Ecología


Es responsabilidad del hombre


Por Mariano Petrucci.


Es responsabilidad del hombre
A un año del evento histórico que convocó a los líderes de todo el mundo, la meteoróloga Sol Osman asegura que cada vez hay más evidencias que confirman que sin la acción del hombre, el cambio climático no se hubiese dado con tal velocidad.

El Acuerdo de París finalmente entró en vigor. Para que fuera posible, al menos cincuenta y cinco países representantes del 55% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero debían ratificarlo. Y se logró el último 4 de noviembre.

Para dimensionar la importancia del tema, entrevistamos a Sol Osman, una joven meteoróloga que integra un grupo de trabajo de variabilidad climática sobre Sudamérica. Dicho grupo está liderado por Carolina Vera, investigadora principal del CONICET, en el CIMA (Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera).
 
–Están los que dicen que es un hecho y los que atribuyen el cambio climático a ciclos astronómicos ¿Qué hay de cierto en todo esto?
–Si bien existen los negadores, toda la comunidad científica se ha encargado de documentar muy bien por qué estamos en presencia de un cambio climático que no tiene antecedentes. Y hay evidencias de diferentes orígenes que dan cuenta de ello.
 
– ¿No se trata de una teoría conspirativa, entonces?
–Uno podría pensar que todos los meteorólogos nos pusimos de acuerdo para medir mal la temperatura. O sea que hay una conspiración para hacer creer eso. Pero mirando desde un satélite la distribución de los hielos, se confirma que se han reducido en consistencia con el cambio climático observado ahí. Sin dudas, uno podría seguir creyendo que además de los meteorólogos, la NASA conspira para negarlo. Entonces vamos a otras evidencias: miramos el océano y comprobamos que está siendo más ácido y que los arrecifes de coral se han destruido masivamente. Entonces acá, los biólogos se sumarían a la conspiración. Y eso que estoy hablando de un solo ecosistema. Pero hay muchos ecosistemas más que ya muestran signos de haber sido afectados.
 
– ¿Pero seguramente también dirás que es verdad que hay ciclos?
–Sí. Y se debe a que el eje de la Tierra está en movimiento, que hay cambios astronómicos que nos alejan del sol o nos acercan más a él. Eso, de alguna manera, cambia el calor que recibe el Planeta. Pero todos esos cambios son muy lentos. Se trata de ciclos de miles de años y acá lo que estamos confirmando es una característica que no se vio nunca antes y es la velocidad con la que está cambiando el clima.

– ¿Cuál es el rol del hombre?
–Para saberlo cabalmente, utilizamos unos modelos que simulan la Tierra sin tener en cuenta la influencia del hombre: vemos cómo es la temperatura, cómo se comportó, etc. Después hacemos lo mismo, pero incluimos el accionar humano.

– ¿Y qué ven? 
–Que el hombre, en sus actividades cotidianas, emite los famosos gases de efecto invernadero. ¿Qué hacen estos??Lo explico sencillamente: el sol es como una estufa. El balance de energía entre lo que entra por el sol y lo que sale naturalmente permite ver el comportamiento de la temperatura. El tema es que estos gases –producidos por quema de combustibles fósiles, entre otras causas– engrosan artificialmente la capa que equilibra la temperatura de la Tierra e impiden eliminar eficientemente el calor. Cuando incluimos las actividades humanas en nuestras simulaciones, podemos recrear la evolución de la temperatura desde el desarrollo industrial a la actualidad. Estas herramientas nos demuestran que el cambio climático existe y que es culpa del hombre. 

– ¿Es una certeza?
–Sí. Antes se decía que era probable. Ahora ese probable está adquiriendo un tono de certeza. Las evidencias apuntan –cada vez más– a que sin estas acciones no hubiese sido posible el cambio observado con esta velocidad. Es verdad que hace miles de millones de años quizá tuvimos la temperatura que tenemos hoy, pero a la Tierra le tomó otros miles de años llegar a ello. Acá estamos tomando desde el período industrial hasta ahora. ¡Son menos de doscientos años!

