sucesor tandilense de Del Potro? Martignoni es cauta con respecto a este tema: “Para que aparezca otro Del Potro tiene que haber más chicos que se dediquen a la actividad y un número mayor de competiciones. En la escuelita tenemos niños de ocho años que juegan bárbaro, pero en la época de Juan Martín pasaba lo mismo; sin embargo, solo él llegó”.

En la academia que comandan Gómez y Bravo, aproximadamente cien chicos acuden a la escuelita, veinticinco están en pre competencia y otros veinte más en competencia. Según la mirada de Bravo, el impacto del “boom Del Potro” se percibirá a partir de marzo:?“Pasarán muchos años hasta que surja otro caso como el de Juan Martín. Va a ser muy difícil porque él tiene las características propias, innatas del crack. Soy más optimista con nuevos jugadores del nivel de Zabaleta o Mónaco”.

Para Gómez, la clave del futuro está en los entrenadores. “Ojalá sepamos capitalizar las repercusiones de la Davis para enseñarles bien a los chicos, para tratar de que participen en torneos. Espero que la hazaña en Croacia no nos haga conformarnos con un título, sino que signifique seguir tratando de sacar jugadores, que es lo que nos hizo conocidos en el mundo”, cierra el especialista.

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