Sol tiene 29 años y nació en Huanguelén, al sudeste de la provincia de Buenos Aires. Su vida en contacto con la naturaleza y su afición por la matemática y la física la llevaron a estudiar Ciencias de la Atmósfera, en la UBA. “Cuando lo anuncié en mi casa fue una conmoción”, recuerda. En 2012 se recibió, sus áreas de investigación son los pronósticos de plazos entre uno a tres o seis meses. Trabaja en Ciudad Universitaria. Entre sus actitudes ecofriendly destaca su afición por la bici y el reciclaje del que se reconoce “medio obse”.  ¿Sus app preferidas para consultar el clima? “Uso el Rain alarm porque entiendo lo que muestra una imagen de radar, así sé si va a llover o no. De eso depende que vaya a trabajar en bici. No consulto tanto el servicio meteorológico porque tengo muchos amigos que trabajan ahí, asi que me manejo directamente por mensajito: “¿Puedo hacer el asado? o ¿Hay pileta mañana?.  Digamos que tengo el servicio meteorológico personalizado”, cuenta.
Más conciencia
En muchas de las regiones más pobres y vulnerables del mundo, el cambio climático es una amenaza tanto para la población como para sus medios de vida. Por tal motivo, la 21.ª Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se llevó a cabo hace un año, se propuso como objetivo mitigar este fenómeno. Fue un hecho histórico que todos los países firmaran este acuerdo y se comprometieran a reducir emisiones a partir de 2020. “Todos habitamos el mismo planeta –explica Osman–. Acá importa lo que haga la China, lo que hagan los Estados Unidos, lo que haga Rusia, lo que haga la Argentina. Todo repercute”. Sin acuerdo es imposible generar un cambio y lograr ciertos objetivos concretos: que la temperatura promedio de la Tierra no llegue a ascender más de 1,5 oC o 2 oC. “Hay evidencias que confirman que muchos sistemas biológicos, ecológicos colapsarían. Muchas islas van a quedar bajo el agua”, agrega. 

– ¿Por qué es histórico este acuerdo?
–Porque fue firmado por todos: los representantes de más de ciento sesenta y cinco países que se sentaron y dijeron qué puede hacer cada uno.

–Considerando que la economía mundial se basa, prácticamente, en los combustibles fósiles esto implicaría un cambio muy radical, ¿cuál es tu opinión al respecto?
–Podría pensarse de esa manera y de a poco tomar distintas medidas. Lo interesante en este caso son los diferentes enfoques que pueda tener cada país. Por ejemplo, la China es un país absolutamente verticalista, así que, cuando surge la orden del gobierno, no hay manera de que en la población no se acaten las medidas propuestas. Por otra parte, en los Estados Unidos cada Estado dicta sus propias leyes. Eso se ve claramente en el documental Before the flood, de Leonardo Di Caprio (ver recuadro), cuando entrevista al alcalde de Miami que describe las medidas que está tomando al respecto, pero a las que se oponen el gobernador y los senadores de Florida. Va a ser importante ver cómo se maneja cada país. En ese sentido, hace unos días, François Gemenne, un investigador belga que se dedica al tema del cambio climático y la geopolítica, estuvo en Buenos Aires dando una conferencia y entre otras cosas, decía que el gran desafío para la democracia es demostrar que los acuerdos son posibles. Si un país verticalista puede lograr cambios, qué debería suceder entonces con uno democrático.
 
– ¿Qué podemos hacer cada uno, individualmente, para colaborar?
–Ese es otro gran desafío. Se podría pensar en usar más transporte público, en tomar duchas menos prolongadas, en usar la bici, en reciclar... Gemenne explicaba que estas acciones individuales representan solo el 15% de todas las soluciones al efecto invernadero que deberían aportarse. No es poco, pero la clave es el otro 85%, el de las acciones colectivas en donde uno tiene que demandar al Estado políticas públicas para mitigar el cambio climático. ¡Hay países que quedarían bajo el agua! Una verdadera tragedia. Para dimensionar estos efectos, Gemenne mostró una imagen de Trafalgar Square, en Londres, cubierta de carpas de inmigrantes, porque en la medida en que los países pierdan territorio sus poblaciones comenzarán a migrar a otros países. Imaginemos lo que puede ser una crisis de carácter global.

– ¿Cuál es el principal objetivo de este acuerdo?
–Lo más importante es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el calentamiento por debajo de dos grados centígrados en 2100. Aunque los países insulares entienden que para ellos esto no es suficiente, debe ser todavía menos.

– ¿Y la Argentina? 
–Acá se firmó el acuerdo y se propone reducir. Si bien ya venía con un plan de apostar más a las energías renovables ahora va a depender, como en todo, de cuántas inversiones se hagan y de que podamos generar una matriz energética que cueste más o menos lo mismo que lo que cuesta seguir consumiendo combustibles fósiles. También es importante pensar políticas orientadas a mitigar el cambio climático de cara al futuro.

– ¿Cuál sería un ejemplo de eso?
–El metrobus es un buen ejemplo. La idea es que cada vez más gente use el transporte público y que haya menos autos en la calle. Aunque el colectivo siga siendo el mismo.
Activistas por el Planeta
Producido por Leonardo DiCaprio y Martin Scorsese, Before the flood (Antes de la inundación), el documental propone, frente a un panorama bastante pesimista, contar el trabajo de aquellas personas que intentan cambiar el futuro. Para realizarlo, el actor y activista viajó a distintas partes del mundo para reflejar la drástica transformación que está sufriendo el Planeta. Entre las noticias más esperanzadoras se destaca que la China va a priorizar las energías limpias por sobre el carbón; que algunos días Dinamarca produce un 100% de su energía mediante energía eólica y que Suecia se va a convertir en el primer país del mundo que no usa combustibles fósiles gracias a la presión que sus habitantes ejercieron para que así fuera. Estos son grandes avances en la cruzada para cuidar el Planeta.

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